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APUNTES PARA LA HISTORIA
DEL ECUMENISMO ESPAÑOL

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V. EL CONCILIO ORGANIZA LAS ACTIVIDADES ECUMÉNICAS

El ecumenismo asumido por la Conferencia Episcopal Española

Las citadas y otras muchas actividades requerían que la acción ecuménica de España pasara del ámbito fraternal, insustituible en un primer momento, a una intervención e implicación de la jerarquía católica. Es cierto que después, en algunas ocasiones, de uno y otro lado, se han recordado aquellos tiempos como los mejores, cuando todo resultaba fácil y creativo. Eso es normal. Lo oficializado siempre comporta otras dificultades, pero suele ser más eficaz.

Por eso, la Conferencia Episcopal Española (CEE) en su segunda reunión plenaria, a petición de Cantero Cuadrado, miembro del Secretariado para la Unión de los Cristianos del Vaticano, creó el Secretariado Nacional de Ecumenismo el día 16 de julio de 1966. Su presidente fue el mismo arzobispo Cantero y le ayudaban en aquellas primeras tareas los obispos Guerra Campos y Castán Lacoma(44). Los tres obispos invitaron a varios encuentros a algunos de los que trabajaban entonces en ecumenismo en España y les ofrecían garantías: José Sánchez Vaquero, Andrés Avelino Esteban y Romero, P. Dalmau y P. Albarracín, jesuitas. Debían comenzar lo encomendado por la CEE y elaborar los estatutos para presentarlos en la Asamblea Plenaria del 20 de noviembre al 6 de diciembre de aquel mismo año y darlos a conocer en la Semana Nacional de Teología y Pastoral del Ecumenismo, del 2 al 5 de enero de 1967, en la que quedó constituida, además, la Junta Rectora y la Ejecutiva del Secretariado con los tres obispos: Cantero Cuadrado, Guerra Campos y Castán Lacoma. Andrés Avelino Esteban y Romero fue nombrado delegado nacional, Julián García Hernando secretario del Secretariado y Albarracín y Sánchez Vaquero directores de Ecumenismo Espiritual el primero y de Relaciones Interconfesionales el segundo. La inesperada muerte de Andrés Avelino, que tuvo que regresar muy enfermo de una reunión en Roma, llevó a Julián García Hernando a tomar ambas responsabilidades en la reunión de Zaragoza del 16 de octubre de 1967. Todo quedó aprobado en la última Asamblea plenaria de la CEE de ese año 1967.

Comenzaba lo que podemos denominar la «era de don Julián García Hernando», que ha durado hasta 1998. Rector del Seminario diocesano de Segovia de 1950-1966, fundador de las «Misioneras de la Unidad» en 1962, catedrático de Historia de la Iglesia en aquel Seminario, singular pionero y creador del movimiento ecuménico en la Iglesia católica española durante más de treinta años, interlocutor válido y constante con todas las iglesias y confesiones cristianas de nuestro país y también del extranjero, cofundador con el metropolita ortodoxo griego Emilianos Timiadis desde hace más de treinta años de los Encuentros Internacionales e Interconfesionales de Religiosas, gran amigo de jerarquías y fieles de todas las iglesias, profundamente respetado y estimado por todos ellos, incansable luchador en todas las lides por los hermanos cristianos en nuestros suelo, dialogante hasta la extenuación, de comprensión y tolerancia bien probadas, conocido en toda Europa y en los ambientes ecuménicos mundiales, este sacerdote de pequeña estatura, vivo de carácter, incansable trabajador, de mente ágil y abierta, ha puesto los cimientos del ecumenismo en España.

Ha participado en cinco de las ocho grandes asambleas del Consejo Ecuménico de las Iglesias: Upsala 1968; Nairobi 1975; Vancouver 1983; Canberra 1991; Harare 1998; y, lo que muchos no conocen, gracias a él se celebró la Asamblea de 1993 de «Fe y Constitución» en Santiago de Compostela, del 3 al 14 de agosto. El ecumenismo español durante tres décadas es deudor de este gigante en la acción ecuménica.

El objetivo general del Secretariado de Ecumenismo era cuidar las relaciones con los no católicos, los no cristianos y los increyentes y para su consecución se señalaron unos objetivos operativos, tomados de la «Unitatis redintegratio »: objetivos de amor y caridad hacia los otros hermanos cristianos, objetivos de información sobre todo hacia los miembros de otras confesiones acerca de la Iglesia católica, objetivos de benevolencia y mutuo conocimiento y acercamiento y de restauración de la unidad.

Desde estos objetivos el Secretariado de Ecumenismo era constituido cauce institucionalizado para cuanto se requiriera a favor de la unión de los cristianos y se realizaba a través de unas determinadas tareas: a) Aplicar a España la normativa ecuménica; b) Apoyar a las diócesis en la creación y coordinación ecuménica; c) Proponer prácticas ecuménicas a la CEE; d) Establecer contactos con dirigentes y entidades de las diferentes confesiones cristianas; e) Aprobar diálogos y convivencias interconfesionales a escala nacional.

Las acciones del Secretariado tuvieron lugar en el campo dogmático, espiritual y pastoral. Fueron prioritarias las tendentes a la creación y ordenación de este organismo: organización, departamentos, equipo de consultores, delegados de zona, contactos con la CEE, delegaciones diocesanas, información, encuestas, circulares… Mención especial requiere la creación del Comité Cristiano Interconfesional (CCI) y la programación de las semanas de la Unidad.

