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Servicio de Ayuda y Estudio del Sectarismo

[Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, O.S.A
15 - octubre - 2007]

EL VIAJE DE SU SANTIDAD ALEXIS II A ESTRASBURGO Y PARÍS

 


El Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Su Santidad Alexis II, acaba de girar visita del 1 al 4 de octubre de 2007 al Consejo de Europa en Estrasburgo, y a la diócesis ortodoxa rusa de Quersoneso en Francia, circunstancia ésta que le ha permitido ir a París y tener una oración de acción de gracias en la Iglesia de los Tres-Santos-Doctores con la comunidad y obispos ortodoxos de Francia, encontrarse como huésped de honor y almorzar con la Conferencia episcopal francesa, ser recibido a primeras horas de la tarde del 3 en El Elíseo por el Presidente de la República, Nicolás Sarkozy, y asistir después a un acto religioso en la Catedral de Notre Dame durante cuyo desarrollo pudo venerar la Corona de espinas de Cristo. Naturalmente que tales actos se inscriben dentro de un contexto y cada uno cuenta con su respectiva clave de interpretación.

Días antes había respondido en una entrevista que visitar la diócesis de Quersoneso, tras hacerlo durante 17 años de servicio eclesial a 83 diócesis de la Iglesia ortodoxa rusa, para él era un antiguo proyecto que, de pronto, se había visto acelerado por la invitación del presidente de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, René Van der Linden, proponiéndole hablar al pleno. Visitar Estrasburgo y no acercarse a París suponía, cuando menos, perder una magnífica oportunidad. De modo que había terminado aceptando complacido también la invitación de la Conferencia de obispos católicos de Francia, a la que iban aparejados los otros actos arriba dichos: después de todo, le interesaba, y mucho, clarificar el punto de vista de la Iglesia ortodoxa rusa y escuchar, a la vez que conocer, el de la  católica.

ANTE EL CONSEJO DE EUROPA

El viaje a Estrasburgo le permitió insistir en la esencial cuestión del hombre. «Vivimos, dijo, en un mundo secularizado, que pretende marginar a la religión. De ahí la necesidad de preservar los valores espirituales, pues tenemos los mismos objetivos. Debemos defender los valores cristianos frente a una libertad entendida como posibilidad de hacer todo, y cooperar a impedir la redefinición de los valores morales europeos, la legalización de las uniones homosexuales, la propaganda a favor de la eutanasia o del aborto. Católicos y ortodoxos, insistió, deben actuar juntos para defender los valores cristianos contra un materialismo agresivo. La visión personal del Papa contribuye a este acercamiento. En cuanto a un posible encuentro con Benedicto XVI, avanzó,  no lo excluyo en absoluto.  Tal vez no sea dentro de un mes, pero sí dentro de un año o dos. Hay, no obstante, que prepararlo cuidadosamente».

«La sociedad que es educada fuera del espacio religioso, siguió diciendo, pierde cada vez más y más de vista esta exigencia. Por eso mismo la discusión de los derechos del hombre no puede excluir por más tiempo los de las comunidades, sobremanera las religiosas». Denunciada la «funesta fractura» en la civilización europea entre derechos del hombre y moral, pidió que la Convención europea de tales derechos tome cartas en el asunto, porque,  añadió, «si no hacemos caso de la moral, en definitiva no hacemos caso de la libertad, pues ser moral o amoral es, en resumen, la consecuencia de una libre elección del individuo». También abogó por un entendimiento entre Religión y  Estado sobre los medios, la administración y la escuela. «El progreso técnico plantea de una manera nueva la cuestión de los derechos humanos, de suerte que los creyentes tienen su palabra que decir cuando ello concierne a la bioética, la identificación electrónica y las otras orientaciones del desarrollo de las técnicas que inquietan a numerosas personas». El final fue rotundo: «Ha llegado el tiempo de admitir que la motivación religiosa tiene el derecho de existir, incluso en el ámbito público».

