Infoekumene

APUNTES PARA LA HISTORIA
DEL ECUMENISMO ESPAÑOL

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VII. DIVERSAS INSTITUCIONES ECUMÉNICAS

En estos casi cincuenta años de ecumenismo, al lado de los Centros Ecuménicos, trabajando en ellos, como verdaderos motores del movimiento ecuménico, han florecido en varias regiones españolas algunas instituciones ecuménicas. Pueden distinguirse las «Misioneras de la Unidad», las «Misioneras Ecuménicas», las «Oblatas de la Unidad», las «Dominicas de la Unidad», el «Carmelo Ecuménico» y otras tantas instituciones.

«Misioneras Ecuménicas»

Las «Misioneras Ecuménicas» fueron fundadas en 1959 por Guiulio Penitente. Su carisma son las palabras del Señor: «Padre, que todos sean una misma cosa, como Tú y Yo somos una sola cosa, para que el mundo crea que Tú me has enviado» [Jn 17,21], las mismas en las que se cimenta todo el ecumenismo y que las «Misioneras Ecuménicas» condensan en «Omnes Unum in Christo», proponiendo la unidad de la fe y de la comunión entre las iglesias cristianas. Piensan, con «Unitatis redintegratio» número 7, que el auténtico ecumenismo no se da sin la conversión interior y que Cristo Eucaristía y María son los dos pilares de su acción ecuménica, como signos visibles de la Unidad entre todos.

Sus actividades quieren ser como una cosa sola en Cristo y en la Iglesia y su apostolado ecuménico encuentra su equilibrio en la oración y en la acción y su eficacia en el servicio.

Forman tres ramas: sacerdotes, religiosos/as y laicos, con un verdadero espíritu de familia.

Desde 1959 ha ido residiendo en las siguientes casas: Cittadella Ecuménica Tadeide 00060 Riano – Roma; Via Marconi, 16 San Guiorgio di Martota – MN; Box 367 Somerville, Texas; San Fermín, 18 Pamplona (Navarra); Guanajuato, 109, 3805 (México).

Durante algún tiempo han realizado su misión ecuménica en el Levante español y ahora lo hacen de nuevo en Navarra y zonas circundantes.

Instituto «Misioneras de la Unidad»

El 6 de enero de 1962, fiesta de la Epifanía y la Estrella, junto a las milenarias piedras del Acueducto romano de Segovia, a la vera de la iglesia románica de san Millán del siglo XIII, comenzaba a existir como un pequeño grano de trigo de la «ancha» Castilla, un pequeño instituto religioso donde, aprobado por el obispo de la ciudad, ponían sus vidas al servicio de la unidad de los cristianos, cosa entonces prácticamente desconocida en España. Su carisma es la promoción de la unidad de los cristianos. Su nombre, «Misioneras de la Unidad», explica que «la misión las sustantiviza y la unidad las adjetiviza», realizándose a la sombra de dos textos evangélicos: «Id, pues, y enseñad a todas las gentes [Mt 28,19] y «Que todos sean uno… para que el mundo crea» [Jn 17,21], pues saben que la misión no se realiza si antes no se logra la unión, Por eso el ecumenismo constituye el sello y marca de su vida.

En coherencia con su carisma va su espiritualidad: la Santa Trinidad, pues Dios es la suma comunión, la máxima koinonía en donde se alimenta su espíritu y su piedad. Y su modelo Jesucristo, que Él es la manifestación del rostro de Dios y, por tanto, de tal koinonía. Esto explica que lo cristológico caracterice su espiritualidad. El seguimiento de Cristo es el señuelo que las guía, como a tantos cristianos, pero bajo una faceta: la entrega a la búsqueda de la unión de los suyos. El campo de apoyo de esa espiritualidad es la Iglesia, Cuerpo de Cristo en este mundo, Iglesia dividida desde siglos, santa y pecadora. Amar a la Iglesia Una y Visible, con un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo y también las distintas «tradiciones eclesiales», sus formas de entender y vivir la liturgia, devociones, praxis y hasta ciertos puntos doctrinales a lo largo de tantos siglos, es uno de los móviles de este instituto ecuménico.

Desde una exquisita fidelidad a la Iglesia católica, asumen también las riquezas espirituales, patrimonio común de las iglesias. Con su oración incesante trazan el armazón de su espiritualidad ecuménica insustituible en su vocación.