La actividad ecuménica tuvo estas vertientes: Hacia dentro de la Iglesia católica el ecumenismo espiritual, sobre todo alrededor de la Semana de la Unidad y Pentecostés y la promoción de grupos interconfesionales de oración; la formación ecuménica con un boletín informativo, cursillos de formación ecuménica, reuniones de delegados de ecumenismo, cursos de formación a distancia, reuniones para profesores de religión, colaboración con los centros ecuménicos, etc. Uno de los mayores esfuerzos del Secretariado se dirigió hacia las Jornadas Nacionales de Teología y Pastoral del Ecumenismo, celebradas desde 1967 a 1983.

La Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, por medio de su Secretariado, colaboró directamente en los Congresos Internacionales e Interconfesionales con la Pontificia Universidad de Salamanca: en el Congreso Luterano-Católico del 14-18 de julio de 1971; cuando fue investido doctor «honoris causa» el arzobispo Ramsey en el Congreso Luterano-Católico del 23 al 26 de septiembre de 1980; en el Congreso Luterano-Católico de 1983, celebrado del 26 al 30 de septiembre, con motivo del centenario de Lutero; en la V Conferencia de la «Societas Oecuménica Europea», también en Salamanca del 22 de agosto al 2 de septiembre de 1993, etc.

En relación con otras iglesias y comunidades eclesiales, desde 1984 se celebraron, organizadas asimismo por la Comisión de Relaciones Interconfesionales (CERI) y su Secretariado, las llamadas Jornadas Interconfesionales de Teología y Pastoral del Ecumenismo en las que han participado la Iglesia católica, la Ortodoxa, IEE, IERE… con los más ricos temas, interesantes conclusiones y la creación de un ambiente verdaderamente fraternal entre las iglesias participantes, a nivel teológico, espiritual y pastoral. Estas jornadas tuvieron vigencia hasta 1996. Casi todos los años, al finalizar las Jornadas Interconfesionales comenzaban las de Delegados diocesanos de ecumenismo, que son las únicas que continúan celebrándose, hacia el mes de febrero o marzo de cada año.

Las últimas han tenido lugar los días 2-3 de marzo de 2004 y en ellas han intervenido dos ecumenistas de talla: P. Langa, OSA., que disertó sobre «Las relaciones ecuménicas en España», y el P. Rodríguez Garraducho, SCJ., sobre «El desafío de la formación ecuménica», ambas ponencias dentro del tema general de las XIV Jornadas: «Presente y futuro del Ecumenismo en España. Exigencias y deberes pastorales».

Han existido siempre numerosas actividades conjuntas entre la CERI y las citadas iglesias no católicas en España: colaboración en la preparación de las Semanas de la Unidad, edición conjunta de los folletos para tales fechas, mensajes conjuntos con ocasión de las Jornadas Interconfesionales, versiones ecuménicas de la Biblia en castellano, catalán, gallego, euskera…, intercambios de cátedra y púlpitos en la Semana de la Unidad, templos ecuménicos: Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Gerona, Castellón de la Plana, Oliva (Valencia), colaboración para los matrimonios mixtos, hubo retiros interconfesionales en Madrid para sacerdotes, pastores y laicos en Adviento y Cuaresma, colaboración en el problema y estudio de las sectas, etc.

Por otra parte se ha preocupado de la formación ecuménica en seminarios diocesanos y facultades teológicas, existiendo clases de ecumenismo al menos en ocho facultades de teología y varios seminarios, si bien el ecumenismo no ha penetrado como algo normal en toda la enseñanza teológica. Desde esta Comisión episcopal se han promocionado relaciones con el islam, como la participación en los Congresos islamo-cristianos de Córdoba de 1974, 1977 y 1986. Hay que citar la jornada de trabajo sobre la presentación del islam en los libros de texto de Religión [1978] en el Instituto de Estudios Islámicos, organizado por el Secretariado de Relaciones Interconfesionales y de Enseñanza de la Iglesia católica y la Asociación Islamo-Cristiana. En varias ocasiones esta Comisión Episcopal ha estado presente en congresos de este tipo, organizados por varias universidades españolas.

Las relaciones con el judaísmo se han realizado a través del Centro de Estudios Judeo-Cristianos de Madrid y la Entesa Judeo-Cristiana de Barcelona. Judíos y cristianos han participado en varios actos de oración y especialmente en 1992, V Centenario de la expulsión de los judíos, se celebraron varios actos conjuntos de tipo cultural, entre los que puede destacarse el que tuvo lugar el 26 de marzo de 1992 en la sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo.

No ha de olvidarse que el Secretariado de Ecumenismo ha contado y conserva algunas interesantes publicaciones, como el boletín «Relaciones Interconfesionales».

Como indiqué antes el Secretariado de Ecumenismo quedó constituido en la última Asamblea plenaria de la CEE de 1966 con los estatutos y sus tres secciones: Ecumenismo espiritual, doctrinal, relaciones interconfesionales y relaciones con los no cristianos y los no creyentes. Pedro Cantero Cuadrado fue su primer presidente, a quien correspondió roturar los primeros espacios del ecumenismo oficial en España. Como secretario del Secretariado el sacerdote Julián García Hernando, verdadero artífice del movimiento ecuménico en España, comenzó una labor intensa. Cantero Cuadrado [1965-69] permaneció en todo momento en primera línea y puso lo mejor de su entender al servicio de la búsqueda de la unión cristiana.

