EL
FENÓMENO DEL SECTARISMO MODERNO
1.
INTRODUCCIÓN AL SECTARISMO ACTUAL. ACTUALIDAD
DEL TEMA
En prácticamente
todos los países aparece, en mayor o menor intensidad,
el fenómeno sectario moderno, visible en infinidad
de grupos que disputan el espacio de la fe a las
religiones e Iglesias establecidas, no sin graves
escándalos de todo tipo en numerosas ocasiones.
El fenómeno preocupa y suscita el justo interés
de políticos, jueces, legisladores, policías, sociólogos,
psicólogos, pastores, en una síntesis, de profesionales
y estudiosos de las cuestiones sociales y humanas.
En la década
de los ochenta, en Europa, un intelectual y escritor
francés, alertó sobre los peligros reales de unos
llamativos y exóticos grupos que parecían dar risa
cuando no recabar el apoyo unánime de amplias capas
sociales e incluso religiosa: las sectas. Pues bien,
este pensador francés, Roger Ikor, dirigió al entonces
presidente de la república francesa, Giscard d'Estaing,
un libro que llevaba por título Je porte plainte
contre les sectes.
«El
30 de diciembre —decía en el libro—
el más joven de mis hijos se suicidó.
A pesar de las ayudas que se le prestaron
inmediatamente, no pudo recuperar totalmente
la salud. Si su cuerpo volvió
a revivir, no consiguió recobrar el
conocimiento. Durante ocho meses
más continuó teniendo una existencia
meramente física, pero todos ellos
los pasó en coma. Ahora acaba de morir
completamente....
Una tragedia como ésta
generalmente se vive y se guarda
en el secreto de la familia. Pero yo
me atrevo, como simple ciudadano y
totalmente consciente del respeto que
debo a las autoridades de mi país, a
interpelarle a usted pública y
solemnemente en cuanto que desempeña
el cargo de Presidente. Para obrar
de este modo tengo tres razones; las
tres fuertes, no lo dude usted.
La primera (y las otras se
derivan de ésta) es que el caso
de mi hijo no es un caso aislado. Usted
está mejor informado que nadie. Los
suicidios de jóvenes se han multiplicado
tanto estos últimos años que han
llegado a convertirse en una auténtica
epidemia, con una extensión verdaderamente
virulenta. Yo no me había preocupado
demasiado hasta que la llama llegó
a mi propio hogar.
Luego, por una especie de descubrimiento
cruel y misterioso, me he ido
dando cuenta de que son muchos los jóvenes
que, como mi hijo, han decidido
quitarse la vida. Y tenga en cuenta,
Sr. Presidente, que es a lo más
granado de nuestra juventud, a quienes
ataca esta enfermedad, porque
se hallan cansados de esta civilización
que ha llegado a cegar las fuentes
del idealismo». |
|
En su alegato
Ikor se preguntaba qué es lo que las autoridades
públicas pueden y deben hacer contra las sectas,
que es lo mismo que decir en favor de la sociedad
y sus libertades y la salud pública. Y habla en
concreto de las tres grandes tentaciones actuales:
La secta, que ofrece esperanza y proporciona,
en apariencia, cálidos planes de hermandad
y futuro.
La droga, que ofrece alegría y exaltación personal.
El suicidio, que proporciona la ansiada paz y
olvido del sufrimiento.
Tres hermanas, unidas por
una misma y única realidad, la de la destrucción
y la muerte, bajo una falsa capa de felicidad.
El hijo de
Ikor pertenecía al «Zen macrobiótico», más que un
grupo sectario un régimen alimenticio en el que
se excluye toda carne y grasas y en donde se somete
el practicante a ayunos muy prolongados, al tiempo
que se inocula una filosofía contraria a los valores
y sociedad reinantes.
Hemos traído
este caso a modo de ejemplo, pero sin duda se podrían
traer a colación infinidad de ellos, que nos hablan
del fuerte impacto del sectarismo en nuestra sociedad
y familias.
Se trata de
un fenómeno que se observa en prácticamente todos
los rincones geográficos. Son legión los predicadores
de nuevas doctrinas, anunciadores del fin del mal
y del mundo, de nuevas promesas de cambio y progreso
para la humanidad. La mayoría dicen hundir sus raíces
en las fuentes más genuinas del cristianismo mediante
una relectura de la Biblia y la práctica de un cristianismo
más auténtico. Se proclaman los únicos detentadores
de la verdad, a la que dicen someterse. Pretenden
tener dones divinos de sanación, de profecía, de
liderazgo. Ellos seducen por la fuerza de sus convicciones,
por la simplicidad de su doctrina al tiempo que
suscitan un rosario de interrogantes que preocupan
a todos.
Centrándonos
en las Iglesias cristianas las sectas plantean problemas
pastorales de gran envergadura.
Algunos especialistas
no ven en este fenómeno más que la manifestación
de una crisis de civilización, de cambio cultural
y/o religioso.
Pero los líderes
y pastores religiosos se sienten fuertemente interpelados
ante el mismo, pues la mayor parte de la clientela
sectaria proviene de personas que han abandonado
su fe para dar su nombre a estos grupos.
¿Por qué tienen
éxito las sectas, sobre todo en sectores en donde
a las Iglesias parece fracasar?.
