IV. EL ECUMENISMO
SE HACE PRESENTE
A la sombra de las
Semana de la Unidad
Las Semanas de la Unidad
fueron el gran motor para el despegue ecuménico
y el año de 1964 un especial punto de inflexión.
La Semana se celebraba ya en bastantes lugares:
Seminario de Segovia, Barcelona, Salamanca, Burgos,
Sevilla… En la de 1963 el prior de Taizé,
Roger Shutz, apareció en TVE invitando
a rezar por la unidad y meses después tuvo
en Sevilla una importante conferencia, invitado
por el entonces párroco de la parroquia
del Salvador, José Antonio Infantes Florido,
más tarde obispo de Córdoba y presidente
de la Comisión de Relaciones Interconfesionales
de la Conferencia Episcopal Española. Naturalmente,
esta visita a la capital andaluza tenía
no sólo el visto bueno, sino el entusiasmo
del cardenal Bueno Monreal, arzobispo de la archidiócesis
sevillana. Acompañado de los hermanos Robert
y Didier hizo el prior de Taizé unas importantes
declaraciones. Sí, ciertamente, el espíritu
ecuménico se movía por España.
En enero de 1964 llegó
la gran eclosión tanto en la celebración
de la Semana de Oración por la Unidad de
signo confesional (católicos y protestantes
por separado en sus templos), como de tipo interconfesional,
en las que se producían las escenas más
emotivas e inesperadas con abrazos mutuos y peticiones
de perdón entre fieles de las diferentes
iglesias, al finalizar los actos de oración
o las conferencias que, a veces, les acompañaban.
El Centro Juan XXIII de
Salamanca programó una conferencia dictada
por el catedrático de Historia de la Iglesia,
Dr. Sala Balús, sobre «El Concilio
Vaticano II en sus aspectos ecumenistas».
Distintos miembros de ese Centro Ecuménico
pronunciaron también otras conferencias
en siete colegios mayores de la capital salmantina
al mismo tiempo que una exposición bibliográfica
pasaba por bastantes otros colegios de las universidades
civil y eclesiástica; Radio Popular de
Salamanca retransmitió algunos actos litúrgicos
y la víspera del comienzo de la Semana
José Sánchez Vaquero pronunció
el «Pregón de la Unidad Cristiana».
Merece Salamanca un lugar
destacado en las Semanas de la Unidad. Como preparación
a la de 1965 organizó el Centro Ecuménico
Juan XXIII un ciclo de conferencias sobre el decreto
de Ecumenismo en el Instituto Teológico
de Santa Catalina, para religiosas, y un segundo
ciclo sobre el mismo tema para estudiantes de
teología. Por otra parte, en la Universidad
Pontificia, dictaron conferencias sobre temas
de la unión de los cristianos los doctores
Sánchez Vaquero, Martín Hernández
y Fernando Sebastián Aguilar, actual arzobispo
de Pamplona.
Las Semanas de la Unidad
en Salamanca han ido siempre «in crescendo».
Actualmente el Centro de Estudios Orientales y
Ecuménicos Juan XXIII organiza en el ámbito
de la Universidad en estas fechas, aunque abierto
a toda persona interesada de la ciudad, un acto
académico con conferencia y durante dos
o tres días diversos actos de culto para
la oración por la unidad, cultos en los
cuales participan miembros de diversas confesiones
cristianas.
A este respecto es momento
de recordar la influencia que tuvieron en las
Semanas de la Unidad de los primeros años
las actividades del pastor de la IERE, Antonio
de Andrés Puchades, quien, ordenado presbítero
en mayo de 1966, actuó como responsable
de su Iglesia en esta ciudad, estudió teología
en la Universidad Pontificia, intervino en numerosas
actividades ecuménicas en Salamanca, Madrid
y luego en Valencia, donde fue destinado, y participó
en los Encuentros Interconfesionales de El Espinar
(Segovia) y en múltiples jornadas interconfesionales,
nacionales e internacionales.
Por otra parte, Mauro Rubio
Repullés, ya inmerso en el ecumenismo en
Madrid, nombrado obispo de Salamanca, fomentó
y tomó parte activa en muchos actos interconfesionales.
El elenco de intelectuales ecuménicos en
esta ciudad universitaria ha sido notable, por
eso su ecumenismo siempre ha tenido la connotación
de teológico.
Entre las aportaciones ecuménicas
salmantinas en años sucesivos hay que destacar
la Asamblea de «Fe y Constitución»
en el año 1973 y la concesión del
doctorado «honoris causa» al ex arzobispo
de Canterbury, Arthur Michael Ramsey, en mayo
de 1977, y a Max Thurian de Taizé el 22
de mayo de 1987. José Sánchez Vaquero
es también un reconocido pionero del ecumenismo
español y uno de los fundadores del Secretariado
de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Española,
en 1967. Uno de los delegados de ecumenismo de
Salamanca y director de este Centro Ecuménico
fue el actual obispo de Almería, Adolfo
González Montes, eminente teólogo
y autor de obras ecuménicas tan estimables
como el «Enchiridium Oecumenicum».
Actualmente es el P. Fernando Rodríguez
Garrapucho, SCJ, quien acertadamente rige los
destinos ecuménicos del «Centro de
Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII»,
del que trataremos más adelante. Se han
publicado, finalmente, dos revistas: «Renovación
Ecuménica» y «Diálogo
Ecuménico», que alcanza ya el número
122.
En Huelva, cuyo obispo era
Pedro Cantero Cuadrado, miembro del Secretariado
para la Unidad de los cristianos y presidente
del Secretariado de Ecumenismo de la Conferencia
Episcopal Española, con motivo de la Semana
de la Unidad de 1964 se constituyó el «Centro
Ecuménico Pablo VI» «para orientar,
encauzar y fomentar un ambiente y un espíritu
ecuménicos en conformidad con la normativa
de la Santa Sede Apostólica y las directrices
del Secretariado de Roma».
Sus miembros eran sacerdotes
y seglares capacitados. Se designó un director
técnico, un secretario y un bibliotecario.
Se quería fomentar el ecumenismo a través
de esos miembros y relacionarse con otros centros
ecuménicos de España. El obispo
Cantero pronunció esa Semana de la Unidad
una conferencia sobre «El Concilio Vaticano
II y la opinión pública» y
el día 20 de enero habló en Radio
Popular de «Nuestros hermanos los rusos»
Alonso del Real. El P. Ricardo Franco, SJ, pronunció
otra conferencia con el título de «Lutero,
fuerza y flaqueza de su personalidad» y
«Los caminos de la unión: el movimiento
ecuménico en las iglesias separadas».