Una segunda etapa fue presidida por Briva Mirabent, obispo de Astorga, buen teólogo que vivía el problema ecuménico con gran intensidad desde sus años de seminarista y sacerdote en Barcelona. La época de Antonio Briva [1969-1981], reelegido dos veces, resultó verdaderamente fructífera: se incorporó al Secretariado el P. Llamas, se difundió ampliamente la Semana de la Unidad, se animó a los obispos y crearon varias delegaciones diocesanas de ecumenismo, comenzaron las reuniones anuales y se creó el Comité Cristiano Interconfesional [1968].

El arzobispo de Valencia, Miguel Roca Cabanellas, fue elegido para el siguiente mandato [1981-85]. Su muerte en accidente de tráfico truncó sus proyectos para esta Comisión Episcopal.

José Antonio Infantes Florido, obispo de Córdoba, presidió los años siguientes [1985-89] y fueron tiempos de mucho entusiasmo, en los que se fomentaron los encuentros interreligiosos. Dos de ellos se celebraron en la misma ciudad de Córdoba. La Conferencia Episcopal Española pasó a denominar desde estos años al Secretariado de Ecumenismo como Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales. Conviene recordar aquí la intensa labor que, ya párroco del Salvador de Sevilla, había realizado en la ciudad sevillana en el terreno ecuménico Infantes Florido.

El sucesor, Ramón Torrella Cascante, llegó con una importante aureola ecuménica al venir de Roma, donde había sido vicepresidente del Pontificio Consejo para la Unidad Cristiana con el cardenal Willebrans. Era arzobispo de Tarragona y su presidencia en esta Comisión se prolongó por dos mandatos [1989-96] durante los cuales procuró una importante renovación del espíritu ecuménico, una mayor amplitud de miras en las relaciones interconfesionales y una detallada preparación de las semanas de la Unidad, así como de las Jornadas Nacionales de Teología y Pastoral del Ecumenismo, que enseguida fueron declaradas interconfesionales.

Continuó al frente de la Comisión el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco. Reelegido, su mandato tuvo lugar entre los años 1996-2002. Persona acogedora y lleno de proyectos, alentó la acción ecuménica en todos los campos, comenzando en su tiempo a tratarse la posibilidad de que una Comisión de iglesias sustituyera al Comité Cristiano Interconfesional, cargado de logros pero un poco anclado en cosas algo superadas. En Valencia, su archidiócesis, fomentó también la delegación de ecumenismo e inició el Templo ecuménico de El Salvador, en la localidad de Oliva y nuevos proyectos ecuménicos para Valencia. Por otra parte Julián García Hernando, a cargo de la actividad ecuménica en esta Comisión, había solicitado ser reemplazado en ese puesto ya hacía años y se le concedió en 1998, sustituido por el sacerdote Carlos de Francisco Vega, quien sigue al frente del cargo(45).

El obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez Pérez, antes presidente de la Comisión Episcopal de la Doctrina de la Fe, es el actual presidente de esa Comisión. Entre los obispos que participan en la Comisión Interconfesional puede destacarse a Jesús García Burillo, obispo de Ávila, perteneciente ya a esta Comisión durante su estancia como auxiliar de Orihuela-Alicante, con interesantes participaciones en el ecumenismo en sus años de Vicario episcopal en Madrid, acercando notablemente a Rouco Varela a las iglesias ecuménicas de esta ciudad. La responsabilidad ecuménica del presidente Blázquez resulta poco conocida y, creo, llena de retos por la situación indolente y escasamente comprometida del ecumenismo español.

En servicio a la verdad es preciso decir que muchos de los obispos católicos españoles tiene situado el ecumenismo en un lejano lugar de sus atenciones. ¿Por qué? Porque en España la católica es la Iglesia mayoritaria y, por tanto, protestantes y ortodoxos tienen una mínima representación sociológica46. Pero la credibilidad de la Iglesia católica en el campo ecuménico se juega precisamente en practicarlo sin reticencias ni salvedades en los países precisamente de mayoría católica. Está sobre todo el mandato de Cristo de «que todos sean uno»… «para que el mundo crea». Estamos ante la voluntad del Señor y se trata de una condición necesaria para que se de la fe en nuestros días de retirada de la sociedad de la Iglesia.

En contacto con el ecumenismo desde 1962, creo que siempre he sido respetuoso en el trato con toda jerarquía y, aunque sin carta alguna de naturaleza para ello, mal visto incluso por algunos, me dejo llevar ahora por un impulso, empujado, además, por significativos acontecimientos de estos últimos meses y de forma personal y respetuosamente les digo: «da la impresión de que ustedes tienen poca sensibilidad ecuménica y, además, mantienen en sus puestos a personas también con esa poca sensibilidad, que han de relacionarse y tratar continuamente con protestantes, anglicanos y ortodoxos en nuestro país. Es mi edad y experiencia lo que, juntamente con el esfuerzo por el ecumenismo, me impele a hablar así. Son muchos, muchos años en este campo, unos en plena actividad ecuménica, otros desde la constante observación, esta última década desde una colaboración discreta y debo subrayar que la vía de la indiferencia hacia el ecumenismo en España, en la que circulan en estos años bastantes de nuestros obispos, es preocupante».

