A
40 años de la clausura del Concilio Vaticano II
puede realizarse una reflexión acerca del movimiento
ecuménico en España. El documento «Unitatis
Redintegratio» se expresa pidiendo a los católicos
la participación activa en la común vocación
hacia la unidad cristiana, con verdadero coraje. Nadie
mejor para esta reflexión que Mons. Adolfo González
Montes, obispo de Almería y desde abril de 2005
Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones
Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.
¿Hemos
respondido en España con coraje y fidelidad a esa
participación, tanto pastores como fieles laicos?:
En España se ha
hecho mucho en el campo ecuménico. Hoy católicos
y cristianos de las Iglesias surgidas de la Reforma protestante,
excluidas pequeñas comunidades eclesiales libres
y refractarias al ecumenismo, tienen una conciencia clara
de que los une la fe en Cristo y el bautismo, y éste
es un lazo de peso superior a lo que pesan los motivos
que los separan, aunque son importantes e impiden la plena
comunión eclesial. Se han superado prejuicios históricos
y agravios. El clima es de respeto y se colabora, en formas
distintas y según el caso de cada Iglesia.
ESPAÑA NO
ES EN ESTO DIFERENTE
Con
frecuencia da la impresión de que, debido a la
mayoría sociológica católica, continúa
el desconocimiento e infravaloración de la realidad
de la presencia en España de Iglesias no católicas.
¿ Se trata de falta de sensibilidad ecuménica,
de desinterés por lo no católico, de reparo
o miedo a abrir brechas con sus riesgos, así en
diócesis como en parroquias?:
Las iglesias no católicas
no han tenido en España un significado social y
cultural históricamente relevante. El estatuto
social de la Iglesia Católica es el propio de una
confesión no sólo mayoritaria, sino prácticamente
presente en todo el tejido social de un país. Es
lo que sucede con el luteranismo en los países
escandinavos, con la Ortodoxia en Grecia y los países
eslavos ortodoxos y con el anglicanismo en Inglaterra.
España en este sentido no es diferente. Por esta
razón, en sociedades con una Iglesia mayoritaria
el sentido ecuménico, como es comprensible, es
más difícil de desarrollar.
A
pesar de celebrarse la Semana de Oración por la
Unidad de los Cristianos de forma interconfesional en
muchas diócesis, se constata después que,
en la mayoría, la acción ecuménica
queda reducida a estas fechas. No deberíamos realizar
un esfuerzo para hacer cada año de esos días
un punto de partida hacia una intensa labor ecuménica
desde los programas de pastoral parroquial, diocesana
y nacional? ¿Cómo puede entenderse que iglesias
particulares, donde la abundancia de no católicos
es notable, no tengan en cuenta en sus asambleas ni en
su pastoral el tema ecuménico? ¿Falta compromiso
en instancias ecuménicas de la Iglesia española,
en los órganos diocesanos, o instituciones ecuménicas
a diferentes escalas resultan poco eficaces?:
Un programa lo que se dice
de intensa labor ecuménica en España es
difícil de imaginar. El programa posible tiene
que centrarse sobre todo en el desarrollo de la sensibilidad
ecuménica de todo el pueblo de Dios. Entre nosotros,
se está trabajando bastante en la formación
ecuménica de los candidatos al sacerdocio, en los
Seminarios, algo muy importante por su repercusión
sobre todo el pueblo fiel.
El Octavario de oración
por la unidad se celebra en todas partes y es una semana
para el encuentro. Es muy difícil pensar que se
puedan establecer «órganos ecuménicos»
en las parroquias, al menos de modo general. Sería
desproporcionado con relación a la realidad social
del país. Más importante es establecer un
cauce de encuentro y colaboración a escala nacional
entre Iglesia Católica y las Iglesias minoritarias
más significativas. Algunas pequeñas Iglesias
o comunidades eclesiales podrían ser representadas
en este organismo de forma conjunta. Claro que la representación
tendría que ser proporcionada. A mí me preocupa
el contacto con los cristianos no católicos venidos
con el movimiento migratorio, sobre todo ortodoxos. Se
están estableciendo buenas relaciones y formas
diversas de cooperación, ayuda y cercanía.
