Infoekumene

APUNTES PARA LA HISTORIA
DEL ECUMENISMO ESPAÑOL

<< anterior

IV. EL ECUMENISMO SE HACE PRESENTE

A la sombra de las Semana de la Unidad

Las Semanas de la Unidad fueron el gran motor para el despegue ecuménico y el año de 1964 un especial punto de inflexión. La Semana se celebraba ya en bastantes lugares: Seminario de Segovia, Barcelona, Salamanca, Burgos, Sevilla… En la de 1963 el prior de Taizé, Roger Shutz, apareció en TVE invitando a rezar por la unidad y meses después tuvo en Sevilla una importante conferencia, invitado por el entonces párroco de la parroquia del Salvador, José Antonio Infantes Florido, más tarde obispo de Córdoba y presidente de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española. Naturalmente, esta visita a la capital andaluza tenía no sólo el visto bueno, sino el entusiasmo del cardenal Bueno Monreal, arzobispo de la archidiócesis sevillana. Acompañado de los hermanos Robert y Didier hizo el prior de Taizé unas importantes declaraciones. Sí, ciertamente, el espíritu ecuménico se movía por España.

En enero de 1964 llegó la gran eclosión tanto en la celebración de la Semana de Oración por la Unidad de signo confesional (católicos y protestantes por separado en sus templos), como de tipo interconfesional, en las que se producían las escenas más emotivas e inesperadas con abrazos mutuos y peticiones de perdón entre fieles de las diferentes iglesias, al finalizar los actos de oración o las conferencias que, a veces, les acompañaban.

El Centro Juan XXIII de Salamanca programó una conferencia dictada por el catedrático de Historia de la Iglesia, Dr. Sala Balús, sobre «El Concilio Vaticano II en sus aspectos ecumenistas». Distintos miembros de ese Centro Ecuménico pronunciaron también otras conferencias en siete colegios mayores de la capital salmantina al mismo tiempo que una exposición bibliográfica pasaba por bastantes otros colegios de las universidades civil y eclesiástica; Radio Popular de Salamanca retransmitió algunos actos litúrgicos y la víspera del comienzo de la Semana José Sánchez Vaquero pronunció el «Pregón de la Unidad Cristiana».

Merece Salamanca un lugar destacado en las Semanas de la Unidad. Como preparación a la de 1965 organizó el Centro Ecuménico Juan XXIII un ciclo de conferencias sobre el decreto de Ecumenismo en el Instituto Teológico de Santa Catalina, para religiosas, y un segundo ciclo sobre el mismo tema para estudiantes de teología. Por otra parte, en la Universidad Pontificia, dictaron conferencias sobre temas de la unión de los cristianos los doctores Sánchez Vaquero, Martín Hernández y Fernando Sebastián Aguilar, actual arzobispo de Pamplona.

Las Semanas de la Unidad en Salamanca han ido siempre «in crescendo». Actualmente el Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII organiza en el ámbito de la Universidad en estas fechas, aunque abierto a toda persona interesada de la ciudad, un acto académico con conferencia y durante dos o tres días diversos actos de culto para la oración por la unidad, cultos en los cuales participan miembros de diversas confesiones cristianas.

A este respecto es momento de recordar la influencia que tuvieron en las Semanas de la Unidad de los primeros años las actividades del pastor de la IERE, Antonio de Andrés Puchades, quien, ordenado presbítero en mayo de 1966, actuó como responsable de su Iglesia en esta ciudad, estudió teología en la Universidad Pontificia, intervino en numerosas actividades ecuménicas en Salamanca, Madrid y luego en Valencia, donde fue destinado, y participó en los Encuentros Interconfesionales de El Espinar (Segovia) y en múltiples jornadas interconfesionales, nacionales e internacionales.

Por otra parte, Mauro Rubio Repullés, ya inmerso en el ecumenismo en Madrid, nombrado obispo de Salamanca, fomentó y tomó parte activa en muchos actos interconfesionales. El elenco de intelectuales ecuménicos en esta ciudad universitaria ha sido notable, por eso su ecumenismo siempre ha tenido la connotación de teológico.

Entre las aportaciones ecuménicas salmantinas en años sucesivos hay que destacar la Asamblea de «Fe y Constitución» en el año 1973 y la concesión del doctorado «honoris causa» al ex arzobispo de Canterbury, Arthur Michael Ramsey, en mayo de 1977, y a Max Thurian de Taizé el 22 de mayo de 1987. José Sánchez Vaquero es también un reconocido pionero del ecumenismo español y uno de los fundadores del Secretariado de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Española, en 1967. Uno de los delegados de ecumenismo de Salamanca y director de este Centro Ecuménico fue el actual obispo de Almería, Adolfo González Montes, eminente teólogo y autor de obras ecuménicas tan estimables como el «Enchiridium Oecumenicum». Actualmente es el P. Fernando Rodríguez Garrapucho, SCJ, quien acertadamente rige los destinos ecuménicos del «Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII», del que trataremos más adelante. Se han publicado, finalmente, dos revistas: «Renovación Ecuménica» y «Diálogo Ecuménico», que alcanza ya el número 122.

En Huelva, cuyo obispo era Pedro Cantero Cuadrado, miembro del Secretariado para la Unidad de los cristianos y presidente del Secretariado de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Española, con motivo de la Semana de la Unidad de 1964 se constituyó el «Centro Ecuménico Pablo VI» «para orientar, encauzar y fomentar un ambiente y un espíritu ecuménicos en conformidad con la normativa de la Santa Sede Apostólica y las directrices del Secretariado de Roma».

Sus miembros eran sacerdotes y seglares capacitados. Se designó un director técnico, un secretario y un bibliotecario. Se quería fomentar el ecumenismo a través de esos miembros y relacionarse con otros centros ecuménicos de España. El obispo Cantero pronunció esa Semana de la Unidad una conferencia sobre «El Concilio Vaticano II y la opinión pública» y el día 20 de enero habló en Radio Popular de «Nuestros hermanos los rusos» Alonso del Real. El P. Ricardo Franco, SJ, pronunció otra conferencia con el título de «Lutero, fuerza y flaqueza de su personalidad» y «Los caminos de la unión: el movimiento ecuménico en las iglesias separadas». Por su parte, el P. Manuel Sotomayor, SJ, celebró una misa en rito bizantino y habló sobre «Luces y sombras del Oriente». Para clausurar la Semana de la Unidad, el día 25 Blas Piñar Pérez dio una charla sobre «Algunos aspectos del concilio Vaticano II»(35).