Da la sensación de que algunos quisieran olvidar que existe aquí esa realidad tan exigida por el Vaticano II y por todos los documentos acerca del ecumenismo. Recalcan éstos la obligación del obispo de promover y atender con todo esmero el movimiento ecuménico en su diócesis. Podemos encontrarnos que en algunas diócesis ni siquiera indican a sus fieles que se celebra la Semana de la Unidad y no escriben ni una sola letra en la hoja diocesana, referida a este acontecimiento, al que, por otra parte, el mismo Juan Pablo II atribuye tanta importancia. «Para que el mundo crea que me has enviado», nos dijo el Señor. ¿Cómo puede realizarse si no nos preocupamos por la falta de unidad que nos impide dar testimonio ante la sociedad? Aunque sociológicamente las demás iglesias tengan poco peso, aunque…, pero el pecado de la separación se mantiene presente.

Fecundidad ecuménica

En aquellos años finales de los sesenta surgieron a la par considerables acciones ecuménicas por parte de muchos católicos y de muchos hermanos de las diferentes iglesias. Valencia siempre ha ostentado un ecumenismo vivo, dinámico, que comenzó a actuar especialmente en el año de 1968 con instituciones y personas luego de considerable repercusión en la marcha ecuménica de algunas iglesias. En ese año se creó el Centro Ecuménico Interconfesional de Valencia (CEIV), al que nos referiremos más adelante. Destacó Arturo Sánchez Galán, quien ordenado presbítero el año de 1959 por el obispo Santos M. Molina, ejerció su ministerio en la Iglesia Española Reformada Episcopal de Valencia, donde creó una residencia ecuménica para jóvenes y en 1968 fue cofundador de ese centro interconfesional, al que acogió en los locales de su misma Iglesia. Sus años de ministerio en la ciudad del Turia estuvieron saturados de actividades ecuménicas. Colaboraban también otras personas que, desde la década de los cincuenta, mantenían importantes contactos ecuménicos. Elegido obispo-coadjutor de Ramón Taibo por un Sínodo de la IERE, fue consagrado obispo de esta Iglesia en 1982, colaboró siempre de forma eficaz en el ecumenismo de España e impulsó a su Iglesia por los caminos del diálogo… Lo mismo que el actual obispo, Carlos López Lozano.

A la par colaboraba con el grupo valenciano el jesuita Rafael Muñoz Palacios, profesor de la Facultad Teológica de San Cugat (Barcelona) y de la Facultad Teológica de Comillas, donde yo mismo pude conocer su entusiasmo ecuménico y su actividad a favor de la causa de la unión de los cristianos. No puede olvidarse la aportación en aquellos momentos tan decisivos del delegado de ecumenismo P. Espasa y de Joan Torrás, de la Iglesia bautista, o de Jaime Juan Forné, de la Fraternidad Ecuménica Franciscana, y del propio P. Juan Bosch Navarro, también delegado de ecumenismo en Valencia después, cuyo trabajo ecuménico se destacará más adelante. El pastor de la IERE, Antonio de Andrés Puchades, trasladado a Valencia desde Salamanca, donde hemos indicado que trabajó incansablemente, continuó dando un fuerte testimonio ecuménico, no sin sufrimientos por ello y aquejado en estos años de dura enfermedad.

También en 1968 en Málaga se abría la delegación diocesana de ecumenismo, encomendada al jesuita, inglés de nacimiento pero residente en España desde casi siempre, P. Ramón Delius Heldway. Creado el Centro Ecuménico «Lux Mundi» en Fuengirola (Málaga), del que trataremos después, el P. Delius ha sido una figura pionera del ecumenismo en aquella zona y en España. Participó en constantes jornadas interconfesionales, jornadas nacionales de delegados diocesanos y era organizador de los Encuentros Ecuménicos de El Espinar (Segovia). Su palabra siempre fue un notable referente en diálogos ecuménicos, conferencias y artículos. Su hermana, sor María, de la Congregación de las Reparadoras, colaboró siempre con él y fue después de su muerte la continuadora de la obra ecuménica de su hermano.

Otro ecumenista de talla es Martín de Zabala, sacerdote de la diócesis de Bilbao, delegado diocesano de ecumenismo, organizador de los Encuentros Internacionales e Interconfesionales de Religiosas y de los Encuentros de Monjes Orientales y Occidentales. Su labor ecuménica es de elevada contribución al diálogo ecuménico, de lo que también hablaremos después. Durante años el P. Martín de Zabala Salegui ha asistido y colaborado en jornadas y encuentros ecuménicos en España y en diversos países extranjeros.

Por los años sesenta trabajaba también con ahínco en las lides ecuménicas de Barcelona el entonces diácono y después presbítero de la IERE, José Luis Lana, con quien el P. Muñoz Palacios, y con el Pastor Gutiérrez Marín de la IEE, mantenía frecuentes contactos ecuménicos desde San Cugat. Junto al pastor Lana hay que citar, sin duda, al seglar de la IERE, Juan Struc, cristiano recio, exigente y crítico, cuyas obras sobre ecumenismo cito en este trabajo. Era Struc asiduo en Madrid, como José Luis Lana, en reuniones ecuménicas. En Madrid actuaba frecuentemente en aquellos años, en reuniones juveniles, Juan Olmo, estudiante entonces y miembro destacado de las juventudes de la IEE, cordial, fraterno, dispuesto siempre a la colaboración.

