EL
VIAJE DE SU SANTIDAD ALEXIS II A ESTRASBURGO
Y PARÍS
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El Patriarca de Moscú y
de todas las Rusias, Su Santidad Alexis II, acaba de
girar visita del 1 al 4 de octubre de 2007 al Consejo
de Europa en Estrasburgo, y a la diócesis ortodoxa
rusa de Quersoneso en Francia, circunstancia ésta
que le ha permitido ir a París y tener una oración
de acción
de gracias en la Iglesia de los Tres-Santos-Doctores
con la comunidad y obispos ortodoxos de Francia, encontrarse
como huésped de honor y almorzar con la Conferencia
episcopal francesa, ser recibido a primeras horas de
la tarde del 3 en El Elíseo por el Presidente
de la República, Nicolás Sarkozy, y asistir
después a un acto religioso en la Catedral de
Notre Dame durante cuyo desarrollo pudo venerar la Corona
de espinas de Cristo. Naturalmente que tales actos se
inscriben dentro de un contexto y cada uno cuenta con
su respectiva clave de interpretación.
Días antes había respondido en una entrevista
que visitar la diócesis de Quersoneso, tras hacerlo
durante 17 años de servicio eclesial a 83 diócesis
de la Iglesia ortodoxa rusa, para él era un antiguo
proyecto que, de pronto, se había visto acelerado
por la invitación del presidente de la Asamblea
parlamentaria del Consejo de Europa, René Van
der Linden, proponiéndole hablar al pleno. Visitar
Estrasburgo y no acercarse a París suponía,
cuando menos, perder una magnífica oportunidad.
De modo que había terminado aceptando complacido
también la invitación de la Conferencia
de obispos católicos de Francia, a la que iban
aparejados los otros actos arriba dichos: después
de todo, le interesaba, y mucho, clarificar el punto
de vista de la Iglesia ortodoxa rusa y escuchar, a la
vez que conocer, el de la católica.
ANTE EL CONSEJO DE EUROPA
El
viaje a Estrasburgo le permitió insistir en
la esencial cuestión del hombre. «Vivimos,
dijo, en un mundo secularizado, que pretende marginar
a la religión. De ahí la necesidad de preservar
los valores espirituales, pues tenemos los mismos objetivos.
Debemos defender los valores cristianos frente a una
libertad entendida como posibilidad de hacer todo, y
cooperar a impedir la redefinición de los valores
morales europeos, la legalización de las uniones
homosexuales, la propaganda a favor de la eutanasia o
del aborto. Católicos y ortodoxos, insistió,
deben actuar juntos para defender los valores cristianos
contra un materialismo agresivo. La visión personal
del Papa contribuye a este acercamiento. En cuanto a
un posible encuentro con Benedicto XVI, avanzó, no
lo excluyo en absoluto. Tal vez no sea dentro de
un mes, pero sí dentro de un año o dos.
Hay, no obstante, que prepararlo cuidadosamente».
«La sociedad que es educada fuera del espacio
religioso, siguió diciendo, pierde cada vez más
y más de vista esta exigencia. Por eso mismo la
discusión de los derechos del hombre no puede
excluir por más tiempo los de las comunidades,
sobremanera las religiosas». Denunciada la «funesta
fractura» en la civilización europea entre
derechos del hombre y moral, pidió que la Convención
europea de tales derechos tome cartas en el asunto, porque, añadió, «si
no hacemos caso de la moral, en definitiva no hacemos
caso de la libertad, pues ser moral o amoral es, en resumen,
la consecuencia de una libre elección del individuo».
También abogó por un entendimiento entre
Religión y Estado sobre los medios, la
administración y la escuela. «El progreso
técnico plantea de una manera nueva la cuestión
de los derechos humanos, de suerte que los creyentes
tienen su palabra que decir cuando ello concierne a la
bioética, la identificación electrónica
y las otras orientaciones del desarrollo de las técnicas
que inquietan a numerosas personas». El final fue
rotundo: «Ha llegado el tiempo de admitir que la
motivación religiosa tiene el derecho de existir,
incluso en el ámbito público».