También es muy importante el encuentro con los
cristianos protestantes o anglicanos de la Unión
Europea que pasan largas temporadas en España,
muchos tienen una segunda residencia aquí, sobre
todo en la costa mediterránea.
Contamos
con diez centros ecuménicos, todos con sus propias
actividades. Da la sensación, a veces, de que algunos
tienen una vida ecuménica un tanto lánguida,
de que reciben poco apoyo y están desconectados
unos de otros. ¿No deberían ser verdaderos
motores de la acción ecuménica en las diócesis
o hasta en las provincias eclesiásticas?, ¿o
tal vez lo son?:
Hay que distinguir entre
centros de estudio del ecumenismo, que pueden hacer mucho
por poner en marcha una enseñanza de la teología
con impronta ecuménica, y los centros ecuménicos
pastorales, tanto católicos como protestantes.
Estos centros pastorales tienen la tarea de ayudar a crear
una sensibilidad ecuménica amplia entre los fieles
católicos y no católicos.
Participé
en los primeros tiempos del ecumenismo y, sin olvidar
las carencias de entonces, el entendimiento entre católicos
y protestantes parecía, no sólo afectivo
sino efectivo, real. Los compromisos surgidos de esas
posiciones llegaron a tal importancia que hubo de asumirlos
el recién creado Secretariado de Ecumenismo, la
Comisión de Relaciones Interconfesionales y el
Comité Cristiano Interconfesional. Ahora muchos
parecen no encontrar aquella cercanía. ¿La
mayor oficialidad en las relaciones comporta alejamiento?
¿Han aparecido motivaciones para ello o se trata
de un alejamiento aparente?:
Las dificultades del ecumenismo
son normales, forman parte del proceso hacia la unidad
visible de la Iglesia. A veces la desigualdad, que es
un hecho social y cultural entre católicos y no
católicos, se puede obviar de forma ingenua. Con
todo, hay la mejor voluntad.
Las Iglesias ortodoxas se han hecho presentes para servir
a sus fieles en España.
¿Cuáles
son, ahora que cuentan con su Metropolita, las relaciones
con la Iglesia greco-ortodoxa en España? ¿Y
con los rumanos y otras iglesias ortodoxas, cuyo número
de fieles aumenta de día en día con la inmigración?:
Las iglesias ortodoxas comparten con
los católicos la sucesión apostólica
y el cuerpo dogmático católico de la fe,
recibido de la tradición apostólica, de
la Iglesia antigua y de los santos Padres. Compartimos
los sacramentos y la piedad. Pablo VI y Juan Pablo II
han hablado de «iglesias hermanas».
En España, las iglesias ortodoxas
se han hecho presentes para servir pastoralmente a los
muchos ciudadanos de los países ortodoxos que han
tenido una cierta presencia desde años atrás,
como es el caso de los griegos; o bien de los que han
llegado en la última década a España
con la inmigración. Es natural que estos hermanos
ortodoxos necesiten organizarse y la metropolía
griega de Madrid tiene esta función. Las comunidades
ortodoxas rumanas tienen su jerarquía inmediata
en París, desde donde se atiende a España
y Portugal. Los obispos que tienen fieles rumanos ortodoxos
en sus diócesis mantienen una buena relación
con ellos, y se les presta la ayuda posible y la colaboración
fraterna. Algunos piden iglesias para celebrar el culto,
otros algunas gestiones y servicios religiosos en ausencia
de sus sacerdotes propios. Estamos en regular esta situación
lo mejor posible.
Presencia de no católicos en jornadas católicas
y viceversa.
¿Por
qué desde hace años no se convocan aquellas
Jornadas Interconfesionales de Teología y Pastoral
del Ecumenismo? Si van a tener vigencia de nuevo, cree
que ellas y esa posible Comisión, de la que Vd..
también ha hablado, lograrán que brote la
cercanía espiritual, de diálogo, de acción
pastoral y colaboración social entre las diversas
iglesias en España?:
El ecumenismo es fundamentalmente una
actitud y han de adoptar esa actitud ecuménica
pastores y fieles en sus respectivas iglesias. Eso es
lo importante. Se trata de adquirir una conciencia ecuménica.
