“DONDE
DOS O TRES SE REÚNEN EN MI NOMBRE,
ALLÍ ESTOY YO EN MEDIO DE ELLOS” (Mt 18,
20)
Textos
preparados y publicados conjuntamente por el Consejo
Pontificio para la promoción de la
Unidad de los Cristianos y la Comisón "Fe
y Constitución" del Consejo Ecuménico
de las Iglesias
Traducción
preparada por la Comisión para las Relaciones Interconfesionales
de la Conferencia Episcopal Española
BUSCAR
LA UNIDAD DURANTE TODO EL AÑO
Tradicionalmente,
la Semana de oración por la unidad de los cristianos
se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron
propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo
entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta
elección tiene un significado simbólico. En el hemisferio
Sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de
verano, se prefiere adoptar igualmente en otra fecha,
por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el
movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa
también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.
Guardando esta flexibilidad
de espíritu, os animamos a considerar estos textos como
una invitación para encontrar otras ocasiones, a lo
largo del año, y expresar el grado de comunión que las
Iglesias ya han alcanzado, y orar juntas para llegar
a la plena unidad querida por Cristo.
Adaptar
los textos
Estos textos que han sido
propuestos, cada vez que sea posible, se procurará adaptarles
a las realidades de los diferentes lugares y países.
Al hacerlo, se deberá tener en cuenta las prácticas
litúrgicas y devocionales locales así como el contexto
social-cultural. Tal adaptación deberá comportar normalmente
una colaboración ecuménica.
En muchos países, las estructuras
ecuménicas existen y permiten este género de colaboración.
Esperamos que la necesidad de adaptar la «Oración» a
la realidad local pueda animar la creación de esas mismas
estructuras allí donde éstas no existen todavía.
Utilizar
los textos de la Oración por la unidad de los cristianos
- Las Iglesias y
las Comunidades cristianas pueden igualmente servirse
para sus celebraciones de las oraciones y de otros
textos de la Celebración ecuménica de la Palabra
de Dios, de los textos propuestos por el Octavario
y de las oraciones presentes en el apéndice de este
folleto.
- Las Iglesias y
Comunidades cristianas que celebran la «Oración
por la unidad de los cristianos» cada día de la
semana, pueden encontrar sugerencias en los textos
propuestos para el Octavario.
- Si se desea realizar
estudios bíblicos sobre el tema del año 2005, pueden
servir de apoyo igualmente los textos y las reflexiones
bíblicas propuestas para el Octavario. Los
comentarios de cada día pueden concluir con una
oración de intercesión.
- Para las personas
que desean orar en privado, los textos de este folleto
pueden animar sus oraciones y su llamada a la comunión
con todos aquellos que oran en todo el mundo por
una mayor unidad visible de la Iglesia de Cristo.
TEXTO BÍBLICO (Mt 18, 18-20)
Os
aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado
en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará
desatado en el cielo.
Otra cosa os digo también: si dos de vosotros, estéis
donde estéis, os ponéis de acuerdo para pedir algo en
oración, mi Padre celestial os lo concederá. Pues donde
dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos.
(Traducción ecuménica del Nuevo Testamento)
Introducción
Donde
dos o tres se reúnen en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20)
Lo que nos une es mucho
más fuerte que lo que nos separa: éste es el gran hallazgo
que está en el origen del movimiento ecuménico. El elemento
más importante de nuestra unidad está en la presencia
de Cristo resucitado, que prometió a sus discípulos
que él estará con ellos hasta el fin de los tiempos.
Al final del Evangelio de san Mateo, Jesús hizo esta
promesa inmediatamente después de haber dicho a sus
discípulos de que se vayan a hacer nuevos discípulos
en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf Mt 28,19-20).
Era consciente de las dificultades de todo tipo que
ellos deberían afrontar y no quiso dejarlos huérfanos
en su misión (cf. Jn 14). Les prometió que él
estará con ellos. Él es el “Emmanuel”, es decir, el
“Dios con nosotros”.
Los Evangelios nos hablan
de diversos modos en los que Jesús, nuestro Señor resucitado,
está presente entre nosotros: cuando su Palabra es proclamada
y vivida, y cuando el pan y el vino eucarísticos son
ofrecidos en su memoria; está igualmente presente en
el niño pequeño, en el hambriento, en el encarcelado,
en el despreciado; está presente en cada uno de nuestro
prójimo; está presente en los que prosiguen su misión
y su ministerio por el mundo. En este contexto se expresa
la promesa de Jesús, que sirve de tema para la Semana
de oración por la unidad de este año: “Donde dos o tres
se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”
(Mt 18,20).