Con razón
se ha hablado del fenómeno como «signo de los tiempos»
en cuanto nos remite a vernos tal como somos ahora
mismo, a interpelarnos en nuestra actual situación
evangelizadora. Las sectas, para las Iglesias, entonces
se convierte en un reto, un desafío de cara a encarnar
el Evangelio de Jesús en toda su profundidad, un
desafío que nos tiene que mover a una necesaria
preparación en la fe para poder dar respuesta de
nuestra esperanza a los demás, un reto que nos obliga
a descubrir el rostro de Dios en el rostro del pobre,
un reto que anima a la Iglesia a presentarse ante
el mundo y el hombre como fiel servidora, como anticipo
del Reino de Dios ganado por Jesucristo, desafío
y reto de cara a la unidad visible de los cristianos,
con una sola alma, una sola voz, un solo cuerpo.
En este sentido quisiera recordar el pensamiento
sectario africano que obedece a la siguiente consigna:
«Si los cristianos occidentales tienen tantas Iglesias
y están tan divididos en múltiples confesiones ¿con
qué derecho y fuerza moral nos impedirán hacer nuestra
propia Iglesia, establecer nuestro propio Credo?»
Hagamos memoria
de la historia. Ella nos enseña que la problemática
sectaria no es nada nueva. Ya en el cristianismo
naciente Pablo tuvo que responder y buscar soluciones
a este problema tras comprobar la existencia de
escisiones y enfrentamientos en las comunidades
por él establecidas. La segunda carta de Pedro coloca
al fiel en guardia ante las «sectas corruptoras».
Lo mismo se pude decir del evangelista Juan ante
el naciente gnosticismo.
La Iglesia
de los Santos Padres tiene que hacer frente a múltiples
herejías y cismas. Ellos escriben gran parte de
su obra en defensa de la fe ortodoxa, principalmente
en relación a la doctrina cristológica y trinitaria.
Otro tanto
sucede en la llamada Edad Media con los cátaros,
patabinos, joaquimistas, husitas,... que rompen
la unidad de la Iglesia y crean un clima de enfrentamiento
y violencia. Todo ello nos indica que, al menos
por lo que se refiere al sectarismo de impronta
cristiana, existe una línea de continuidad dentro
de la tendencia separacionista y sectaria, que ha
llegado hasta nuestros días con inclusión de elementos
destructivos mediante el empleo de técnicas y métodos
de control mental, así como con la utilización y
explotación de las personas.
En diversas
ocasiones he apuntado la dificultad de establecer
los parámetros diferenciadores entre secta, religión
e Iglesia, señalando que es difícil establecerlos.
También muchas veces he hecho mención a la falta
de acuerdo en el alcance de la palabra secta. Su
actual carga valorativa la invalida. El relativismo
acompaña al término y su definición. A estas dificultades
se añade el problema de las actitudes personales
-y grupales- sectarias que se desarrollan en los
movimientos considerados sectarios como en las iglesias
y religiones instituidas.
Dada la complejidad
apuntada aquí no entraré, ni tan siquiera de manera
concisa, en las cuestiones conceptuales que doy
por sentado. Al hilo de las razones de la difusión
de estos grupos o movimientos que apunta el Informe
progresivo Vaticano, quiero fijar mi atención en
ellas, atendiendo después a los elementos de la
Nueva Evangelización que inciden, explican o pueden
reconvertir estas razones, para finalmente ofrecer
algunas pistas y sugerencias pastorales desde el
empeño evangelizador de la Iglesia, que sirvan de
posibles respuestas de cara al problema que nos
ocupa.
En primer
lugar destaco un hecho que me parece revelador de
las sectas en cuanto desafío y reto pastoral. No
todas las personas que entran a formar parte de
estos grupos lo hace como resultado de la aplicación
de técnicas de control mental o de persuasión engañosa;
en función de promesas sociales, económicas o de
cualquier otro tipo que le beneficien; porque atraviesen
por circunstancias personales o familiares negativas;
o bien como fruto del adoctrinamiento intensivo
y manipulador.
Conviene que
lo digamos con claridad. En el proceso de incorporación
el engaño, la aplicación de métodos y técnicas que
atentan contra las personas, no es el factor decisivo.
El factor ideológico, el doctrinal, pesa igual que
el de las conductas y, la mayoría de las veces,
es el determinante del ingreso en las filas sectarias.
Es decir, en las sectas no se entra por malas
razones. En las sectas también se dan, en un elevado
número, incorporaciones que obedecen a una decisión
voluntaria, querida, con motivaciones que descansan
en la conversión, en el seguimiento sincero de una
enseñanza, un líder, una fe.
A menudo especialistas
y Centros dedicados al fenómeno sectario no dan
la importancia que merecen las ideas y creencias,
atendiendo sólo a los procesos metodológicos de
propaganda y adoctrinamiento. Esto conduce a un
vacío en los análisis y estudios de la problemática
sectaria que, a mi juicio, repercute negativamente
en su tratamiento.
Entre las
necesidades y aspiraciones humanas que parecen satisfacer
las formaciones sectarias solamente hago referencia
a las que pueden ser catalogadas como espirituales
o religiosas.
Un tipo de
persona que se acerca a la secta es la que han sido
calificada como "buscador espiritual". En su sed
de trascendencia, de búsqueda de respuestas últimas
y definitivas, la secta parece ofrecerle un encuentro
con la Palabra revelada; un sentido de salvación;
un lugar de meditación y realización espiritual;
una guía y orientación a través de unos líderes
carismáticos y cercanos. Como contrapartida se da
una fuerte sumisión de la figura del maestro o líder,
una devoción patológica, un empleo de la Biblia
carente de raciocinio y fanático, un emocionalismo
efectivista, una trascendencia lejana y dura para
con el hombre.
