Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad - Eventos

Presentación del Cardenal Walter Kasper
a los amigos, colaboradores e invitados del
Centro Ecuménico «MISIONERAS DE LA UNIDAD»

Eminencia Reverendísima,
Excmo. Sr. Obispo del Patriarcado de Constantinopla en España,
Dignísimas autoridades,
Hermanos y amigos todos:

El Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad entiende vuestra visita como un hecho histórico y se honra en ella muy sinceramente a la vez que os expresa su más rendida gratitud. Me cabe el honor de hacer ahora esta sencilla Laudatio ante el selecto grupo de amigos que en esta casa trabajan de cerca por la unidad de la Iglesia. Ya sé que no la necesitáis, y que los aquí presentes pueden, en cualquier caso, acudir a cuanto yo publiqué en el número 46 de Pastoral Ecuménica el año 1999, con motivo de vuestro nombramiento para Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Sí quisiera, no obstante, recordar algunos rasgos oportunos para esta circunstancia.

Su Eminencia Kasper nace el 5-III-1933 en Heidenheim/Brenz, diócesis de Rottenburg-Stuttgart (Alemania). Cursa filosofía y teología en Tubinga y Munich. Obtiene la licencia en Teología en 1954. El 6-IV-1957 recibe la ordenación presbiteral. Y en 1961, con La doctrina de la Tradición en la Escuela Romana, es promovido a Doctor en Teología por la Facultad de Teología Católica de Tubinga. Con sólo 31 años, oposita y gana en 1964 la Cátedra de Dogmática en la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Münster (Westfalia), cuyo decanato ocupa desde 1969 a 1970, año en que cambia a la homónima de Tubinga.

Su prestigio determina los nombramientos, en 1979, de consultor en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y de representante de la Iglesia católica en la comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias. El 17-IV-1989 Juan Pablo II lo eleva a obispo de Rottenburg-Stuttgart, en cuya catedral recibe la consagración el 17-VI-1989 por la imposición de manos del Dr. Oscar Saier, arzobispo de Friburgo/Br. Su lema episcopal –Veritatem in caritate [Ef 4, 15]- deja traslucir una declarada vocación teológica y ecuménica. La cual pesa de modo singular cuando a partir del 94 es llamado, en condiciones de copresidente, a la Comisión Mixta Católico Romana-Evangélico Luterana, en cuya función acude a la sesión plenaria de la Federación Luterana Mundial en Hong Kong (1998). El 16-III-1999 la Oficina de Prensa de la Santa Sede hacía público su nombramiento para secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El 21-II-2001 fue creado cardenal diácono y recibió del papa Juan Pablo II la birreta roja y la Diaconía de Todos los Santos en Via Appia Nuova. El 3-III.2001, en fin, le llegaba la presidencia del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

Su impronta cristológica y eclesiológica se adivina ya en el primer Instituto ecuménico de Alemania Johann Adam Möhler, el famoso teólogo de Tubinga a cuyo espíritu ecuménico tan vinculado se reconoce Monseñor Kasper. También podemos reconocerla en el Documento de Lima. He aquí palabras suyas de una entrevista reciente: «Yo he trabajado siempre la Teología en contexto ecuménico. Desde el principio he pertenecido al Diálogo Mixto Luterano-Católico. En calidad de tal trabajé en el Documento de Malta (1972), y en El ministerio espiritual de la Iglesia».

Mucho le deben la elaboración y redacción del Documento luterano-católico sobre la Justificación, y mucho también otros documentos del diálogo teológico. Su Eminencia Kasper es, lo era antes del nombramiento cardenalicio, persona muy admirada y querida entre católicos, luteranos y ortodoxos. El reciente viaje a Moscú lo mismo que sus frecuentes encuentros con líderes religiosos y sus conferencias y discursos en semanas, congresos, doctorados honoris causa, como el de hoy en Comillas, revelan una personalidad teológica y ecuménica fuera de lo común, con peso específico tal vez nunca igualado por sus predecesores.

Este mismo fin de semana del 26 al 27 de marzo representantes católicos, luteranos, y anglicanos se han reunido en Roma, a iniciativa del la Pontificia Universidad Salesiana, para hacer un balance del ecumenismo en los últimos cuarenta años. En la programación figuraba una conferencia del cardenal Walter Kasper sobre «La situación ecuménica hoy». De este y otros extremos podría darnos algunas migajas informativas. Recibidas de su Eminencia, serían la mejor y más condensada lección para este Centro.

Concluyo. Nunca me consideré adivino. Pero vistas las cosas a posteriori, sí quisiera recordar de aquella reseña cuando su nombramiento para la secretaría del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos este párrafo: «Estamos, -decía yo entonces resumiendo (1999)- ante un primer espada de la teología mundial, grande entre los grandes ecumenistas del posconcilio, capaz como pocos de armonizar ecumenismo y teología: no sería descabellado suponerle pronto cardenal presidente del mismo Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos». Los hechos me han dado la razón.

Permitid, Señor Cardenal, para cerrar el discurso, y permitídmelo también vosotros, queridos amigos, este desahogo: Amo el ecumenismo, me gusta el ecumenismo, trabajo por el ecumenismo. Tampoco os oculto a los aquí presentes que desde mis años en Roma sigo de cerca el hacer teológico y ecuménico de Walter Kasper, de quien me cuento entre sus más declarados admiradores. Puestas así las cosas, Eminencia, dejad que os diga sólo esto: ¿Y si Dios os llamara un día para suceder a Juan Pablo II…? Los ecumenistas y ecumenólogos, creedme, lo entenderíamos como especial bendición del Cielo. Gracias.

PROF. DR. PEDRO LANGA AGUILAR, OSA


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