BALANCE
ECUMÉNICO DEL AÑO 2006
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Durante
los tres últimos días del año
2006 el Programa Español de Radio Vaticano
emitió una entrevista con su colaborador y
profesor nuestro, P. Pedro Langa Aguilar, acerca del
balance ecuménico del año 2006. Preguntas
y respuestas con la voz pueden escucharse en la página
web de la Emisora del Papa (http://www.radiovaticana.org/spa).
He aquí su contenido:

Encuentro de Benedicto XVI con
Bartolomé I
( Ap Photo / miércoles 29 noviembre 2006 )
Al terminar un
año todo son balances, evaluaciones, análisis,
peritajes. RV quiere valorar lo que ha sido 2006 en el
movimiento ecuménico, donde la Iglesia católica
viene haciendo camino desde el Concilio Vaticano II. Entrevistamos,
para ello, a nuestro colaborador el P. Pedro
Langa, teólogo agustino y ecumenista
bien conocido de los oyentes.
RV - P. Langa:
¿Podría resumir los hitos ecuménicos
más significativos del 2006?
PL - Por
lo menos lo intentaré. A finales de enero tuvo
lugar en el Catholicosado de Etchmiadzin (Armenia), la
III Reunión de la Comisión mixta internacional
para el diálogo teológico entre la Iglesia
católica y las Iglesias orientales ortodoxas. Del
14 al 23 de febrero, la IX Asamblea General del Consejo
Ecuménico de las Iglesias en Porto Alegre (Brasil).
Los días 26 y 27 de abril, en Washington DC, el
Encuentro Mundial Interreligioso que promueve cada año
la Comunidad de San Egidio. El 29 de junio, como de costumbre,
estuvo en Roma la delegación del Patriarcado Ecuménico.
Benedicto XVI respalda la Cumbre Mundial de Líderes
Religiosos por la paz que del 3 al 5 de julio se celebra
en Moscú, a iniciativa de Su Santidad Alexis II,
que agradece un gesto así. La Iglesia Ortodoxa
Rusa celebró, mediado julio, el Sínodo ordinario
y decidió continuar el diálogo con la Iglesia
católica. Del 20 al 24, la Conferencia Metodista
Mundial de Corea del Sur se adhería a la Declaración
conjunta sobre la Doctrina de la Justificación.
En pleno corazón
de septiembre Benedicto XVI pronuncia el célebre
discurso de Ratisbona, con la subsiguiente ola de protestas
de todos conocidas. Desde el 18 al 25 del mismo septiembre
tuvo lugar en Belgrado (Serbia) la sesión plenaria
de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo
Teológico entre la Iglesia católica y la
Iglesia ortodoxa en su conjunto. El 17 de noviembre, el
Papa recibe en el Vaticano a los miembros del Pontificio
Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos,
cuya sesión plenaria había examinado La
situación ecuménica en mutación.
El 23 lo hace a Roban Williams, primado de la Comunión
Anglicana, precisamente coincidiendo con el cuadragésimo
aniversario del encuentro de Ramsey con Pablo VI. Dentro
de su visita a Turquía, destacan los encuentros
con el Patriarca Ecuménico, Bartolomé I.
El mismo 30 visita la Mezquita Azul. El 14 de diciembre,
recibe al Arzobispo de Atenas y de toda Grecia,
Su Beatitud Christodoulos, con quien intercambia discursos
y firma una declaración.
RV - ¿Qué
incidencia cree usted que han tenido en la causa ecuménica
los viajes internacionales de Benedicto XVI?