Ordenado presbítero por Ramón Taibo en 1972, Miguel Oláiz estuvo al frente de la IERE en Valladolid durante seis años y en 1988 fue nombrado deán de la catedral por el obispo Arturo Sánchez. Desde sus años de trabajos en la juventud con el obispo Santos Molina, Miguel Oláiz se abre al espíritu ecuménico que tiene ocasión de vivir en sus años de Valladolid y sobre todo en Madrid, donde colabora continuamente en la Semana de la Unidad, en conferencias, en clases en el Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad» y como organizador de los Encuentros Ecuménicos de El Espinar. Su amabilidad, disponibilidad y talante ecuménico le señalan como uno de los ecumenistas destacados en esta etapa.

En las últimas décadas sobresale en el ecumenismo madrileño el agustino Pedro Langa Aguilar, doctor en Teología, quien labora en el ecumenismo desde 1977, cuando se encargó de enseñarlo en el Centro Teológico San Agustín, en Los Negrales (Madrid), en donde ya impartía la asignatura de Patrología. Dictó esta misma asignatura en el «Agustinianum» de Roma, entre 1978-1997, a la vez en el «Instituto Pontificio Regina Mundi» desde 1983 a 1993; Teología Dogmática en el Estudio Teológico de los Servitas, todo ello en el segundo cuatrimestre académico de cada curso y Ecumenismo, durante varios cursos, en el Instituto de los Legionarios de Cristo de la capital italiana.

Fue nombrado Consultor de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española en septiembre de 1987 y moderador del I Congreso Iberoamericano de Ecumenismo, celebrado en el monasterio de Guadalupe (Cáceres), en 1991, al que asistieron unos quince obispos del CELAM con objeto de preparar la Conferencia de esa organización eclesial para la reunión, en Santo Domingo, en 1992.

Ha asistido, desde 1977, como ponente unas veces y otras de asistente, a las Jornadas de Teología y Pastoral Ecuménica y ha participado activamente en las semanas de la Unidad, desde esos mismos años, con decenas de conferencias en Madrid, Valladolid, Zaragoza, Pamplona, León, Ciudad Real, Sevilla, Vitoria y otras ciudades. Por otra parte ha asistido a viajes ecuménicos a Bulgaria, Grecia y Turquía con motivo del 1600 aniversario del Concilio de Constantinopla [381], donde fueron recibidos el 3 de julio de 1981 por el Patriarca Dimitrios, de quien era secretario entonces el actual Patriarca ecuménico Bartolomé I. En 1990, dirigido por el P. Langa, tuvo lugar otro viaje ecuménico a Rusia, donde también fueron recibidos por el Patriarca y tuvo la ocasión de conocer al famoso arcipreste Borovoy, que presidió la primera delegación ortodoxa rusa al concilio Vaticano II. Últimamente suele ser ponente en los Encuentros de El Espinar (Segovia).

En su haber se cuentan numerosos artículos sobre diferentes temas ecuménicos en revistas y semanarios religiosos como «Pastoral Ecuménica», «Ecclesia», «Vida Nueva», «Diálogo Ecuménico», etc. e imparte cada año numerosas clases de ecumenismo en el Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad» y en la Facultad teológica de San Dámaso, en ambas profesor de ecumenismo.

Todo ello y su profunda preparación teológica, patrística y ecuménica hacen del doctor Langa uno de los más eminentes y reconocidos ecumenistas españoles y un auténtico puntal en este campo para los años inmediatos.

A la par debe situarse el director del «Centro Ecuménico Juan XXIII», de la Universidad Pontificia de Salamanca, Dr. Fernando Rodríguez Garrapucho. Perteneciente a la Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón (Padres Reparadores), hizo Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y se licenció y doctoró en Teología dogmática en la Universidad Gregoriana de Roma. En 1987 y 1988 hizo sendos cursos internacionales de verano en Albert-Ludwigs-Universitat Freiburg im Breisgau (Mitelstufe) y cursos para universitarios en Lehrgeminschaft für Sprachen (Freiburg). En 1988 cursó en el Colegio de lenguas para estudiantes extranjeros de Freiburg im Breisgau y en 1998 realizó un curso de verano en West Cheshire Collage, además de otros que no se citan.

La actividad ecuménica del Dr. Rodríguez Garraducho es bien conocida en Salamanca y en Madrid, donde es Consultor de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y dicta sus lecciones sobre temas ecuménicos en el Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad» de Madrid. En varias diócesis españolas ha pronunciado conferencias sobre ecumenismo y con frecuencia publica artículos sobre este tema.

Este sacerdote de los PP. Reparadores es considerado imprescindible en el ecumenismo español de los años inmediatos. Estimado en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, logró la presencia de su presidente el cardenal Walter Kasper en Salamanca, el día 1 de marzo de 2004, para relanzar el ecumenismo en España.

En este estudio se ha citado al P. Juan Bosch, director del Centro Ecuménico P. Congar de Valencia. El Dr. Juan Bosch Navarro, O.P., es profesor de ecumenismo y teología protestante en la Facultad Teológica de S. Vicente Ferrer de Valencia, ha publicado numerosos artículos sobre ecumenismo en diversas revistas españolas y entre sus publicaciones se destaca las obras «Para conocer el Ecumenismo» [1991], «Iglesias, sectas y nuevos cultos» [1981]; «La Iglesia negra» [1985], «Nuestras iglesias hermanas» [2001], etc.