Tal carisma y espiritualidad lo ponen en la praxis de una incesante actividad ecuménica, especialmente desde su Centro Ecuménico, en cursos de formación bíblico-ecuménica, hablados y escritos (hace unos años y en fase de nueva reaparición ahora), oraciones interconfesionales, reuniones y convivencias con diferentes iglesias, encuentro ecuménico anual en El Espinar (Segovia), encuentros interconfesionales e internacionales de religiosas, publicaciones de libros, revista «Pastoral Ecuménica», «InfoEkumene» con su boletín de noticias ecuménicas, asociación interconfesional «Cristianos por la Unidad», «Asociación Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad», para coordinar diversas actividades ecuménicas de distintos lugares de la geografía española, relaciones con otros centros ecuménicos tanto de España como del extranjero, etc.

Desde 1965 residen en Madrid. Primero trabajaron en el «Centro Oriental» del P. Morillo, y hacia 1972 establecieron el Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad», en la plaza del Conde de Barajas, en el centro de la ciudad y desde el mes de abril de 2003 el arzobispado de Madrid instaló su Centro Ecuménico y residencia en un complejo nuevo de la parroquia de san Jenaro, en la calle José Arcones Gil, 37 de Madrid.

«Oblatas de la Unidad»

Las «Oblatas de la Unidad» fueron fundadas en 1981 en Burgos por el sacerdote Abelardo del Vigo Gutiérrez.

Su vocación y su carisma es la oblación por la Iglesia y de las iglesias. Oblación y unidad son dos ejes, en torno a los cuales gira su vida, los dos elementos esenciales que integran su existencia en cuanto consagradas a Dios. La eucaristía es el centro de su vida en cuanto signo de unidad y denuncia de la división existente entre las iglesias. Después de Cristo, su mejor modelo de oblación es María con su fiat. Viven su oblación por la unidad de la Iglesia. Su pasión es la Iglesia, su Cuerpo roto, lacerado, dividido.

El quehacer ecuménico de las «Oblatas de la Unidad» no se agota en la oblación por la unidad, sino que encuentra su complemento en una actividad ecuménica externa, en un trabajo hacia fuera por la unidad de la Iglesia y de las iglesias que comprende iniciativas muy diversas: la creación de una mentalidad ecuménica, los encuentros y las convivencias, la enseñanza y la catequesis, la oferta de lugares para la oración y contemplación, la erección de centros de irradiación espiritual y ecuménica, la colaboración con delegaciones o secretariados ecuménicos diocesanos.

Las «Oblatas de la Unidad» tienen también la importante tarea de impulsar la formación ecuménica, fomentar el diálogo y el intercambio personal con miembros de otras iglesias o confesiones religiosas y colaborar con ellos en la construcción de un mundo mejor. Su teléfono en Burgos es el 947 20 19 67.

«Dominicas de la Unidad»

En especial a partir de 1987 el dominico P. Bueno, que en 1963 fundó en Caleruela (Burgos) el movimiento «A la Unidad por María», reunió en Toledo a monjas de clausura para pedir por la unidad de los cristianos y las denominó «Dominicas de la Unidad». En la actualidad se encuentran en el Santuario de Nuestra Señora de Cortes, en Alcaraz (Albacete).

«Carmelo Ecuménico»

El «Carmelo Ecuménico» es un movimiento para el ecumenismo, una pequeña semilla de unidad, un nuevo camino en el movimiento ecuménico y en el diálogo interreligioso, a través de la oración, con personas de otras confesiones cristianas, con creyentes de otras religiones y con otros buscadores de la verdad que, con espíritu de diálogo y comunión con todos los seres humanos, buscan el sentido pleno de sus vidas, profundizando tanto en la experiencia de un Dios que es Amor, como en la experiencia y práctica del amor a los cristianos. Organizan encuentros, ejercicios, reuniones...

Otras instituciones

Se encuentran también distintas personas, fraternidades, grupos, etc, que se reúnen para vivir el ecumenismo, orar por la unidad de los cristianos y promover este movimiento. Entre ellos se encuentra la «Fraternidad Ecuménica Franciscana» (FEF) en Sevilla, que, además de reunirse con frecuencia edita, desde hace años, la revista o boletín «Hermano Menor», con distintos cambios en estos últimos años. Entre sus dirigentes destaca el Hermano Pablo Manuel, antes de la IERE y desde hace unos años perteneciente a la Iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala de USA, diócesis de España, cuya labor en nuestra nación dirige.

Encuentros Ecuménicos de Religiosas/os
(Encuentros Interconfesionales de Religiosas y Religiosos)

Los movimientos ecuménicos interconfesionales e internacionales de religiosos y religiosas tienen como cofundadores y directores a dos españoles. Uno, Julián García Hernando, de quien ya hemos hablado en estas páginas, el otro Martín Zabala Saleguí, a quien también nos hemos referido. El P. Zabala, sacerdote diocesano de Bilbao, es también un adelantado del ecumenismo. En 1973 fue nombrado delegado diocesano de Ecumenismo y aún continúa, como delegado emérito, colaborando en las lides ecuménicas de esa iglesia diocesana.

