Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad - Eventos

Palabras del Cardenal Walter Kasper, Presidente del
Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

Estoy muy contento de estar esta tarde con ustedes. Siempre es un placer encontrar personas comprometidas directamente con la causa del ecumenismo, personas que toman en serio aquello de Jesús de que "todos sean uno".

La obra del ecumenismo es para mí realmente un signo de que verdaderamente es el mismo Jesús el que está actuando entre nosotros, como lo hacía en aquella situación. Por eso, antes que riada, quiero darles las gracias a todos ustedes que se han comprometido directamente en el compromiso ecuménico y decirles que estoy muy contento de poder estar entre ustedes.

El ecumenismo es un signo del Espíritu. Cuando yo era joven, en mi pueblo, después de la Segunda Guerra Mundial, había 800 o 900 católicos. Lutero o Calvino, entonces eran para mí palabras "malas". Nunca hubiera pensado entrar en una Iglesia luterana. Pero las cosas han cambiado mucho. Y esto es de verdad fruto del concilio Vaticano II, del que ahora celebramos el 40 aniversario. Queremos celebrarlo con un congreso que vamos a tener en Roma.

¿Cuál es la novedad del documento del Concilio? La novedad al final es que descubrimos que el Espíritu Santo actúa fuera de los límites de nuestra propia Iglesia. Por ello existen elementos eclesiales verdaderos en todas las iglesias. Cuando nos referimos a las iglesias ortodoxas, ellas son iglesias verdaderas, con todos los sacramentos y con la eucaristía válida. Nos da alegría vivir en el Consejo para la Unidad de los Cristianos en los cuales se siente que el Espíritu Santo opera, que el Espíritu Santo obra y piensa en la unidad de la Iglesia.

Desde el concilio Vaticano II hemos hecho un gran recorrido. Actualmente el Consejo para la Unidad lleva adelante el diálogo con 15 unidades mundiales. Existen problemas, no lo podemos negar, es cierto, pero eso es la vida.

Con las iglesias ortodoxas en los últimos años hemos hecho un buen progreso. Sobre todo con aquellas iglesias que estaban un poquito más encerradas en sí mismas. Un caso específico es el de la Iglesia de Rumania, con la que ahora mantenemos unas buenas relaciones.

Igualmente, con la Iglesia de ortodoxa de Grecia. Era muy difícil preparar la visita del Papa en Atenas. Siempre nos llegaba el eco de que se decía: "No se puede orar con herejes". Hasta la última tarde, hasta el último momento se seguía manteniendo esta afirmación de que no se podía orar con el otro. Cuando el arzobispo llegó a la nunciatura, en un cierto momento, el Papa hizo un gesto con su báculo diciendo: "Ahora, nosotros vamos a orar". Y rezaron el Padrenuestro en griego. Fueron ellos quienes tuvieron que recitarlo en griego, porque él no sabía rezar en griego. Y desde entonces hemos recibido una visita del Sínodo, al más alto nivel, en Roma, y también se ha realizado una visita a Grecia, lo que ha permitido que se puedan desarrollar relaciones.

Lo mismo se puede decir de Bulgaria y desearíamos que fuera así también con Rusia. Era muy difícil. Tenemos que reconocer que la situación es muy difícil en los últimos tiempos. Hace algunas semanas estuve en Rusia y se sentían las tensiones, pero podemos decir que al final hemos podido "pasar página".

Es de notar que en el pasado ha habido elementos políticos que han favorecido la división. Actualmente, esas mismas situaciones políticas hacen que podamos caminar hacia la unidad. Ahora todos los países quieren entrar en la Comunidad Europea. No tienen otra alternativa. Al menos que vayan a unirse a Rusia, cosa que ya hicieron una vez y no funcionó muy bien.

La secularización de Europa occidental es un miedo presente en ellos. Europa no es sólo una comunidad económica, tiene que ser una comunidad de valores. Valores que también se fundan en el cristianismo, pues sin la colaboración de las iglesias, Europa no podría funcionar.

Ellos son conscientes de esta situación y por eso desean colaborar, y vemos en esta circunstancia una oportunidad.

Está claro que con los ortodoxos no existen problemas de orden dogmático pero existe un problema grande de mentalidad. Hay un problema de paciencia y la paciencia no es una de mis grandes cualidades.

Nos podemos enriquecer de verdad, de todas las fuentes de la ortodoxia. Todos ustedes, que conocen los iconos, se dan cuenta que no son solamente obras de arte, que son testimonios de espiritualidad.