Por su parte, el P. Manuel Sotomayor, SJ, celebró
una misa en rito bizantino y habló sobre
«Luces y sombras del Oriente». Para
clausurar la Semana de la Unidad, el día
25 Blas Piñar Pérez dio una charla
sobre «Algunos aspectos del concilio Vaticano
II»(35).
La joven diócesis
de Huelva trataba de insertarse en el vivo ecumenismo
de aquellos años, si bien poco se ha vuelto
a conocer de ese Centro Ecuménico.
El Papa había encendido
el ambiente para la Semana de la Unidad con una
hermosa Exhortación apostólica y
Madrid, después de los satisfactorios resultados
del primer acercamiento católico-protestante
se aprestó a la primera Semana de la Unidad
interconfesional. Cada día se celebraba
el culto de oración ecuménica en
la capilla bizantina del Centro Ecuménico-Oriental
y se señalaron tres de esas fechas para
conferencias en la Biblioteca del Centro.
Cada jornada asistía
un centenar de cristianos de diferentes confesiones.
El primer día, el 18, dictó el tema
el teólogo ortodoxo ruso y colaborador
del Centro, Alexis Stawrosky, acerca de «Los
elementos ecuménicos de la Ortodoxia».
El día 22 el teólogo y pastor de
la IEE, Daniel Vidal Regaliza, lo hizo sobre «Los
elementos ecuménicos del protestantismo»,
y el 24 disertó sobre «Elementos
ecuménicos del catolicismo» el sacerdote
y profesor de Teología católica
Mauro Rubio Repullés.
Como la mayoría de
los laicos católicos asistentes eran invitados
de entre los dirigentes de los hombres de la Acción
Católica del Consejo diocesano y nacional,
se daba a la salida de las conferencias el dato
curioso, y muy comentado por los pastores y sacerdotes
organizadores, de que algunos, muy educadamente,
comentaban: «No, si asistiremos a la canonización
de Lutero». Esta y otras expresiones eran
el termómetro indicador del clima ecuménico,
incluso entre quienes asistían a aquellos
cultos de oración. Cosas parecidas ocurrían
por parte protestante. Es de señalar que
pocos meses después Mauro Rubio era nombrado
obispo de Salamanca.
Pero lo importante de aquella
primera Semana Interconfesional de la Unidad en
Madrid se vivió el día de la clausura.
Para ella se eligió la céntrica
parroquia de Santa Bárbara y presidió,
bien complacido, José María García
Lahiguera. Era, posiblemente, la primera vez que
un obispo católico presidía en España
una oración ecuménica en público.
La predicación corrió a cargo de
Ángel González Prado, Consiliario
diocesano de las «Mujeres de Acción
Católica». Antes de pasar adelante
es preciso apuntar la efectiva labor ecuménica
que realizaron en Madrid los dos hermanos sacerdotes
González Prado Jesús, muchos años
director de la Oficina Diocesana de Prensa e Información,
ayudó siempre en estas actividades ecuménicas
con todos los medios técnicos, humanos
y económicos necesarios para su desarrollo;
sin su ayuda hubiera sido poco menos que imposible
llegar a muchos de los objetivos. Puso especialmente
a disposición de la información
ecuménica las páginas que fueran
menester tanto en el semanario diocesano «Luz
y Vida», como en la revista editada en las
sesiones conciliares titulada «Concilio»,
y la edición del material necesario para
la Semana y otros momentos en los primeros años.
Ambos buscaron personas, lugares… para facilitar
tantas cosas como requerían los primeros
actos interconfesionales.
Ya para estas fechas había
llegado de Alemania Manuel Gesteira Garza, joven
sacerdote de esta diócesis formado en la
Universidad Católica de Munich y enseguida
profesor de Protestantismo en el Seminario Conciliar.
Con su formación teológica, su incesante
labor ecuménica contribuyó a un
importante avance en las relaciones interconfesionales.
Su coche «600» y el del pastor Poveda
atravesaron continuamente las calles madrileñas
en busca de posibilidades de que algunos periódicos
nos publicasen, cosa difícil en aquellos
tiempos, los comunicados y notas conjuntas. Eran
actividades sospechosas entonces para la prensa.
Delegado diocesano de ecumenismo
de la diócesis de Madrid, tomó parte
activa también en varias Semanas de Teología
y Pastoral Ecuménicas de Salamanca, organizando
en Madrid durante años múltiples
actividades ecuménicas, es profesor del
Centro Ecuménico «Misioneras de la
Unidad», ha intervenido en foros de ecumenismo,
ha escrito artículos sobre el tema, es
otro de los pioneros del ecumenismo en España
y un excelente teólogo, que ha ejercido
su docencia en el Seminario Diocesano de Madrid,
en la Universidad de Comillas y en la Facultad
Teológica de San Dámaso. Fue sucedido
en la delegación por Mariano Perrón,
que continúa en la actualidad.
En Segovia tuvo también
especial importancia la Semana de la Unidad de
1964. Hacía ya dos años que había
nacido el Instituto de las «Misioneras de
la Unidad», fundado por Julián García
Hernando, rector del Seminario diocesano. En este
se venía celebrando el Octavario por la
Unión de las Iglesias desde que llegara
como rector don Julián, hacía 14
años. Unas veces acudía el P. Morillo,
otras el P. Francisco Aguirre u otros sacerdotes
cercanos al mundo oriental. Este año se
acercó al P. Ignacio Saadé, de los
maronitas de Salamanca, en cuya casa funcionaba
todo el movimiento ecuménico de aquella
diócesis. Además, hubo gran novedad:
la visita y conferencia del hermano Roberto de
Taizé. Sorpresa para los seminaristas,
la ciudad y el propio obispo, Daniel Llorente
y Federico, que, haciendo gala una vez más
de su comprensión y tolerancia, dijo al
rector: «Me parece bien que este monje de
Taizé hable en el Seminario, pero siempre
que usted se halle presente». El ya conocía
a los monjes de Taizé por las sesiones
conciliares y ponía en práctica
lo que había aprendido como padre conciliar.
Debió ser en el primer seminario católico
español donde hablaba un protestante.