Otro tipo
de persona que accede como resultado de una opción
personal lo hace porque sus necesidades y aspiraciones
no han tenido suficiente respuesta en la Iglesia.
Esto pone al descubierto las fallas de nuestra fe
sociológica y de nuestras propias estructuras eclesiales
y pastorales. El sentido de pertenencia no apagado
en el hombre moderno parece encontrarse con fuerza
en las sectas a través del estímulo, la ayuda y
el reconocimiento en pequeñas comunidades, el compartir,
el compañerismo, la atención a la persona, etc.
Asimismo,
un tercer grupo de personas ingresan en las sectas
buscando respuestas fiables y de peso. Las sectas
les ofrecen soluciones simples, confeccionadas para
los problemas y situaciones complicadas; versiones
parciales o manipuladas de la verdad; un mensaje
religioso triunfante, pragmático; una "nueva verdad",
única, completa, que anula y supera a las anteriores.
Finalmente,
otro grupo lo constituyen los buscadores de compromiso
y participación. A estos las sectas le ofrecen un
lugar concreto, un puesto desde donde poder participar
y sentirse útil, una misión concreta.
Como resumen
apuntamos lo dicho por el Informe progresivo Vaticano:
"las
sectas parece que viven lo que creen,
con una fuerza (frecuentemente magnética),
con convicción, devoción y compromiso,
saliendo al encuentro de la persona
para llevarla a donde ellas están,
afectuosa, personal y directamente,
sacando al individuo del anonimato,
promoviendo la participación, la espontaneidad,
la responsabilidad, el compromiso...
y practicando un intenso seguimiento
mediante múltiples contactos,
visitas a las casas y continua asistencia
y guía. Ellas ayudan a reinterpretar
la propia experiencia, a considerar
de nuevo los propios valores y
a llegar a las últimas consecuencias
en un sistema que comprende todo.
De ordinario hacen un convencido uso
de la palabra: predicación, literatura,
medios de comunicación (para los grupos
cristianos, una insistencia particular
en la Biblia). Frecuentemente están
convencidas también del misterio de
la salvación. En una palabra, se presentan
a sí mismas como la única respuesta,
la "buena nueva" en un mundo católico"
(IPV, II.1,i). |
|
Termino señalando
lo que los técnicos dicen de que las sectas vienen
a llenar vacíos que, por distintos motivos, dejan
las iglesias. No olvidemos que las sectas, sobre
todo las de impronta cristiana, pululan más óptimamente
en los ambientes cristianos o, mejor dicho, descristianizados.
Estas "carencias
pastorales" hunden sus raíces en el excesivo elitismo
y sentido corporativo de gran parte del clero y
jerarquía; en la desorientación postconciliar que
la necesaria renovación eclesial provocó en determinados
ámbitos de creyentes; en la endémica falta de preparación
religiosa y bíblica de nuestros fieles; en la escasa
participación o excesivo tutelaje del seglar en
las tareas pastorales y organizativas de la Iglesia;
en la despreocupación ecuménica por parte de todos
los miembros de la comunidad cristiana; en la excesiva
burocratización e institucionalización de nuestros
centros y parroquias; en el desproporcionado interés
por el compromiso temporal y político de la fe con
exclusión de la dimensión orante, contemplativa,
en una palabra, espiritual.
2. GÉNESIS
Y DESARROLLO DE LAS SECTAS
Por lo general
en el origen de una secta suele haber una protesta
religiosa. Su génesis obedece a cierta lógica de
evangelismo, en virtud del cual se llega a la convicción
de que hay una necesidad de ruptura total con la
entidad eclesial mayoritaria.
El primer
paso es contraponer a una manifiesta decadencia
del espíritu evangélico una vuelta a los orígenes.
Se sobrevalora así un determinado aspecto de la
verdad que queda, en muchos casos, aislada del conjunto
de la enseñanza bíblica.
A partir de
este momento la nueva entidad comienza su andadura
consciente de que con su misión se preserva la verdad
de Dios en medio de un mundo adverso y con unas
iglesias apóstatas.
El diálogo
ecuménico, el estudio comparativo, la búsqueda de
la verdad y servicio a la humanidad aparece como
algo superfluo cuando no negativo. Subsiste un latente
peligro. La menor desviación del espíritu inicial
puede producir un cisma dentro de la misma secta.
Además, cuando ésta deja su radicalidad y se instala
en la urdimbre social entonces aparecen síntomas
de su transformación en otra realidad distinta y
nueva en relación a la anterior sectaria.
3. EL FENÓMENO
DE LAS SECTAS
DENTRO DEL LLAMADO «DESPERTAR RELIGIOSO»
Los estudiosos
de la religión enmarcan el hecho dentro del nuevo
despertar religioso. Se trata de un fenómeno común
a las religiones que en un determinado momento de
su existencia da lugar a personas y grupos que se
proclaman inspirados, con propuestas de vuelta al
fervor y pureza originales, originando así un movimiento
contrario a lo institucional y jerárquico al entender
vivir el aspecto espiritual de la religión.