Esta promesa la va situando
Mateo en el contexto de una enseñanza de Jesús: cómo
organizar la comunidad eclesial con la preocupación
por los más despreciados, cómo puede la Iglesia estar
al servicio de sus miembros que se han extraviado, qué
límites hay que poner al perdón. En Mt 18 se encuentran
textos importantes que nos juzgan. Son textos orientadores
destinados a la comunidad de los cristianos, que muestran
dónde está la responsabilidad de sus discípulos. Otros
textos vienen a ayudar en otra dirección, subrayando
la preocupación de Dios hacia cada persona y haciendo
a cada comunidad una llamada al perdón ilimitado, a
imagen de la capacidad infinita de reconciliación que
hay en Dios. Este capítulo proporciona instrucciones
dejadas por Jesús a los primeros cristianos: la manera
de construir la comunidad no puede dejarles indiferentes.
La comunidad que se reúne en torno a la persona y a
la palabra de Jesús debe hacer todo lo posible para
estar en armonía. En este contexto el Señor invita a
sus discípulos a tener confianza en el poder de la oración
comunitaria así como en su presencia permanente en medio
de la comunidad que se reúne en su nombre.
Durante la Semana de oración
por la unidad de los cristianos y en nuestra oración
por la unidad durante todo el año, estamos invitados
a tomar conciencia profundamente de que la unidad es
una gracia y de que debemos invocar sin cesar este don.
Los que nos esforzamos en promover la unidad de nuestras
propias comunidades y la unidad de todos los cristianos,
sabemos que es importante reunirnos de forma ecuménica
en el nombre de Jesús. Cada vez que nos reunimos así
en oración, estamos invitados a tener confianza en el
poder de la oración ofrecida en la presencia de Jesús
que ha prometido a sus discípulos “Os digo también:
si dos de vosotros, estéis donde estéis, os ponéis de
acuerdo para pedir algo en oración, mi Padre celestial
os lo concederá” (Mt 18,19). Lo que verdaderamente cuenta
no es una pluralidad de voces sino el hecho de que esas
voces estén unidas en la oración. La voz silenciosa
que habla en el corazón de cada uno es ampliada cuando
nos reunimos en el nombre de Cristo. Recordemos en nuestra
oración y demos gracias al Señor por los avances realizados
a lo largo de los últimos decenios en el camino de la
unidad; Jesucristo ha estado presente entre nosotros
mediante el poder de su Espíritu y con nosotros ora
al Padre.
La promesa de la presencia
de Jesús entre nosotros no se limita sólo a la comunidad
reunida en la celebración litúrgica. Puesto que el amor
de Dios Trinidad se ha encarnado en Jesucristo, nos
es posible vivir en Cristo una vida de comunión enraizada
en la misma Trinidad. Por la presencia de su Espíritu
Santo, el Señor resucitado desea estar con nosotros
en todo tiempo y lugar, compartiendo nuestras preocupaciones,
dándonos consejos, caminando a nuestro lado, visitando
nuestras casas y lugares de trabajo, reavivando nuestra
alegría por su presencia que nos conduce directamente
al corazón del Padre. Quiere que sintamos la proximidad
de Dios, su fuerza y su amor. Quiere estar entre nosotros
para testimoniar él mismo su amor y su presencia en
nuestras vidas, en el trabajo, en la escuela y en los
ámbitos en que vivimos.
Está bien recordar que
muchas cosas se han cumplido a lo largo de la historia
cristiana “en nombre de Jesús”, cosas que no tienen
nada que ver con la enseñanza de Cristo, con el ejemplo
que nos ha dado en su vida y en su muerte. Nuestras
historias individuales o comunitarias nos ofrecen razones
para arrepentirnos. Justamente leemos Mt 18,20 a la
luz de la primacía dada al mandamiento del amor en el
Evangelio de Juan: “Mi mandamiento es éste: amaos los
unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15,12)
y “Vuestro amor mutuo será el distintivo por el que
todo el mundo os reconocerá como discípulos míos” (Jn
13,35). La presencia de Jesús allí donde dos o tres
se reúnen en su nombre está estrechamente vinculada
al amor que estos dos o tres tienen los unos para los
otros.
Reunirse en el nombre de
Jesús significa participar en el amor que él nos ha
traído a la tierra. Este amor no puede ser reducido
a la simple filantropía, solidaridad o benevolencia;
va más allá de la amistad o del deseo. Es un amor que
se da totalmente, que acepta el sufrimiento, que “todo
lo excusa... todo lo cree... todo lo espera... todo
lo tolera” (1 Cor 13,7). Es un amor que necesita prudencia
y paciencia cuando discernimos la presencia del Señor
y la dirección que nos indica.