La joven diócesis de Huelva trataba de insertarse en el vivo ecumenismo de aquellos años, si bien poco se ha vuelto a conocer de ese Centro Ecuménico.

El Papa había encendido el ambiente para la Semana de la Unidad con una hermosa Exhortación apostólica y Madrid, después de los satisfactorios resultados del primer acercamiento católico-protestante se aprestó a la primera Semana de la Unidad interconfesional. Cada día se celebraba el culto de oración ecuménica en la capilla bizantina del Centro Ecuménico-Oriental y se señalaron tres de esas fechas para conferencias en la Biblioteca del Centro.

Cada jornada asistía un centenar de cristianos de diferentes confesiones. El primer día, el 18, dictó el tema el teólogo ortodoxo ruso y colaborador del Centro, Alexis Stawrosky, acerca de «Los elementos ecuménicos de la Ortodoxia». El día 22 el teólogo y pastor de la IEE, Daniel Vidal Regaliza, lo hizo sobre «Los elementos ecuménicos del protestantismo», y el 24 disertó sobre «Elementos ecuménicos del catolicismo» el sacerdote y profesor de Teología católica Mauro Rubio Repullés.

Como la mayoría de los laicos católicos asistentes eran invitados de entre los dirigentes de los hombres de la Acción Católica del Consejo diocesano y nacional, se daba a la salida de las conferencias el dato curioso, y muy comentado por los pastores y sacerdotes organizadores, de que algunos, muy educadamente, comentaban: «No, si asistiremos a la canonización de Lutero». Esta y otras expresiones eran el termómetro indicador del clima ecuménico, incluso entre quienes asistían a aquellos cultos de oración. Cosas parecidas ocurrían por parte protestante. Es de señalar que pocos meses después Mauro Rubio era nombrado obispo de Salamanca.

Pero lo importante de aquella primera Semana Interconfesional de la Unidad en Madrid se vivió el día de la clausura. Para ella se eligió la céntrica parroquia de Santa Bárbara y presidió, bien complacido, José María García Lahiguera. Era, posiblemente, la primera vez que un obispo católico presidía en España una oración ecuménica en público. La predicación corrió a cargo de Ángel González Prado, Consiliario diocesano de las «Mujeres de Acción Católica». Antes de pasar adelante es preciso apuntar la efectiva labor ecuménica que realizaron en Madrid los dos hermanos sacerdotes González Prado Jesús, muchos años director de la Oficina Diocesana de Prensa e Información, ayudó siempre en estas actividades ecuménicas con todos los medios técnicos, humanos y económicos necesarios para su desarrollo; sin su ayuda hubiera sido poco menos que imposible llegar a muchos de los objetivos. Puso especialmente a disposición de la información ecuménica las páginas que fueran menester tanto en el semanario diocesano «Luz y Vida», como en la revista editada en las sesiones conciliares titulada «Concilio», y la edición del material necesario para la Semana y otros momentos en los primeros años. Ambos buscaron personas, lugares… para facilitar tantas cosas como requerían los primeros actos interconfesionales.

Ya para estas fechas había llegado de Alemania Manuel Gesteira Garza, joven sacerdote de esta diócesis formado en la Universidad Católica de Munich y enseguida profesor de Protestantismo en el Seminario Conciliar. Con su formación teológica, su incesante labor ecuménica contribuyó a un importante avance en las relaciones interconfesionales. Su coche «600» y el del pastor Poveda atravesaron continuamente las calles madrileñas en busca de posibilidades de que algunos periódicos nos publicasen, cosa difícil en aquellos tiempos, los comunicados y notas conjuntas. Eran actividades sospechosas entonces para la prensa.

Delegado diocesano de ecumenismo de la diócesis de Madrid, tomó parte activa también en varias Semanas de Teología y Pastoral Ecuménicas de Salamanca, organizando en Madrid durante años múltiples actividades ecuménicas, es profesor del Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad», ha intervenido en foros de ecumenismo, ha escrito artículos sobre el tema, es otro de los pioneros del ecumenismo en España y un excelente teólogo, que ha ejercido su docencia en el Seminario Diocesano de Madrid, en la Universidad de Comillas y en la Facultad Teológica de San Dámaso. Fue sucedido en la delegación por Mariano Perrón, que continúa en la actualidad.

En Segovia tuvo también especial importancia la Semana de la Unidad de 1964. Hacía ya dos años que había nacido el Instituto de las «Misioneras de la Unidad», fundado por Julián García Hernando, rector del Seminario diocesano. En este se venía celebrando el Octavario por la Unión de las Iglesias desde que llegara como rector don Julián, hacía 14 años. Unas veces acudía el P. Morillo, otras el P. Francisco Aguirre u otros sacerdotes cercanos al mundo oriental. Este año se acercó al P. Ignacio Saadé, de los maronitas de Salamanca, en cuya casa funcionaba todo el movimiento ecuménico de aquella diócesis. Además, hubo gran novedad: la visita y conferencia del hermano Roberto de Taizé. Sorpresa para los seminaristas, la ciudad y el propio obispo, Daniel Llorente y Federico, que, haciendo gala una vez más de su comprensión y tolerancia, dijo al rector: «Me parece bien que este monje de Taizé hable en el Seminario, pero siempre que usted se halle presente». El ya conocía a los monjes de Taizé por las sesiones conciliares y ponía en práctica lo que había aprendido como padre conciliar. Debió ser en el primer seminario católico español donde hablaba un protestante.