La «Academia Ecuménica»,
que existía en este centro, organizó
oraciones especiales y la predicación cada
día de los alumnos del último curso
de Teología. Hicieron, además, una
exposición de libros y revistas de tema
ecuménico, más abundantes que otros
años. Como en otras ocasiones, desde el
estudio de radio del Seminario, en conexión
con Radio Segovia, se realizaron emisiones sobre
ecumenismo a toda la diócesis. En esta
iglesia particular se celebran cada año
de forma especial estas jornadas de oración
organizadas por el delegado de ecumenismo, Domiciano
Monjas Ayuso, bien conocido en el campo ecuménico.
Sacerdotes ortodoxos o pastores protestantes acuden
con frecuencia a Segovia a participar en la Semana
de la Unidad.
Al igual que en estas diócesis
enumeradas, ocurrió ese año en otras
muchas, como en Burgos, Toledo, Valladolid, Zaragoza,
etc., en las que ya se celebrarán siempre
y cada vez con mejor acogida.
En marzo de 1964 llegaba
a Madrid como arzobispo Casimiro Morcillo González,
que, como subsecretario del Concilio, había
asimilado su doctrina ecuménica, por los
avances del documento «Unitatis redintegratio»,
aprobado en el aula conciliar el 21 de noviembre
de 1964. Casimiro Morcillo había escrito
ya algún libro sobre ecumenismo, en el
discurso de saludo al pueblo madrileño
aludió a los hermanos separados e hizo
una preciosa apología de la ecumenicidad
en un ciclo de conferencias sobre el Concilio.
Una de las cosas que realizó
al poco de llegar fue solicitar del redactor-jefe
de «Re-Unión», a quien había
llamado a capítulo, un informe sobre el
ecumenismo en su nueva diócesis y la situación
protestante en particular. ¿A quién
acudir si sólo conocía a unas pocas
iglesias, las ecuménicas? El P. Sánchez
de León, SJ., director de «Fe Católica»,
le puso al habla con un señor, que descubrió
después como un alto jefe de la policía,
quien, sin pedirle parecer alguno, le condujo
en su mismo coche oficial a la entonces Dirección
General de Seguridad en la Puerta del Sol madrileña
y puso a su disposición los archivos. Tratado
con exquisita amabilidad por los distintos funcionarios,
después de atravesar despachos y más
despachos, se encontró ante los ficheros
sobre los que se leía: «Masones,
comunistas, judíos y protestantes».
Su perplejidad fue enorme. El informe llegó,
por fin, a manos de Casimiro Morcillo, pero no
utilizó aquellas fichas.
Lo cierto es que la Semana
de la Unidad de 1965 resultó memorable.
El mismo Morcillo, que había escrito en
el Boletín Oficial de la Archidiócesis
una Carta pastoral con motivo de la Semana de
la Unidad(36), quiso presidir la solemne clausura
y, reunido con quienes organizaban esas fechas,
les animó a continuar trabajando por la
causa de la unidad de los cristianos(37).
El culto tuvo lugar en la
parroquia del Buen Suceso con la predicación
del joven obispo auxiliar de Madrid, José
Guerra Campos, y la asistencia de Máximo
Romero de Lema y de un numeroso grupo de pastores:
Corvillón, Poveda, Taibo, Mendoza, Vidal
Regaliza y el obispo Santos M. Molina. El templo
aparecía abarrotado de files católicos
y protestantes. Al finalizar el culto Morcillo
recibió a los pastores, con cierto nerviosismo
y emoción, en una dependencia de la parroquia
y fue saludando uno a uno, el último el
obispo Molina ante él, con su clerygman
morado y su cruz pectoral, Casimiro Morcillo balbuceó
algo y le saludó de forma especial. En
esta eclosión de jerarquías eclesiásticas
interconfesionales, debemos de pedir ciertas disculpas
a nuestros hermanos protestantes porque siempre
les metíamos en algún embolado,
que ellos también siempre comprendían
y disculpaban, pues los tiempos eran muy otros:
en esta ocasión el culto se desarrolló
con una solemnísima exposición del
Santísimo Sacramento y en otras era una
misa o cosa parecida. Sí, eran otros los
tiempos y ellos siempre fueron comprensivos.
Al día siguiente
comentó Santos Molina: «Nunca había
saludado a un obispo católico… La
pena es que esto me encuentre ya tan achacoso».
Meses después fallecía. Casimiro
Morcillo, preguntado unos días después
por aquel balbuceo explicó: «Me causó
una enorme sorpresa, de repente, allí,
un obispo protestante español…».
Los cultos de aquel año
también habían tenido lugar los
tres primeros días en la Iglesia Evangélica
Española de la calle Noviciado, 538, los
cuatro últimos en el Centro Ecuménico-Oriental
de la calle de Claudio Coello, 29, y habían
sido presididos conjuntamente por sacerdotes,
pastores y por el hermano Roberto de Taizé,
al igual que las predicaciones de cada día.
En la biblioteca del Centro del P. Morillo se
celebraron después de los cultos cuatro
conferencias: «Pasos ecuménicos del
Concilio Vaticano II», por el sacerdote
Carlos Castro Cubells; «Una trayectoria
ecuménica: el Consejo Ecuménico
de las Iglesias», por el pastor Benito Corvillón;
«Misión del cristiano en el mundo»,
por Ángel Vegas, miembro del Consejo Nacional
de los Hombres de Acción Católica,
siempre dispuesto a ayudar en este terreno; «Hacia
la unión de los cristianos», el último
día, por el hermano Roberto de Taizé.
La efusión entre católicos y protestantes
fue notable y llamándose hermanos se fundían
en mutuos abrazos.
Como el ecumenismo avanzaba
a velas desplegadas surgieron acontecimientos
dignos de destacar. Con motivo del Año
Santo Compostelano el Ministerio de Información
y Turismo de Fraga Iribarne, juntamente con el
Arzobispado de Santiago, organizaron una Semana
de la Unidad del 1 al 6 de junio de aquel 1965.
Fueron invitados a ella el P. Albarracín,
por el Centro Oriental; por el Centro Ecuménico
Juan XXIII de Salamanca José Sánchez
Vaquero; y por el Secretariado de Ecumenismo de
la diócesis de Madrid Manuel Gesteira y
José Luis Díez. Naturalmente, no
cabía protestante alguno puesto que pagaba
generosamente el citado Ministerio. Cada día
se celebraban cultos solemnes de oración
por la unidad cristiana en san Martín Pinaro,
con unas «paraliturgias» editadas
al efecto y luego tenía lugar una conferencia
en el Palacio de Fonseca. El obispo Guerra Campos
disertó el primero sobre «Sentido
unitario del cristianismo»; sobre «Sentido
unitario del Vaticano II» lo hizo al otro
día el P. Albarracín; Manuel Gesteira
sobre «El Decreto de Ecumenismo y la moderna
teología protestante»; del «Decreto
conciliar sobre las Iglesias Orientales Católicas»
José Luis Díez; Sánchez Vaquero
acerca de «El misterio de unidad y la oración
por la unidad»; la última conferencia
estuvo a cargo de Blas Piñar Pérez,
que habló sobre «Santiago, faro de
unidad».