Su profundidad y creatividad ecuménicas son necesarias para la marcha del ecumenismo español en nuestros días.

En Madrid actúa incansable un joven pastor de la Iglesia Evangélica Española, Alfredo Abad. Hijo y nieto de pastores protestantes es secretario de la Comisión Ejecutiva de su Iglesia, pastor de la iglesia de Calatrava y Noviciado, de Madrid, que pastorea conjuntamente con su esposa, la también pastora Esther Ruiz, hija del pastor Poveda, y trabaja en el Consejo Mundial de las Iglesias. Su participación en jornadas, encuentros, conferencias y clases en el Centro de las «Misioneras de la Unidad» y su gran talante ecuménico le sitúan entre las personas de las iglesias protestantes de España más comprometidas con el ecumenismo.

El Comité Cristiano Interconfesional

Fue rico en acontecimientos ese 1968 y surgió en él una institución con carácter ni oficial ni meramente privado sino oficioso, que ha contribuido hasta ahora a una trascendental misión ecuménica en España: el Comité Cristiano Interconfesional. Aprobada la Ley de Libertad Religiosa de 1967, la posición Iglesia católica/iglesias no católicas variaba en España y la católica debía comenzar la colaboración con las otras en asuntos que podía tomar parte. Para ello se necesitaba un punto de conexión y se aprovechó la estancia en España del padre Jerónimo Hamer, secretario del Pontificio Secretariado para la Unión de los Cristianos y, el 16 de febrero de 1968, se celebró una reunión en los locales del Oriente Cristiano de Madrid, uno de los encuentros interconfesionales de España a nivel de jerarquías. La reunión la había propuesto Julián García Hernando y asistieron Cantero Cuadrado como presidente del Secretariado Nacional de Ecumenismo y otros miembros del Secretariado por parte católica; y por otra parte el obispo Taibo de la IERE, los responsables de la IEE, de la Iglesia bautista, Hermanos de Plymouth y de las iglesias luterana, anglicana y ortodoxa. La cordialidad fue grande y se acordó la creación de un Comité Mixto de trabajo para un diálogo permanente sobre los problemas en España, como organización de los actos de oración interconfesional, enterramientos, experiencias sobre la incipiente libertad religiosa, matrimonios mixtos, emigración, proselitismo… (47).

La base de este proyecto lo redactó Julián García Hernando a lo largo de 1968 y con ocasión de las III Jornadas Nacionales de Teología y Pastoral del Ecumenismo en la residencia de san Cristóbal de Majadahonda de Madrid, el día 2 de enero de 1969, fue presentado a los delegados diocesanos. Asistieron Cantero Cuadrado, el obispo Taibo, el metropolita Emilianos Timiadis, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y representantes del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Las bases del Comité Cristiano Interconfesional (CCI) fueron aprobadas y nombrados dos cosecretarios. Participaron desde un principio la Iglesia católica, la ortodoxa, anglicana, luterana, IERE, IEE y el Comité tuvo carácter nacional.

Este Comité Cristiano Interconfesional (CCI) aparecía porque cristianos de diversas iglesias cristianas de España eran «conscientes de los deberes ecuménicos » y situaban el punto de partida en las indicaciones del Consejo Ecuménico de las Iglesias, del concilio Vaticano II y del Directorio de Ecumenismo, añadiendo su esperanza en el diálogo y los encuentros personales. «Dialogar en clima de sinceridad y de fraternidad cristiana —decían las bases, sobre cuestiones relacionadas con el Pueblo de Dios». Sólo querían trazar unas líneas de arranque. Los fines eran que «los cristianos de las distintas confesiones en España, adquiramos un mejor conocimiento de la doctrina y de la historia, de la espiritualidad y de la psicología de nuestras respectivas comunidades». Los objetivos fueron primero de orden práctico evitando fricciones y fomentando la mutua caridad. El Comité contaba con la aprobación de las autoridades de cada Iglesia, pero las decisiones de éste no obligaban a las confesiones respectivas. Cada Iglesia nombraba un número prudencial de representantes en el Comité, que estaba abierto a cualquier confesión cristiana. Participaban en él, por la Iglesia católica, los obispos Cantero Cuadrado, Guerra Campos y Castán Lacoma, Julián García Hernando, José Sánchez Vaquero, el P. Albarracín, SJ., y José María Díaz Fernández, actual canónigo archivero de Santiago de Compostela; por la Iglesia Evangélica Española los pastores Luis Ruiz Poveda, Daniel Vidal Regaliza, Humberto Capó y Benito Corvillón; por la Iglesia Española Reformada Episcopal el obispo Ramón Taibo; por la Iglesia bautista los pastores José Cardona y Juan Luis Rodrigo; por los adventistas el pastor Calonge; por la Iglesia ortodoxa griega Dimitris Tsiamparlis; etc. Todos asistían sin representación oficial ni oficiosa, sino a título personal, pero se cumplieron los objetivos marcados: diálogo y conocimiento mutuo.

De aquí surgieron también fraternas y profundas amistades. Se reunían una vez al mes y cuando era posible tenían un retiro espiritual, dirigido por cualquiera de ellos. El resto del día lo dedicaban al diálogo sobre temas doctrinales, de libertad religiosa, paz, matrimonios mixtos, ministerios eclesiales, relaciones intereclesiales, y cuanto significaba entonces la lucha por los derechos de las iglesias. En ocasiones exponían los diversos temas profesores de las universidades pontificias de Comillas y/o Salamanca. Siempre confiaron en los católicos y éstos sentían una cada vez más profunda fraternidad con estos miembros de iglesias no católicas(48).