En 1989 se inició dentro del CIR los llamados «Encuentros de Monjes Orientales y Occidentales». Oración, estudio y reflexión llenan todas estas intensas jornadas desde la de 1989 en el monasterio ortodoxo de Colinvari (Creta), bajo el tema de «Quiénes somos nosotros», o el de 2001 en el monasterio de Dzaghaatzor, en Armenia, con el tema: «In sear of the precions Perle».

Además una actividad bien significativa de Martín Zabala se refiere al CIR o «Congreso Internacional e Interconfesional de Religiosos», que como fruto de su compromiso ecuménico, hizo que floreciera en el año 1979, mediante una serie de reuniones entre religiosos y monjes procedentes de distintos institutos cristianos de las cuatro grandes tradiciones cristianas: romana, anglicana, evangélica y ortodoxa, de distintos países. La lista de congresos celebrados es amplia, desde Loyola del 2-9 de agosto de 1979, hasta el monasterio Sneaton Castle en Inglaterra, de la Orden del Santo Paráclito, del 6-11 de septiembre de 2003, con la asistencia de sesenta personas: católicos, anglicanos, luteranos, ortodoxos, evangélicos, coptos, reformados…

En 1970, el metropolita Emilianos Timiadis, representante oficial del Patriarcado de Constantinopla ante el Consejo Ecuménico de las Iglesias (con quien el director entonces del Secretariado español de Ecumenismo se reunía frecuentemente en el CEI y en otros lugares del quehacer ecuménico) y Julián García Hernando, responsable de ese Secretariado de la Conferencia Episcopal Española, pusieron en pie un proyecto muy querido y pensado por estos dos ecumenistas de talla: reunir a religiosas de diferentes confesiones y en intensas jornadas reflexionar y orar por la unidad de los cristianos. De esta manera se inauguraron los «Encuentros Interconfesionales de Religiosas».

El primero tuvo lugar en ese mismo 1970 en el monasterio de Grandchamp, en Suiza, entre religiosas católicas, ortodoxas y protestantes. «Fueron unos días inolvidables, de esos que se presentan una vez en la vida», comenta una de las asistentes a aquellas primeras jornadas(51).

Estos Encuentros van ya por su XXXIV edición y se han celebrado a través de toda Europa a lo largo de estos más de treinta años: En Grandchamp (Suiza), Grottaferrata, Asís, Bose (Italia); Pomeyrol, Versalles, La Rochette (Francia); Bristol; Chevetogne; Zagreb; Valladolid, Ávila (España)…, el último fue en el lago Garda, en 2002, y el próximo se reunirá en el monasterio de New Valamo en Finlandia.

Cerraba don Julián aquel primer encuentro de 1970 así: «Comenzamos ahora un camino sin saber dónde nos lleva»(52). Y se oyó decir entre las presentes, admiradas ante la perspectiva de una nueva vocación dentro de su vocación: «Estos Encuentros deben continuar»(53). Y prosiguieron durante treinta y cuatro años con una profundización ecuménica entre religiosas y religiosos, que merecen estudiarse y exponerse detalladamente.

Asociación Ecuménica Internacional (IEF)

En 1974 una forma de entender la unión en Cristo de todos los cristianos en tres orientaciones: la comunión en el Espíritu Santo, la significación de la Eucaristía y el misterio de unidad de todos los cristianos. Es el mismo ecumenismo de siempre pero con connotaciones específicas: el conocimiento no sólo a nivel intelectual sino desde dentro, desde las realidades de cada iglesia, deteniéndose de forma especial en las peculiaridades y riquezas de cada una y encontrar así un equilibrio que acelera el movimiento de reconciliación entre las iglesias…

Esta forma se vive en la Asociación Ecuménica Internacional (Internacional Ecumenical Fellowship o IEF). Los miembros de la IEF pasan de un ecumenismo sólo de acción al ecumenismo de acogida del don de Dios en su misericordia, que quiere hacer de todos los cristianos una Iglesia visiblemente una, para que el mundo crea. La IEF piensa que la Iglesia es una comunidad celebrante en la cual la eucaristía es la expresión central de la fe. Las eucaristías compartidas han dado lugar a verdaderas reconciliaciones entre cristianos de diferentes confesiones al alabar a Dios juntos… Celebrar cultos juntos permite conocer a la otra Iglesia por dentro.