La Semana se clausuró
con una solemne misa en rito bizantino el día
de Pentecostés, para lo que trajeron al
patriarca Stephanos I Sidarous, de Alejandría,
con residencia en El Cairo y cardenal de la Santa
Iglesia Romana. A todos los actos asistió
el cardenal Quiroga Palacios, arzobispo de Santiago
de Compostela y presidente de la Conferencia Episcopal
Española, quien siempre aceptó de
buen grado todas las sugerencias ecuménicas,
opinaba que aquellas cosas eran más bien
propias de los ecumenistas y cuando se le pidió
alguna decisión repetía que lo dejaba
todo en manos de quienes actuaban en aquellos
terrenos. La crónica de esta singular Semana
de la Unidad y conferencias se encuentra en el
número 48-49 de la revista «Re-Unión»
de los meses julio-octubre de 1966. Se habla también
de estas jornadas en «Orígenes del
Ecumenismo en España»(39).
Mientras, el ecumenismo
iba cobrando entidad en las diversas iglesias
cristianas de España y durante todo el
1965 abundaron reuniones entre católicos
y protestantes, convencidos de que aquel era un
momento decisivo para acercar muchas posiciones
bien distanciadas. Por eso la Semana de la Unidad
de 1966 no se limitó únicamente
a actos de culto y conferencias. Durante tres
días se reunieron en cenas de trabajo sacerdotes
y laicos católicos con pastores de distintas
confesiones en Madrid. Trabajos que se prolongaron
incluso días después de la Semana
de la Unidad.
Uno de los principales temas
analizados se refirió a la libertad religiosa
y a la intensificación de relaciones ecuménicas
entre las iglesias, aunque fueron trabajos sin
encomienda oficial alguna de las respectivas iglesias.
Ese año los cultos de oración de
la Semana fueron también presididos tanto
por católicos como por protestantes y se
celebraron en Madrid en la Iglesia Evangélica
de la calle Calatrava y en el colegio católico
de Jesús y María de la calle Juan
Bravo, 13, donde pronunciaron conferencias el
conocido laico Enrique Miret Magdalena, vinculado
a la actividad ecuménica pues era interlocutor
válido con varios de los pastores citados
y otros, daba conferencias en algunas de sus reuniones,
dialogaba fraternalmente con ellos y ellos tenían
mucha confianza en él, habló sobre
«Ecumenismo y laicado»; el pastor
Vidal Regaliza sobre «Servicio y Unidad»;
acerca de la «Oración por la Unidad
Cristiana» José Sánchez Vaquero
de la Universidad de Salamanca y Centro Ecuménico
Juan XXIII; Manuel Useros Carretero, profesor
de Derecho Canónico también de esa
misma Universidad habló sobre «Libertad
religiosa»; sobre «Biblia y Pueblo
de Dios», disertó el pastor de la
IEE, Humberto Capó, entonces a cargo de
su iglesia en Palma de Mallorca. La clausura tuvo
lugar en la parroquia de Santa Rita, calle de
Gaztambide, 73, presidida por el obispo auxiliar
Maximino Romero de Lema40.
Durante los mismos días
de esta Semana y organizados por el Centro Oriental
del P. Albarracín tuvo lugar un Cursillo
de Formación Ecuménica con el siguiente
programa: «La unión en el plan salvífico
de Dios», por Salvador Muñoz Iglesias,
profesor de Sagrada Escritura en el Seminario
conciliar de Madrid; «La unidad en los documentos
conciliares», por Andrés Avelino
Esteban y Romero, del Instituto Suárez
del CSIC; «La unidad y el Consejo Mundial
de las Iglesias», por Julián García
Hernando, doctor en Historia Civil; «El
Concilio mira al Oriente », por José
Sánchez Vaquero, del Centro Ecuménico
Juan XXIII de Salamanca; «Vocación
a la unidad de las religiones no cristianas»,
por Vicente Serrano, de la Comisión Episcopal
de Cine, Radio y Televisión; «La
unidad vocación universal de los creyentes»,
por Francisco Albarracín, SJ., director
de la revista «Oriente Cristiano».
¿Fue ésta una Semana de la Unidad
paralela a la interconfesional? Así se
pensó entonces.
En las diócesis ya
aludidas y en algunas otras por primera vez se
celebró la Semana de la Unidad de 1967,
destacando Salamanca con un interesante diálogo
entre sacerdotes seglares dirigentes del Centro
Ecuménico Juan XXIII y cuatro pastores
llegados desde Madrid con ocasión de las
conferencias que sobre libertad religiosa pronunció
el pastor José Cardona Gregori, para laicos
unas y otras para sacerdotes y seminaristas de
la Universidad Pontificia.
Con amplia información
se refirió el día 25 de enero la
prensa a la conferencia del Dr. Pedro Laín
Entralgo, catedrático de la Facultad de
Medicina de la Universidad Complutense, pronunciada
en la Iglesia de Jesús, de la IEE, en la
calle de Calatrava 25, sobre «Ecumenismo
y apertura al prójimo». En los días
anteriores el culto interconfesional se había
celebrado en la capilla del Colegio de Jesús
y María en cuyo salón de actos disertó
el Dr. Perarnau, teólogo conciliar y desde
muchos años en la brecha ecuménica,
colaborador del arzobispo de Tarragona, Pont i
Gol, y luego profesor de Teología de la
Facultad de Barcelona sobre «Sentido dogmático
de la oración ecuménica» y
acerca de «Ecumenismo y Biblia» el
pastor de la IEE Ignacio Mendoza, profesor del
Seminario Evangélico Unido de Madrid.
Por su parte el P. Albarracín
convocaba por segundo año consecutivo,
en los mismos días y horas de la semana
interconfesional, la segunda semana de Formación
Ecuménica con culto católico y conferencias.