PROSELITISMO CATÓLICO

Interrogado al respecto en la citada entrevista, mantuvo la firmeza de su tradicional postura: «En el contexto de la libertad religiosa que se ha afirmado en nuestro país, ciertos jerarcas de la Iglesia católica han dicho que Rusia era un desierto religioso que había que cultivar. Yo no estoy de acuerdo. Rusia es el territorio canónico de la Iglesia ortodoxa rusa. Nuestro pueblo ve la actividad de algunas órdenes misioneras católicas como de proselitismo», matizó para decir de su posible entrevista con Benedicto XVI: «Me opongo categóricamente a que mi encuentro con el Papa, que tendrá un carácter histórico, se reduzca a un acontecimiento mediático. Debe más bien permitir superar verdaderamente los desacuerdos».

Tampoco pasó por alto el choque de civilización entre islam y cristianismo, que tanto inquieta al Papa. Con su presidencia de la KEK en el recuerdo, aún Metropolita él de Leningrado, reveló que en aquellos años se había recibido copiosa información del número de mezquitas construidas, escuelas coránicas, centros culturales islámicos. Ciertamente, aclaró, no se trata sólo de edificios religiosos sino de enclaves que no se asimilarán si se omite contactar con las comunidades locales. «Es preciso emprender un diálogo de civilizaciones, al objeto de que tales aportes culturales se conviertan en una riqueza para la cultura nacional. Si no, los conflictos vendrán». Aunque en sus discursos a la Conferencia episcopal francesa o en Notre Dame fue menos explícito –con los obispos ortodoxos ni vino al tema-, sí destacó, en cambio, la importancia del Patriarcado ruso para los quehaceres ortodoxos en Francia. Veamos.

A LOS OBISPOS ORTODOXOS DE FRANCIA

«La misión de cada responsable de la Iglesia ortodoxa, empezó diciendo, es reforzar la unidad de la ortodoxia en Europa. Antes, sólo Grecia representaba a la ortodoxia en la Unión europea. Hoy, la ortodoxia es igualmente representada por Rumanía y Bulgaria. He aquí por qué no debemos exhibir nuestros conflictos a la faz del mundo, sino intentar resolverlos». A primera vista nada parece decir con ello, pero ante su creciente protagonismo en la ortodoxia mundial ya es otra cosa. Dicho de otro modo: la hegemonía griega dentro de la ortodoxia se debe acabar para que ocupe su puesto la de corte típicamente bizantino eslavo. A estas alturas de la película, dista de ser un secreto su tensa relación con el Patriarcado de Constantinopla, que no pasa precisamente por el mejor momento. Ya el viaje de Benedicto XVI a Turquía en la fiesta de San Andrés de 2006 fue, entre otros, claro signo de incondicional apoyo a Constantinopla justo cuando el titular de la Sede del Bósforo tenía abiertos dos frentes de muy mala pinta: el de la indisimulada rivalidad del Patriarca ruso, y el de la terca frialdad del Primer Ministro Erdogán hacia Bartolomé I. Turquía llegó recientemente a denegar al Patriarcado Ecuménico la ciudadanía turca, lo que desató las iras de medio mundo ortodoxo.

Michel Sollogoub, secretario del Consejo del arzobispado de las Iglesias ortodoxas rusas en Europa occidental (Exarcado del Patriarcado Ecuménico), ha llegado a calificar en Le Figarò de «acontecimiento importante» esta primera visita a Francia de un primado de la Iglesia rusa, aunque otros le hayan precedido. Ello, pues, no debe hacer olvidar la presencia, modesta pero real, de una ortodoxia en Francia. «Las emigraciones rusa y griega, serbia después, rumana y libanesa, han conducido a una presencia ortodoxa bien enraizada en suelo francés, por más que estas comunidades guarden fuertes lazos con sus Iglesias de origen. Al cabo de 80 años de historia, la ortodoxia en Francia ha dejado de ser ya Iglesia de extranjeros. La toma de conciencia de una común responsabilidad en el testimonio de la ortodoxia condujo a la creación de un Comité interepiscopal (1967), transformado, según recomendaciones del encuentro panortodoxo de Chambésy (1993), en Asamblea de los obispos ortodoxos de Francia (AEOF) (1997). La idea es formar en breve plazo con las diferentes Iglesias de origen una estructura sinodal unificada, provisional por supuesto, pero con arreglo a la eclesiología ortodoxa».