Para poder ser también
receptivos de la presencia de Jesús entre los cristianos,
debemos aprender a vivir juntos un “ecumenismo cotidiano”
que acompaña la búsqueda de la unidad teológica. Esto
significa estar abiertos y dejarse enriquecer por las
tradiciones espirituales, las riquezas y las costumbres
del otro en nuestro común empeño, concretamente, de
edificar el Reino de Dios sobre la tierra. Esto significa
también promover una cultura de interdependencia aprendiendo
juntos a ver lo que hay de positivo en las características
de toda comunidad eclesial y étnica, de toda historia
y mentalidad, características que fácilmente pueden
dividir a los cristianos. Ser conscientes de que todo
lo que compartimos nos permite afrontar más eficazmente
lo que todavía nos separa. Un ecumenismo de vida implica,
cada vez que es posible, la oración común, la misión
común y el testimonio común cuando tomamos parte juntos
y cada vez más en la vida según el Espíritu. Eso significa
también compartir con los otros los aspectos ordinarios
de nuestra vida, de tal forma que podamos reconocernos
siempre como más hermanas y hermanos en Cristo, y que
podemos ver en el otro la presencia misma del Señor.
Nada es pequeño si se hace
con amor. Ningún gesto de amor, de testimonio, de colaboración
en nombre de Jesús, ninguna oración común está desprovista
de sentido y de valor si responde a la voluntad de Cristo,
que todos sus discípulos sean una misma cosa. Cada una
de estas acciones, aunque modestamente, expresa nuestra
determinación de amarnos unos a otros como Cristo nos
ha amado; esto puede ser igualmente un signo elocuente
ante un mundo frecuentemente incapaz de reconocer la
presencia de Dios o indiferente ante sus designios.
El grupo ecuménico que
se reunió en Irlanda para preparar los textos de la
Semana de oración por la unidad de los cristianos era
consciente de la riqueza del patrimonio espiritual de
este país que se remonta a la antigüedad cristiana y
que comparten así todas las tradiciones cristianas presentes
en Irlanda. Los miembros del grupo eran igualmente conscientes
de que las Iglesias cristianas estaban implicadas y
decididas a terminar con los conflictos y tensiones
que han marcado fuertemente la vida de Irlanda durante
los últimos siglos. Las divisiones entre los cristianos
han provocado profundas heridas o las han agravado.
Es la tercera vez que durante
los últimos veinticinco años el grupo de preparación
de la Semana de oración por la unidad se reúne en Irlanda,
cuando la violencia disminuye y la esperanza aumenta
al ver realizarse la paz de Cristo. La rica historia
pero compleja de Irlanda ha dado al grupo buenas razones
para escoger este año Mt 18,20 como texto bíblico
central y tema de la Semana de oración por la unidad
de los cristianos 2006.
La intención del grupo
ha sido, en primer lugar, llamar la atención sobre Jesús
como fuente de nuestra unidad, subrayando que él ya
nos indicó cómo podemos ser instrumentos de la unidad
que Dios desea para nosotros.
En segundo lugar, además
de que la esperanza puede nacer y crecer rápidamente
en gestiones e iniciativas a gran escala, los miembros
del grupo preparatorio han resaltado que el simple encuentro
de dos o tres reunidos en el amor mutuo de Cristo es
un medio esencial para construir relaciones entre pueblos
y comunidades divididas. Los encuentros en grupos restringidos,
las relaciones y amistades a nivel local pueden dar
un fuerte impulso a la difusión de un espíritu de paz
y de reconciliación. Muchas experiencias de la historia
reciente de Irlanda lo atestiguan.
En
tercer lugar, el grupo subrayó que para poder tener
esperanza en el futuro y construir hoy la paz y la reconciliación,
era necesario tomar en consideración los remedios dolorosos
y los sufrimientos del pasado. Como discípulos de Cristo,
debemos comprometernos a poner los medios constructivos
para curar las heridas del pasado y ofrecer un testimonio
común, buscando y eligiendo los caminos que conducen
a la reconciliación. En este espíritu, todos los cristianos
que utilizan los textos de la Semana de oración están
invitados a reunirse en la plegaria y en el amor recíproco
para aprender a comprenderse los unos a los otros en
sus diferencias. De este modo podemos llegar a ser signos
siempre más poderosos de reconciliación y testimoniar
la presencia del amor de Cristo que nos sana.