El término
despertar nos remite aquí a la dimensión
religiosa del hombre. En relación a ella decimos
nuevo en cuanto al ambiente de secularismo que no
concuerda con la aparición de lo sagrado, que ya
se suponía extinguido.
En la actualidad
nos encontramos con verdaderos focos de atracción
espiritual, de renovación en la vida de fe. Se trata
de lugares de acogida que se convierten en auténticas
escuelas de oración y solidaridad, basadas en la
enseñanza que se desprende del testimonio. Existen
en este sentido lugares modélicos en donde el encuentro
con Dios y con el hermano es una realidad esperanzadora
por el contenido de unidad que conlleva: cito a
Taizé, Silos, El Espinar, Pomeyrol...
Por otra parte
el Espíritu no ha dejado de soplar y otorgar sus
carismas. Contemplamos sus efectos: renovación en
la vida contemplativa y comunitaria; retorno a la
Biblia; acogida fraterna y cálida; comunidades comprometidas
con su ámbito existencial; evangelización por la
solidaridad y la comunión de bienes; diálogo interreligioso;
grupos de oración y praxis ecuménica....
No obstante
lo anterior, tenemos también espacios en donde lo
sagrado se manifiesta si bien desde una vivencia
patológica como es la sectaria. Aparece así numerosas
formaciones que invierten en este despertar religioso
tratando de ganar adeptos para su causa. En primer
lugar apuntamos a las sectas de origen o impronta
cristiana como Testigos de Jehová, Mormones, Moonis,
Comunidades Neoapostólicas, Vida Universal, Iglesia
de Dios Universal, El Camino, etc. La mayor parte
de estos grupos proceden del protestantismo de corte
milenarista y mesiánico de los Estados Unidos. Se
trata de grupos muy cerrados en torno a sus dirigentes
y doctrinas; en su seno sólo admiten a adultos a
los que rebautizan; son contrarios a las Iglesias,
sus instituciones y pastores.
Unos grupos
que están alterando el mapa sectario y avanzando
en este terreno de manera cuantitativa son los que
manan del sincretismo religioso en maridaje con
el esoterismo. Aquí habría que mencionar a la Sociedad
Teosófica, la Antroposofía, los rosacruces, el fenómeno
de la Nueva Era o Era de Acuario, las llamadas Iglesias
gnósticas, los nuevos templarios, los satanistas,...
Otros movimientos
tratan de beber de la tradición religiosa oriental,
rescatando sus elementos más principales, haciéndolos
fácilmente digeribles y atractivos para el hombre
occidental al tiempo que son manipulados. Son Hare
Krisna, Misión de la Luz Divina, Meditación Trascendental,
Osho Rajnees, Ananda Marga,...
Lo oculto
e irracional está impactando de manera importante.
Está muy de moda todo lo relacionado con la magia
(tanto negra como blanca) y la brujería, el espiritismo
o canalismo, la ufología, las mancias (astrología,
cartomancia, quiromancia, tarot...), la utilización
de los ángeles, la demonología,... Esto denota que
el hombre no ha dejado de ser un buscador espiritual,
un buscador de respuestas vitales y plenas de sentido.
Todo ello
nos conduce a la contradicción interna de nuestra
sociedad. Es decir, los herederos directos de la
denominada «muerte de Dios», de la secularización,
desmitologización, desacralización y desmagización,
resulta que son precisamente los portavoces y consumidores
de falsas respuestas religiosas, de los mitos y
de los fanatismos más radicales y atroces, seguidores
de las patologías religiosas más perversas. Es como
una reacción contra la vaciedad de una vida sin
orientación, desarrollada en medio de una sociedad
competitiva y salvaje, como es la sociedad neocapitalista
liberal, basada en el consumo y en el divertimento,
en el egoísmo y la pereza espiritual.
4. LAS
SECTAS Y EL DESPLAZAMIENTO DE «LO SAGRADO»
Este despertar
del sentimiento religioso, del mundo de lo sagrado,
constatable como hemos apuntado en múltiples de
respuestas no siempre acertadas, es objeto de reflexión
y análisis.
Algunos autores
lo califican despectivamente de involucionismo.
Otros, por el contrario, celebran ruidosamente su
venida. Pero juntamente con lo legítimo religioso
sobreviene el confusionismo espiritual y su mercantilización.
En el contexto eclesial puede haber mayor religiosidad
sin que necesariamente haya mayor fe y vida cristiana.
Se observa,
eso sí, un desplazamiento de lo sagrado. Sería equivocado
deducir de la aparición de lo sagrado un resurgimiento
de lo cristiano, pues ese «Dios sin rostro» nada
tiene que ver con el Dios de Jesucristo.
Contemplado
el problema desde otra perspectiva podemos afirmar
que la tan utilizada irreligiosidad quizá no sea
más que aparente descristianización. Personas que
no son ya cristianas, no por ello se convierten
en irreligiosas. Esto nos indica que hay que andar
seguro al valorar el hecho del reavivamiento religioso
que se observa en la sociedad actual.
Cara y cruz
del despertar religioso. Dentro de éste, las sectas
no es más que uno de los aspectos del fenómeno y
tal vez no el más importante. Pero es el que llama
más poderosamente la atención y el que más está
recabando una respuesta pronta y eficaz.