La «Academia Ecuménica», que existía en este centro, organizó oraciones especiales y la predicación cada día de los alumnos del último curso de Teología. Hicieron, además, una exposición de libros y revistas de tema ecuménico, más abundantes que otros años. Como en otras ocasiones, desde el estudio de radio del Seminario, en conexión con Radio Segovia, se realizaron emisiones sobre ecumenismo a toda la diócesis. En esta iglesia particular se celebran cada año de forma especial estas jornadas de oración organizadas por el delegado de ecumenismo, Domiciano Monjas Ayuso, bien conocido en el campo ecuménico. Sacerdotes ortodoxos o pastores protestantes acuden con frecuencia a Segovia a participar en la Semana de la Unidad.

Al igual que en estas diócesis enumeradas, ocurrió ese año en otras muchas, como en Burgos, Toledo, Valladolid, Zaragoza, etc., en las que ya se celebrarán siempre y cada vez con mejor acogida.

En marzo de 1964 llegaba a Madrid como arzobispo Casimiro Morcillo González, que, como subsecretario del Concilio, había asimilado su doctrina ecuménica, por los avances del documento «Unitatis redintegratio», aprobado en el aula conciliar el 21 de noviembre de 1964. Casimiro Morcillo había escrito ya algún libro sobre ecumenismo, en el discurso de saludo al pueblo madrileño aludió a los hermanos separados e hizo una preciosa apología de la ecumenicidad en un ciclo de conferencias sobre el Concilio.

Una de las cosas que realizó al poco de llegar fue solicitar del redactor-jefe de «Re-Unión», a quien había llamado a capítulo, un informe sobre el ecumenismo en su nueva diócesis y la situación protestante en particular. ¿A quién acudir si sólo conocía a unas pocas iglesias, las ecuménicas? El P. Sánchez de León, SJ., director de «Fe Católica», le puso al habla con un señor, que descubrió después como un alto jefe de la policía, quien, sin pedirle parecer alguno, le condujo en su mismo coche oficial a la entonces Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol madrileña y puso a su disposición los archivos. Tratado con exquisita amabilidad por los distintos funcionarios, después de atravesar despachos y más despachos, se encontró ante los ficheros sobre los que se leía: «Masones, comunistas, judíos y protestantes». Su perplejidad fue enorme. El informe llegó, por fin, a manos de Casimiro Morcillo, pero no utilizó aquellas fichas.

Lo cierto es que la Semana de la Unidad de 1965 resultó memorable. El mismo Morcillo, que había escrito en el Boletín Oficial de la Archidiócesis una Carta pastoral con motivo de la Semana de la Unidad(36), quiso presidir la solemne clausura y, reunido con quienes organizaban esas fechas, les animó a continuar trabajando por la causa de la unidad de los cristianos(37).

El culto tuvo lugar en la parroquia del Buen Suceso con la predicación del joven obispo auxiliar de Madrid, José Guerra Campos, y la asistencia de Máximo Romero de Lema y de un numeroso grupo de pastores: Corvillón, Poveda, Taibo, Mendoza, Vidal Regaliza y el obispo Santos M. Molina. El templo aparecía abarrotado de files católicos y protestantes. Al finalizar el culto Morcillo recibió a los pastores, con cierto nerviosismo y emoción, en una dependencia de la parroquia y fue saludando uno a uno, el último el obispo Molina ante él, con su clerygman morado y su cruz pectoral, Casimiro Morcillo balbuceó algo y le saludó de forma especial. En esta eclosión de jerarquías eclesiásticas interconfesionales, debemos de pedir ciertas disculpas a nuestros hermanos protestantes porque siempre les metíamos en algún embolado, que ellos también siempre comprendían y disculpaban, pues los tiempos eran muy otros: en esta ocasión el culto se desarrolló con una solemnísima exposición del Santísimo Sacramento y en otras era una misa o cosa parecida. Sí, eran otros los tiempos y ellos siempre fueron comprensivos.

Al día siguiente comentó Santos Molina: «Nunca había saludado a un obispo católico… La pena es que esto me encuentre ya tan achacoso». Meses después fallecía. Casimiro Morcillo, preguntado unos días después por aquel balbuceo explicó: «Me causó una enorme sorpresa, de repente, allí, un obispo protestante español…».

Los cultos de aquel año también habían tenido lugar los tres primeros días en la Iglesia Evangélica Española de la calle Noviciado, 538, los cuatro últimos en el Centro Ecuménico-Oriental de la calle de Claudio Coello, 29, y habían sido presididos conjuntamente por sacerdotes, pastores y por el hermano Roberto de Taizé, al igual que las predicaciones de cada día. En la biblioteca del Centro del P. Morillo se celebraron después de los cultos cuatro conferencias: «Pasos ecuménicos del Concilio Vaticano II», por el sacerdote Carlos Castro Cubells; «Una trayectoria ecuménica: el Consejo Ecuménico de las Iglesias», por el pastor Benito Corvillón; «Misión del cristiano en el mundo», por Ángel Vegas, miembro del Consejo Nacional de los Hombres de Acción Católica, siempre dispuesto a ayudar en este terreno; «Hacia la unión de los cristianos», el último día, por el hermano Roberto de Taizé. La efusión entre católicos y protestantes fue notable y llamándose hermanos se fundían en mutuos abrazos.

Como el ecumenismo avanzaba a velas desplegadas surgieron acontecimientos dignos de destacar. Con motivo del Año Santo Compostelano el Ministerio de Información y Turismo de Fraga Iribarne, juntamente con el Arzobispado de Santiago, organizaron una Semana de la Unidad del 1 al 6 de junio de aquel 1965. Fueron invitados a ella el P. Albarracín, por el Centro Oriental; por el Centro Ecuménico Juan XXIII de Salamanca José Sánchez Vaquero; y por el Secretariado de Ecumenismo de la diócesis de Madrid Manuel Gesteira y José Luis Díez. Naturalmente, no cabía protestante alguno puesto que pagaba generosamente el citado Ministerio. Cada día se celebraban cultos solemnes de oración por la unidad cristiana en san Martín Pinaro, con unas «paraliturgias» editadas al efecto y luego tenía lugar una conferencia en el Palacio de Fonseca. El obispo Guerra Campos disertó el primero sobre «Sentido unitario del cristianismo»; sobre «Sentido unitario del Vaticano II» lo hizo al otro día el P. Albarracín; Manuel Gesteira sobre «El Decreto de Ecumenismo y la moderna teología protestante»; del «Decreto conciliar sobre las Iglesias Orientales Católicas» José Luis Díez; Sánchez Vaquero acerca de «El misterio de unidad y la oración por la unidad»; la última conferencia estuvo a cargo de Blas Piñar Pérez, que habló sobre «Santiago, faro de unidad».