En la relación con los anglicanos y luteranos, desde el Concilio hemos realizado un gran progreso. En un país como el mío, Alemania, donde tenemos la mitad de católicos y la mitad de evangélicos, la situación crea un problema pastoral por la cantidad que hay de matrimonios mixtos. Tenemos situaciones pastorales que exigen que trabajemos en el campo de la unidad.

¿Qué podemos hacer? Lo primero leer la Biblia. Podemos colaborar juntos en el campo social y de la caridad. Podemos hacer mucho más de aquello que hacemos normalmente. Podemos decir hoy que la colaboración a nivel parroquial se considera ahora algo normal, porque actualmente la división no está entre católicos y cristianos, sino entre cristianos y no cristianos.

Tenemos razones para defender las raíces cristianas de Europa. Está el fenómeno de la secularización, que creo es también un problema en España.

El ecumenismo no tiene un fin en sí mismo. Tiene una finalidad misionera: "Para que el mundo crea". Ese es el fin último.

Pero el objetivo no es una unidad uniforme. Todos nosotros, como personas humanas, somos distintas, cada uno de nosotros tenemos una riqueza y una particularidad dada por el Espíritu Santo. Por lo mismo, la uniformidad no puede ser objetivo final. Ya desde el comienzo la recepción del Evangelio, en Oriente y en Occidente, fue diversa. Lo que debemos superar son las contradicciones. No es posible, no podemos aspirar a superar las tensiones que siempre estarán entre nosotros. Lo importante es que desaparezcan las contradicciones.

Contamos con el apoyo de Juan Pablo II. Un apoyo que es muy importante para todos. Para nosotros, a nivel interno del Vaticano. Es el primer Papa que ha escrito una encíclica sobre el ecumenismo. Una encíclica que yo calificaría de profética. En todas sus visitas trata de establecer contactos y visitar a los otros cristianos.

Algo que también necesitamos es el diálogo y el contacto con los judíos y con los musulmanes. Aquí en España se tiene una historia común, aunque no haya sido siempre muy feliz. Porque el judaísmo forma parte de las raíces cristianas, por esto mismo, las relaciones con los judíos no están colocadas en el marco del diálogo interreligioso, sino que, en el interior de la Curia romana, existe la Comisión de relaciones religiosas con el judaísmo, que funciona en nuestro dicasterio.

La situación no es fácil a causa de los problemas y conflictos de Oriente Medio, pero cuando encontramos personas que viven una espiritualidad y una vida de oración, vemos que el diálogo y el encuentro es posible. Hemos iniciado, de hecho, un diálogo en Israel mismo. Con encuentros dos veces al año y la experiencia está siendo muy positiva. Los temas sobre los que se trabajan son: la familia, la santidad de vida, la justicia.

En Junio se tendrá un encuentro mundial en Buenos Aires y deseamos hablar sobre nuestras responsabilidades comunes ante la paz y la justicia en el mundo.

Es claro también, que las relaciones con el islam son muy importantes. Como todos ustedes saben Juan Pablo II es el primer Papa que ha entrado en una mezquita, en Damasco.

Todo el que lee el Corán, tiene la impresión de que el islam es una religión de paz. Una gran experiencia fue Asís. Hace un año, cuando el Papa convocaba a todos los líderes religiosos, todos coincidían en declarar que en nombre de Dios no se puede generar violencia.

Concluyo diciendo que para mí, lo más importante en estos momentos es el ecumenismo espiritual. Esta palabra de Jesús fue citada por el Papa, palabra que es una oración: "Padre, que todos sean una misma cosa"... Hacer ecumenismo, comprometerse en el ecumenismo, quiere decir entrar y realizar esta oración de Jesús.

La unidad no la podemos hacer nosotros, la unidad es un don del Espíritu. Por eso podemos y debemos orar por el ecumenismo.

El domingo pasado estuve en un monasterio de monjas trapenses cuyo carisma es la oración por la unidad, por el ecumenismo. Actualmente, en Alemania, existe una red de movimientos católicos y protestantes que se comprometen a rezar por el ecumenismo. Creo que esta oración no es en vano. El Espíritu Santo inició el movimiento ecuménico. Nosotros debemos hacerlo llegar a su fin. No sabemos cuándo, ni sabemos cómo se va a realizar la unidad. Dejémoslo al Espíritu Santo que, seguramente, nos puede dar sorpresas. Les invito a orar por la unidad. Es el momento, pues, para que oremos juntos por la unidad. Esa oración que hacemos juntos seguramente dará su fruto.

De nuevo, quiero agradecerles a todos, el compromiso que tienen con el ecumenismo y la oración.

[Trascripción de la traducción oral espontánea realizada simultáneamente durante la intervención. Traducción del italiana al español por el Juan Fernando Usma, Oficial del Pontificio Consejo].


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