Asociación "Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad"
Asociación Ecuménica "Cristianos por la Unidad"
Servicio de Ayuda y Estudio del Sectarismo

Radio Vaticana
[Entrevista al P. Pedro Langa Aguilar,
29/31 - diciembre - 2006]

BALANCE ECUMÉNICO DEL AÑO 2006

Durante los tres últimos días del año 2006 el Programa Español de Radio Vaticano emitió una entrevista con su colaborador y profesor nuestro, P. Pedro Langa Aguilar, acerca del balance ecuménico del año 2006. Preguntas y respuestas con la voz pueden escucharse en la página web de la Emisora del Papa (http://www.radiovaticana.org/spa). He aquí su contenido:

Encuentro de Benedicto XVI con Bartolomé I
( Ap Photo / miércoles 29 noviembre 2006 )

 

Al terminar un año todo son balances, evaluaciones, análisis, peritajes. RV quiere valorar lo que ha sido 2006 en el movimiento ecuménico, donde la Iglesia católica viene haciendo camino desde el Concilio Vaticano II. Entrevistamos, para ello, a nuestro colaborador el P. Pedro Langa, teólogo agustino y ecumenista bien conocido de los oyentes.

RV - P. Langa: ¿Podría resumir los hitos ecuménicos más significativos del 2006?

PL - Por lo menos lo intentaré. A finales de enero tuvo lugar en el Catholicosado de Etchmiadzin (Armenia), la III Reunión de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias orientales ortodoxas. Del 14 al 23 de febrero, la IX Asamblea General del Consejo Ecuménico de las Iglesias en Porto Alegre (Brasil). Los días 26 y 27 de abril, en Washington DC, el Encuentro Mundial Interreligioso que promueve cada año la Comunidad de San Egidio. El 29 de junio, como de costumbre, estuvo en Roma la delegación del Patriarcado Ecuménico. Benedicto XVI respalda la Cumbre Mundial de Líderes Religiosos por la paz que del 3 al 5 de julio se celebra en Moscú, a iniciativa de Su Santidad Alexis II, que agradece un gesto así. La Iglesia Ortodoxa Rusa celebró, mediado julio, el Sínodo ordinario y decidió continuar el diálogo con la Iglesia católica. Del 20 al 24, la Conferencia Metodista Mundial de Corea del Sur se adhería a la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación.

En pleno corazón de septiembre Benedicto XVI pronuncia el célebre discurso de Ratisbona, con la subsiguiente ola de protestas de todos conocidas. Desde el 18 al 25 del mismo septiembre tuvo lugar en Belgrado (Serbia) la sesión plenaria de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto. El 17 de noviembre, el Papa recibe en el Vaticano a los miembros del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, cuya sesión plenaria había examinado La situación ecuménica en mutación. El 23 lo hace a Roban Williams, primado de la Comunión Anglicana, precisamente coincidiendo con el cuadragésimo aniversario del encuentro de Ramsey con Pablo VI. Dentro de su visita a Turquía, destacan los encuentros con el Patriarca Ecuménico, Bartolomé I. El mismo 30 visita la Mezquita Azul. El 14 de diciembre, recibe  al Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Su Beatitud Christodoulos, con quien intercambia discursos y firma una declaración.

RV - ¿Qué incidencia cree usted que han tenido en la causa ecuménica los viajes internacionales de Benedicto XVI?