La Semana se clausuró con una solemne misa en rito bizantino el día de Pentecostés, para lo que trajeron al patriarca Stephanos I Sidarous, de Alejandría, con residencia en El Cairo y cardenal de la Santa Iglesia Romana. A todos los actos asistió el cardenal Quiroga Palacios, arzobispo de Santiago de Compostela y presidente de la Conferencia Episcopal Española, quien siempre aceptó de buen grado todas las sugerencias ecuménicas, opinaba que aquellas cosas eran más bien propias de los ecumenistas y cuando se le pidió alguna decisión repetía que lo dejaba todo en manos de quienes actuaban en aquellos terrenos. La crónica de esta singular Semana de la Unidad y conferencias se encuentra en el número 48-49 de la revista «Re-Unión» de los meses julio-octubre de 1966. Se habla también de estas jornadas en «Orígenes del Ecumenismo en España»(39).

Mientras, el ecumenismo iba cobrando entidad en las diversas iglesias cristianas de España y durante todo el 1965 abundaron reuniones entre católicos y protestantes, convencidos de que aquel era un momento decisivo para acercar muchas posiciones bien distanciadas. Por eso la Semana de la Unidad de 1966 no se limitó únicamente a actos de culto y conferencias. Durante tres días se reunieron en cenas de trabajo sacerdotes y laicos católicos con pastores de distintas confesiones en Madrid. Trabajos que se prolongaron incluso días después de la Semana de la Unidad.

Uno de los principales temas analizados se refirió a la libertad religiosa y a la intensificación de relaciones ecuménicas entre las iglesias, aunque fueron trabajos sin encomienda oficial alguna de las respectivas iglesias. Ese año los cultos de oración de la Semana fueron también presididos tanto por católicos como por protestantes y se celebraron en Madrid en la Iglesia Evangélica de la calle Calatrava y en el colegio católico de Jesús y María de la calle Juan Bravo, 13, donde pronunciaron conferencias el conocido laico Enrique Miret Magdalena, vinculado a la actividad ecuménica pues era interlocutor válido con varios de los pastores citados y otros, daba conferencias en algunas de sus reuniones, dialogaba fraternalmente con ellos y ellos tenían mucha confianza en él, habló sobre «Ecumenismo y laicado»; el pastor Vidal Regaliza sobre «Servicio y Unidad»; acerca de la «Oración por la Unidad Cristiana» José Sánchez Vaquero de la Universidad de Salamanca y Centro Ecuménico Juan XXIII; Manuel Useros Carretero, profesor de Derecho Canónico también de esa misma Universidad habló sobre «Libertad religiosa»; sobre «Biblia y Pueblo de Dios», disertó el pastor de la IEE, Humberto Capó, entonces a cargo de su iglesia en Palma de Mallorca. La clausura tuvo lugar en la parroquia de Santa Rita, calle de Gaztambide, 73, presidida por el obispo auxiliar Maximino Romero de Lema40.

Durante los mismos días de esta Semana y organizados por el Centro Oriental del P. Albarracín tuvo lugar un Cursillo de Formación Ecuménica con el siguiente programa: «La unión en el plan salvífico de Dios», por Salvador Muñoz Iglesias, profesor de Sagrada Escritura en el Seminario conciliar de Madrid; «La unidad en los documentos conciliares», por Andrés Avelino Esteban y Romero, del Instituto Suárez del CSIC; «La unidad y el Consejo Mundial de las Iglesias», por Julián García Hernando, doctor en Historia Civil; «El Concilio mira al Oriente », por José Sánchez Vaquero, del Centro Ecuménico Juan XXIII de Salamanca; «Vocación a la unidad de las religiones no cristianas», por Vicente Serrano, de la Comisión Episcopal de Cine, Radio y Televisión; «La unidad vocación universal de los creyentes», por Francisco Albarracín, SJ., director de la revista «Oriente Cristiano». ¿Fue ésta una Semana de la Unidad paralela a la interconfesional? Así se pensó entonces.

En las diócesis ya aludidas y en algunas otras por primera vez se celebró la Semana de la Unidad de 1967, destacando Salamanca con un interesante diálogo entre sacerdotes seglares dirigentes del Centro Ecuménico Juan XXIII y cuatro pastores llegados desde Madrid con ocasión de las conferencias que sobre libertad religiosa pronunció el pastor José Cardona Gregori, para laicos unas y otras para sacerdotes y seminaristas de la Universidad Pontificia.

Con amplia información se refirió el día 25 de enero la prensa a la conferencia del Dr. Pedro Laín Entralgo, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, pronunciada en la Iglesia de Jesús, de la IEE, en la calle de Calatrava 25, sobre «Ecumenismo y apertura al prójimo». En los días anteriores el culto interconfesional se había celebrado en la capilla del Colegio de Jesús y María en cuyo salón de actos disertó el Dr. Perarnau, teólogo conciliar y desde muchos años en la brecha ecuménica, colaborador del arzobispo de Tarragona, Pont i Gol, y luego profesor de Teología de la Facultad de Barcelona sobre «Sentido dogmático de la oración ecuménica» y acerca de «Ecumenismo y Biblia» el pastor de la IEE Ignacio Mendoza, profesor del Seminario Evangélico Unido de Madrid.