PROSELITISMO
CATÓLICO
Interrogado al respecto
en la citada entrevista, mantuvo la firmeza de su tradicional
postura: «En el contexto
de la libertad religiosa que se ha afirmado en nuestro
país, ciertos jerarcas de la Iglesia católica
han dicho que Rusia era un desierto religioso que había
que cultivar. Yo no estoy de acuerdo. Rusia es el territorio
canónico de la Iglesia ortodoxa rusa. Nuestro
pueblo ve la actividad de algunas órdenes misioneras
católicas como de proselitismo», matizó para
decir de su posible entrevista con Benedicto XVI: «Me
opongo categóricamente a que mi encuentro con
el Papa, que tendrá un carácter histórico,
se reduzca a un acontecimiento mediático. Debe
más bien permitir superar verdaderamente los desacuerdos».
Tampoco
pasó por alto el choque de civilización
entre islam y cristianismo, que tanto inquieta al Papa.
Con su presidencia de la KEK en el recuerdo, aún
Metropolita él de Leningrado, reveló que
en aquellos años se había recibido copiosa
información del número de mezquitas construidas,
escuelas coránicas, centros culturales islámicos.
Ciertamente, aclaró, no se trata sólo de
edificios religiosos sino de enclaves que no se asimilarán
si se omite contactar con las comunidades locales. «Es
preciso emprender un diálogo de civilizaciones,
al objeto de que tales aportes culturales se conviertan
en una riqueza para la cultura nacional. Si no, los conflictos
vendrán». Aunque en sus discursos a la Conferencia
episcopal francesa o en Notre Dame fue menos explícito –con
los obispos ortodoxos ni vino al tema-, sí destacó,
en cambio, la importancia del Patriarcado ruso para los
quehaceres ortodoxos en Francia. Veamos.
A LOS OBISPOS ORTODOXOS DE FRANCIA
«La misión de cada responsable de la Iglesia
ortodoxa, empezó diciendo, es reforzar la unidad
de la ortodoxia en Europa. Antes, sólo Grecia
representaba a la ortodoxia en la Unión europea.
Hoy, la ortodoxia es igualmente representada por Rumanía
y Bulgaria. He aquí por qué no debemos
exhibir nuestros conflictos a la faz del mundo, sino
intentar resolverlos». A primera vista nada parece
decir con ello, pero ante su creciente protagonismo en
la ortodoxia mundial ya es otra cosa. Dicho de otro modo:
la hegemonía griega dentro de la ortodoxia se
debe acabar para que ocupe su puesto la de corte típicamente
bizantino eslavo. A estas alturas de la película,
dista de ser un secreto su tensa relación con
el Patriarcado de Constantinopla, que no pasa precisamente
por el mejor momento. Ya el viaje de Benedicto XVI a
Turquía en la fiesta de San Andrés de 2006
fue, entre otros, claro signo de incondicional apoyo
a Constantinopla justo cuando el titular de la Sede del
Bósforo tenía abiertos dos frentes de muy
mala pinta: el de la indisimulada rivalidad del Patriarca
ruso, y el de la terca frialdad del Primer Ministro Erdogán
hacia Bartolomé I. Turquía llegó recientemente
a denegar al Patriarcado Ecuménico la ciudadanía
turca, lo que desató las iras de medio mundo ortodoxo.
Michel
Sollogoub, secretario del Consejo del arzobispado de
las Iglesias ortodoxas rusas en Europa occidental (Exarcado
del Patriarcado Ecuménico), ha llegado
a calificar en Le Figarò de «acontecimiento
importante» esta primera visita a Francia de un
primado de la Iglesia rusa, aunque otros le hayan precedido.
Ello, pues, no debe hacer olvidar la presencia, modesta
pero real, de una ortodoxia en Francia. «Las emigraciones
rusa y griega, serbia después, rumana y libanesa,
han conducido a una presencia ortodoxa bien enraizada
en suelo francés, por más que estas comunidades
guarden fuertes lazos con sus Iglesias de origen. Al
cabo de 80 años de historia, la ortodoxia en Francia
ha dejado de ser ya Iglesia de extranjeros. La toma de
conciencia de una común responsabilidad en el
testimonio de la ortodoxia condujo a la creación
de un Comité interepiscopal (1967), transformado,
según recomendaciones del encuentro panortodoxo
de Chambésy (1993), en Asamblea de los obispos
ortodoxos de Francia (AEOF) (1997). La idea es formar
en breve plazo con las diferentes Iglesias de origen
una estructura sinodal unificada, provisional por supuesto,
pero con arreglo a la eclesiología ortodoxa».
