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Comunicado final del Congreso de Teología Ecuménica

500 Años de la Reforma

 

CongresoEcumenico

 

Del 8 al 10 de junio nos hemos reunido en la Universidad Pontificia de Salamanca más de un centenar de congresistas católicos, luteranos, anglicanos, reformados, pentecostales y bautistas de siete países para conmemorar los 500 años de la Reforma de Lutero y los 50 años del diálogo oficial católico-luterano. Es el primer congreso en España co-organizado por profesores de facultades de teología católicos y protestantes de España y Francia, con la participación del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, de la Federación Luterana Mundial, de la FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España), de la IEF (Asociación Ecuménica Internacional) y de otras entidades cristianas.

El lema “Del conflicto a la Comunión” ha orientado el recorrido del congreso, partiendo de la experiencia histórica de división, valorando los frutos alcanzados en este diálogo, y finalmente prospectando el camino que nos queda por recorrer.

En nuestra mirada sobre la historia hemos tomado conciencia de que no podemos cambiar el pasado, pero sí la forma de recordarlo y el modo en que nos afecta hoy. Sobre la rica personalidad de Lutero, y el fundamental impulso religioso que alentó su obra reformadora, hemos dejado atrás los clichés simplistas y unilaterales acuñados durante siglos de polémica. También nos hemos hecho cargo de la historia sufrida por los protestantes españoles, y hemos visto la urgente necesidad de una sanación de las memorias que nos permita construir juntos un futuro de testimonio y servicio común.

Al examinar los temas del diálogo doctrinal hemos comprobado que es más lo que nos une que lo que todavía nos separa, y que la unidad se realiza en la diversidad reconciliada. La Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación es un buen ejemplo de cómo la unidad en lo esencial de la fe es compatible con la variedad de formas de expresarla. Otro ejemplo alentador ha sido el avance en el diálogo católico-anglicano sobre la Iglesia (ARCIC III).

Por otra parte, constamos que a pesar de los avances subsisten importantes diferencias en torno a los ministerios que todavía nos impiden participar juntos en la mesa eucarística.

Podremos seguir avanzando si nos abrimos a un aprendizaje receptivo que se deja interpelar y enriquecer por el otro. Así ha sido en la historia de las Conferencias Mundiales Misioneras y así debería de ser en nuestra relación con los cristianos pentecostales.

Damos gracias a Dios por esta experiencia de diálogo amplio y profundo, franco y fraternal a la vez, en el que han participado muchos laicos y laicas de distintas sensibilidades junto con profesores y representantes de nuestras iglesias. En este intercambio y en la liturgia de clausura sentimos el espíritu de Lund que nos anima a abrir una nueva etapa en la relación entre las iglesias cristianas en España.

Para avanzar en este camino, vemos necesario continuar con la organización de encuentros como éste, y muy oportuna la creación del Consejo de Iglesias Cristianas en España.