Por su parte el P. Albarracín convocaba por segundo año consecutivo, en los mismos días y horas de la semana interconfesional, la segunda semana de Formación Ecuménica con culto católico y conferencias. Habló Guerra Campos de «La Iglesia sacramento de unidad»; acerca de «Rupturas y unidad de la Historia de la Iglesia», Julián García Hernando; «Situación actual del problema de la unidad» fue tratado por el P. Albarracín y clausuró la semana el seglar católico Antonio García de Pablos, de la Acción Católica, con el tema «Los seglares en el Ecumenismo». Además, el día 18 de enero se tuvo un culto interconfesional en la capilla anglicana de san Jorge, de la Embajada británica, organizado por algunos católicos y anglicanos.

A partir de este año la celebración de la Semana de la Unidad fue generalizándose en todas las diócesis, sobre todo cuando existía delegación de ecumenismo, muchas veces con cultos interconfesionales y algunas presididos por el mismo obispo.

Cuando se inauguró la catedral de Nuestra Señora la Real de la Almudena, presidió el cardenal Suquía el primer año la apertura de la Semana de la Unidad, acompañado de los representantes de varias iglesias no católicas de Madrid, predicando el pastor de la IEE Samuel Pimentel y solía después clausurarse en la catedral de la IERE o en otras iglesias protestantes. Igual ocurrió en los primeros años del cardenal Rouco Varela, incluso uno de ellos, terminada la Semana, invitó al obispo de la IERE y a varios pastores de esta Iglesia y de la IEE a una comida fraterna en el Seminario diocesano. Al año siguiente repitió la invitación el obispo Carlos López Lozano, en su sede episcopal de la calle de la Beneficencia.

A partir de 1998 el cardenal Rouco no hizo más apariciones por la Semana de Oración por la Unidad, nunca había escrito documento alguno sobre estas fechas tan señaladas, ni se ha referido en ninguna ocasión en sus repetidas intervenciones semanales radiofónicas o escritas a la celebración de esas jornadas de oración y fraterna acogida entre unos y otros, excepto en este año 2004 que lo hizo por la Cadena COPE y en el semanario «Alfa y Omega», y ha rehuido su presencia en actos bien señalados, de los que más adelante daré cuenta. Por el contrario, otras diócesis, entre las que se podría señalar Santander o Bilbao, han incrementado su actividad interconfesional, aunque otras como Lugo, ni tenía delegado diocesano de ecumenismo en el 2002.

«Asisten como observadores cuatro hermanos católicos»

Entre los años 1963-67 se produjeron muchos contactos entre católicos y protestantes, de los que incluso se ha perdido la memoria. Las iglesias más implicadas en el ecumenismo seguían siendo la católica, la IEE, la IERE, en muchos casos la Iglesia bautista y en menor proporción la adventista. Los pastores de diferentes iglesias locales comentaban, y muchas veces estaban de acuerdo, las relaciones y actividades ecuménicas y lo mismo sucedía en muchas diócesis católicas. Continuaba la fraternidad y las iglesias protestantes podían comprobar el sincero interés de los católicos.

Las semanas de la unidad habían dejado importantes frutos en instituciones y organizaciones y entre los fieles católicos y protestantes. Sin embargo, por parte gubernamental las cosas no se habían movido ni un milímetro, por lo que algunos sabíamos que estábamos en el punto de mira de la policía. Había, además, un gran debate sobre la libertad religiosa en las Cortes, entre los protestantes y en ámbitos reducidos de la Iglesia católica, sin trascender casi en nada a la sociedad. El policía, siempre el mismo al menos en Madrid, que acudía a actos de las reuniones más importantes de los protestantes, enviado por el Ministerio de la Gobernación, lo vigilaba todo, daba sus informes y hasta se extrañaba de que «sacerdotes tan jóvenes fueran comisionados por sus superiores para estos encuentros».

La participación en actos conjuntos entre los católicos dedicados a estos menesteres y los protestantes se multiplicaban y se implicaba cada día más el compromiso ecuménico de ambos lados, pero de forma especial de los católicos, quienes veían a cada momento abiertos nuevos frentes de atención para ser coherentes con los presupuestos básicos del ecumenismo, mientras se mantenía la falta de sensibilidad de autoridades civiles y eclesiásticas. Además, las iglesias protestantes, que en esos años esperaban el mejor resultado sobre la posible Ley de Libertad Religiosa, implicaban cada vez más a los católicos que trabajan de forma auténtica y sincera en el campo ecuménico y se tuvieron reuniones conjuntas en las que participó el teólogo católico Juan Martín Velasco. Dos casos ilustrativos, entre tantos, subrayan esa situación de avance fraternal y a la vez de necesidad de que la jerarquía católica tomara el primer puesto ya en el camino ecuménico de España, que algunos habían desbrozado.

En páginas anteriores me referí con especial énfasis al pueblo toledano de Camuñas donde, desde el principio del protestantismo español, existe una comunidad de la IEE, atendida entonces desde Madrid por el pastor Poveda. Ocurrió que, alentados por el nuevo cura párroco, la feligresía católica hizo frente a la minoritaria feligresía protestante e incluso un domingo a la salida del culto el pastor halló pinchadas las ruedas de aquel «seiscientos», al que me he referido antes. Lo comentó con sus compañeros de Madrid y luego con el Secretariado de Ecumenismo de la diócesis. Inmediatamente Manuel Gesteira y José Luis Díez acompañaron a Poveda a una entrevista con el obispo auxiliar de Toledo, Anastasio Granados.

Le esperaron pacientemente pues se encontraba de visita pastoral a un pueblo y casi al anochecer, recién llegado, les recibió con toda fraternidad en su casa y atendió solícitamente sus quejas e instancias. El primer domingo que Poveda llegó a Camuñas todo fue distinto, el mismo párroco salió a saludar al pastor y se zanjó definitivamente aquella forma intolerante(41). El suceso y solución tuvieron amplia repercusión en la prensa de Europa y de los Estados Unidos de América, tanto en la religiosa como en los diarios de información general y política.

Del 6 al 8 de octubre de 1965 congregó en Madrid casi todos los pastores protestantes de las diversas iglesias de España y a algunos de sus laicos y representantes de iglesias extranjeras, el «II Congreso Nacional de Pastores Evangélicos Españoles». Durante dos jornadas y en diferentes templos de las diversas denominaciones se reunieron para estudiar su situación en relación con la libertad religiosa, la evangelización y el movimiento ecuménico, así como sobre la formación de los pastores y la unidad interna de sus congregaciones nacionales.