5. APROXIMACIÓN
A UNA DEFICIÓN DE «SECTA»
Es sumamente
difícil el proponer una definición de secta, como
también el delimitar la frontera entre Iglesia y
secta desde una perspectiva sociológica. La carga
peyorativa que comporta el término obliga a utilizar
otras palabras para dar cuenta de su realidad. Además,
topamos con el problema de la movilidad social de
los grupos catalogados de sectas que, con el discurrir
histórico, pueden convertirse en realidades de otra
naturaleza. En este sentido los bautistas fueron
durante bastante tiempo tachados de secta y dejaron
de serlo cuando de ellos salieron los adventistas,
a los cuales ahora numerosos especialistas no los
encuadran como tal. Un cierto relativismo está siempre
presente en la aplicación del término secta.
En su raíz
parece indicar seguimiento o separación radical.
Desde la sociología la secta se refiere a un grupo
con creencias estrictas al que se une voluntariamente;
es expresión de un desafío al mundo o bien de un
apartamiento del mismo; autosuficiente no desarrolla
contactos ni diálogos con el mundo exterior al que
anatemizan; con una fuerte cohesión interna basada
en la seguridad que proporciona la guía o revelación
del líder; y un factor de rigorismo doctrinal, disciplinar
y moral que les separa de toda otra realidad.
Otro problema
añadido lo proporciona la comprensión social del
término. En general, en la sociedad se entiende
por secta un grupo que emplea sofisticados métodos
de manipulación y coerción, que atentan contra los
derechos del individuo. Es decir, que lo que determina
a un grupo como secta no es tanto la doctrina que
profese o la ideología que lo sustente, sino más
bien los medios que posee y el cómo los utiliza.
Esta definición es la que ofrece el Congreso de
Wisconsin y la Resolución del Parlamento Europeo
al hablar de sectas destructivas.
Una secta
destructiva se caracteriza, según dicho Congreso,
por ser un movimiento totalitario caracterizado
por la adscripción de personas totalmente dependientes
de las ideas del líder y de las doctrinas del grupo
dirigidas por el líder, que puede presentarse bajo
la forma de entidad religiosa, asociación cultural,
centro científico o grupo terapéutico y que utiliza
las técnicas de control mental y de persuasión coercitiva
para que todos los miembros dependan de la dinámica
del grupo, y pierdan así su estructura y su idea
de pensamiento individual, en favor de la idea colectiva
y del grupo, creándose, muchas veces, un fenómeno
de epidemia psíquica y un fenómeno de pensamiento
colectivo, sin que tenga que ver la personalidad
propia del individuo. Por su parte, el Parlamento
Europeo explica la secta destructiva diciendo que
son nuevas organizaciones que operan bajo la cobertura
de la libertad religiosa, que atenta contra los
derechos civiles y contra los derechos humanos del
hombre, comprometiendo la situación social de las
personas afectadas.
6. CRITERIOS
DE DISCERNIMIENTO
Para una mayor
aproximación a la definición de secta hay que tener
en cuenta una serie de criterios tomados de las
ciencias humanas a los que se tendrían que añadir
los propios del terreno religioso. Es evidente que
no todos los criterios se pueden aplicar a todas
las sectas, ni con la misma intensidad, ni a cada
una de ellas.
Criterio
histórico
Desde la dimensión histórica
la secta se presenta como una rama desgajada de
un árbol. En el caso de las sectas religiosas
éstas se han originado como reacción y protesta
ante la institución religiosa. Esto mismo se da
con el nacimiento del cristianismo respecto del
judaísmo (Hch 24,5). También en sus orígenes el
protestantismo aparecía como una secta surgida
de las filas católicas. Siempre parecen darse
las mismas consideraciones: vuelta a las fuentes
y purificación doctrinal y moral hasta que el
grupo selecto sufre la erosión del tiempo, pierda
su radicalidad y se convierta así en otra realidad
de la que también podrán nacer grupos sectarios.
Criterio sociológico
En la sociología se presenta
con mayor agudeza la oposición entre iglesia y
secta. La iglesia aparece como institución que
se coloca al servicio incondicional de todos los
hombres. Un espacio sagrado con una estructura
abierta y con una autoridad central. La secta
en cambio la compone un grupo reducido de personas,
en torno a la figura de un líder carismático,
con una férrea estructura cerrada y controlada.
Sin interés universalista y situada al margen
e incluso enfrentada al mundo.
Criterio psicológico
En general,
las sectas se presentan en un mercado donde abundan
las personas sugestionables, inestables, desprovistas
de sentido crítico y de libertad de pensamiento.
Los grupos sectarios vienen a remediar ciertas necesidades
humanas sin cubrir suficientemente. El empleo abusivo
de métodos de adoctrinamiento en donde se utilizan
las armas de la persuasión sutil y de las técnicas
de control mental son indicadores psicológicos que
denuncian a tal o cual grupo e calidad de secta,
independientemente de su ortodoxia doctrinal.
Criterio
jurídico
Las sectas, en países donde
se respeta y se protege el pluralismo religioso
e ideológico, desarrollan sus labores proselitistas
sin ninguna clase de traba o condicionamiento,
excepto el respeto al imperio de la ley. Las sectas
pueden desarrollar sus actividades sin ninguna
clase de trabas. Pero si violan derechos fundamentales
de la persona y de la comunidad es claro que deberán
ser controladas y sancionadas por la autoridad
judicial
Conforme al
derecho de la Iglesia recordar que todo bautizado
que se adhiere voluntariamente a una secta es considerado,
ipso facto, como infame y, en cuanto tal, pierde
sus derechos eclesiales.
