A MI AMIGO
GABRIEL CAÑELLAS

Sin duda el Doctor D. Gabriel
Cañellas Orpinel es uno de esos hombres que
dejan huella en todos los que le hemos conocido.
Desde la década de
los años cuarenta, ha sido un referente ineludible
para los estudiosos de la minoría protestante,
por su implicación, desde muy joven, en la
lucha por la justicia y la libertad en el país
del «nacional catolicismo».
Yo le conocí en
octubre de 1948, en el acto de apertura de
curso del Seminario Evangélico Unido en Madrid.
Y desde entonces sentí por él una
profunda admiración y respeto. Le veía
como una especie de profeta mayor, de hermano modélico
a quien debía seguir e imitar.
Le admiraba por sus conocimientos:
¿Cómo, de dónde y por qué
sabía tanto? En el seminario carecíamos
de todo: de libros de consulta, de bibliografía,
de material didáctico adecuado… Y,
no obstante, el bueno de Gabriel Cañellas
siempre salía adelante con trabajos verdaderamente
brillantes. Disponía de un misterioso don
que le facultaba para dominar más y mejor
que nadie los textos sagrados.
Recuerdo un domingo que
en la clase de homilética, clase en
la que participábamos los alumnos predicando
de cara al público, Cañellas hizo
la homilía. Al terminar, unas jóvenes
españolas de origen alemán, comentaban:
«Ha sido un sermón extraordinario;
pero es una pena que este joven sea tartamudo».
¡Naturalmente, se referían a su acento
catalán!
El Doctor Cañellas
vivió intensamente aquel tiempo difícil
de la postguerra franquista y el nacional catolicismo
en las dos décadas siguientes a la conclusión
de sus estudios teológicos en el Seminario
Teológico Unido.
Durante ese tiempo ejerció
su pastorado casi de forma itinerante, en distintas
congregaciones de la IEE. Yo recuerdo haberle visto
en las iglesias de Reus, Mahón, San Pablo
en Barcelona, en la que pedía ser ministro
interino, sólo colaborador del pastor titular.
Era un gran pastor que ejercía
su triple ministerio de la predicación de
la Palabra, los sacramentos y la cura de almas;
aunque prevalecía en todo su quehacer pastoral,
su profunda vocación docente. Enseñaba,
simplemente leyendo un texto de la Palabra, enseñaba
en la forma de entonar el contenido de la lectura
bíblica, enseñaba no sólo predicando
sino hablando y aconsejando a los fieles.
Y fue en el Seminario
donde verdaderamente se sintió realizado,
como siervo de Dios. En su día presentó
su tesis doctoral en la Facultad de Teología
de Montpellier (Francia), ante reputados teólogos
tales como Daniel Lois; Alberto Soyin y otros. Su
ponencia de más de ochenta páginas
trataba el tema de «El juicio de Dios sobre
Israel», que fue reconocida como trabajo «remarcable»,
«excelente», admirado y felicitado por
todos.
Las generaciones de seminaristas
que estudiaron con el Doctor Cañellas, en
Barcelona y en Madrid, han sentido y sienten por
él una profunda admiración y respeto;
y todos coinciden en que D. Gabriel, como nadie,
sabía alternar la formación docente
con la propia formación pastoral de sus alumnos.
Es decir, el Doctor Cañellas era sencillamente
pastor de pastores.
En sus relaciones ecuménicas,
pese a su gran formación teológica,
no se planteó el diálogo con sus hermanos
católicos, como una especie de apologética
dogmatizante; consideró más eficaz
mantener este diálogo como una reflexión
constante en torno a la Palabra de Dios. Entendía,
Cañellas, que la unidad de la Iglesia debía
manifestarse en la vida de las iglesias, encontrando
en el estudio de la Palabra la verdadera apostolicidad
y universalidad de la Iglesia.
Y esta consideración
ecuménica produjo el cariño, el afecto
y la admiración de muchos hermanos católicos,
y naturalmente protestantes.
Hace poco tiempo, bromeando,
le dije: «Pero Gabriel, que torpe y viejo
estás». «Sí, Luisito ?me
contestó? pero de aquí (señalando
su cabeza), dieciocho años». Pues bien,
querido Gabriel, antes de que asciendas en tu carro
de fuego al cielo yo quiero un poco de esa mente
tuya, de ese poder, de esa fuerza que Dios te ha
dado y que domina todo tu ministerio pastoral y
docente y, como Eliseo, acércame tu manto
como el manto de Elías, que clamó:
«Te ruego que una doble porción de
tu espíritu sea sobre mí».
Luis
RUIZ POVEDA
Pastor de la
Iglesia Evangélica Española (IEE).
Madrid