Habló Guerra Campos de «La Iglesia
sacramento de unidad»; acerca de «Rupturas
y unidad de la Historia de la Iglesia»,
Julián García Hernando; «Situación
actual del problema de la unidad» fue tratado
por el P. Albarracín y clausuró
la semana el seglar católico Antonio García
de Pablos, de la Acción Católica,
con el tema «Los seglares en el Ecumenismo».
Además, el día 18 de enero se tuvo
un culto interconfesional en la capilla anglicana
de san Jorge, de la Embajada británica,
organizado por algunos católicos y anglicanos.
A partir de este año
la celebración de la Semana de la Unidad
fue generalizándose en todas las diócesis,
sobre todo cuando existía delegación
de ecumenismo, muchas veces con cultos interconfesionales
y algunas presididos por el mismo obispo.
Cuando se inauguró
la catedral de Nuestra Señora la Real de
la Almudena, presidió el cardenal Suquía
el primer año la apertura de la Semana
de la Unidad, acompañado de los representantes
de varias iglesias no católicas de Madrid,
predicando el pastor de la IEE Samuel Pimentel
y solía después clausurarse en la
catedral de la IERE o en otras iglesias protestantes.
Igual ocurrió en los primeros años
del cardenal Rouco Varela, incluso uno de ellos,
terminada la Semana, invitó al obispo de
la IERE y a varios pastores de esta Iglesia y
de la IEE a una comida fraterna en el Seminario
diocesano. Al año siguiente repitió
la invitación el obispo Carlos López
Lozano, en su sede episcopal de la calle de la
Beneficencia.
A partir de 1998 el cardenal
Rouco no hizo más apariciones por la Semana
de Oración por la Unidad, nunca había
escrito documento alguno sobre estas fechas tan
señaladas, ni se ha referido en ninguna
ocasión en sus repetidas intervenciones
semanales radiofónicas o escritas a la
celebración de esas jornadas de oración
y fraterna acogida entre unos y otros, excepto
en este año 2004 que lo hizo por la Cadena
COPE y en el semanario «Alfa y Omega»,
y ha rehuido su presencia en actos bien señalados,
de los que más adelante daré cuenta.
Por el contrario, otras diócesis, entre
las que se podría señalar Santander
o Bilbao, han incrementado su actividad interconfesional,
aunque otras como Lugo, ni tenía delegado
diocesano de ecumenismo en el 2002.
«Asisten como
observadores cuatro hermanos católicos»
Entre los años 1963-67
se produjeron muchos contactos entre católicos
y protestantes, de los que incluso se ha perdido
la memoria. Las iglesias más implicadas
en el ecumenismo seguían siendo la católica,
la IEE, la IERE, en muchos casos la Iglesia bautista
y en menor proporción la adventista. Los
pastores de diferentes iglesias locales comentaban,
y muchas veces estaban de acuerdo, las relaciones
y actividades ecuménicas y lo mismo sucedía
en muchas diócesis católicas. Continuaba
la fraternidad y las iglesias protestantes podían
comprobar el sincero interés de los católicos.
Las semanas de la unidad
habían dejado importantes frutos en instituciones
y organizaciones y entre los fieles católicos
y protestantes. Sin embargo, por parte gubernamental
las cosas no se habían movido ni un milímetro,
por lo que algunos sabíamos que estábamos
en el punto de mira de la policía. Había,
además, un gran debate sobre la libertad
religiosa en las Cortes, entre los protestantes
y en ámbitos reducidos de la Iglesia católica,
sin trascender casi en nada a la sociedad. El
policía, siempre el mismo al menos en Madrid,
que acudía a actos de las reuniones más
importantes de los protestantes, enviado por el
Ministerio de la Gobernación, lo vigilaba
todo, daba sus informes y hasta se extrañaba
de que «sacerdotes tan jóvenes fueran
comisionados por sus superiores para estos encuentros».
La participación
en actos conjuntos entre los católicos
dedicados a estos menesteres y los protestantes
se multiplicaban y se implicaba cada día
más el compromiso ecuménico de ambos
lados, pero de forma especial de los católicos,
quienes veían a cada momento abiertos nuevos
frentes de atención para ser coherentes
con los presupuestos básicos del ecumenismo,
mientras se mantenía la falta de sensibilidad
de autoridades civiles y eclesiásticas.
Además, las iglesias protestantes, que
en esos años esperaban el mejor resultado
sobre la posible Ley de Libertad Religiosa, implicaban
cada vez más a los católicos que
trabajan de forma auténtica y sincera en
el campo ecuménico y se tuvieron reuniones
conjuntas en las que participó el teólogo
católico Juan Martín Velasco. Dos
casos ilustrativos, entre tantos, subrayan esa
situación de avance fraternal y a la vez
de necesidad de que la jerarquía católica
tomara el primer puesto ya en el camino ecuménico
de España, que algunos habían desbrozado.
En páginas anteriores
me referí con especial énfasis al
pueblo toledano de Camuñas donde, desde
el principio del protestantismo español,
existe una comunidad de la IEE, atendida entonces
desde Madrid por el pastor Poveda. Ocurrió
que, alentados por el nuevo cura párroco,
la feligresía católica hizo frente
a la minoritaria feligresía protestante
e incluso un domingo a la salida del culto el
pastor halló pinchadas las ruedas de aquel
«seiscientos», al que me he referido
antes. Lo comentó con sus compañeros
de Madrid y luego con el Secretariado de Ecumenismo
de la diócesis. Inmediatamente Manuel Gesteira
y José Luis Díez acompañaron
a Poveda a una entrevista con el obispo auxiliar
de Toledo, Anastasio Granados.
Le esperaron pacientemente
pues se encontraba de visita pastoral a un pueblo
y casi al anochecer, recién llegado, les
recibió con toda fraternidad en su casa
y atendió solícitamente sus quejas
e instancias. El primer domingo que Poveda llegó
a Camuñas todo fue distinto, el mismo párroco
salió a saludar al pastor y se zanjó
definitivamente aquella forma intolerante(41).
El suceso y solución tuvieron amplia repercusión
en la prensa de Europa y de los Estados Unidos
de América, tanto en la religiosa como
en los diarios de información general y
política.
Del 6 al 8 de octubre de
1965 congregó en Madrid casi todos los
pastores protestantes de las diversas iglesias
de España y a algunos de sus laicos y representantes
de iglesias extranjeras, el «II Congreso
Nacional de Pastores Evangélicos Españoles».