Pero Alexis II lanzó en abril de 2003 una propuesta tendente a reunificar en Francia a todos los ortodoxos de origen ruso bajo su autoridad. Algunos han visto en ello un intento de que retornen a la Iglesia madre. La mayoría, en cambio, un hacer tabla rasa del quehacer interortodoxo de 40 años a la vez que artera maniobra de absorción del arzobispado de origen ruso por parte de Moscú. Ocurre, sin embargo, que tal arzobispado se ha convertido con el tiempo en multiétnico y el arraigo de sus fieles en Francia es ya irreversible. Identidad occidental que, a juicio de éstos, no les impide vivir en comunión de plegaria con sus hermanos de Rusia. Alexis II, claro es, aludió de modo sutil a este extremo en Notre Dame, cuando, ante los ortodoxos allí presentes, dijo: «La divina providencia trajo a Francia en el siglo XX a hombres de diferentes países ortodoxos: de Rusia, Grecia, Ucrania,  Bielorrusia, Serbia, Rumanía, Bulgaria, Moldavia… La historia de esta emigración ha supuesto la creación de muchas Iglesias ortodoxas locales. La diversidad de la presencia ortodoxa en Francia es una riqueza particular al mismo tiempo que una responsabilidad. Riqueza, porque el vínculo canónico y espiritual con las Iglesias madres permite a sus fieles que viven en Occidente crecer en el seno de la Tradición ortodoxa, apoyándose sobre su propia cultura y su lengua. La diversidad de tradiciones, su intercambio mutuo, permite enriquecer nuestra vida y nuestro ministerio. Y responsabilidad, porque estáis llamados a unir de modo creativo las diferentes tradiciones y a reforzar la unidad ortodoxa en Francia, sin olvidar, viviendo aquí, las particularidades de tal o cual parte del pueblo ortodoxo de diversos orígenes».

Al buen observador no le puede pasar inadvertido, en relación con esto, que durante su visita a París el Patriarca de Moscú declinó la invitación de la AEOF, que se proponía recibirle oficialmente, así como la del Instituto San Sergio, al que había sido invitado por el director del arzobispado, Monseñor Gabriel. Todo buen teólogo y ecumenista sabe que dicho Instituto fue, durante los años de la guerra fría, el más importante bastión de Occidente para los teólogos rusos que aspiraban a trabajar con libertad en la teología. Muchos habían emigrado de Rusia al caer aquello bajo la bota bolchevique. No hace falta nombrar aquí a célebres teólogos de la Iglesia ortodoxa rusa dictando clases en San Sergio mientras los de Moscú tenían que vivir bajo la servidumbre del ateísmo soviético. El Patriarca, pues, pudo haberse hecho mejor idea de la ortodoxia en Francia visitando la AEOF y el Instituto San Sergio. Declinó hacerlo y él sabrá el porqué. Sollogoub concluye su artículo de Le Figarò así: «Deseamos ser reconocidos como enteramente cristianos ortodoxos alimentados en la tradición rusa y deseosos de colaborar con la Iglesia de Rusia sobre los problemas pastorales ligados a la llegada aquí de numerosos ortodoxos originarios de la CEI. Para ello, no obstante, una cosa es necesaria: el respeto de nuestra identidad específica». Más claro, verde y con asas.

EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL FRANCESA

El cardenal Jean-Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos y Bazas y presidente de los obispos católicos de Francia, recibió en la recién inaugurada sede de la Conferencia a su ilustre huésped, al que acompañaban el metropolita Kyrill de Smolensko y de Kaliningrado y Monseñor Innokentij, arzobispo de Quersoneso (Corsún). Junto al cardenal, muchos miembros de la Conferencia que no quisieron perderse la cita: cardenal Barbarin, arzobispo de Lyon, Vingt-Trois, de París, numerosos prelados comprometidos en las relaciones ecuménicas, como Gardes, de Auch, Thomazeau, de Montpellier y Daucourt, de Nanterre, y el cardenal Etchegaray, presidente emérito de los Pontificios Consejos Justicia y Paz y Cor Unum, antiguo presidente de la Conferencia episcopal francesa, ex arzobispo de Marsella y gran amigo del Patriarca. Representando al Nuncio, Monseñor Bravi. Y a la Comunidad de Taizé, su prior Alöis.

