El
Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad
de Madrid se creó como consecuencia
natural de la vocación ecuménica del
Instituto Misionero de la Unidad, como un espacio
en el que los cristianos, eclesialmente divididos,
alimenten la nostalgia de la hermandad, se comprometan
a manifestar la unidad que ya tienen en Cristo y
busquen la plenitud que les haga ser testigos creíbles
de la fe cristiana. Las divisiones actuales, herencia
de rupturas y enfrentamientos de siglos pasados,
constituyen un antisigno que impide el testimonio
común y la eficacia en la evangelización,
en la misión.
El Centro Ecuménico
no es un lugar neutro, sino un lugar de comunión
en la fe cristológica y trinitaria, comunión
en el mismo bautismo y en la plegaria común.
Comunión en la tarea de preparar un mundo
más humano y más justo. Pero es un
lugar que todavía no puede expresar la plenitud
de unidad que Cristo quiso para los suyos.
Como todo Centro Ecuménico
manifiesta una utopía de intensa fuerza.
Cuando tantos hechos y actitudes desde todas las
iglesias parecen descalificar la búsqueda
de unidad plena que las mismas iglesias proclaman
solemnemente en sus textos y declaraciones, el Centro
Ecuménico mantiene la fe inquebrantable de
que la unidad visible, la comunión en la
fe y en el sacramento, el reconocimiento mutuo de
los ministerios eclesiales, la profesión
de una "sola Iglesia", es la tarea a la
que no se puede renunciar por difícil y ardua
que parezca a la mayoría.
El Centro Ecuménico
mantiene su fidelidad confesional, porque sin fidelidad
confesional se traiciona al ecumenismo, considera
a las otras iglesias como "iglesias hermanas"
y está familiarizado con la liturgia, la
espiritualidad, la historia y el pensamiento de
las "otras iglesias". Vocacionalmente,
el Centro Ecuménico permanece en esa frontera,
"construyendo puentes", destruyendo malentendidos,
recibiendo y asumiendo lo "mejor" de los
otros, para mostrarlo a los hermanos de la propia
tradición eclesial. Ofrece el "verdadero
rostro" de la propia Iglesia a los hermanos
de las otras confesiones. En este ambiente el protestante
deja de ser el "hereje consumado", el
ortodoxo deja de ser el "orgulloso anclado
en el pasado", y el católico deja de
ser el "papista". El contacto y diálogo
con los hermanos de distintas iglesias, que es uno
de los objetivos del Centro, hace que los muros
se vayan rompiendo y que la comunión empiece,
no sólo a tener sentido, sino a verse como
una "posibilidad real".
El Centro Ecuménico,
en sí mismo, quiere cuestionar la realidad
eclesial en sus divisiones actuales, ya que se ha
hecho costumbre el vivir separados como si ello
fuere el estado normal de los bautizados en Cristo,
siendo esa costumbre un motivo de separación.
El cuestionamiento implícito que supone la
existencia de cualquier Centro Ecuménico,
está motivado por el amor a las iglesias,
por amor a la propia Iglesia, nunca por la obsesión
de la crítica en sí misma, o por el
simple deseo de protagonismo que nada tendría
de evangélico.
Pretende también ser
un semillero de vocaciones ecuménicas, ya
que su actividad comporta una vida teologal para
quienes se acercan al Centro. El estudio de las
otras iglesias lleva a descubrir sus riquezas teológicas
y culturales y a palpar las ansias de espiritualidad
y del amor a Cristo que existe en otras tradiciones
cristianas.
La experiencia de quienes
se ponen en contacto con el ecumenismo se manifiesta
en el respeto, aprecio e incluso amor, hacia los
hermanos de las otras iglesias. Nada más
lejos de la intención del Centro Ecuménico
"Misioneras de la Unidad" (y de cualquier
Centro que se llame ecuménico) que llegar
a ser portavoz de grupos de cristianos integristas,
que por una falta de fidelidad a la propia Iglesia
pretende imponer "su verdad" sobre la
misma Verdad. Tales actitudes, a la larga, perjudican
a la causa ecuménica y a la misma imagen
de la Iglesia.
El Centro Ecuménico
pretende también recordar a la iglesia local
la imperiosa necesidad de impregnar de ecumenismo
la propia vida (la catequesis, las celebraciones
litúrgicas, la enseñanza religiosa,
la formación teológica, las actividades
sociales y caritativas, etc.). En este sentido,
el Centro Ecuménico "Misioneras de la
Unidad" quiere ser memoria de que lo ecuménico
no es una especialidad, sino una dimensión
obligada de toda la Iglesia, en definitiva de todo
cristiano.