Durante dos jornadas y en diferentes templos de
las diversas denominaciones se reunieron para
estudiar su situación en relación
con la libertad religiosa, la evangelización
y el movimiento ecuménico, así como
sobre la formación de los pastores y la
unidad interna de sus congregaciones nacionales.
Semanas antes lo trataron
con los católicos, proponiéndoles
asistir como observadores. Consultaron los protestantes
a sus jerarquías y obtuvieron una contestación
favorable. Por su parte, los católicos
lo expusieron al arzobispo Morcillo, a punto de
salir hacia Roma para la última sesión
conciliar, y encontraron la misma respuesta afirmativa.
Asistieron como delegados u observadores católicos
los sacerdotes: Manuel Gesteira, Ángel
González Prado, José Luis Díez
y el laico Enrique Miret Magdalena. En la mañana
del día 6 tuvo lugar la solemne apertura
en la catedral de la IERE, calle de Beneficencia,
18, y presidía el obispo Molina. Un mar
de cabezas se agitó en todas direcciones
cuando se anunció que asistían (y
estaban allí presentes) como observadores
cuatro hermanos católicos sacerdotes y
un laico. Pero no se les distinguía pues
iban con clerygman, igual que los pastores, y
serían aquellos curas jóvenes a
quienes habían muchos de ellos saludado
con un gesto minutos antes en la esquina de la
calle.
Alrededor del grupo de los
católicos estaban Poveda, Daniel Vidal
Regaliza, Mendoza y alguno más y les habían
dicho que no se preocuparan si oían cosas
algo duras, pues acudían muchos de tendencia
radicalmente anticatólica. También
asistía, entre las delegaciones extranjeras,
el hermano Roberto de Taizé. En efecto,
se produjeron momentos duros cuando algunos pedían
en los diversos cultos, en voz alta, por la conversión
de los católicos allí presentes
y también por la del hermano Roberto. En
pasillos tuvieron ocasión de dialogar con
muchos pastores de toda España y poco a
poco cedió la presencia de los pastores
de Madrid en torno a la delegación católica
al comprobar que iban siendo acogidos por la mayoría
de los asistentes. Pero la televisión extranjera,
en especial la holandesa, tenía en cada
momento clavados sus objetivos en los observadores
católicos.
Acerca del ecumenismo en
este Congreso he señalado algo en páginas
anteriores, cuando se propuso abandonar definitivamente
el anterior anticatolicismo. Hay que añadir
lo positivo de las conversaciones, en particular
con el hermano Roberto, quien animó a los
católicos a proseguir, subrayando el momento
histórico que estaban creando y a que tuvieran
gran confianza en el grupo de pastores ecuménicos
de Madrid, Salamanca y Barcelona, todos ellos,
recalcó, «entregados a la causa del
ecumenismo en España». En la clausura
del Congreso se dirigieron a todos los protestantes
allí presentes, tal como aparece en el
folleto «II Congreso de Obreros Evangélicos
Españoles», publicado a raíz
de su celebración, Enrique Miret Magdalena
y José Luis Díez(42).
Animados por la participación
los católicos, para quienes constituyó
una imborrable experiencia y una buena ocasión
de diálogo y comunicación, decidieron
presentar a Morcillo, y así lo hicieron,
un informe muy positivo de aquellas jornadas.
Al encontrarse por aquellas fechas el arzobispo
de Madrid en la última sesión del
Concilio, decidieron comisionar a José
Luis Díez para que informara por cortesía
al obispo auxiliar Ángel Morta, a cargo
de la diócesis por aquellos días.
La entrevista resultó tensa, el obispo
auxiliar escuchó sin despegar los labios
y luego añadió a su interlocutor
asuntos del Congreso que éste no le había
narrado por considerarlos faltos de interés
y referidos a ciertas expresiones de algunos pastores
radicales contra la Iglesia católica. Quedaba
claro que el obispo había obtenido con
rapidez otras informaciones y que estas, lo más
seguro, procedían de la policía.
«Pero vosotros ¿de quién teníais
permiso para estar allí?», le recriminó.
Cuando le explicó que directamente del
arzobispo, Morta dio por finalizada la entrevista.
Pero ese interlocutor tuvo intervenido el teléfono
durante meses. Días después, asistiendo
a la última sesión del Vaticano
II, tuvo la oportunidad de contarle todo a Casimiro
Morcillo y de entregarle el informe(43).
Estas vicisitudes llegaron
a crear en unos y en otros un alto grado de fraternidad
y amistad en ambos grupos, aunque después
con largos paréntesis por las circunstancias
de la vida de cada uno. Por eso, cuando se recuerdan
aquellas andanzas, retos y riesgos, se dicen cosas
como las escritas por el pastor Luis Ruiz Poveda
en la revista «Acontecimiento», año
XI, número 34, en un artículo titulado
«Movimiento Ecuménico en España».
Acontecimiento señalado
fue también la consagración episcopal
de Ramón Taibo Sienens. El 3 de agosto
de 1966 fallecía Santos M. Molina. En el
XXVI Sínodo extraordinario de los días
11-13 de noviembre del mismo año, en Madrid,
fue elegido como tercer obispo de la IERE el presbítero
Ramón Taibo y consagrado en la catedral
de El Redentor el 28 de mayo de 1967. Diez obispos
y un arzobispo, representando a varias iglesias
anglicanas y uno a los viejo-católicos,
impusieron sus manos sobre el obispo electo y
el viejo-católico volvió a imponerle
las suyas, repitiendo en latín las palabras
«Accipe Spiritum Sanctum…».
La IERE no quería que se pudiera suscitar
luego el debate de la validez de la consagración
de su obispo.
Por primera vez en la historia
tenía lugar un significativo hecho ecuménico
invitando especialmente a representantes de la
Iglesia católica para esta ceremonia. Manuel
Gesteira, Ángel González Prado y
José Luis Díez ocuparon los lugares
que señalaban: Iglesia católica,
junto a los representantes de la Iglesia Evangélica
Española y otras confesiones protestantes.
La ceremonia fue pública y revistió
una gran solemnidad. Por la tarde el nuevo obispo
ofreció una recepción en el salón
de los sínodos, en el complejo catedralicio
de la calle de Beneficencia, donde leyó
numerosos telegramas de felicitación: Arzobispo
de Canterbury, de Cork, de Armagh, del Consejo
Ecuménico de las Iglesias, y entre todo
esto un sencillo ramillete de oraciones que unas
religiosas de Madrid habían ofrecido por
Ramón Taibo a lo largo de la semana anterior
a su consagración episcopal. Ya tenía
entonces buena aceptación en algunos círculos
católicos.