Precisó Ricard que el ecumenismo en Francia venía de lejos y había tomado desde «hace veinte años, un aspecto más institucional con la creación de un Consejo de Iglesias cristianas en Francia, cuya misión, en principio, no es teológica, sino de encuentro fraterno, descubrimiento mutuo y testimonio común. Buscamos, en efecto, cómo testimoniar en cuanto Iglesias cristianas ante los múltiples problemas y desafíos que se presentan en nuestra sociedad. Lo cual se ha traducido, con el correr de los años, en declaraciones, iniciativas comunes, viajes para sostener a Iglesias probadas». Fue este el momento de agradecer su presencia a los pastores Claudio Baty, presidente de la Federación Protestante de Francia, Emmanuel, presidente de la Asamblea de los obispos ortodoxos de Francia, copresidentes, con el orador, de dicho Consejo, y Jean-Arnold de Clermont, copresidente saliente y ahora presidente de la KEK. La flor y nata, dicho pronto y bien, del ecumenismo francés.

Ya en el cuerpo del discurso, reveló: «Sabemos que es la primera vez que, como Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, respondéis a la invitación de una Iglesia católica local. Ojalá este viaje refuerce los lazos de fraternidad evangélica entre nuestras Iglesias. Lazos antiguos, pues sabemos lo que una presencia rusa, a menudo ligada a la inmigración, ha aportado y continúa aportando a nuestro país: testimonios de creyentes, teólogos, artistas y el enriquecimiento que ello supone para muchos católicos. Hemos de reforzar estos vínculos para mejor conocimiento de nuestras Iglesias. A lo largo del siglo XX, nuestra historia fue diferente, mas hoy, en el respeto, la benevolencia y la estima mutua podemos compartir los frutos espirituales de renovación en la fe y de dinamismo evangélico que el Espíritu Santo no cesa de hacer crecer en cada una de nuestras Iglesias, las cuales no carecen de reflexión ni de experiencia sobre aquello que hace a una sociedad más humana o, al contrario, la deshumaniza».

«Católicos y ortodoxos rusos han elaborado, cada uno, su doctrina social. ¿No van a publicar las Editions du Cerf en los próximos días el gran texto de vuestra Iglesia sobre Les Fondements de la Doctrine Sociale, con introducción del metropolita Kyrill de Smolensko y de Kaliningrado? [Publicado el 11.X.2007]. Creo que el interés por abordar estas cuestiones es común». En una sociedad europea marcada por un fenómeno profundo de secularización y donde la ideología del consumismo corre el riesgo de olvidar que «el hombre no vive sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios», nos hace falta testimoniar juntos la dimensión trascendente y sagrada de toda persona humana, prosiguió diciendo el purpurado para recordar el compromiso de la última Asamblea ecuménica europea de Sibiu, que las Iglesias, dijo, no pueden eludir, pues tienen razón los que hablan de las raíces cristianas de Europa, pero no hablando sólo, aunque sea importante, en términos de pasado, sino sobremanera del compromiso de  todas las Iglesias «para que estas raíces, hoy, sean fuentes de vida y puedan portar mucho fruto».

Tocó por último lo que ahora mismo está en boca de todos: el ardiente deseo de un pronto encuentro del Patriarca con Benedicto XVI. «Podría ser, no el resultado de un largo proceso de previa clarificación, aunque haya cuestiones que, de hecho, deben tratarse de antemano, sino el punto de partida común de una larga marcha  a recorrer juntos al servicio de Dios y de todos los hombres, amados de Dios. Pueda vuestro viaje a Francia contribuir a impulsar esta dinámica de la fraternidad». Palabras, en suma, de cordial simpatía y gran inteligencia las del presidente de la Conferencia episcopal francesa. Nada extraordinario decía, es cierto, pero lo que dijo se ajustaba a la verdad.

CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, NICOLÁS SARKOZY

El portavoz del Elíseo, David Martinon, comunicó al término de la entrevista que para el presidente Sarkozy la invitación de los obispos franceses al Patriarca, hecho inédito y excepcional, ponía de manifiesto «la voluntad de los cristianos de Europa por acercarse y unir esfuerzos en torno a las raíces cristianas del viejo Continente, para construir una sociedad más humana en un mundo donde las señales de identidad se apartan, las tensiones se acumulan y el sentimiento religioso es muy a menudo desviado para nutrir la violencia». También puso de relieve Sarkozy ante Alexis II la predisposición de éste al buen funcionamiento de la organización actual de la ortodoxia francesa en el cuadro del régimen de la laicidad (sic). A sólo algunos días de visitar Rusia (lo ha hecho el 9 y 10 de octubre), interrogó hábilmente a Alexis II -no eligió, por cierto, mal interlocutor, sabida su relación con Putin de cuando el KGB- sobre el estado de la sociedad rusa y sus aspiraciones, «destacando el papel de la Iglesia ortodoxa en la reconstrucción de la sociedad rusa», inciso que suena a fina cortesía del estadista francés. Pero aguardaba ya Notre Dame.

LA CATEDRAL DE NOTRE DAME, CORAZÓN DE PARÍS

Es donde Alexis II estuvo más espiritual, más catequista, más en su papel de líder religioso. El acto en Notre Dame, a cuyas puertas fue recibido por el arzobispo de París, Monseñor André Vingt-Trois, revistió toda la fuerza espiritual que proviene de la Sagrada Liturgia. Alexis II expresó su gratitud por la invitación «a visitar vuestra catedral y venerar una de las más insignes reliquias del mundo cristiano –la Corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo-. Igualmente os agradezco que permitáis a los cristianos ortodoxos orar aquí regularmente. La muerte y la resurrección del Salvador –prosiguió- nos han abierto las puertas de la vida eterna donde, según la expresión de un antiguo canto litúrgico, «no hay ni dolor, ni tristeza, ni gemido». Aunque el mundo que nos rodea esté lleno de vanos y falsos ídolos, aunque rebose aflicción, desesperanza y pena, sabemos que las puertas del Cielo nos son abiertas y nosotros llamamos a todo el mundo a entrar allí respondiendo a la invitación de Dios: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20). Esta apelación va dirigida a cada hombre y a cada pueblo».

«Ha llegado el tiempo de aunar esfuerzos para plantar cara a los nuevos desafíos del mundo contemporáneo. Los cristianos deben testimoniar juntos  la Verdad del Evangelio y sus valores éticos eternos. Vemos, en efecto, que la sociedad contemporánea, perdiendo las señales éticas y siguiendo falsos valores, se hace más y más inhumana y cruel, engendra múltiples conflictos y oposiciones lo mismo entre personas que comunidades y pueblos. De ahí que me dirija a vosotros hoy, queridos hermanos y hermanas en Cristo, con una profunda inquietud y con la conciencia de nuestra común responsabilidad ante Dios por la situación del mundo contemporáneo. Esta catedral es el verdadero corazón de París y de toda Francia. En el curso de los siglos, sus antiguos muros fueron testigos de numerosas tribulaciones históricas en el curso de las cuales pareció que la iniquidad triunfaba y el mal se imponía. Sin embargo, cada vez, la reliquia que aquí se conserva manifestó la fuerza de Dios. Espero de corazón que esta catedral será no solamente el símbolo del pasado de vuestro país y de vuestro pueblo, sino también el símbolo de su futuro». Hablaba por estas palabras el prelado que desde muy joven hubo de convivir, y también sufrir, cómo no, las embestidas del ateísmo soviético. Pero también el Patriarca que ahora mismo preside la Divina Liturgia en los más esplendorosos templos de Rusia.

EVALUACIONES

Reunido el 12.X.2007 en Moscú bajo la presidencia del Patriarca, el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa ha examinado como primer tema en el orden del día esta visita, de la que ha puesto de relieve su importancia y el deseo de que «sus frutos contribuyan a reforzar el testimonio ortodoxo en Europa occidental, tengan un efecto positivo sobre la vida de las comunidades de la Iglesia ortodoxa rusa en Francia, y emplace a una cooperación con las instituciones europeas y las autoridades civiles francesas en orden al refuerzo de la cooperación con la Iglesia católica y las comunidades protestantes, así como con las diócesis de las Iglesias ortodoxas locales presentes en Francia en el respeto del espíritu conciliar de la ortodoxia. El comunicado sinodal pondera igualmente la importancia del testimonio ortodoxo en la Europa de hoy y agradece al Patriarca el viaje.