PL - Entiendo que muy honda. Lo probable es que el suyo no sea un pontificado tan pródigo en viajes como el del Siervo de Dios Juan Pablo II, pero como contrapartida puede que los suyos revistan más significado, sean más ricos de contenido y, a la larga, dejen más huella. Desde el punto de vista ecuménico, sería un error enjuiciarlos a la luz de lo novedoso. Cumple hacerlo, más bien, por la vía de lo profundo. Va siendo ya común entre vaticanólogos decir que al pontificado de Juan Pablo II, donde tanto papel jugaba el gesto, la imagen, ha sucedido el de Benedicto XVI, cuya nota dominante es la palabra. Sus viajes a Polonia primero, luego a su país natal Alemania, y por último a Turquía delatan precisamente la tendencia a destacar el protagonismo de la palabra en la conjunción entre unidad y verdad. Y como el ecumenismo se basa sobremanera en el diálogo y éste lo compone ante todo la palabra, pues va de suyo adelantar el interés que para el ecumenismo pueda tener un pontificado como el actual. Los riesgos ahí están: en Ratisbona, por ejemplo, bien claro dijo que «cada vez es más evidente la urgencia que tiene el mundo de un diálogo entre fe y razón» y que «las religiones deben encontrarse en la tarea común de ponerse al servicio de la verdad y por tanto del ser humano». Claro es que muchos luego han preferido y prefieren tomar el rábano por las hojas.

RV - Ya que ha salido de pasada el discurso en Ratisbona, y puesto que usted mismo fue entrevistado para nuestros micrófonos a raíz de aquello, ¿sigue manteniendo que las reacciones fueron desproporcionadas?

PL - Lo dije entonces y ahora lo repito: fueron reacciones absolutamente desproporcionadas y fuera de lugar. A bote pronto, cuesta mucho creer que aquello fuera una reacción panislámica de carácter espontáneo y porque sí. Me inclino, más bien, a pensar que se trató de una operación orquestada desde ciertos grupos mediáticos contrarios a la Iglesia católica en general y, en concreto, a este Papa, al que, dicho sea de paso, parece que le tengan ganas. Cuando la verdad emerge palmaria, incoercible y, como la luz, acaba desenmascarando a quienes urden el mal, cabe esperarse lo peor de los que maquinan en la sombra. Al que perpetra el mal no le gusta ser descubierto en el momento de cometer la fechoría. De ahí que nunca dé la cara.

RV - ¿Y qué decir de la visita del Papa a la Mezquita Azul? ¿Hay algún contexto que la justifique?

PL - Indudablemente que sí. Era, y así debe ser entendida, como respetuoso gesto de cortesía. Momento, por eso, de veras simbólico aquél y de señalada importancia dentro del viaje. Las imágenes dando inmediatamente la vuelta al mundo permitieron ver a un Papa recogido junto al Gran Muftí de Estambul, algo que muchos interpretaron como instante de oración. O de meditación, según el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi. Interpretaciones aparte, ponía de manifiesto el claro deseo papal de testimoniar la máxima amistad y la profunda estima que siente por el mundo musulmán. De hecho, el Papa no dejó de aprovechar luego la circunstancia del intercambio de dones para insistir en la cercanía que dicho gesto representaba: «Este cuadro –le dijo al Gran Muftí en el momento de entregarle el obsequio- quiere ser un mensaje de fraternidad en recuerdo de una visita que no olvidaré: mi visita ayudará a encontrar conjuntamente los modos y los caminos para la paz y para el bien de la humanidad».

RV - ¿Qué opinión le merecen los encuentros del Papa y el Patriarca Ecuménico durante la reciente visita de Benedicto XVI a Turquía?