Pero
Alexis II lanzó en abril de 2003 una propuesta
tendente a reunificar en Francia a todos los ortodoxos
de origen ruso bajo su autoridad. Algunos han visto en
ello un intento de que retornen a la Iglesia madre. La
mayoría, en cambio, un hacer tabla rasa del quehacer
interortodoxo de 40 años a la vez que artera maniobra
de absorción del arzobispado de origen ruso por
parte de Moscú. Ocurre, sin embargo, que tal arzobispado
se ha convertido con el tiempo en multiétnico
y el arraigo de sus fieles en Francia es ya irreversible.
Identidad occidental que, a juicio de éstos, no
les impide vivir en comunión de plegaria con sus
hermanos de Rusia. Alexis II, claro es, aludió de
modo sutil a este extremo en Notre Dame, cuando, ante
los ortodoxos allí presentes, dijo: «La
divina providencia trajo a Francia en el siglo XX a hombres
de diferentes países ortodoxos: de Rusia, Grecia,
Ucrania, Bielorrusia, Serbia, Rumanía, Bulgaria,
Moldavia… La historia de esta emigración
ha supuesto la creación de muchas Iglesias ortodoxas
locales. La diversidad de la presencia ortodoxa en Francia
es una riqueza particular al mismo tiempo que
una responsabilidad. Riqueza, porque el vínculo
canónico y espiritual con las Iglesias madres
permite a sus fieles que viven en Occidente crecer en
el seno de la Tradición ortodoxa, apoyándose
sobre su propia cultura y su lengua. La diversidad de
tradiciones, su intercambio mutuo, permite enriquecer
nuestra vida y nuestro ministerio. Y responsabilidad,
porque estáis llamados a unir de modo creativo
las diferentes tradiciones y a reforzar la unidad ortodoxa
en Francia, sin olvidar, viviendo aquí, las particularidades
de tal o cual parte del pueblo ortodoxo de diversos orígenes».
Al
buen observador no le puede pasar inadvertido, en relación con esto, que durante su visita a París
el Patriarca de Moscú declinó la invitación
de la AEOF, que se proponía recibirle oficialmente,
así como la del Instituto San Sergio, al que había
sido invitado por el director del arzobispado, Monseñor Gabriel.
Todo buen teólogo y ecumenista sabe que dicho
Instituto fue, durante los años de la guerra fría,
el más importante bastión de Occidente
para los teólogos rusos que aspiraban a trabajar
con libertad en la teología. Muchos habían
emigrado de Rusia al caer aquello bajo la bota bolchevique.
No hace falta nombrar aquí a célebres teólogos
de la Iglesia ortodoxa rusa dictando clases en San Sergio
mientras los de Moscú tenían que vivir
bajo la servidumbre del ateísmo soviético.
El Patriarca, pues, pudo haberse hecho mejor idea de
la ortodoxia en Francia visitando la AEOF y el Instituto
San Sergio. Declinó hacerlo y él sabrá el
porqué. Sollogoub concluye su artículo
de Le Figarò así: «Deseamos
ser reconocidos como enteramente cristianos ortodoxos
alimentados en la tradición rusa y deseosos de
colaborar con la Iglesia de Rusia sobre los problemas
pastorales ligados a la llegada aquí de numerosos
ortodoxos originarios de la CEI. Para ello, no obstante,
una cosa es necesaria: el respeto de nuestra identidad
específica». Más claro, verde y con
asas.
EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL FRANCESA
El
cardenal Jean-Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos y Bazas
y presidente de los obispos católicos
de Francia, recibió en la recién inaugurada
sede de la Conferencia a su ilustre huésped, al
que acompañaban el metropolita Kyrill de Smolensko
y de Kaliningrado y Monseñor Innokentij, arzobispo
de Quersoneso (Corsún). Junto al cardenal, muchos
miembros de la Conferencia que no quisieron perderse
la cita: cardenal Barbarin, arzobispo de Lyon, Vingt-Trois,
de París, numerosos prelados comprometidos en
las relaciones ecuménicas, como Gardes, de Auch,
Thomazeau, de Montpellier y Daucourt, de Nanterre, y
el cardenal Etchegaray, presidente emérito de
los Pontificios Consejos Justicia y Paz y Cor Unum, antiguo
presidente de la Conferencia episcopal francesa, ex arzobispo
de Marsella y gran amigo del Patriarca. Representando
al Nuncio, Monseñor Bravi. Y a la Comunidad de
Taizé, su prior Alöis.
