SOBRE
EL DISCURSO DEL PAPA EN RATISBONA
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El
16 de septiembre de 2006 el Programa Español de
Radio Vaticano difundió una entrevista con nuestro
profesor del Centro, el P. Pedro Langa Aguilar, en el
curso de la cual se le pidió su opinión
sobre la creciente ola de protestatas de diversos países
islámicos por el discurso que el Papa Benedicto
XVI había pronunciado unas horas antes en Ratisbona.
He aquí lo que el ecumenista agustino, Prof. Dr.
Langa, contestó en los micrófonos de la
Emisora del Papa:
«Las reacciones del
mundo musulmán al discurso del Papa en Ratisbona
me parecen absolutamente censurables por desproporcionadas.
No todos los musulmanes, por fortuna, comparten esas airadas
reacciones de grupo radicales, aunque sean estos los que
más se hacen notar, los que más incordian
y quienes, presa de un odio incendiario, llevan semejante
iracundia a límites intolerables.
Sería bueno leerse
primero el discurso del Papa y luego juzgarlo desapasionadamente.
Creo que esta vez, como tantas, no se ha hecho ni una
cosa ni otra. Y eso es lo triste, que la irracionalidad
se imponga al tranquilo, pacífico y sereno diálogo
de la inteligencia, que los medios de comunicación
magnifiquen y desorbiten las palabras y se entretengan
mayormente en recoger airadas protestas en vez de arrimar
un comentario profundo y hacer el ajustado análisis
contextual.
Benedicto XVI no ha querido
en modo alguno decir lo que ahora se le cuelga a sus espaldas.
Su discurso en tal sentido es rectilíneo y congruente
con otros de anteriores ocasiones. No hay que olvidar
sus años de joven teólogo, cuando en el
Aula conciliar del Vaticano II trabajó con los
Rahner, Congar, Bea, Willebrands y tantos célebres
nombres para sacar a flote la Declaración Dignitatis
humanae, cuyo reciente cuadragésimo aniversario
ha puesto de relieve cuánto constaban ya entonces,
y siguen costando ahora, la libertad religiosa, la tolerancia
y el agapé, es decir, la caritas o comunión.
Creo que la tormenta pasará
y acabará imponiéndose, es de esperar que
así sea, el buen sentido, la cordura, el entendimiento.
Parecida tormenta se produjo cuando el Vaticano II anunció
que se proponía sacar adelante un documento sobre
las religiones, la que hoy conocemos como Nostra aetate.
También entonces se filtraron comentarios insidiosos,
sobre todo al descubrir, se dijo aquellas semanas, que
los judíos iban a tener su puesto de relieve en
dichas páginas conciliares y los musulmanes, en
cambio, serían olvidados, cosa que luego no fue
así, como podrá comprobar quien pretenda
tener ojos para ver y oídos para oir. La plegaria,
por supuesto, conseguirá el milagro del entendimiento
recíproco. Quiera Dios que las palabras papales
se entiendan dentro de contexto y en su justa medida.
Sería signo de sereno diálogo y de universal
fraternidad».