PL - Por de pronto que constituían el cogollo del anunciado viaje. La verdad es que ya para noviembre de 2005, primeros meses de su pontificado, Benedicto XVI quiso visitar a Su Santidad Bartolomé I. Las cosas luego no salieron adelante porque la iniciativa pilló al Gobierno turco con el paso cambiado y éste empezó a dar largas al asunto, hasta que hubo de posponerse todo para el 2006. Ya se han visto luego las evasivas del Primer Ministro Erdogan y su forzado encuentro con el Papa. Si a ello sumamos, del lado musulmán, las consecuencias de Rastisbona, que todavía coleaban, se comprenderá que los organizadores del viaje tuvieran que hacer encaje de bolillos para dejar al Papa libre de coacciones coyunturales y de lleno metido en lo que de verdad importaba de su viaje a Turquía, que no era otra cosa sino el ecumenismo, es decir, abrazar a su hermano el Patriarca Ecuménico. Al cardenal Kasper no le dolieron prendas en señalar las tres finalidades del viaje, a saber: «el diálogo ecuménico y el encuentro con el Patriarca Bartolomé I para sacar adelante el diálogo con los ortodoxos; el diálogo con los musulmanes; y la voluntad de reforzar y alentar a la minoría cristiana que vive en Turquía». Dada la situación del Patriarcado Ecuménico en la musulmana Turquía, se comprende que temas como la libertad religiosa, los derechos del hombre, la discriminación de las minorías, fueran de especial relevancia en un momento crucial como éste, cuando el país de mayoría islámica antedicho quiere formar parte de la gran familia democrática europea. En este sentido la visita del Papa era un respaldo a la autonomía e independencia del Patriarcado. Y Bartolomé I así lo dejó entrever al calificarla de histórica y con un valor incalculable. Necesitaba, pues, el Patriarcado este respaldo de la Santa Sede y a fe que lo tuvo.

RV - Nos gustaría saber algo del Comunicado conjunto que firmaron Benedicto XVI y Bartolomé I al final de sus encuentros: orientación, motivos, contenido, no sé, algo…

PL - La firma de un comunicado conjunto se reserva para las ocasiones históricas, y esta visita de Benedicto XVI a Bartolomé I, con las diversas entrevistas que la jalonaron, lo era. Conectaba de lleno con las de Pablo VI y Juan Pablo II, hechas en circunstancias de otra índole pero de igual modo determinantes para el ecumenismo. No hace falta sino recordar la de Pablo VI al Patriarca Atenágoras I, determinada por el diálogo de la caridad. La de Juan Pablo II a Dimitrios I, en cambio, se inscribía dentro del diálogo teológico, que Papa Wojtyla solía llamar en sus últimos años diálogo de la verdad. De hecho, a raíz de aquella visita del año 1979, se pusieron los bases de la famosa Comisión mixta internacional católico-ortodoxa, cuyos interrumpidos encuentros desde 2000 en Montreal acaban de reanudarse en Belgrado. Así las cosas, cabe por tanto entender esta visita de Benedicto XVI como el decidido empeño por reforzar, desde la más alta jerarquía de ambas Iglesias, el diálogo teológico. Benedicto XVI reiteró que Simón Pedro y Andrés fueron llamados a ser pescadores de hombres, pero que esa misión «asumió formas diferentes para cada uno de los dos hermanos. Simón fue llamado Pedro, la 'roca', sobre la que se edificaría la Iglesia: a El fueron entregadas las llaves del Reino de los Cielos». Papa y Patriarca renovaron con su firma el compromiso evangelizador de católicos y ortodoxos, y pidieron la unidad de los esfuerzos ante la secularización que se extiende sobre todo en el mundo occidental. Hablando de este momento a la Curia Romana hace unos días, en vísperas de Navidad, el Papa ha dicho textualmente: «Experimentamos entonces la unidad profunda en la fe y pediremos al Señor todavía con más insistencia para que nos otorgue pronto la unidad plena en la fracción común del pan».

RV - Seguramente que la visita de Su Gracia Roban Williams, Arzobispo Primado de la Comunión Anglicana, al Papa Benedicto XVI tiene importancia ¿Cuál podria ser ésta?

PL - El interés y trascendencia de esta visita depende del momento que atraviesa la misma Comunión Anglicana con sus divisiones internas. El Papa alentó a proseguir el diálogo teológico a pesar de las dificultades que hoy existen, como las diferencias sobre el ministerio ordenado y ciertas enseñanzas morales que han sido influenciadas por presiones negativas propias del mundo secularizado occidental. La visita alcanzó, en palabras del Arzobispo Williams, «todos los resultados, más allá incluso de cualquier expectativa». Que eran tales expectativas, en concreto, tres, a saber: «establecer un contacto personal con el Papa y una verdadera relación»; «continuar el diálogo entre anglicanos y católicos»; «visitar las diversas congregaciones vaticanas interesadas en los diversos aspectos del diálogo». Por lo demás, la fecha de esta visita se había elegido en coincidencia con el cuadragésimo aniversario del famoso encuentro del Arzobispo  Ramsey con Pablo VI. El Arzobispo anglicano Roban Williams apreció el «el inmenso conocimiento teológico y profundidad espiritual del Papa», subrayando que anglicanos y católicos comparten «una formación teológica fuertemente marcada por la Iglesia de los primeros tiempos».