Criterio
social
La radical
separación que los grupos sectarios introducen en
relación al mundo y al conjunto de la humanidad
les mantiene alejados de la problemática humana
y social de su entorno. Además suelen guardar ciertos
comportamientos sociales que discrepan del mantenido
por la mayoría de los ciudadanos: negación a la
prestación del servicio militar o el civil sustitutorio;
formas especiales de vestir e incluso de comer;
dejación de sus deberes más elementales como ciudadanos;
insolidaridad frente a los no miembros; etc.
Criterio
eclesial y ecuménico
Las sectas de origen cristiano
rechazan el bautismo y sólo admiten el que proporcionan
por inmersión. Se consideran a sí mismos como
una comunidad de elegidos, de puros, de separados
por Dios de cara al futuro de su Reino. El ecumenismo
no aparece en su horizonte comunitario, y menos
aún las relaciones interreligiosas.
Criterio misional
Las sectas, en especial
las de impronta cristiana, medran en mayor cuantía
en ambientes de antigua cristiandad. No se emplean
en la captación de indiferentes o increyentes.
Cuando se trata de sectas escatológicas sienten
un impulso especial y una marcada urgencia proselitista
ante la inminencia del fin del mundo. Ello nos
señala que la motivación evangelizadora es distinta
en las sectas a la de las iglesias.
Criterio bíblico
Muchas sectas
están en la creencia de que las iglesias han perdido
el sentido genuino de la Biblia. Por ello suelen
atacar a las iglesias por haberse dejado llevar
de la exégesis crítica en aras del verdadero sentido
de la Palabra de Dios.
Hacen una
lectura literal y fundamentalista del texto bíblico.
Suelen consagrar gran parte de su tiempo al estudio
y difusión de la Biblia pero colocan al mismo nivel
los escritos del fundador de la secta que, en algunos
casos, la Palabra de Dios es interpretada y admitida
a la luz de esa otra revelación dada por el líder.
Para ellos la revelación no ha terminado con la
muerte del último apóstol, sino que continúa abierta.
La Biblia
es también utilizada por estos grupos como recetario
de soluciones de problemas y dudas. Igualmente utilizan
los textos sacados de sus contextos, a los que cargan
con un significado distinto al que realmente tiene
dentro del conjunto. Extorsionan y deforman palabras
y frases enteras para acomodarlas al contenido específico
de sus doctrinas, como es el caso de Mormones, Moonis
y Testigos de Jehová, entre otros.
7. TIPOLOGÍAS
MÁS COMUNES
El catálogo
del sectario en sus formaciones no es tarea fácil
pues la estructura de este tipo de grupo es múltiple
desde perspectivas diversas. Agrupar las formaciones
sectarias será siempre una tarea aproximativa y
de referencia. Hoy día nos encontramos con diversos
criterios de clasificación, atendiendo al número,
al dato religioso, sociológico o geográfico, entre
otros.
Atendiendo
a una tipología meramente descriptiva, el francés
Jean Vernette habla de sectas de los movimientos
del despertar; sectas curanderas; milenaristas;
sincretistas y orientales.
Desde el ámbito
de la sociología Bryan Wilson las cataloga en sectas
conversionistas (que inciden sobre la conversión
personal); revolucionarias (que afirman que el mundo
va a cambiar drásticamente por una acción directa
de Dios); introversionistas (buscan la salvación
al interior de su propia entidad rompiendo totalmente
con el mundo y la sociedad); manipuladoras (que
buscan medios sobrenaturales u ocultos para conseguir
la salvación; taumatúrgicas (que esperan la salvación
y la sanidad a partir de un acto salvador de Dios
directo y milagroso); reformistas (que proponen
una reforma del mundo mediante la reforma voluntaria
de la conciencia); y utópicas (que esperan la reforma
del mundo como consumación de una reforma de la
sociedad).
En la actualidad
parece primar una clasificación dicotómica (sectas
y sectas destructivas) en función de la peligrosidad
o conflictividad, manifiesta o no. Este es un criterio
fácilmente asumible por personas que tienen un conocimiento
que emana de las informaciones de los medios de
comunicación, en ocasiones alarmistas y sesgadas,
pero también asumido por no pocos especialistas.
El límite entre secta y secta destructiva no está
bien especificado por lo que es fácil incorporar
aquí, en función de métodos, técnicas y estructuras
organizativas, a grupos y movimientos que pertenecen
al ámbito de las religiones y de las Iglesias. Las
denuncias de los ex-adeptos está siempre en la base
de la catalogación de muchos y legítimos grupos
como sectas. A este respecto cabe indicar lo que
Jean Vernette dice sobre las acusaciones de los
antiguos miembros:
"Los
testimonios de los antiguos adeptos
pueden ser válidos, porque hablan
de la experiencia, pero no habrá que
olvidar la posible dosis de autojustificación
o el intento de arreglar cuentas
por problemas personales. Los testimonios
de los profesionales, se trate
de psicólogos, sociólogos o psiquiatras,
aportan indudablemente estimables
datos dignos de tener en cuenta, pero
siempre que no rechacen por principio
las ‘dimensiones y búsquedas religiosas’
que pueden darse en los adeptos.