Los textos bíblicos propuestos
y los comentarios para el octavario tienen como propósito
estimular una reflexión prolongada sobre la invitación
a reunirnos en su nombre, que Jesús ha dirigido a sus
discípulos. El primer día desarrolla la idea de que
todos los cristianos, por pertenecer a Cristo, pertenecemos
los unos a los otros y estamos reunidos en una comunión
que ya se manifiesta en nuestro reconocimiento común
del bautismo. El segundo día ofrece una meditación sobre
la importancia de la humildad en el servicio (el ejemplo
que se nos ha dado aquí es el de la invitación hecha
a los discípulos de Cristo a lavarse los pies mutuamente)
como medio de construir la unidad de la Iglesia. El
tercer día se concentra en la importancia de la oración
común, sugiriendo que cuando Jesús oraba por la unidad
de sus discípulos, puede ser posible que ellos no estaban
todavía reunidos en su nombre; la presencia de Jesús
entre nosotros nos une a él y nos une a unos y otros.
El tema del cuarto día es el de la purificación de la
memoria y del perdón ofrecido y recibido, elemento esencial
del redescubrimiento y de la reafirmación de nuestra
unidad en Cristo.
El quinto día describe
la presencia de Dios como fuente de paz y de estabilidad,
de valentía y de fuerza, que nos anima a buscar los
medios para realizar la paz. El tema del sexto día nos
permite reflexionar sobre el doble movimiento de la
misión: reunión y envío. Estas dos acciones tienen cada
una como fin realizar la voluntad del Padre, que es
la de animar al débil y proclamar que el Reino de Dios
está cerca. El séptimo día nos invita a acoger al prójimo
y al extranjero con todas sus diferencias, a reconocer
que la presencia de Cristo en ellos determina nuestro
compromiso y el seguimiento de nuestra tarea ecuménica.
El día octavo se vuelve en la esperanza hacia el fin
de nuestra peregrinación que nos conduce a la plenitud
de la presencia de Cristo. A lo largo del camino estamos
animados a descubrir que los otros cristianos no son
más extranjeros, sino compañeros de viaje, y a anticipar
juntos el día en que tenderemos las manos los unos a
los otros en la presencia de Cristo.
PREPARACIÓN DE LOS TEXTOS
PARA EL OCTAVARIO 2006
El proyecto inicial a partir
del cual este folleto se ha preparado, ha sido preparado
por un grupo ecuménico de Dublín. Dirigimos nuestros
sinceros agradecimientos a todos los miembros del grupo
preparatorio irlandés:
P. Irineu Ioan Craciun
(Iglesia ortodoxa griega de la Anunciación de Dublín)
P. Athanasius George (Iglesia
copta ortodoxa de Irlanda)
Rev. Elizabeth Hewitt
(iglesia metodista de Irlanda)
Rev. Mary Hunter (Iglesia
presbiteriana de Irlanda)
P. Hung Kennedy (Iglesia
católica)
P. Brendan Leahy (Iglesia
católica)
Pastor Fritz-Gert Mayer
(Iglesia luterana de Irlanda)
P. John McCann (Iglesia
católica)
Rev. Alan McCormack (Iglesia
de Irlanda)
P. Godfrey O´Donnell (Iglesia
ortodoxa rumana de Irlanda)
La versión definitiva de
estos textos fue llevada a cabo con ocasión de la reunión
del grupo preparatorio internacional nombrado por la
Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de
las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción
de la unidad de los cristianos de la Iglesia católica.
Este grupo internacional se reunió en el Centro de los
Focolares, cercano a Prosperous en el County Kildare
(Irlanda) gracias al generoso apoyo de la Conferencia
Episcopal Irlandesa. Tenemos que agradecer al Arzobispo
Séan Brady, al Obispo Anthony Farquhar y al Padre Brendan
Leahy, así como a todo el equipo del Centro de los Focolares
por su amable hospitalidad y por todo lo que ellos llevaron
a cabo para facilitar el trabajo del grupo preparatorio
internacional.
El
ecumenismo en Irlanda
St
Patrick´s Breastplate es
una célebre oración que resonó a lo largo de muchos
siglos de la historia irlandesa. Expresa la esperanza
de que Cristo esté “en el corazón de cada hombre que
piensa en mí, en cada boca que me habla, en cada ojo
que me ve, en cada oído que me escucha”. A partir del
siglo VI, gracias a los misioneros irlandeses, Jesús
volvió a estar presente en la boca, ojos, oídos y pensamiento
de innumerables personas de todo el continente europeo.
Hoy día los misioneros y los colaboradores irlandeses
de todas las confesiones continúan ofreciendo un testimonio
elocuente de espíritu cristiano de caridad para con
el prójimo.