Luego surgen los programas y acciones específicas
que se pueden poner en marcha juntos. Las «Jornadas
Interconfesionales» han cumplido una etapa. Es más
importante la presencia de no católicos, expresamente
invitados, en jornadas católicas, por poner un
ejemplo; o bien, que se invite a católicos en jornadas
organizadas por las Iglesias evangélicas; y que
se haga, además, según la naturaleza de
estas jornadas. No es lo mismo organizar unas jornadas
teológicas que unas jornadas pastorales.
Por lo demás, los seminarios ecuménicos
y jornadas teológicas son de competencia de las
facultades de teología y, sobre todo, de los centros
de estudio de la teología e historia del ecumenismo;
y hay encuentros que son marco de reunión y convivencia
ecuménica organizados por los centros ecuménicos
pastorales que lo pueden hacer muy bien. En estos últimos
hay lugar para el cultivo de una espiritualidad ecuménica
y para la oración ecuménica. No es necesario
que estos encuentros los organicen las iglesias. Parece
más propio que las iglesias traten de buscar, más
bien, la convergencia posible en aquello que es bueno
que afronten juntas en la sociedad de hoy, sobre todo
con relación a la situación social y cultural,
la legislación sobre la vida y la familia y campos
donde la voz de las iglesias ha de ser percibida hoy como
testimonio de fe cristiana.
Como
indica «Unitatis Redintegratio» y más
explícitamente el Directorio de Ecumenismo, la
labor de los laicos es destacadísima en la acción
ecuménica. ¿Es cierto que en nuestra nación
ponemos poco en práctica las cuestiones de la participación
de los seglares u otras posibilidades y recomendaciones
ofrecidas por este documento como, por ejemplo, que sean
los católicos los primeros en salir al encuentro
de los otros cristianos, u otros puntos parecidos, tal
como la posición de los católicos en países
de mayoría católica?:
Los laicos han de participar activamente
en la vida de la Iglesia y, naturalmente, asumir también
la mentalidad ecuménica. Hay grupos muy significados,
aunque son minoritarios, pero no hay que forzar situaciones
que no corresponden a la sociología de nuestro
pueblo católico. La división de la Iglesia
no afecta del mismo modo a Alemania que ha España.
¿Cómo
actúan seminarios y facultades de Teología
en la enseñanza del ecumenismo? Si los pastores
no son ecuménicos es difícil que los fieles
lo sean. ¿Va impregnándose la Teología
de contenidos ecuménicos?:
Ya he dicho que se está trabajando
bien en las facultades de Teología y en los seminarios
en este campo. La Santa Sede tiene en ello un particular
interés y ya hace algunos años que se pusieron
en marcha unas Orientaciones sobre la enseñanza
del ecumenismo con miras a la formación de los
candidatos al ministerio ordenado.
Son los obispos quienes han de orientar en sus diócesis
acciones, programas y prácticas ecuménicas.
Don Adolfo González Montes fue
obispo de Ávila y ahora de Almería. Doctor
en Teología por Tubinga y en Filosofía por
la Complutense, fue catedrático de Teología
Fundamental en la Universidad Pontificia de Salamanca,
director del Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos
«Juan XXIII» de la misma Universidad, director
de la revista «Diálogo Ecuménico»
y de la colección de publicaciones de Teología
e Historia del Ecumenismo «Bibliotheca Oecuménica
Salmanticensis», del mismo centro salmantino. Es
autor de varios libros y numerosos artículos de
Teología y Ecumenismo, entre los que destaca el
Enchiridion Oecumenicum: Relaciuones y Documentos de los
Diálogos Interconfesionales de la Iglesia católica
y otras Iglesias cristianas y Declaraciones de sus Autoridades,
en dos volúmenes. Durante años fue consultor
de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesoionales,
consultor del Consejo Pontificio para la Unidad de los
Cristianos, miembro del Comité de organización
de la II Asamblea Ecuménica Europea de Graz [1997],
miembro de la Comisión Episcopal de Relaciones
Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española,
Presidente en la actualidad de dicha Comisión y
representante de la Conferencia Episcopal Española
en las Conferencias Episcopales Europeas de Obispos.
Cuantos
nos dedicamos a la labor ecuménica tenemos gran
esperanza en su mandato al frente de la Comisión
Episcopal de Relaciones Interconfesionales, pues conocemos
su trayectoria y profundidad en el campo ecuménico.