Cierto es que Alexis II viene multiplicando en este 2007 los buenos gestos, como el mensaje por el 80º cumpleaños del Papa en abril y, en septiembre, la concesión al Nuncio en Moscú, Monseñor Mennini, de la orden del Santo Príncipe Daniel por «su compromiso a favor del reforzamiento de las relaciones entre católicos y ortodoxos». El nombramiento por Benedicto XVI del P. Pezzi, italiano, a la cabeza del arzobispado católico de Moscú, en lugar de Monseñor Kondrusiewicz, de origen polaco, ha encontrado favorable acogida del Patriarca. Pero tampoco es menos cierto que Alexis II sigue erre que erre pidiendo que la Iglesia católica renuncie a toda acción misionera, considerada como de proselitismo en Rusia, «territorio canónico» de la ortodoxia, y la cuestión de los uniatas greco-católicos en Ucrania. Roma, por su parte, distingue entre «condiciones» de un encuentro, incumplido aún, y «clima favorable» a un encuentro, sin duda alguna el que espera y ansía que se dé.

Abona lo dicho que el Santo Sínodo de la sesión estiva (21.VIII.2007), saludó sobre las relaciones Constantinopla-Moscú en Europa occidental, más bien tensas, «las iniciativas tendentes a mejorarlas, según lo acordado por los representantes de ambas partes en el encuentro tenido en Chambésy el 23.I.2007, y cuyas cabezas rectoras fueron los metropolitas Kyrill de Smolensko y Juan Zizioulas. Aquello fue para resolver la crisis sobrevenida en las relaciones entre las dos Iglesias a causa de la situación de los ortodoxos en Gran Bretaña. Una prueba más del enojoso conflicto es el portazo que la Iglesia ortodoxa rusa acaba de dar en Ravena, abandonando el martes 9.X.2007 por la tarde la Comisión Internacional Mixta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa en su conjunto. Destemplada actitud, por cierto, que no anima precisamente a la esperanza. Esta vez la causa no ha sido otra que el contencioso de Estonia, inicialmente con status de Iglesia ortodoxa sujeta al Patriarcado de Moscú, pero declarada autónoma con la bendición del Patriarcado de Constantinopla en 1996. Reunida la Comisión para dialogar del primado petrino, resulta que todo ha terminado como el rosario de la aurora por discrepancias entre Constantinopla y Moscú en torno al primado interortodoxo. El anuncio se ha hecho en un comunicado oficial del Patriarcado de Moscú. Es difícil aún calibrar las consecuencias que, en todo caso, hacen naufragar la sesión de Ravena. El contencioso gira sobre la jurisdicción del Patriarcado Ecuménico, al que viene reconocido el primado de honor sobre todas las Iglesias ortodoxas. Todo arranca de interpretar el diferendo reproponiendo los contrastes antiguos entre la tradición greco-ortodoxa (más antigua) y la eslava, sin duda más numerosa. Ya veremos dónde acaba todo. En principio estas dificultades interortodoxas no deberían prejuzgar el diálogo oficial de la Ortodoxia con la Iglesia católica.

Durísima, eso sí, ha sido la reacción del patriarcado de Constantinopla, que habla de «autoritarismo» y acusa a la Iglesia ortodoxa rusa de no conseguir «desengancharse de la mentalidad imperialista». La Iglesia apostólica de Estonia, sostienen en Estambul, «se ha presentado como una Iglesia independiente ortodoxa». Por lo demás, toda Iglesia ortodoxa es «autocéfala», o sea independiente de las otras. «Los rusos eran contrarios: querían que fuese una archidiócesis de su Patriarcado, pero esto no es posible». «El título de pertenencia al patriarcado de Moscú», explican desde Constantinopla, «lo había suprimido ya Pedro el Grande. Después, con el régimen comunista, fue repristinado para todos los países anexionados a la Unión soviética. Pero tras la independencia todo ha vuelto como al principio». El Patriarcado Ecuménico muestra preocupación por el papel que en esta historia está jugando el Metropolita ruso Hilarión, por lo que parece un debilitamiento del Patriarca ruso Alexis II, de precaria salud ya, y el camino abierto de una «transición interna». Es más, avanza la hipótesis de que el presidente Putin explote al Patriarcado de Moscú en un intento de «penetración cultural». El viaje de Su Santidad Alexis II a Estrasburgo y París tiene, pues, más trastienda de lo que parece.

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