Semanas antes lo trataron con los católicos, proponiéndoles asistir como observadores. Consultaron los protestantes a sus jerarquías y obtuvieron una contestación favorable. Por su parte, los católicos lo expusieron al arzobispo Morcillo, a punto de salir hacia Roma para la última sesión conciliar, y encontraron la misma respuesta afirmativa. Asistieron como delegados u observadores católicos los sacerdotes: Manuel Gesteira, Ángel González Prado, José Luis Díez y el laico Enrique Miret Magdalena. En la mañana del día 6 tuvo lugar la solemne apertura en la catedral de la IERE, calle de Beneficencia, 18, y presidía el obispo Molina. Un mar de cabezas se agitó en todas direcciones cuando se anunció que asistían (y estaban allí presentes) como observadores cuatro hermanos católicos sacerdotes y un laico. Pero no se les distinguía pues iban con clerygman, igual que los pastores, y serían aquellos curas jóvenes a quienes habían muchos de ellos saludado con un gesto minutos antes en la esquina de la calle.

Alrededor del grupo de los católicos estaban Poveda, Daniel Vidal Regaliza, Mendoza y alguno más y les habían dicho que no se preocuparan si oían cosas algo duras, pues acudían muchos de tendencia radicalmente anticatólica. También asistía, entre las delegaciones extranjeras, el hermano Roberto de Taizé. En efecto, se produjeron momentos duros cuando algunos pedían en los diversos cultos, en voz alta, por la conversión de los católicos allí presentes y también por la del hermano Roberto. En pasillos tuvieron ocasión de dialogar con muchos pastores de toda España y poco a poco cedió la presencia de los pastores de Madrid en torno a la delegación católica al comprobar que iban siendo acogidos por la mayoría de los asistentes. Pero la televisión extranjera, en especial la holandesa, tenía en cada momento clavados sus objetivos en los observadores católicos.

Acerca del ecumenismo en este Congreso he señalado algo en páginas anteriores, cuando se propuso abandonar definitivamente el anterior anticatolicismo. Hay que añadir lo positivo de las conversaciones, en particular con el hermano Roberto, quien animó a los católicos a proseguir, subrayando el momento histórico que estaban creando y a que tuvieran gran confianza en el grupo de pastores ecuménicos de Madrid, Salamanca y Barcelona, todos ellos, recalcó, «entregados a la causa del ecumenismo en España». En la clausura del Congreso se dirigieron a todos los protestantes allí presentes, tal como aparece en el folleto «II Congreso de Obreros Evangélicos Españoles», publicado a raíz de su celebración, Enrique Miret Magdalena y José Luis Díez(42).

Animados por la participación los católicos, para quienes constituyó una imborrable experiencia y una buena ocasión de diálogo y comunicación, decidieron presentar a Morcillo, y así lo hicieron, un informe muy positivo de aquellas jornadas. Al encontrarse por aquellas fechas el arzobispo de Madrid en la última sesión del Concilio, decidieron comisionar a José Luis Díez para que informara por cortesía al obispo auxiliar Ángel Morta, a cargo de la diócesis por aquellos días. La entrevista resultó tensa, el obispo auxiliar escuchó sin despegar los labios y luego añadió a su interlocutor asuntos del Congreso que éste no le había narrado por considerarlos faltos de interés y referidos a ciertas expresiones de algunos pastores radicales contra la Iglesia católica. Quedaba claro que el obispo había obtenido con rapidez otras informaciones y que estas, lo más seguro, procedían de la policía. «Pero vosotros ¿de quién teníais permiso para estar allí?», le recriminó. Cuando le explicó que directamente del arzobispo, Morta dio por finalizada la entrevista. Pero ese interlocutor tuvo intervenido el teléfono durante meses. Días después, asistiendo a la última sesión del Vaticano II, tuvo la oportunidad de contarle todo a Casimiro Morcillo y de entregarle el informe(43).

Estas vicisitudes llegaron a crear en unos y en otros un alto grado de fraternidad y amistad en ambos grupos, aunque después con largos paréntesis por las circunstancias de la vida de cada uno. Por eso, cuando se recuerdan aquellas andanzas, retos y riesgos, se dicen cosas como las escritas por el pastor Luis Ruiz Poveda en la revista «Acontecimiento», año XI, número 34, en un artículo titulado «Movimiento Ecuménico en España».

Acontecimiento señalado fue también la consagración episcopal de Ramón Taibo Sienens. El 3 de agosto de 1966 fallecía Santos M. Molina. En el XXVI Sínodo extraordinario de los días 11-13 de noviembre del mismo año, en Madrid, fue elegido como tercer obispo de la IERE el presbítero Ramón Taibo y consagrado en la catedral de El Redentor el 28 de mayo de 1967. Diez obispos y un arzobispo, representando a varias iglesias anglicanas y uno a los viejo-católicos, impusieron sus manos sobre el obispo electo y el viejo-católico volvió a imponerle las suyas, repitiendo en latín las palabras «Accipe Spiritum Sanctum…». La IERE no quería que se pudiera suscitar luego el debate de la validez de la consagración de su obispo.

Por primera vez en la historia tenía lugar un significativo hecho ecuménico invitando especialmente a representantes de la Iglesia católica para esta ceremonia. Manuel Gesteira, Ángel González Prado y José Luis Díez ocuparon los lugares que señalaban: Iglesia católica, junto a los representantes de la Iglesia Evangélica Española y otras confesiones protestantes. La ceremonia fue pública y revistió una gran solemnidad. Por la tarde el nuevo obispo ofreció una recepción en el salón de los sínodos, en el complejo catedralicio de la calle de Beneficencia, donde leyó numerosos telegramas de felicitación: Arzobispo de Canterbury, de Cork, de Armagh, del Consejo Ecuménico de las Iglesias, y entre todo esto un sencillo ramillete de oraciones que unas religiosas de Madrid habían ofrecido por Ramón Taibo a lo largo de la semana anterior a su consagración episcopal. Ya tenía entonces buena aceptación en algunos círculos católicos.