No sería bueno para todos nosotros, para el ecumenismo
en España, para unas mas ricas relaciones interconfesionales,
que esa Comisión Episcopal fomentara una mayor
relación fraternal y más participación
con todos y entre todos? ¿Qué proyectos
puede enumerarnos, además de los ya indicados,
con respecto al inefectivo y disgregado ecumenismo en
nuestra nación?:
Las Comisiones Episcopales son una ayuda,
como todos los organismos de la Conferencia Episcopal,
para los Obispos, y son éstos en sus diócesis
los que tienen que orientar en sus iglesias particulares
las acciones, programas y práctica ecuménica
en general. Hay unos «principios católicos»
del ecumenismo que nos legó el Concilio; y luego
tenemos un buen Directorio, cuyas orientaciones han sido
muy apreciadas por los hermanos no católicos desde
que se publicó. La encíclica de Juan Pablo
II «Ut unun sint» es el horizonte en que nos
movemos. No cabe, ciertamente, esperar mucho de lo que
podamos hacer, pero desde la Comisión nos proponemos
animar y alentar la práctica del ecumenismo, ayudar
a descubrir a pastores y fieles el largo camino recorrido
y lo mucho que hemos avanzado tanto en el diálogo
doctrinal como en el diálogo de la caridad; y lo
mucho que podemos hacer por la evangelización de
la sociedad actual si trabajamos unidos, pero he de insistir
en ello: nuestro país es mayoritariamente católico.
Vamos a apoyar y favorecer la formación
ecuménica de pastores y fieles, a ofrecer a los
secretariados diocesanos para Ecumenismo, tal como se
viene haciendo, reflexión e información.
Invitaremos a nuestros encuentros a no católicos
cuando nos parezca aconsejable. Tenemos que hallar la
fórmula precisa para tener algo así como
una «comisión nacional» de encuentro
y entendimiento sobre la presencia pública y actuación
de las Iglesias en determinados momentos o asuntos, pero
no puede la Comisión Episcopal decidirlo por sí
misma, tiene que ser algo cuya fórmula decidan
los obispos y las autoridades de las iglesias no católicas,
sin perder de vista el significado histórico y
cultural en España de la Iglesia católica.
Concretar definitivamente el reconocimiento recíproco
del bautismo
A renglón seguido,
Mons. González Montes comenta:
Habría que concretar definitivamente
el reconocimiento del bautismo entre quienes podamos hacerlo,
sin dejarnos condicionar por quienes se oponen. La Iglesia
católica no reitera el bautismo válidamente
administrado. Tampoco lo hacen las iglesias no católicas,
salvo excepciones conocidas, ¿por qué no
dar este paso? Lo han hecho en otros lugares ya hace tiempo.
La Biblia ecuménica es un proyecto
prácticamente concluido y las Sociedades Bíblicas
vienen trabajando con la Iglesia Católica en un
proyecto tan significativo como es poder contar con una
versión en español compartida de la Biblia.
Esperamos que sea pronto.
Hay que regular la «hospitalidad
sacramental» de los cristianos que comparten con
nosotros la misma fe en los sacramentos y necesitan a
veces de esta hospitalidad, que nada tiene que ver con
el proselitismo ni tampoco con la indiferencia ante la
elección de una u otra Iglesia. Hablo de situaciones
de necesidad y urgencia pastoral.
Con la ayuda de Dios, caminaremos con
voluntad ecuménica. Benedicto XVI nos ha impulsado
a ello desde el inicio de su pontificado. Como nos dejó
dicho el Papa Juan Pablo II, el ecumenismo es irreversible
en la Iglesia. No obstante, el ecumenismo requiere paciencia
y constancia. Se ha hecho mucho y no debemos desalentarnos
porque responde a la voluntad de Dios para su Iglesia.
El nuevo octavario por la unidad nos invita una vez más
a orar unidos sabiendo que él está en medio
de nosotros.
La importancia de estas declaraciones
es considerable, dado que D. Adolfo González Montes
es el responsable del ecumenismo en España y sus
opiniones, reflexiones y proyectos van a ser trascendentales
en el desarrollo y práctica del movimiento ecuménico
en España durante varios años.