PL - Entiendo
que muy honda. Lo probable es que el suyo no sea un pontificado
tan pródigo en viajes como el del Siervo de Dios
Juan Pablo II, pero como contrapartida puede que los suyos
revistan más significado, sean más ricos
de contenido y, a la larga, dejen más huella. Desde
el punto de vista ecuménico, sería un error
enjuiciarlos a la luz de lo novedoso. Cumple hacerlo,
más bien, por la vía de lo profundo. Va
siendo ya común entre vaticanólogos decir
que al pontificado de Juan Pablo II, donde tanto papel
jugaba el gesto, la imagen, ha sucedido el de Benedicto
XVI, cuya nota dominante es la palabra. Sus viajes a Polonia
primero, luego a su país natal Alemania, y por
último a Turquía delatan precisamente la
tendencia a destacar el protagonismo de la palabra en
la conjunción entre unidad y verdad. Y como el
ecumenismo se basa sobremanera en el diálogo y
éste lo compone ante todo la palabra, pues va de
suyo adelantar el interés que para el ecumenismo
pueda tener un pontificado como el actual. Los riesgos
ahí están: en Ratisbona, por ejemplo, bien
claro dijo que «cada vez es más evidente
la urgencia que tiene el mundo de un diálogo
entre fe y razón» y que «las religiones
deben encontrarse en la tarea común de ponerse
al servicio de la verdad y por tanto del ser humano».
Claro es que muchos luego han preferido y prefieren tomar
el rábano por las hojas.
RV - Ya que ha
salido de pasada el discurso en Ratisbona, y puesto que
usted mismo fue entrevistado para nuestros micrófonos
a raíz de aquello, ¿sigue manteniendo que
las reacciones fueron desproporcionadas?
PL - Lo
dije entonces y ahora lo repito: fueron reacciones absolutamente
desproporcionadas y fuera de lugar. A bote pronto, cuesta
mucho creer que aquello fuera una reacción panislámica
de carácter espontáneo y porque sí.
Me inclino, más bien, a pensar que se trató
de una operación orquestada desde ciertos grupos
mediáticos contrarios a la Iglesia católica
en general y, en concreto, a este Papa, al que, dicho
sea de paso, parece que le tengan ganas. Cuando la verdad
emerge palmaria, incoercible y, como la luz, acaba desenmascarando
a quienes urden el mal, cabe esperarse lo peor de los
que maquinan en la sombra. Al que perpetra el mal no le
gusta ser descubierto en el momento de cometer la fechoría.
De ahí que nunca dé la cara.
RV - ¿Y
qué decir de la visita del Papa a la Mezquita Azul?
¿Hay algún contexto que la justifique?
PL - Indudablemente
que sí. Era, y así debe ser entendida, como
respetuoso gesto de cortesía. Momento, por eso,
de veras simbólico aquél y de señalada
importancia dentro del viaje. Las imágenes dando
inmediatamente la vuelta al mundo permitieron ver a un
Papa recogido junto al Gran Muftí de Estambul,
algo que muchos interpretaron como instante de oración.
O de meditación, según el director de la
Sala de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi.
Interpretaciones aparte, ponía de manifiesto el
claro deseo papal de testimoniar la máxima amistad
y la profunda estima que siente por el mundo musulmán.
De hecho, el Papa no dejó de aprovechar luego la
circunstancia del intercambio de dones para insistir en
la cercanía que dicho gesto representaba: «Este
cuadro –le dijo al Gran Muftí en el momento
de entregarle el obsequio- quiere ser un mensaje de fraternidad
en recuerdo de una visita que no olvidaré: mi visita
ayudará a encontrar conjuntamente los modos y los
caminos para la paz y para el bien de la humanidad».
RV - ¿Qué
opinión le merecen los encuentros del Papa y el
Patriarca Ecuménico durante la reciente visita
de Benedicto XVI a Turquía?
PL - Por
de pronto que constituían el cogollo del anunciado
viaje. La verdad es que ya para noviembre de 2005, primeros
meses de su pontificado, Benedicto XVI quiso visitar a
Su Santidad Bartolomé I. Las cosas luego no salieron
adelante porque la iniciativa pilló al Gobierno
turco con el paso cambiado y éste empezó
a dar largas al asunto, hasta que hubo de posponerse todo
para el 2006. Ya se han visto luego las evasivas del Primer
Ministro Erdogan y su forzado encuentro con el Papa. Si
a ello sumamos, del lado musulmán, las consecuencias
de Rastisbona, que todavía coleaban, se comprenderá
que los organizadores del viaje tuvieran que hacer encaje
de bolillos para dejar al Papa libre de coacciones coyunturales
y de lleno metido en lo que de verdad importaba de su
viaje a Turquía, que no era otra cosa sino el ecumenismo,
es decir, abrazar a su hermano el Patriarca Ecuménico.