Precisó Ricard que el ecumenismo en Francia venía
de lejos y había tomado desde «hace veinte
años, un aspecto más institucional con
la creación de un Consejo de Iglesias cristianas
en Francia, cuya misión, en principio, no es teológica,
sino de encuentro fraterno, descubrimiento mutuo y testimonio
común. Buscamos, en efecto, cómo testimoniar
en cuanto Iglesias cristianas ante los múltiples
problemas y desafíos que se presentan en nuestra
sociedad. Lo cual se ha traducido, con el correr de los
años, en declaraciones, iniciativas comunes, viajes
para sostener a Iglesias probadas». Fue este el
momento de agradecer su presencia a los pastores Claudio
Baty, presidente de la Federación Protestante
de Francia, Emmanuel, presidente de la Asamblea de los
obispos ortodoxos de Francia, copresidentes, con el orador,
de dicho Consejo, y Jean-Arnold de Clermont, copresidente
saliente y ahora presidente de la KEK. La flor y nata,
dicho pronto y bien, del ecumenismo francés.
Ya en
el cuerpo del discurso, reveló: «Sabemos
que es la primera vez que, como Patriarca de Moscú y
de todas las Rusias, respondéis a la invitación
de una Iglesia católica local. Ojalá este
viaje refuerce los lazos de fraternidad evangélica
entre nuestras Iglesias. Lazos antiguos, pues sabemos
lo que una presencia rusa, a menudo ligada a la inmigración,
ha aportado y continúa aportando a nuestro país:
testimonios de creyentes, teólogos, artistas y
el enriquecimiento que ello supone para muchos católicos.
Hemos de reforzar estos vínculos para mejor conocimiento
de nuestras Iglesias. A lo largo del siglo XX, nuestra
historia fue diferente, mas hoy, en el respeto, la benevolencia
y la estima mutua podemos compartir los frutos espirituales
de renovación en la fe y de dinamismo evangélico
que el Espíritu Santo no cesa de hacer crecer
en cada una de nuestras Iglesias, las cuales no carecen
de reflexión ni de experiencia sobre aquello que
hace a una sociedad más humana o, al contrario,
la deshumaniza».
«Católicos y ortodoxos rusos han elaborado,
cada uno, su doctrina social. ¿No van a publicar
las Editions du Cerf en los próximos días
el gran texto de vuestra Iglesia sobre Les Fondements
de la Doctrine Sociale, con introducción
del metropolita Kyrill de Smolensko y de Kaliningrado?
[Publicado el 11.X.2007]. Creo que el interés
por abordar estas cuestiones es común».
En una sociedad europea marcada por un fenómeno
profundo de secularización y donde la ideología
del consumismo corre el riesgo de olvidar que «el
hombre no vive sólo de pan sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios», nos hace falta
testimoniar juntos la dimensión trascendente y
sagrada de toda persona humana, prosiguió diciendo
el purpurado para recordar el compromiso de la última
Asamblea ecuménica europea de Sibiu, que las Iglesias,
dijo, no pueden eludir, pues tienen razón los
que hablan de las raíces cristianas de Europa,
pero no hablando sólo, aunque sea importante,
en términos de pasado, sino sobremanera del compromiso
de todas las Iglesias «para que estas raíces,
hoy, sean fuentes de vida y puedan portar mucho fruto».
Tocó por último lo que ahora mismo está en
boca de todos: el ardiente deseo de un pronto encuentro
del Patriarca con Benedicto XVI. «Podría
ser, no el resultado de un largo proceso de previa clarificación,
aunque haya cuestiones que, de hecho, deben tratarse
de antemano, sino el punto de partida común de
una larga marcha a recorrer juntos al servicio
de Dios y de todos los hombres, amados de Dios.
Pueda vuestro viaje a Francia contribuir a impulsar esta dinámica
de la fraternidad». Palabras, en suma, de
cordial simpatía y gran inteligencia las del presidente
de la Conferencia episcopal francesa. Nada extraordinario
decía, es cierto, pero lo que dijo se ajustaba
a la verdad.
CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
NICOLÁS SARKOZY
El portavoz del Elíseo, David Martinon, comunicó al
término de la entrevista que para el presidente
Sarkozy la invitación de los obispos franceses
al Patriarca, hecho inédito y excepcional, ponía
de manifiesto «la voluntad de los cristianos de
Europa por acercarse y unir esfuerzos en torno a las
raíces cristianas del viejo Continente, para construir
una sociedad más humana en un mundo donde las
señales de identidad se apartan, las tensiones
se acumulan y el sentimiento religioso es muy a menudo
desviado para nutrir la violencia». También
puso de relieve Sarkozy ante Alexis II la predisposición
de éste al buen funcionamiento de la organización
actual de la ortodoxia francesa en el cuadro del régimen
de la laicidad (sic). A sólo algunos días
de visitar Rusia (lo ha hecho el 9 y 10 de octubre),
interrogó hábilmente a Alexis II -no eligió,
por cierto, mal interlocutor, sabida su relación
con Putin de cuando el KGB- sobre el estado de la sociedad
rusa y sus aspiraciones, «destacando el papel de
la Iglesia ortodoxa en la reconstrucción de la
sociedad rusa», inciso que suena a fina cortesía
del estadista francés. Pero aguardaba ya Notre
Dame.