A este respecto comenta el pastor Ruiz Poveda: «Las bases del diálogo eran perfectas, aunque complejas por la diferencia abismal entre las dos partes dialogantes… no sólo en lo específicamente religioso, sino en lo cultural y social. La Iglesia católica, abrumadoramente mayoritaria… debería ejercitarse en un supremo ejercicio de humildad… Y, en honor a la verdad, hay que decir que la Iglesia católica, representada en el Comité, hizo todo lo que en aquel tiempo… se podía hacer a favor de la minoría»(49).

No solamente trataban temas en esos retiros espirituales sino en continuas reuniones ordinarias, extraordinarias, eventuales, originadas por llegadas a España de personajes del ecumenismo… Programaban las semanas de la unidad a escala nacional, y suspendieron su celebración en Madrid un año debido a unas poco oportunas declaraciones del cardenal Tarancón, hablaban de la situación del protestantismo español con motivo de la aparición de nuevos grupos confesionales, analizaban la realidad del ecumenismo en España, abordaban el tema de la teología del bautismo para hacer una declaración conjunta, a la que no se ha llegado todavía. De especial interés resultaba todo lo referente a los matrimonios mixtos sobre lo que sí hubo un acuerdo. Sobre la objeción de conciencia la valoración ecuménica del documento del episcopado español sobre «La Iglesia y la Comunidad Política», sobre la Declaración de los Derechos Humanos veinte años después, sobre las dificultades del diálogo interconfesional después de una sentencia de los tribunales eclesiásticos de España, sobre la abolición de la pena de muerte, sobre el cristianismo ante la futura Constitución [en diciembre de 1977], el ecumenismo en el diálogo Norte-Sur, la Ley de Extranjería, la libertad de enseñanza, la libertad religiosa en los centros hospitalarios…

Vista esta pequeña lista de sus muchas actividades, el Comité Cristiano Interconfesional cumplía con creces los fines y objetivos previstos durante treinta años. En los últimos cambios de situaciones sociológicas y de personas representantes de las iglesias hicieron que esta importante organización ecuménica fuera perdiendo efectividad. Ahora algunas iglesias juntamente con la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, y en particular de su Secretariado, tratan de redactar unos estatutos para el comienzo de un Consejo de Iglesias en España.

Delegados diocesanos

Dirigía en el verano de 2002 un cursillo de ecumenismo a los miembros de un movimiento religioso-cultural y en el transcurso de ponencias y diálogos con los asistentes pregunté a uno de ellos, sacerdote, casi todos los demás eran laicos y gente joven, por el delegado de ecumenismo de su diócesis, pero no sabía quien era… Ante su laguna, unos y otros aportaron chascarrillos, anécdotas, sucesos y el buen sacerdote, joven también, telefoneó al vicario general preguntándole quién era el delegado. Enterados de la llamada, por la curiosidad que conlleva un asunto tan lleno de buen humor, le preguntamos por ese delegado: «No, no es que no supiera quien es —nos contestó— es que no existe delegado de ecumenismo en mi diócesis», y una carcajada subrayó sus palabras que le liberaban a él y acusaban a las diócesis. No es un caso que se repita, aunque, después de 40 años de Decreto de Ecumenismo, en algunas iglesias locales tienen un poco abandonado este tema.

Enseguida, por lo menos en las diócesis de mayor notoriedad ecuménica, apareció la figura pastoral del delegado diocesano de ecumenismo: Madrid, Barcelona, la Comunidad Valenciana, diócesis andaluzas, etc., por su apertura al turismo; Santiago de Compostela, Sevilla… fueron de las primeras en gozar de este apoyo en un campo tan nuevo y especial como éste. Incluso en diócesis carentes de cristianos no católicos, los delegados de ecumenismo han procurado una excelente formación y sensibilidad ecuménicas en sacerdotes y laicos. «Conozco delegados diocesanos católicos de ecumenismo —decía el Dr. Cañellas, de la IEE, en una entrevista en Ecclesia50, que desarrollan un gran esfuerzo en fomentar el acercamiento a cristianos de otras iglesias, con profunda fraternidad cristiana… Existen localidades donde la única presencia cristiana es la católica y no es posible celebrar actos interconfesionales. Esta circunstancia no impide, de ello soy testigo, que el delegado de ecumenismo católico manifieste una gran actividad para dar a conocer a los fieles el camino de la unidad de los cristianos por medio de conferencias, charlas radiofónicas, escritos…».

Ecumenistas de talla y curtidos en las lides de la implantación del movimiento ecuménico en las diócesis españolas fueron los primeros delegados de muchas de ellas. Manuel Gesteira y Mariano Perrón, que le sucedió, en Madrid, un puesto de privilegio en el ecumenismo de España; el P. Juan Bosch Navarro en Valencia, con los delegados que le antecedieron, como el P. Espasa; en Santiago de Compostela Carlos García Cortés, con importantes logros en la implantación del ecumenismo en ambientes teológicos de la diócesis en la Facultad de Teología y en cursillos para laicos, catequistas, etc.