Tras su consagración
comenzó a llevar personalmente el ecumenismo
de la IERE dentro y fuera de España. Siguió
participando en las reuniones, diálogo
y oración del grupo ecuménico y
estuvo presente en muchas asambleas interconfesionales
e internacionales. Con tan solo dos meses de ministerio
episcopal asistió, como representante español,
juntamente con el pastor Humberto Capó
de la IEE, a la «V Conferencia de Iglesias
Europeas», en Pörtschach (Austria),
y el último día de la Semana de
la Unidad de 1968, en un acto ecuménico
presidido por el arzobispo de Valladolid, la predicación
corrió a cargo del obispo Taibo.
Los dos polos de su actividad
ecuménica fueron: las asambleas internacionales
y la participación en actos ecuménicos
por muchas diócesis españolas. Pronunció
gran cantidad de conferencias de temas ecuménicos,
presidió actos de culto interconfesional,
era larga la lista de obispos católicos
españoles con los que había compartido
presidencia en estos actos. Presidió en
1969, en Madrid, junto con Morcillo y el arzobispo
de Zaragoza, una memorable conferencia de Wisser’t
Hooft, presidente honorario entonces del Consejo
Ecuménico de las Iglesias, con motivo de
las sesiones de trabajo del Presidium y el Comité
Consultivo de la Conferencia de Iglesias Europeas,
cuya clausura presidió también él
en la catedral de la IERE, teniendo a su lado
en el presbiterio a Benito Corvillón, que
predicó, al obispo anglicano de Manchester,
al arzobispo Cantero Cuadrado, presidente ya de
la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales,
al metropolita Alexis de Moscú, al obispo
Wilm de la Iglesia luterana alemana, al metropolita
rumano Justin, al mismo pastor Wisser’t
Hooft y al pastor Humberto Capó de la IEE.
Predicó en el «IV Congreso Evangélico
Español» de ese mismo año,
presidió la eucaristía del «III
Congreso de la Asociación Ecuménica
Internacional» en Salamanca en agosto de
1970, asistió a la «Conferencia Regional
de Sociedades Bíblicas» en Bon y
luego en Madrid presidió a menudo el «Comité
de Edición de la Biblia Interconfesional»…
A un lado tantas de sus
intervenciones, si citaré su asistencia
al «I Congreso Internacional de Estudios
Mozárabes», celebrado en Toledo del
26 de septiembre al 4 de octubre de 1975, a la
V Asamblea del Consejo Ecuménico de las
Iglesias en Nairobi (Kenia), del 3 de noviembre
al 10 de diciembre de 1975, juntamente con el
teólogo Vidal Regaliza de la IEE, Julián
García Hernando del Secretariado de Ecumenismo
de la Comisión Episcopal de Relaciones
Interconfesionales y de Antoni Matabosch, del
Centro Ecuménico de Barcelona. Consignaré
su presencia en el Congreso Anglicano-Católico
de Salamanca los días 31 de mayo y 11 de
junio de 1977, cuando el Dr. Ramsey era investido
doctor «honoris causa» y, finalmente,
el acto gozoso de la plena integración
de la Iglesia Española Reformada Episcopal
en la Comunión Anglicana, el 2 de noviembre
de 1980, al conmemorar también los cien
años de esta Iglesia. La de Ramón
Taibo fue una vida llena de lucha por el Evangelio,
por el ecumenismo y cargada de actividad pastoral
como lo refleja la publicación de «Cien
años de testimonio. 1880-1980», en
edición de la IERE.
No quiero olvidar esta anécdota:
cultivó una profunda amistad con Julián
García Hernando, el gran ecumenista español
de quien hablaremos más adelante, y durante
muchos años se reunían una o dos
veces por semana a tomar un café en la
Gran Vía madrileña. Ramón
Taibo se explayaba acerca de sus dificultades
en el ministerio episcopal y don Julián
le contaba los continuos avatares del ecumenismo,
después cada cual se dirigía a su
puesto de trabajo; se desplazaron juntos a repetidos
acontecimientos internacionales y cuando García
Hernando llegó a la catedral de la IERE
para asistir al sepelio de Ramón Taibo,
el actual obispo López Lozano le invitó
a esperar en su despacho, pero el sacerdote católico
«iba a conversar un rato con su amigo don
Ramón». Escribió una sentida
necrológica en Pastoral Ecuménica.
El 31 de octubre de 1982
había sido consagrado como cuarto obispo
de la IERE Arturo Sánchez Galán,
que actuó el primer año como obispo
coadjutor y fue instalado como diocesano el 23
de octubre de 1983 con la jubilación de
don Ramón. El compromiso ecuménico
del antiguo pastor de la IERE en Valencia y cofundador
del Centro Interconfesional de aquella ciudad
continuó siendo una realidad durante todo
su ministerio episcopal, que duró hasta
noviembre de 1995. En todo ese tiempo fomentó,
participó, incrementó en su Iglesia
el ecumenismo y actuó como parte importante
del movimiento ecuménico español.
El 5 de noviembre de 1995
era consagrado quinto obispo de la IERE el pastor
de Salamanca Carlos López Lozano. El arzobispo
de Canterbury y primado de la Comunión
Anglicana, Dr. George Carey, junto con varios
obispos anglicanos y uno de la Iglesia vetero-católica,
le impuso sus manos en la catedral del Salvador
en Madrid. Cercano al ecumenismo desde sus años
jóvenes, Carlos López Lozano participa
muy activamente en la acción ecuménica,
en conferencias, emisiones de radio, cultos de
oración, en el Centro Ecuménico
«Misioneras de la Unidad» de Madrid
y en reuniones interconfesionales e internacionales.
Es de destacar la recepción que el presidente
de la Conferencia Episcopal Española hizo
al primado anglicano Carey en la sede de la misma
Conferencia con motivo de la consagración
episcopal de Carlos López.
Iglesia ortodoxa
La presencia de la Ortodoxia
en España comienza a principios del siglo
XX, cuando algunos comerciantes griegos llegaron
a trabajar a nuestro suelo. Más tarde,
después de la segunda gran guerra, varios
refugiados rusos y personas de otros países
donde se había impuesto el régimen
comunista se establecieron entre nosotros.
