DIÁLOGO
INTERRELIGIOSO
Todo ser humano
esencial y fundamentalmente es religioso: siempre
ha querido acercarse a Dios y conocer sus designios
y proyectos, pero existencialmente el hombre ha
podido percibir que Dios es siempre un misterio
inabarcable a la par que fascinante, y que las
religiones todas son caminos de acceso. Sin embargo,
en el cristianismo Dios es el que se acerca al
hombre en la persona divina y humana de Jesucristo,
imagen del Dios invisible (Col 1,15). Así,
el cristiano percibe desde el comienzo hasta el
fin de su vida la dignidad de sentirse creado
por Dios y llamado a una vida sobrenatural, pero
su vida no se fundamenta en unas prácticas sino
que se concreta en la adhesión a la persona de
Jesucristo.
Por su encarnación
hace dos mil años, Jesucristo entró en el mundo
de los hombres y convivió en el espacio geográfico
que hoy es la tierra de Israel. Con todos trató,
a todos amó, por todos murió y resucitó. En el
evangelio se pone de manifiesto que no excluyó
ni a la mujer cananea (Mt 15, 22.28) ni al centurión
romano (Mt 8,5.10) cuando se acercaban a él en
demanda de salud; al contrario, alabó la buena
disposición y la fe en su palabra, sin tener en
cuenta la pertenencia judía o la condición romana.
Por su vida y por su muerte redentoras, todos
los hombres son beneficiarios de su designio salvador,
que es universal.
La Iglesia católica
continúa la misión de Jesucristo, acercándose
a todo hombre en actitud samaritana y acercando
a todos los hombres a Jesucristo mediante el anuncio
o propuesta del evangelio. Confiesa los destellos
de verdad, bondad y belleza que están presentes
en todas las religiones, pero proclama que Dios
es la auténtica Verdad, Bondad y Belleza que llega
al hombre gracias a Jesucristo.
Esta firme convicción
no siempre se ha realizado en la Iglesia católica
de forma coherente: creyendo en la certeza de
su mensaje, sus fieles han sido excluyentes para
con sus hermanos cuando no compartían la fe cristiana,
y de forma análoga los creyentes de otras religiones
veían en los cristianos a los enemigos que había
que combatir. Así surgieron conquistas y reconquistas,
cruzadas y guerras "santas", holocaustos y martirios.
La Iglesia católica recuerda a sus hijos que todas
las religiones tienen algunos elementos comunes
compatibles con el evangelio y que han de conducir
a la solidaridad humana y fraterna entre los hombres.
Esto significa que hay que abandonar las actitudes
hostiles que han podido darse entre cristianos
y no cristianos a lo largo de la historia.
El judaísmo,
el cristianismo y el islam son las tres grandes
religiones monoteístas que profesan su fe en el
Dios único: sus respectivas Escrituras (la Torá
o la Ley para los judíos, el Evangelio para los
cristianos y el Corán para los musulmanes) se
fundamentan en Dios; el mensaje que proclaman
tiene una misión universal (Dt 7,7-8; Mt 28,19;
Corán 6,19) que ha de realizar el judío (observando
las normas y preceptos), el cristiano (anunciando
el evangelio) y el musulmán (recitando la revelación
coránica). Junto a las tres religiones monoteístas
existen otras (los sistemas religiosos asiáticos
del budismo o del hinduismo, y las religiones
africanas y americanas que carecen de revelación
escrita). La actitud de la Iglesia católica hacia
todas las religiones es de sincero respeto y pide
a los cristianos diálogo y colaboración con otros
creyentes (NA 2), porque todos tienen igual dignidad
de donde brotan los mismos derechos.
Esta pluralidad
de religiones, que muchas son anteriores a Jesucristo,
han de llevar a los católicos a reconocer un pluralismo
religioso en que se aprenda a convivir y a trabajar
en muchos campos comunes. Así se logrará erradicar
de nuestro mundo la discriminación o antisemitismo
por motivos étnico-religiosos, el fanatismo o
el sectarismo, e indirectamente los conflictos
religiosos que frecuentemente asoman y son una
amenaza para la paz.
Para llevar
a cabo esta difícil tarea, la Iglesia católica
no deja su empeño de diálogo y colaboración con
todos los hombres de nuestro tiempo, y especialmente
con los creyentes de otras religiones, sin excluir
a los movimientos religiosos o sectas. El diálogo
interreligioso, a diferencia del diálogo ecuménico
que persigue como meta la unidad de los cristianos,
es un medio de acercamiento de los creyentes,
quienes tratan desde el convencimiento de sus
propias creencias y sin persuadir al interlocutor
a cambiar de idea o creencia religiosa, de enriquecerse
con los valores existentes en otras religiones,
y de estimularse en una colaboración conjunta
sobre temas que afectan a toda la humanidad. El
diálogo interreligioso no es una táctica para
alcanzar una única religión, ni trata de defender
o confrontar apologéticamente un determinado credo.
Si no existe el diálogo interreligioso, no tardará
en aparecer el fundamentalismo, que es la mayor
negación de la libertad religiosa.
Para la Iglesia
católica el diálogo interreligioso es, además,
una forma de evangelizar, es decir, de proponer
el mensaje evangélico, aunque la evangelización
no se identifica con el diálogo interreligioso,
ni éste es una alternativa a aquélla. No obstante
ambos conceptos, diálogo y anuncio, han de ser
compaginados y relacionados estrechamente.
¿En qué campos
las religiones han de dialogar y colaborar? Cada
una deberá conocer su aportación a la paz del
mundo, su proyecto sobre la vida y la familia,
el respeto a las comunidades minoritarias, la
dignidad de la persona humana y su expresión en
los derechos humanos, de modo especial el de la
libertad religiosa y su ejercicio, el conocimiento
reciproco e intercambio de informaciones: todo
esto supone un serio examen, provocando el diálogo
interreligioso un diálogo intrarreligioso.
En nuestro país
el diálogo interreligioso aún no se ha iniciado.
Nuestra larga historia ha estado marcada por guerras,
prejuicios, ignorancia y hasta discriminación
e intransigencia. Todavía estamos necesitados
cristianos y no cristianos de pasar de la tolerancia
al reconocimiento de unos valores existentes en
toda religión.
Sería de desear
que, al igual que la Iglesia católica tiene voluntad
decidida de estar a la escucha y en permanente
actitud de diálogo, todas las religiones y grupos
religiosos secundaran estos mismos deseos: esto
se lograría mediante un comité entre las tres
religiones monoteístas, que en España ya han alcanzado
"notorio arraigo" para dialogar con el Estado,
pero carecen de cauce idóneo para dialogar entre
si.
Entre las religiones
existentes en España cabe citar:
el
judaísmo;
el
islamismo;
otras
religiones.