La información de los medios de comunicación
social, son susceptibles de exageraciones,
ya que por principio presentan los aspectos
más sensacionalistas y que mejor
‘se venden’" |
|
Basta hojear
algunos catálogos de sectas o ver algunos artículos
o reportajes periodísticos para darse cuenta de
lo afirmado. Esta manera de tratar el fenómeno sectario
ha dado por resultado incluir incluso grupos católicos
en el rosario sectario, o bien determinar tal o
cual experiencia religiosa o vocacional como sectaria,
llegándose así a un callejón sin salida con organizaciones
que tratan de meter en el saco sectario destructivo
a todo aquello que tenga un mínimo de espiritualidad
y organización religiosa.
En mi exposición
la tipología sectaria sigue un doble criterio -y
se ajusta al cuadro que el SAES presenta en estas
páginas WEB-. Por una parte el geográfico, siguiendo
la propuesta de Vermander; y por otra el criterio
ideológico-religioso, ambos unidos en un único criterio
de presentación, ajustado todo ello a criterios
pedagógicos y exposición visual armónica y sencilla.
Así tenemos la siguiente tipología: sectas de origen/impronta
cristiana; sectas de origen/impronta oriental; sectarismo
filosófico/esotérico y del desarrollo del potencial
humano; sectarismo satánico/brujeril y sectarismo
social/comercial.
8. PERSONAS
VÍCTIMAS DE LAS SECTAS
¿Por qué se
entra en una secta?. La respuesta no es nada fácil.
Pero si que hay que ser muy conscientes de que estos
grupos tienen éxito porque encuentran un terreno
abonado para tenerlo. A la hora de analizar el ingreso
en una formación sectaria el investigador se encuentra
con una doble motivación: subjetiva y objetiva.
En la primera hay que destacar la necesidad que
tiene el hombre actual de vida comunitaria, cargada
de relaciones humanas gratificantes y de reconocimiento
en la pertenencia, como reacción a una sociedad
que despersonaliza masificando. En segundo término
el hombre moderno y técnico es también un buscador
espiritual, un conquistador de misterio y absoluto.
En nuestro
contexto hay que indicar la existencia de amplias
capas de cristianos que viven una grave decepción
respecto de la Iglesia institución: unos la concretizan
en la pérdida de pureza evangélica, un tanto mítica
ciertamente; a otros se les derrumba seguridades
establecidas al no digerir la necesaria reforma
eclesial; para muchos la Iglesia ya no responde
a los verdaderos problemas y retos humanos alejándose
así del hombre concreto.
También el
sentimiento de marginación y soledad ha adquirido
proporciones alarmantes. Crece la indiferencia,
la insolidaridad, el pasotismo. Con la huida son
muchos los que quedan atrapados en las sutiles redes
sectarias. La atracción que ejerce un estilo de
vida distinto y sin igual es suficiente reclamo
de atención y entrada en el mundo sectario.
Nadie debe
sentirse excluido de la posibilidad cierta de ser
impactado por el sectarismo. Ningún tipo de persona
queda fuera de su influencia en razón a su posición
económica, social o personal, si bien los marginados,
las personas con problemas afectivos y familiares,
sean los más propensos a la captación e ingreso
en las filas sectarias.
Por sectores
de edades sin duda que son los jóvenes los más afectados
por ser ellos los que mejor se adaptan al ideario
sectario. Los jóvenes que siguen las sectas hoy
van en búsqueda de identidad y de una realidad espiritual
que les proporcione respuestas válidas para las
preguntas que el mundo les hace. La metodología
para la captación de las personas sigue, en líneas
generales, el siguiente esquema:
-
Proceso de conversión partiendo del principio
de que existen mayores probabilidades de encontrar
adeptos entre viajeros y personas que viven alejadas
de su entorno familiar y social, sujetos que experimentan
procesos desestructurantes y jóvenes sin especiales
vínculos. Estos recibirán el ataque proselitista
sectario allí en donde se encuentran. Los buscadores
de nuevos devotos están bien entrenados para ponderar
la situación y lograr el objetivo que persiguen:
la atención y conversión de un nuevo adepto.
- Persuasión
se llama a este proceso. Así, una vez identificado
al posible aspirante, el miembro de la secta emplea
una táctica estudiada para atraer la atención
del futuro adepto. Esto lo hace mediante
una separación controlada, mediante muestras especiales
de acogida y amistad, mediante un ofrecimiento
en el compartir, mediante la disposición de ayuda
y la entrega gratuita de materiales, etc.
Durante
estos contactos iniciales los reclutadores
hacen todo lo posible para que la nueva comunidad
le resulte al recién llegado la más atractiva de
todas. De tal forma puede quedar impactado que voluntariamente
decide volver, o recibir un programa especial, o
unas charlas de introducción, o asistir a una convivencia,
etc.
De esta manera
se introduce al neófito en la conversión. El recién
llegado continúa prestando atención y participando
en la medida de sus posibilidades en una serie de
actividades impuestas por la secta para provocar,
sin saberlo él, su debilitamiento y confusión mental,
que será debidamente canalizada en favor del grupo.
La conversión
aparece así como un proceso personalizado, preparado
de antemano por las sectas, y en el que emplean
métodos y técnicas de programación y de control
mental, además de la utilización de la falsedad
y manipulación de la verdad.
Gracias a
ello el adepto se convierte en una persona muy influenciable,
abandona la molesta libertad de elección que tenía
antes de ingresar en la secta y está dispuesto a
aceptar los preceptos de ésta completa e incondicionalmente,
aunque en ello le vaya su libertad personal y su
propia vida.