Tras su consagración comenzó a llevar personalmente el ecumenismo de la IERE dentro y fuera de España. Siguió participando en las reuniones, diálogo y oración del grupo ecuménico y estuvo presente en muchas asambleas interconfesionales e internacionales. Con tan solo dos meses de ministerio episcopal asistió, como representante español, juntamente con el pastor Humberto Capó de la IEE, a la «V Conferencia de Iglesias Europeas», en Pörtschach (Austria), y el último día de la Semana de la Unidad de 1968, en un acto ecuménico presidido por el arzobispo de Valladolid, la predicación corrió a cargo del obispo Taibo.

Los dos polos de su actividad ecuménica fueron: las asambleas internacionales y la participación en actos ecuménicos por muchas diócesis españolas. Pronunció gran cantidad de conferencias de temas ecuménicos, presidió actos de culto interconfesional, era larga la lista de obispos católicos españoles con los que había compartido presidencia en estos actos. Presidió en 1969, en Madrid, junto con Morcillo y el arzobispo de Zaragoza, una memorable conferencia de Wisser’t Hooft, presidente honorario entonces del Consejo Ecuménico de las Iglesias, con motivo de las sesiones de trabajo del Presidium y el Comité Consultivo de la Conferencia de Iglesias Europeas, cuya clausura presidió también él en la catedral de la IERE, teniendo a su lado en el presbiterio a Benito Corvillón, que predicó, al obispo anglicano de Manchester, al arzobispo Cantero Cuadrado, presidente ya de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, al metropolita Alexis de Moscú, al obispo Wilm de la Iglesia luterana alemana, al metropolita rumano Justin, al mismo pastor Wisser’t Hooft y al pastor Humberto Capó de la IEE. Predicó en el «IV Congreso Evangélico Español» de ese mismo año, presidió la eucaristía del «III Congreso de la Asociación Ecuménica Internacional» en Salamanca en agosto de 1970, asistió a la «Conferencia Regional de Sociedades Bíblicas» en Bon y luego en Madrid presidió a menudo el «Comité de Edición de la Biblia Interconfesional»…

A un lado tantas de sus intervenciones, si citaré su asistencia al «I Congreso Internacional de Estudios Mozárabes», celebrado en Toledo del 26 de septiembre al 4 de octubre de 1975, a la V Asamblea del Consejo Ecuménico de las Iglesias en Nairobi (Kenia), del 3 de noviembre al 10 de diciembre de 1975, juntamente con el teólogo Vidal Regaliza de la IEE, Julián García Hernando del Secretariado de Ecumenismo de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y de Antoni Matabosch, del Centro Ecuménico de Barcelona. Consignaré su presencia en el Congreso Anglicano-Católico de Salamanca los días 31 de mayo y 11 de junio de 1977, cuando el Dr. Ramsey era investido doctor «honoris causa» y, finalmente, el acto gozoso de la plena integración de la Iglesia Española Reformada Episcopal en la Comunión Anglicana, el 2 de noviembre de 1980, al conmemorar también los cien años de esta Iglesia. La de Ramón Taibo fue una vida llena de lucha por el Evangelio, por el ecumenismo y cargada de actividad pastoral como lo refleja la publicación de «Cien años de testimonio. 1880-1980», en edición de la IERE.

No quiero olvidar esta anécdota: cultivó una profunda amistad con Julián García Hernando, el gran ecumenista español de quien hablaremos más adelante, y durante muchos años se reunían una o dos veces por semana a tomar un café en la Gran Vía madrileña. Ramón Taibo se explayaba acerca de sus dificultades en el ministerio episcopal y don Julián le contaba los continuos avatares del ecumenismo, después cada cual se dirigía a su puesto de trabajo; se desplazaron juntos a repetidos acontecimientos internacionales y cuando García Hernando llegó a la catedral de la IERE para asistir al sepelio de Ramón Taibo, el actual obispo López Lozano le invitó a esperar en su despacho, pero el sacerdote católico «iba a conversar un rato con su amigo don Ramón». Escribió una sentida necrológica en Pastoral Ecuménica.

El 31 de octubre de 1982 había sido consagrado como cuarto obispo de la IERE Arturo Sánchez Galán, que actuó el primer año como obispo coadjutor y fue instalado como diocesano el 23 de octubre de 1983 con la jubilación de don Ramón. El compromiso ecuménico del antiguo pastor de la IERE en Valencia y cofundador del Centro Interconfesional de aquella ciudad continuó siendo una realidad durante todo su ministerio episcopal, que duró hasta noviembre de 1995. En todo ese tiempo fomentó, participó, incrementó en su Iglesia el ecumenismo y actuó como parte importante del movimiento ecuménico español.

El 5 de noviembre de 1995 era consagrado quinto obispo de la IERE el pastor de Salamanca Carlos López Lozano. El arzobispo de Canterbury y primado de la Comunión Anglicana, Dr. George Carey, junto con varios obispos anglicanos y uno de la Iglesia vetero-católica, le impuso sus manos en la catedral del Salvador en Madrid. Cercano al ecumenismo desde sus años jóvenes, Carlos López Lozano participa muy activamente en la acción ecuménica, en conferencias, emisiones de radio, cultos de oración, en el Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad» de Madrid y en reuniones interconfesionales e internacionales. Es de destacar la recepción que el presidente de la Conferencia Episcopal Española hizo al primado anglicano Carey en la sede de la misma Conferencia con motivo de la consagración episcopal de Carlos López.

Iglesia ortodoxa

La presencia de la Ortodoxia en España comienza a principios del siglo XX, cuando algunos comerciantes griegos llegaron a trabajar a nuestro suelo. Más tarde, después de la segunda gran guerra, varios refugiados rusos y personas de otros países donde se había impuesto el régimen comunista se establecieron entre nosotros.