Juntamente hay que citar al actual delegado Benito González Raposo, en continua participación en acontecimientos ecuménicos en su diócesis y en otras que se celebran a escala nacional; en Barcelona el actual es Jaime González Agapito, y hay que considerar el peso ecuménico del actual director del Centro Ecuménico de Cataluña, P. Botán, iniciador del ecumenismo en Barcelona y en toda España en aquellos años cincuenta del pasado siglo; Manuel González Muñana, delegado en Córdoba, ha llegado a formar un importante grupo de laicos bien formados y muy comprometidos con el ecumenismo más activo; de Salamanca ya hemos hablado mucho, pero no puede dejarse de citar especialmente a algunos de sus delegados: Adolfo González Montes, actual obispo de Almería y al P. Fernando Rodríguez Garrapucho, SCJ., actual delegado de Salamanca, hombres de teología, catedráticos de la Universidad Pontificia, autores de importantes obras ecuménicas, laboran activamente por un ecumenismo intelectual; en Segovia, que durante siglos no conoció ningún cristiano no católico en sus límites y ahora cuenta con unos pocos, fue no obstante cuna importante del movimiento ecuménico en España. Segovia cuenta en la actualidad con un delegado de ecumenismo, Domiciano Monjas Ayuso, uno de los puntales del mantenimiento ecuménico en tantas jornadas interconfesionales; en Zaragoza hallamos a uno de los delegados de primera hora, Octavio López Melus, cultivando un ecumenismo activo, rodeado de un importante grupo de laicos y en relaciones ecuménicas muy positivas; en Málaga realizó una labor ecuménica impresionante durante muchos años su primer delegado el P. Ramón Delius, SJ., que creó el conocido Centro «Lux Mundi» en Fuengirola y después en Torre del Mar, ambas poblaciones malagueñas. El P. Alcina en Mallorca, con buenas relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa en aquella isla.

Podríamos circunvalar la geografía nacional y hallar numerosos delegados de ecumenismo que ponen lo mejor de sus quehaceres en pro de la unión de los cristianos: Renedo en Valladolid, Portillo en Sevilla, Sastre en Valencia y así en Bilbao, Santander, Orihuela-Alicante, Muñana en Córdoba, etc.

El Directorio de Ecumenismo señala incluso que se puede hablar de delegados diocesanos de ecumenismo laicos. Así ha sucedido en la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid), donde durante varios años ha sido una mujer la delegada diocesana de ecumenismo, Mercedes Palacín. Todo ello supone abrir este campo a la participación directa de los seglares. Se dijo en el XIII Encuentro Ecuménico de El Espinar (Segovia) que «la Iglesia será ecuménica si los seglares son ecuménicos».

A cargo de los delegados corre conseguir que así sea y lograr un serio movimiento ecuménico entre los laicos de su diócesis. Aunque el ecumenismo atraviesa en España unos años de apatía y mínima actividad, en general es posible que a nivel de iglesias locales se esté logrando un aceptable marco de formación, sensibilización y compromiso e, incluso, se comiencen interesantes acercamientos a hermanos cristianos de otras iglesias. Creo, de cualquier forma, que es el delegado diocesano quien, como representante del obispo, debe sentirse verdaderamente implicado en la acción ecuménica y tener por muy seguro que cuanto no se haga en la diócesis, con verdadera creatividad y audacia, quedará sin realizarse.

A nivel nacional todo parece difuso, sujeto a demasiadas normas jurídicas muy alejadas del espíritu libre del movimiento a favor de la unión de los cristianos, reflejado en «Unitatis redintegratio» y en el Directorio de Ecumenismo o la carta de Juan Pablo II «Ut unum sint». Debe tener seguro el delegado de ecumenismo que el obispo en la iglesia particular es llamado a ejercer un ecumenismo similar al que realiza actualmente Juan Pablo II y que él ha sido elegido por el pastor diocesano para bregar en este campo tan apasionante e imprescindible en nuestro tiempo.

Son muchos años los que han pasado desde la promulgación del ecumenismo en la Iglesia católica con el decreto sobre este tema, aparecido el 21 de noviembre de 1964, ¡nada menos que cuarenta años! Y aquí, en España, falta mucho ecumenismo por hacer. ¿Causas? Nuestras circunstancias históricas, la absoluta mayoría católica, la forma de actuar de nuestros hermanos no católicos, el desinterés de gran parte de las jerarquías católicas, también de las jerarquías de esas iglesias. De todo se encuentra un poco. Pero cuando el delegado se pone a trabajar en su iglesia diocesana por esta causa todo cambia. En sus manos está la transformación de nuestra lamentable situación ecuménica.

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NOTAS

44. Notas de la II Asamblea Plenaria, 10-16 de julio, 1966.

45. DÍEZ MORENO, José Luis, en «Orígenes …», «Vida Nueva», n. 2264, p. 30.

46. DÍEZ MORENO, J. L., Convertir el espíritu ecuménico en talante ecuménico, en «Pastoral Ecuménica», n. 53, pp. 45-57.

47. Varios, Al servicio de la Unidad, p. 317.

48. «Orígenes del ecumenismo en España», «Vida Nueva», n. 2461, p. 29.

49. RUIZ POVEDA, Luis, El Comité Cristiano Interconfesional, en el libro «Al servicio de la Unidad», Sociedad de Educación Atenas-Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad», Madrid 1993.

50. «El escándalo de la desunión es un obstáculo para que los hombres crean en Jesucristo», «Ecclesia», n. 3032, 20 enero 2001, pp. 64-65.

 


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