LA CATEDRAL
DE NOTRE DAME, CORAZÓN
DE PARÍS
Es donde Alexis II estuvo
más espiritual, más
catequista, más en su papel de líder religioso.
El acto en Notre Dame, a cuyas puertas fue recibido por
el arzobispo de París, Monseñor André Vingt-Trois,
revistió toda la fuerza espiritual que proviene
de la Sagrada Liturgia. Alexis II expresó su gratitud
por la invitación «a visitar vuestra catedral
y venerar una de las más insignes reliquias del
mundo cristiano –la Corona de espinas de Nuestro
Señor Jesucristo-. Igualmente os agradezco que
permitáis a los cristianos ortodoxos orar aquí regularmente.
La muerte y la resurrección del Salvador –prosiguió-
nos han abierto las puertas de la vida eterna donde,
según la expresión de un antiguo canto
litúrgico, «no hay ni dolor, ni tristeza,
ni gemido». Aunque el mundo que nos rodea
esté lleno de vanos y falsos ídolos, aunque
rebose aflicción, desesperanza y pena, sabemos
que las puertas del Cielo nos son abiertas y nosotros
llamamos a todo el mundo a entrar allí respondiendo
a la invitación de Dios: Mira que estoy a
la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la
puerta, entraré en su casa y cenaré con él
y él conmigo (Ap 3, 20). Esta apelación
va dirigida a cada hombre y a cada pueblo».
«Ha llegado el tiempo de aunar esfuerzos para
plantar cara a los nuevos desafíos del mundo contemporáneo.
Los cristianos deben testimoniar juntos la Verdad
del Evangelio y sus valores éticos eternos. Vemos,
en efecto, que la sociedad contemporánea, perdiendo
las señales éticas y siguiendo falsos valores,
se hace más y más inhumana y cruel, engendra
múltiples conflictos y oposiciones lo mismo entre
personas que comunidades y pueblos. De ahí que
me dirija a vosotros hoy, queridos hermanos y hermanas
en Cristo, con una profunda inquietud y con la conciencia
de nuestra común responsabilidad ante Dios por
la situación del mundo contemporáneo. Esta
catedral es el verdadero corazón de París
y de toda Francia. En el curso de los siglos, sus antiguos
muros fueron testigos de numerosas tribulaciones históricas
en el curso de las cuales pareció que la iniquidad
triunfaba y el mal se imponía. Sin embargo, cada
vez, la reliquia que aquí se conserva manifestó la
fuerza de Dios. Espero de corazón que esta catedral
será no solamente el símbolo del pasado
de vuestro país y de vuestro pueblo, sino también
el símbolo de su futuro». Hablaba por estas
palabras el prelado que desde muy joven hubo de convivir,
y también sufrir, cómo no, las embestidas
del ateísmo soviético. Pero también
el Patriarca que ahora mismo preside la Divina Liturgia
en los más esplendorosos templos de Rusia.
EVALUACIONES
Reunido
el 12.X.2007 en Moscú bajo la presidencia
del Patriarca, el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa
rusa ha examinado como primer tema en el orden del día
esta visita, de la que ha puesto de relieve su importancia
y el deseo de que «sus frutos contribuyan a reforzar
el testimonio ortodoxo en Europa occidental, tengan un
efecto positivo sobre la vida de las comunidades de la
Iglesia ortodoxa rusa en Francia, y emplace a una cooperación
con las instituciones europeas y las autoridades civiles
francesas en orden al refuerzo de la cooperación
con la Iglesia católica y las comunidades protestantes,
así como con las diócesis de las Iglesias
ortodoxas locales presentes en Francia en el respeto
del espíritu conciliar de la ortodoxia. El comunicado
sinodal pondera igualmente la importancia del testimonio
ortodoxo en la Europa de hoy y agradece al Patriarca
el viaje.
