ORAR
EN LA MEZQUITA DE CÓRDOBA
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El
semanario Vida Nueva en su n. 2. 549, del 13 de enero
de 2007, p. 12, publica unas declaraciones de nuestro
profesor y colaborador el P. Pedro Langa Aguilar sobre
el caso de la Mezquita de Córdoba, cuyo contenido
reproducimos, pero aquí con su redacción
completa y su título.

El caso de la Mezquita
de Córdoba no es sino la vergonzosa manipulación
de tantas causas como en él concurren, ya estrictamente
religiosas, ya de matiz político, sin omitir las
mediáticas. Ocurrió cuando las caricaturas
de Mahoma y luego, con más sectarismo aún,
a raíz del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona.
El comentario esta vez hubiera sido prescindible de no
haberse distorsionado tanto la verdad. Digamos de una
vez y para siempre que no es igual ecumenismo que diálogo
interreligioso. Tampoco lo es compartir templos de distintas
religiones que de diferentes iglesias de la misma religión
cristiana. En la cumbre de Asís, verbigracia, los
grupos rezaron por separado, cada uno según su
credo. De ahí que las pretensiones del presidente
de la Junta Islámica en España, Mansur Escudero,
revelen osadía, por no decir ignorancia. Nunca
podrá considerarse diálogo lo que sólo
es un trágala. Con su extravagante iniciativa,
por tanto, Escudero ha puesto en evidencia que desconoce
el Decálogo de Asís, las declaraciones Nostra
aetate y Dignitatis humanae y el Documento Diálogo
y Anuncio. En Historia ni siquiera entro, porque ahí
el pobre no da una a derechas.
Y ya lo de la carta al
Papa y el echar mano de la Alianza de Civilizaciones del
presidente Zapatero es de aurora boreal. Demuestra no
saber lo que el Vaticano II representa dentro de la Iglesia
católica, cómo funciona la Santa Sede y
hasta dónde llega la soberana jurisdicción
de un obispo en su diócesis. Benedicto XVI no espera
del diálogo con otras religiones (diálogo
interreligioso) y con otras Iglesias (ecumenismo) sino
libertad religiosa, justo cuanto el Islam deniega, vulnerando
así el básico principio de reciprocidad.
Orar individualmente y en privado a nadie se le prohíbe
ni dentro ni fuera de la Mezquita, siempre y cuando, claro
es, se respeten las disposiciones litúrgicas en
vigor. Pero hacerlo en grupo y por las bravas, representando
a un credo religioso distinto y como tapadera de oscuros
intereses parece harina de otro costal. Que la oración
conjunta de musulmanes y cristianos, según Escudero,
«favorecería el "ecumenismo" (sic)
y el "diálogo interreligioso" más
que los debates teológicos entre los líderes
religiosos» no deja de ser, tirando por lo corto,
un gratuito e irresponsable invento suyo, y pone de manifiesto
mucha frivolidad por su parte en el enfoque de la teología
católica. Gran cosa es el monoteísmo, ciertamente,
en el diálogo interreligioso. Pero los cristianos
creemos, además, en Jesucristo, el Hijo de Dios
encarnado, y en la Trinidad, lo que para el Islam resulta
inadmisible. El Evangelio, en fin, pide a los seguidores
de Jesús amar a todos los hombres como hermanos,
sí, pero no hacer el primo.