Al cardenal Kasper no le dolieron prendas en señalar
las tres finalidades del viaje, a saber: «el diálogo
ecuménico y el encuentro con el Patriarca Bartolomé
I para sacar adelante el diálogo con los ortodoxos;
el diálogo con los musulmanes; y la voluntad de
reforzar y alentar a la minoría cristiana que vive
en Turquía». Dada la situación del
Patriarcado Ecuménico en la musulmana Turquía,
se comprende que temas como la libertad religiosa, los
derechos del hombre, la discriminación de las minorías,
fueran de especial relevancia en un momento crucial como
éste, cuando el país de mayoría islámica
antedicho quiere formar parte de la gran familia democrática
europea. En este sentido la visita del Papa era un respaldo
a la autonomía e independencia del Patriarcado.
Y Bartolomé I así lo dejó entrever
al calificarla de histórica y con un valor incalculable.
Necesitaba, pues, el Patriarcado este respaldo de la Santa
Sede y a fe que lo tuvo.
RV - Nos gustaría
saber algo del Comunicado conjunto que firmaron Benedicto
XVI y Bartolomé I al final de sus encuentros: orientación,
motivos, contenido, no sé, algo…
PL - La
firma de un comunicado conjunto se reserva para las ocasiones
históricas, y esta visita de Benedicto XVI a Bartolomé
I, con las diversas entrevistas que la jalonaron, lo era.
Conectaba de lleno con las de Pablo VI y Juan Pablo II,
hechas en circunstancias de otra índole pero de
igual modo determinantes para el ecumenismo. No hace falta
sino recordar la de Pablo VI al Patriarca Atenágoras
I, determinada por el diálogo de la caridad.
La de Juan Pablo II a Dimitrios I, en cambio, se inscribía
dentro del diálogo teológico, que
Papa Wojtyla solía llamar en sus últimos
años diálogo de la verdad. De hecho,
a raíz de aquella visita del año 1979, se
pusieron los bases de la famosa Comisión mixta
internacional católico-ortodoxa, cuyos interrumpidos
encuentros desde 2000 en Montreal acaban de reanudarse
en Belgrado. Así las cosas, cabe por tanto entender
esta visita de Benedicto XVI como el decidido empeño
por reforzar, desde la más alta jerarquía
de ambas Iglesias, el diálogo teológico.
Benedicto XVI reiteró que Simón Pedro y
Andrés fueron llamados a ser pescadores de hombres,
pero que esa misión «asumió formas
diferentes para cada uno de los dos hermanos. Simón
fue llamado Pedro, la 'roca', sobre la que se
edificaría la Iglesia: a El fueron entregadas las
llaves del Reino de los Cielos». Papa y Patriarca
renovaron con su firma el compromiso evangelizador de
católicos y ortodoxos, y pidieron la unidad de
los esfuerzos ante la secularización que
se extiende sobre todo en el mundo occidental. Hablando
de este momento a la Curia Romana hace unos días,
en vísperas de Navidad, el Papa ha dicho textualmente:
«Experimentamos entonces la unidad profunda en la
fe y pediremos al Señor todavía con más
insistencia para que nos otorgue pronto la unidad plena
en la fracción común del pan».
RV - Seguramente
que la visita de Su Gracia Roban Williams, Arzobispo Primado
de la Comunión Anglicana, al Papa Benedicto XVI
tiene importancia ¿Cuál podria ser ésta?
PL - El
interés y trascendencia de esta visita depende
del momento que atraviesa la misma Comunión Anglicana
con sus divisiones internas. El Papa alentó a proseguir
el diálogo teológico
a pesar de las dificultades que hoy existen, como las
diferencias sobre el ministerio ordenado y ciertas enseñanzas
morales que han sido influenciadas por presiones negativas
propias del mundo secularizado occidental. La visita alcanzó,
en palabras del Arzobispo Williams, «todos los resultados,
más allá incluso de cualquier expectativa».