En 1949 se fundó la parroquia del apóstol san Andrés, bajo la jurisdicción del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla para las necesidades religiosas de todos los ortodoxos, sin distinción de nacionalidad, y ubicada en la calle de Luis Díaz Cobeña, 20, de Madrid, en un chalet. Regía esta iglesia el sacerdote ortodoxo georgiano P. Rafael Ivanitky. En el año de 1967 fue destinado a esta parroquia el P. Dimitri Tsiamparlis, con acuerdo unánime de toda la comunidad. El 17 de junio de 1968 y en cumplimiento del art. 23 de la Orden complementaria del 5 de abril de 1968 de la Ley 44/1967, de 28 de junio sobre Libertad Religiosa, la parroquia se inscribió bajo el número 6 S.G. en el Registro de Entidades Religiosas de la Dirección General de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia.

La llegada del nuevo responsable contribuyó a crear un nuevo dinamismo que culminó con el apoyo y colaboración de todos los fieles ortodoxos e importante aportación y participación de la empresa constructora española Donato Lasa, en la construcción del hermoso templo de estilo bizantino, en la calle de Nicaragua, 12, dedicado a san Andrés Apóstol y san Demetrio Gran Mártir y Myrobilta, cuya primera piedra se colocó el 11 de diciembre de 1971. La inauguración tuvo lugar el 3 de junio de 1973 por el entonces arzobispo ortodoxo griego de Francia, Meletios Karabinis, exarca del Patriarca Ecuménico de Constantinopla Dimitrios I.

En enero de 2003 fue erigida la nueva Metrópoli para España y Portugal, antes dependientes de Francia, con sede en Madrid y así esta parroquia se convierte en la primera catedral ortodoxa de España, en marzo fue nombrado metropolita Epifanios Perialas, consagrado en la iglesia de san Jorge del Patriarcado ecuménico de Constantinopla y fue entronizado en su nueva sede el 7 de junio del mismo 2003.

Este edificio es el único representativo de la Iglesia ortodoxa en toda la Península ibérica y está construido en estilo bizantino. Su iconostasio de madera totalmente elaborado en Grecia, sus iconos, sus frescos, obra de iconografos griegos y su iluminación dan a esta joven catedral ortodoxa un ambiente cálido y acogedor, invitando al rezo y al recogimiento. En 1975 el conjunto del edificio, que comprende el templo catedralicio, campanario, casa rectoral y salones, fue declarado edificio conservable por el Ayuntamiento de Madrid y recibe continuas visitas de numerosos alumnos de colegios e institutos y escuelas cristianas y cuyo estudio les sirve tanto para su desarrollo religioso y artístico como para descubrir el acercamiento armonioso y pacífico. Tienen comunidades en Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria, asistidas por el P. Tsiamparlis y el P. Rogelio Sáez Carbó, respectivamente, y en varias ciudades españolas celebran siempre en iglesias católicas.

El P. Tsiamparlis ha sido profesor de «Humanidades Contemporáneas» en la Universidad Autónoma de Madrid, es vocal de la Comisión de Libertades Religiosas del Ministerio de Justicia y ha participado en Congresos de este organismo en Toledo, Alcalá de Henares y Madrid; asistió en Santiago de Compostela a la Asamblea de «Fe y Constitución» de 1993 y a las Jornadas de Teología y Pastoral del Ecumenismo, es fundador del Comité Cristiano Interconfesional y ambos sacerdotes dictan conferencias en varias diócesis españolas.

En 1976, por los intercambios en estudios teológicos Iglesia católica-Iglesia ortodoxa rumana, hacía su doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca el sacerdote ortodoxo rumano Teofil Moldovan. En 1979 la Iglesia ortodoxa rumana era inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, aprobado el 10 de julio de 1980 y hoy aparece con el número 051 S.G. Ya en 1978 el cardenal Tarancón determinó que los cultos de esta Iglesia se celebraran en la iglesia del seminario diocesano a lo largo de un año. En septiembre de 1980 la Iglesia ortodoxa rumana, por invitación de los PP. Redentoristas de la iglesia del Redentor, de la calle Félix Boix de Madrid, comenzó la celebración de sus liturgias en la capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de esa parroquia y el 15 de noviembre de 2000, veinte años después, los cultos comenzaron en la iglesia del colegio de Nuestra Señora de la Consolación, en la plaza de Madre Molas.

La Iglesia ortodoxa rumana se halla establecida en 10 ciudades españolas: Madrid, Alcalá de Henares, Arganda del Rey, Zaragoza, Barcelona, Castellón, Valencia, Roquetas de Mar (Almería), Logroño y Calatayud. Cada una es atendida por su propio sacerdote y de todos el P. Moldovan es el arcipreste.

La actividad ecuménica de esta Iglesia es bien conocida y allí donde está participa de las diversas actividades ecuménicas. El P. Moldovan es fundador del Comité Cristiano Interconfesional, profesor del Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad» de Madrid, profesor de Teología Ortodoxa en el seminario conciliar de Madrid, en la Facultad teológica de San Dámaso, en el centro San Pablo-CEU, y lo fue hasta hace unos años en la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha pronunciado conferencias en numerosas diócesis españolas y trabaja en el Secretariado de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.

<< anterior

NOTAS

35. Tomado de la revista «Re-Unión», n. 39, pp. 20, 21 y 34.

36. En mi archivo de Ecumenismo conservo el borrador de aquel documento.

37. Resulta imposible para este trabajo mencionar aquellas reuniones con el obispo Casimiro Morcillo.

38. Este comienzo en templos evangélicos también tiene su historia, imposible de abordar en este trabajo.

39. «Vida Nueva», n. 2264, pp. 27ss.

40. También la homilía en este acto, pronunciada por Romero de Lema, goza de su historia propia.

41. La limitación de esta publicación nos obliga a no citar detalles verdaderamente curiosos.

42. Conservo en mi archivo personal el texto manuscrito de aquella intervención.

43. Documento que conservo en mi archivo personal.

 


CENTRO ECUMÉNICO
C/ José Arcones Gil,37,2º.
28017 MADRID, ESPAÑA
Tlf: [34] + 91 3675840