Las iglesias o los movimientos ecuménicos generan interesantísimos documentos que buscan la unión y los miembros de la IEF, de diferentes iglesias, reflexionan sobre muchos de ellos en sus reuniones locales, toman así conciencia de los conflictos, de la riqueza, de las peculiaridades y con todo esto lanzan un desafío a sus respectivas iglesias. Han creado de esta manera un ambiente para revelar y acelerar este movimiento y son conscientes de su misión reconciliadora en el espíritu de Jesús en sus comunidades. Han descubierto que lo que parecía no poderse compartir se ha convertido en fuente de la unidad buscada.

Actúan escuchando con coraje e inteligencia al Espíritu que guía a la Iglesia en la Tradición Apostólica para descubrir que siempre es Pueblo de Dios. Y lo realizan desde el espíritu de pobreza y agradecimiento, desde la misión de creer que tiene desde el diálogo y la oración con la esperanza de responder a las necesidades ecuménicas actuales.

También se halla extendida en España la IEF con una sección española. Presidentes de ella ha sido Julián García Hernando, José Sánchez Vaquero, Encarnación Garralda y en el momento actual Inmaculada González.

VIII. CONCLUSIÓN

Al finalizar este trabajo advierto tantas cosas no reflejadas en él. El espacio se vuelve inexorable. Creo que puede confeccionarse una lista con más de cien personas que actuaron y actúan en el ecumenismo español. Aquí queda iniciado sólo lo que luego otros puedan completar e investigar acerca de acontecimientos y personas ligadas al movimiento ecuménico en nuestro suelo, si es que sigue interesando.

Hubo unos principios rebosantes de efusión ecuménica. Después imperó el tesón por el ecumenismo y dio lugar a logros importantes. Tal vez la falta de una alimentación adecuada lo condujo a una realidad ecuménica enclenque, pero en estos momentos se impone volver a la pasión por la unidad, que es el testamento más firme del Señor; a renovar con verdadero compromiso el empeño por la revitalización de la búsqueda de la unidad; curar la anorexia del ecumenismo en España y encontrarle un sitio en lo espiritual, en el compromiso, en la formación, en la pastoral, en las relaciones y diálogos interconfesionales...

Si reflexionamos sobre nuestra vocación y misión de cristianos descubrimos que ninguno queda exento de esta llamada que el Evangelio y la Iglesia nos hacen, por nuestro bautismo y la participación en la eucaristía, y nos implica en la superación de este pecado que nos tiñe a todos los cristianos, incluidos los españoles.

Los primeros implicados, los ecumenistas, porque han descubierto y aceptado esa vocación en sus vidas, no pueden dejarse arrollar por el desánimo, los trabajos, la insistencia, la aparente inutilidad, la jerarquía eclesiástica, llamada a santificar, enseñar y regir al Pueblo de Dios; jerarquías de todas las iglesias, obispos católicos a quienes los documentos ecuménicos encomiendan abrir sus diócesis al ecumenismo y conducirlo con esmero y cuidado. Si ellos no se comprometen y toman riesgos, desafiando la dulce seguridad dentro de sus propias iglesias, ¿cómo delegados de ecumenismo, que hace pocas fechas, marzo del 2004, han celebrado sus XIV Jornadas Nacionales con ponencias de verdadera importancia y con escasa repercusión, van a realizar el esfuerzo requerido por la búsqueda de la unidad cristiana cuando advierten el desinterés de algunos de los obispos, e incluso la descortesía más elemental por parte de algunos bien significados, por ejemplo, con iglesias ortodoxas y ciertos obispos de éstas? Y los fieles que vivían muy a fondo el ecumenismo espiritual y pastoral, ¿pueden sentirse apremiados a ello si su pastor no tiene sensibilidad ecuménica, qué pueden hacer si no le ven rezar con los otros cristianos, dialogar con ellos, considerarlos, salir el primero al encuentro, como señala el Decreto de Ecumenismo?

¿Y qué decir a nuestros amados hermanos no católicos en España?: que al igual que ellos se sienten heridos por las posiciones poco consideradas de los católicos, también éstos se sienten a veces desconcertados por sus difíciles entendimientos mutuos, por la escasa repercusión de la acción ecuménica y su falta de esfuerzo por encontrar la unión, ¡qué también el pecado de la desunión afecta a ellos!

Párrocos y pastores deben poner su acción pastoral con prioridad en el ecumenismo «para que el mundo crea». La acción ecuménica de los laicos es urgente e imprescindible.

José Luis Díez Moreno

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NOTAS

51. MARIANGELA DELLA VALLE, FRM., «Vida consagrada y unidad. Encuentros Interconfesionales de Religiosas», en Al Servicio de la Unidad. Homenaje a D. Julián García Hernando en su 50 Aniversario de sacerdocio, Sociedad de Educación Atenas-Centro Ecuménico «Misioneras de la Unidad», Madrid 1993, pp. 237-250.

52. Ibídem.

53. Ibídem.

 


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