Cierto es que Alexis II viene multiplicando en este 2007
los buenos gestos, como el mensaje por el 80º cumpleaños
del Papa en abril y, en septiembre, la concesión
al Nuncio en Moscú, Monseñor Mennini, de
la orden del Santo Príncipe Daniel por «su
compromiso a favor del reforzamiento de las relaciones
entre católicos y ortodoxos». El nombramiento
por Benedicto XVI del P. Pezzi, italiano, a la cabeza
del arzobispado católico de Moscú, en lugar
de Monseñor Kondrusiewicz, de origen polaco, ha
encontrado favorable acogida del Patriarca. Pero tampoco
es menos cierto que Alexis II sigue erre que erre pidiendo
que la Iglesia católica renuncie a toda acción
misionera, considerada como de proselitismo en Rusia, «territorio
canónico» de la ortodoxia, y la cuestión
de los uniatas greco-católicos en Ucrania. Roma,
por su parte, distingue entre «condiciones» de
un encuentro, incumplido aún, y «clima favorable» a
un encuentro, sin duda alguna el que espera y ansía
que se dé.
Abona lo dicho que el Santo Sínodo de la sesión
estiva (21.VIII.2007), saludó sobre las relaciones
Constantinopla-Moscú en Europa occidental, más
bien tensas, «las iniciativas tendentes a mejorarlas,
según lo acordado por los representantes de ambas
partes en el encuentro tenido en Chambésy el 23.I.2007,
y cuyas cabezas rectoras fueron los metropolitas Kyrill
de Smolensko y Juan Zizioulas. Aquello fue para resolver
la crisis sobrevenida en las relaciones entre las dos
Iglesias a causa de la situación de los ortodoxos
en Gran Bretaña. Una prueba más del enojoso
conflicto es el portazo que la Iglesia ortodoxa rusa
acaba de dar en Ravena, abandonando el martes 9.X.2007
por la tarde la Comisión Internacional Mixta para
el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica
y la Iglesia Ortodoxa en su conjunto. Destemplada actitud,
por cierto, que no anima precisamente a la esperanza.
Esta vez la causa no ha sido otra que el contencioso
de Estonia, inicialmente con status de Iglesia ortodoxa
sujeta al Patriarcado de Moscú, pero declarada
autónoma con la bendición del Patriarcado
de Constantinopla en 1996. Reunida la Comisión
para dialogar del primado petrino, resulta que todo ha
terminado como el rosario de la aurora por discrepancias
entre Constantinopla y Moscú en torno al primado interortodoxo.
El anuncio se ha hecho en un comunicado oficial del Patriarcado
de Moscú. Es difícil aún calibrar
las consecuencias que, en todo caso, hacen naufragar
la sesión de Ravena. El contencioso gira
sobre la jurisdicción del Patriarcado Ecuménico,
al que viene reconocido el primado de honor sobre todas
las Iglesias ortodoxas. Todo arranca de interpretar el
diferendo reproponiendo los contrastes antiguos entre
la tradición greco-ortodoxa (más antigua) y
la eslava, sin duda más numerosa. Ya veremos dónde
acaba todo. En principio estas dificultades interortodoxas
no deberían prejuzgar el diálogo oficial
de la Ortodoxia con la Iglesia católica.
Durísima, eso sí, ha sido la reacción
del patriarcado de Constantinopla, que habla de «autoritarismo» y
acusa a la Iglesia ortodoxa rusa de no conseguir «desengancharse
de la mentalidad imperialista». La Iglesia apostólica
de Estonia, sostienen en Estambul, «se ha presentado
como una Iglesia independiente ortodoxa». Por lo
demás, toda Iglesia ortodoxa es «autocéfala»,
o sea independiente de las otras. «Los rusos eran
contrarios: querían que fuese una archidiócesis
de su Patriarcado, pero esto no es posible». «El
título de pertenencia al patriarcado de Moscú»,
explican desde Constantinopla, «lo había
suprimido ya Pedro el Grande. Después, con el
régimen comunista, fue repristinado para todos
los países anexionados a la Unión soviética.
Pero tras la independencia todo ha vuelto como al principio».
El Patriarcado Ecuménico muestra preocupación
por el papel que en esta historia está jugando
el Metropolita ruso Hilarión, por lo que parece
un debilitamiento del Patriarca ruso Alexis II, de precaria
salud ya, y el camino abierto de una «transición
interna». Es más, avanza la hipótesis
de que el presidente Putin explote al Patriarcado de
Moscú en un intento de «penetración
cultural». El viaje de Su Santidad Alexis II a
Estrasburgo y París tiene, pues, más trastienda
de lo que parece.