Que eran tales expectativas, en concreto, tres, a saber:
«establecer un contacto personal con el Papa y una
verdadera relación»; «continuar el
diálogo entre anglicanos y católicos»;
«visitar las diversas congregaciones vaticanas interesadas
en los diversos aspectos del diálogo». Por
lo demás, la fecha de esta visita se había
elegido en coincidencia con el cuadragésimo aniversario
del famoso encuentro del Arzobispo Ramsey con Pablo
VI. El Arzobispo anglicano Roban Williams apreció
el «el inmenso conocimiento teológico y profundidad
espiritual del Papa», subrayando que anglicanos
y católicos comparten «una formación
teológica fuertemente marcada por la Iglesia de
los primeros tiempos».
RV -
Y hablando de lo más reciente: la visita de Su
Beatitud Christodoulos, Arzobispo de Atenas y de toda
Grecia, a Su Santidad Benedicto XVI. Díganos algo
de su Declaración conjunta.
PL - Era
la primera vez que un Arzobispo de Atenas visitaba al
Papa. En la Declaración común consta que
fue un encuentro en la caridad, conscientes ambas
partes de que su tarea común es «recorrer
juntos el arduo camino del diálogo en la verdad
para restablecer la comunión plena de fe en el
vínculo del amor». Abrigan también
la esperanza de que el diálogo teológico
bilateral aproveche los elementos positivos del Vaticano
II para «formular proposiciones aceptadas de una
y otra parte, en espíritu de reconciliación»
y perseverando «en el camino de un diálogo
teológico constructivo». Papa y Arzobispo
reconocen el enorme progreso de la ciencia, pero manifiestan
su preocupación por «los experimentos sobre
el ser humano, que no respetan ni la dignidad ni la integridad
de la persona en todas las etapas de su existencia, desde
la concepción hasta su fin natural». De ahí
la petición para que se «protejan con mayor
eficacia» en todo el mundo «los derechos fundamentales
del ser humano, fundados en la dignidad de la persona
creada a imagen de Dios». Benedicto XVI, en fin,
recordó a su ilustre interlocutor «el Aula
del Concilio, donde los observadores delegados de las
otras Iglesias y Comunidades eclesiales estaban atentos
pero silenciosos. Esta imagen –dijo el Papa- ha
cedido el paso en las décadas sucesivas a la realidad
de una Iglesia en diálogo. El silencio
se ha transformado en palabra de comunión.
Se ha llevado a cabo un trabajo enorme en el ámbito
universal y local. Se ha vuelto a descubrir y a restablecer
la fraternidad entre todos
los cristianos como condición de
diálogo, de cooperación, de oración
común y de solidaridad». Huelga casi recordar,
por último, que Su Beatitud Christodoulos pretendía
también devolver con su visita la que Juan Pablo
II le había hecho años atrás, cuando
los dos rezaron juntos en la célebre Acrópolis
de Atenas.
RV - P. Pedro
Langa, para terminar: el viaje apostólico
de Benedicto XVI a Valencia, en concreto en España,
donde también se reunió con las familias.
La familia como punto ecuménico de encuentro.
PL - Pues
no hay más que recordar una cosa, y es que el ecumenismo
trata de agrupar, unir en la koinonía,
o sea en la comunión, a todas las Iglesias,
para hacer de todas ellas la gran Iglesia de Cristo, que
es la gran familia de Dios en el cielo y en la tierra.
Evidentemente desde este punto de vista, las familias
son una referencia del ecumenismo. Y a su vez, el ecumenismo
es un movimiento que trabaja para la unidad. Todos los
que en él concurran y con él trabajen han
de tener presente que no podrán hacerlo en modo
alguno si antes en sus familias, en el seno de sus familias,
no son agentes de unidad. Este aspecto me parece fundamental,
y entiendo que también pone de manifiesto el lado
débil, a veces, de las familias en ciertos sectores
de la sociedad. El Papa con su visita a Valencia, que
todos recordamos y que todavía está reciente
en la retina, y sobre todo en los corazones, creo yo que
lo que ante todo quiso fue subrayar esta dimensión
de fraternidad y de amor en la libertad. Porque sólo
así es como crece la familia, y sólo así
también es como crece el ecumenismo.