En 1949 se fundó
la parroquia del apóstol san Andrés,
bajo la jurisdicción del Patriarcado Ecuménico
de Constantinopla para las necesidades religiosas
de todos los ortodoxos, sin distinción
de nacionalidad, y ubicada en la calle de Luis
Díaz Cobeña, 20, de Madrid, en un
chalet. Regía esta iglesia el sacerdote
ortodoxo georgiano P. Rafael Ivanitky. En el año
de 1967 fue destinado a esta parroquia el P. Dimitri
Tsiamparlis, con acuerdo unánime de toda
la comunidad. El 17 de junio de 1968 y en cumplimiento
del art. 23 de la Orden complementaria del 5 de
abril de 1968 de la Ley 44/1967, de 28 de junio
sobre Libertad Religiosa, la parroquia se inscribió
bajo el número 6 S.G. en el Registro de
Entidades Religiosas de la Dirección General
de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia.
La llegada del nuevo responsable
contribuyó a crear un nuevo dinamismo que
culminó con el apoyo y colaboración
de todos los fieles ortodoxos e importante aportación
y participación de la empresa constructora
española Donato Lasa, en la construcción
del hermoso templo de estilo bizantino, en la
calle de Nicaragua, 12, dedicado a san Andrés
Apóstol y san Demetrio Gran Mártir
y Myrobilta, cuya primera piedra se colocó
el 11 de diciembre de 1971. La inauguración
tuvo lugar el 3 de junio de 1973 por el entonces
arzobispo ortodoxo griego de Francia, Meletios
Karabinis, exarca del Patriarca Ecuménico
de Constantinopla Dimitrios I.
En enero de 2003 fue erigida
la nueva Metrópoli para España y
Portugal, antes dependientes de Francia, con sede
en Madrid y así esta parroquia se convierte
en la primera catedral ortodoxa de España,
en marzo fue nombrado metropolita Epifanios Perialas,
consagrado en la iglesia de san Jorge del Patriarcado
ecuménico de Constantinopla y fue entronizado
en su nueva sede el 7 de junio del mismo 2003.
Este edificio es el único
representativo de la Iglesia ortodoxa en toda
la Península ibérica y está
construido en estilo bizantino. Su iconostasio
de madera totalmente elaborado en Grecia, sus
iconos, sus frescos, obra de iconografos griegos
y su iluminación dan a esta joven catedral
ortodoxa un ambiente cálido y acogedor,
invitando al rezo y al recogimiento. En 1975 el
conjunto del edificio, que comprende el templo
catedralicio, campanario, casa rectoral y salones,
fue declarado edificio conservable por el Ayuntamiento
de Madrid y recibe continuas visitas de numerosos
alumnos de colegios e institutos y escuelas cristianas
y cuyo estudio les sirve tanto para su desarrollo
religioso y artístico como para descubrir
el acercamiento armonioso y pacífico. Tienen
comunidades en Barcelona y Las Palmas de Gran
Canaria, asistidas por el P. Tsiamparlis y el
P. Rogelio Sáez Carbó, respectivamente,
y en varias ciudades españolas celebran
siempre en iglesias católicas.
El P. Tsiamparlis ha sido
profesor de «Humanidades Contemporáneas»
en la Universidad Autónoma de Madrid, es
vocal de la Comisión de Libertades Religiosas
del Ministerio de Justicia y ha participado en
Congresos de este organismo en Toledo, Alcalá
de Henares y Madrid; asistió en Santiago
de Compostela a la Asamblea de «Fe y Constitución»
de 1993 y a las Jornadas de Teología y
Pastoral del Ecumenismo, es fundador del Comité
Cristiano Interconfesional y ambos sacerdotes
dictan conferencias en varias diócesis
españolas.
En 1976, por los intercambios
en estudios teológicos Iglesia católica-Iglesia
ortodoxa rumana, hacía su doctorado en
la Universidad Pontificia de Salamanca el sacerdote
ortodoxo rumano Teofil Moldovan. En 1979 la Iglesia
ortodoxa rumana era inscrita en el Registro de
Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia,
aprobado el 10 de julio de 1980 y hoy aparece
con el número 051 S.G. Ya en 1978 el cardenal
Tarancón determinó que los cultos
de esta Iglesia se celebraran en la iglesia del
seminario diocesano a lo largo de un año.
En septiembre de 1980 la Iglesia ortodoxa rumana,
por invitación de los PP. Redentoristas
de la iglesia del Redentor, de la calle Félix
Boix de Madrid, comenzó la celebración
de sus liturgias en la capilla de Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro de esa parroquia y el 15
de noviembre de 2000, veinte años después,
los cultos comenzaron en la iglesia del colegio
de Nuestra Señora de la Consolación,
en la plaza de Madre Molas.
La Iglesia ortodoxa rumana
se halla establecida en 10 ciudades españolas:
Madrid, Alcalá de Henares, Arganda del
Rey, Zaragoza, Barcelona, Castellón, Valencia,
Roquetas de Mar (Almería), Logroño
y Calatayud. Cada una es atendida por su propio
sacerdote y de todos el P. Moldovan es el arcipreste.
La actividad ecuménica
de esta Iglesia es bien conocida y allí
donde está participa de las diversas actividades
ecuménicas. El P. Moldovan es fundador
del Comité Cristiano Interconfesional,
profesor del Centro Ecuménico «Misioneras
de la Unidad» de Madrid, profesor de Teología
Ortodoxa en el seminario conciliar de Madrid,
en la Facultad teológica de San Dámaso,
en el centro San Pablo-CEU, y lo fue hasta hace
unos años en la Universidad Pontificia
de Salamanca. Ha pronunciado conferencias en numerosas
diócesis españolas y trabaja en
el Secretariado de Relaciones Interconfesionales
de la Conferencia Episcopal Española.
NOTAS
35. Tomado
de la revista «Re-Unión», n.
39, pp. 20, 21 y 34.
36. En mi archivo
de Ecumenismo conservo el borrador de aquel documento.
37. Resulta
imposible para este trabajo mencionar aquellas
reuniones con el obispo Casimiro Morcillo.
38. Este comienzo
en templos evangélicos también tiene
su historia, imposible de abordar en este trabajo.
39. «Vida
Nueva», n. 2264, pp. 27ss.
40. También
la homilía en este acto, pronunciada por
Romero de Lema, goza de su historia propia.
41. La limitación
de esta publicación nos obliga a no citar
detalles verdaderamente curiosos.
42. Conservo
en mi archivo personal el texto manuscrito de
aquella intervención.
43. Documento
que conservo en mi archivo personal.