A partir de
aquí la secta establece un perfecto plan de adoctrinamiento
a fin de producir una profunda transformación en
el nuevo adepto que le capacite a su vez como reclutador
proselitista, lo que significa que es un miembro
plenamente convencido y dependiente totalmente del
grupo. Ese será su nuevo mundo y nueva familia.
9. ACTITUDES
ANTE LAS SECTAS
No podemos
olvidar que nadie entra por malas razones en un
grupo considerado sectario. Como tampoco el hecho
cierto de que no todos los ingresos son debidos
a procesos más o menos elaborados de captación.
Mucha personas son atraídas por estos grupos porque
verdaderamente para ellos ofrecen alternativas serias,
porque han encontrado en ellos y sólo en ellos la
respuesta a sus perentorias necesidades espirituales
y personales, a sus interrogantes más hondos y humanos.
Las sectas también tienen su parte positiva o elementos
humanizadores. Además, en muchos sitios han venido
a cubrir espacios abandonados por la Iglesia institucional
o insuficientemente tratados por ella. Por eso,
como decía al principio, las sectas más que una
amenaza de la que defenderse, constituye un desafío
al que responder adecuadamente. Una interpelación
a todo cristiano para que adopte una actitud de
conversión permanente, una vivencia sincera y constante
del Evangelio. Sí, definitivamente el mapa sociológico
y geográfico de las sectas tiende a calcar el otro
mapa de las debilidades y ausencias que se dan en
nuestras comunidades cristianas.
En realidad,
si examinamos las causas que pueden motivar el actual
aumento de las sectas, aparece como si ellas vinieran
a cubrir los fallos que se han experimentado últimamente
en la práctica del Evangelio por parte de las iglesias.
Quizá nuestras iglesias no sean auténticas comunidades
fraternas, en las que haya lugar y acogida para
todos. Cada uno tendrá que responderse desde su
propia responsabilidad eclesial y vocación cristiana.
También es
conveniente tener en cuenta un necesario discernimiento,
por amor a la verdad y al hermano. En este sentido
no podemos tratar del mismo modo a todos los grupos,
ni meterles en el mismo saco, pues son muy distintos
unos a otros y con diversos grados tanto en su peligrosidad
como en su nocividad.
Tenemos, pues,
que evitar el fácil confusionismo que en este terreno
se da por un tratamiento apresurado y poco riguroso,
atendiendo sólo a los medios de comunicación o a
los rumores, propensos siempre al sensacionalismo
y la falsedad.
Se impone,
además, una distinción neta entre la sinceridad
personal de los seguidores, reconociendo en ellos
su lealtad y compromiso y sus cualidades morales,
que en muchos casos les adornan, de las motivaciones
ocultas y bastardas de sus líderes.
Hay también
que distinguir entre los objetivos que dicen perseguir,
de los fines y métodos que emplean para su consecución.
En todo caso, nuestra actitud debe estar siempre
presidida por la serenidad, el respeto y la precaución.
El apóstol Pablo ya nos enseñó a contemplar con
ojos providenciales el fenómeno sectario. A los
cristianos de Corinto les dice: «Es conveniente
que haya divisiones entre vosotros, para que quede
claro quiénes son los que salen airosos de la prueba».
San Agustín hablaba del problema invitando a los
sectarios a buscar juntos la verdad, «como si fuera
algo que todavía no hemos alcanzado ni los unos
ni los otros. Solamente de este modo podremos conseguirla
con amor y con serenidad, si no tenemos la necia
pretensión de haberla descubierto ya y de poseerla...».
Es cierto
que la inmensa mayoría de los fieles católicos no
están preparados para abordar el diálogo con las
sectas. La falta de preparación religiosa más bien
les convierte en objetivos fáciles de conseguir.
Por ello hay que desaconsejar el diálogo doctrinal
y dejarlo sólo a los especialistas.
Por su parte
los pastores deben tener en cuenta, ante el problema
sectario dado en su zona, una revisión de la praxis
pastoral en relación a los ambientes más alejados
de la parroquia. La experiencia indica que gran
parte de los captados proceden de ambientes donde
abundan los alejados, desorientados, desatendidos
y marginados. Tiene que tener en cuenta la oportuna
revisión de los métodos catequéticos que emplea.
Los testimonios recogidos entre los conversos a
las sectas coinciden en estos puntos: escuchan gustosos
la predicación de sus líderes porque es clara y
sencilla, poblada de referencia bíblica; porque
está amenizada con cantos con mensaje; porque notan
cierto estilo profético. También la revisión de
las estructuras parroquiales fomentando la creación
de pequeños grupos al interior de la parroquia,
para que ésta sea comunidad de comunidades, sin
anclarse en una sola dirección teológica o pastoral.
Concluimos con el testimonio que aduce al hablar
de este tema el padre Chéry:
«No
me quejo de la presencia de las sectas,
decía un vicario de pastoral; veo
en ello una señal del Señor, una llamada
a una mayor exigencia, a una mayor
profundización en la fe, a una mayor
entrega a mi ministerio y a un mayor
compromiso por parte de toda la parroquia». |
|
En definitiva,
la verdadera, la única respuesta a la interpelación
y reto del sectarismo moderno debe ser preventiva,
por una parte; y por otra, testimonial, a nivel
individual y a nivel de iglesia local.
Julián
García Hernando