RV - Y hablando de lo más reciente: la visita de Su Beatitud Christodoulos, Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, a Su Santidad Benedicto XVI. Díganos algo de su Declaración conjunta.

PL - Era la primera vez que un Arzobispo de Atenas visitaba al Papa. En la Declaración común consta que fue un encuentro en la caridad, conscientes ambas partes de que su tarea común es «recorrer juntos el arduo camino del diálogo en la verdad para restablecer la comunión plena de fe en el vínculo del amor». Abrigan también la esperanza de que el diálogo teológico bilateral aproveche los elementos positivos del Vaticano II para «formular proposiciones aceptadas de una y otra parte, en  espíritu de reconciliación» y perseverando «en el camino de un diálogo teológico constructivo». Papa y Arzobispo reconocen el enorme progreso de la ciencia, pero manifiestan su preocupación por «los experimentos sobre el ser humano, que no respetan ni la dignidad ni la integridad de la persona en todas las etapas de su existencia, desde la concepción hasta su fin natural». De ahí la petición para que se «protejan con mayor eficacia» en todo el mundo «los derechos fundamentales del ser humano, fundados en la dignidad de la persona creada a imagen de Dios». Benedicto XVI, en fin, recordó a su ilustre interlocutor «el Aula del Concilio, donde los observadores delegados de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales estaban atentos pero silenciosos. Esta imagen –dijo el Papa- ha cedido el paso en las décadas sucesivas a la realidad de una Iglesia en diálogo. El silencio se ha transformado en palabra de comunión. Se ha llevado a cabo un trabajo enorme en el ámbito universal y local. Se ha vuelto a descubrir y a restablecer la fraternidad entre todos los cristianos como condición de diálogo, de cooperación, de oración común y de solidaridad». Huelga casi recordar, por último, que Su Beatitud Christodoulos pretendía también devolver con su visita la que Juan Pablo II le había hecho años atrás, cuando los dos rezaron juntos en la célebre Acrópolis de Atenas.

RV - P. Pedro Langa, para terminar: el viaje apostólico de Benedicto XVI a Valencia, en concreto en España, donde también se reunió con las familias. La familia como punto ecuménico de encuentro.

PL - Pues no hay más que recordar una cosa, y es que el ecumenismo trata de agrupar, unir en la koinonía, o sea en la comunión,  a todas las Iglesias, para hacer de todas ellas la gran Iglesia de Cristo, que es la gran familia de Dios en el cielo y en la tierra. Evidentemente desde este punto de vista, las familias son una referencia del ecumenismo. Y a su vez, el ecumenismo es un movimiento que trabaja para la unidad. Todos los que en él concurran y con él trabajen han de tener presente que no podrán hacerlo en modo alguno si antes en sus familias, en el seno de sus familias, no son agentes de unidad. Este aspecto me parece fundamental, y entiendo que también pone de manifiesto el lado débil, a veces, de las familias en ciertos sectores de la sociedad. El Papa con su visita a Valencia, que todos recordamos y que todavía está reciente en la retina, y sobre todo en los corazones, creo yo que lo que ante todo quiso fue subrayar esta dimensión de fraternidad y de amor en la libertad. Porque sólo así es como crece la familia, y sólo así también es como crece el ecumenismo.

CENTRO ECUMÉNICO - C/ José Arcones Gil,37,2º. - 28017 MADRID, ESPAÑA - Tlf: [34] + 91 3675840