Sin embargo, el origen
de los problemas que afectan a Irlanda son más de naturaleza
política, cultural, histórica y social que religiosa,
que también a lo largo de los últimos años, en el relato
de los trágicos acontecimientos de Irlanda difundidos
por los medios de comunicación del mundo entero, todo
es cuestión de una lucha entre católicos y protestantes.
Es verdad que muchos de los que perpetraron actos de
violencia se definen como “cristianos”. Igualmente es
desconsolador constatar que estos conflictos atestiguan
en parte las trágicas divisiones entre cristianos.
Afortunadamente, después
de una década de años, el proceso de paz en Irlanda
del Norte ha seguido regularmente su curso, aunque los
progresos siempre son frágiles. Cada día hay nuevos
esfuerzos que hacen vivir la tolerancia y la armonía,
el perdón, la reconciliación y el respeto mutuo.
A pesar de estos terribles
sufrimientos aguantados en Irlanda del Norte, pero también
puede ser por ellos, las relaciones entre cristianos
se han transformado en estos últimos años. El número
actual de encuentros y el grado de colaboración y de
interacción entre los miembros responsables de las diferentes
Iglesias hubieran sido absolutamente impensables hace
cuarenta años. Sería imposible denominar los numerosos
granos de paz que han sido sembrados a nivel individual
y comunitario.
Por supuesto, el ecumenismo
en Irlanda no se limita a los acontecimientos de Irlanda
del Norte. De hecho, la isla irlandesa está dividida
en dos jurisdicciones, lo que tiene igualmente consecuencias
para el diálogo ecuménico. Y aunque las Iglesias trabajan
a nivel de toda Irlanda, en los “universos” diferentes
de estas dos jurisdicciones las espectativas, las prácticas
y las experiencias ecuménicas son diversas.
En la República de Irlanda
los católicos gozan de una amplia mayoría comparativamente
con los protestantes minoritarios. Por consiguiente,
protestantes y católicos pueden simplemente no tener
ocasión de encontrarse! En Irlanda del Norte la diferencia
entre el número de católicos y de protestantes no es
muy importante, pero las tensiones de las últimas décadas
han hecho nacer una atmósfera ecuménica diferente.
Numerosas iniciativas interconfesionales
tienen lugar en Irlanda y son fuente de ánimo. Las celebraciones
durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos
son actualmente muy frecuentes. La Jornada anual internacional
de oración de las mujeres reúne cada vez más mujeres
de diferentes confesiones. Se forman grupos para estudiar
la Biblia y comentar los documentos eclesiales. Los
proyectos concretos son igualmente ocasiones de colaboración
y de amistad, como por ejemplo las iniciativas educativas
orientan a una mejor comprensión, el estudio en común
de la historia local, la organización de coloquios y
de iniciativas sociales concretas. Los grupos que interpretan
los villancicos de Navidad son constituidos ocasionalmente,
y otros acontecimientos anuales son igualmente organizados
conjuntamente. Los grupos ecuménicos, los foros religiosos,
los encuentros del clero, los proyectos de educación
para la paz y las comidas de amistad son cada vez más
frecuentes, particularmente en Irlanda del Norte.
Uno de los acontecimientos
más notables en Irlanda ha sido la inauguración de la
Irish School of Ecumenics (Instituto irlandés
de ecumenismo) en 1970. Entre otras iniciativas ecuménicas
irlandesas merecen ser señaladas el coloquio anual de
Glenstal que tiene lugar después de 1964, y el de Greenhills
(en los alrededores de Drogheda) después de 1966. Por
otra parte, la Comunidad de Corymeela es mundialmente
reconocida como un signo de reconciliación.
La violencia y el sectarismo
han generado prejuicios bien profundos, dejando heridas
y tristes recuerdos fácilmente capaces de bloquear el
compromiso en toda búsqueda de diálogo con los miembros
de otra confesión. El sectarismo ha sido definido como
“un conjunto de actitudes, de creencias, de comportamientos
y de estructuras en las cuales la religión jugó un papel
importante y que directamente, o indirectamente, llevan
a afectar los derechos de los individuos o de los grupos,
y/o influir en el origen de situaciones de conflictos
destructivos”.
La cuestión del sectarismo
es objeto de una atención particular en Irlanda, particularmente
después de la firma del Acuerdo de Paz del Viernes Santo
de 1998. Mientras nosotros nos esforzamos en promocionar
una cultura que vaya más allá del sectarismo, tenemos
la necesidad de reconocer lo que todos los cristianos
comparten en la presencia de Cristo resucitado. Un cierto
número de proyectos existen actualmente, que intentan
poner al día las actitudes negativas ancladas en nosotros
de cara al otro, y de ayudar a las personas a superar
el pasado de manera eficaz y concreta.
Las difíciles circunstancias,
como por ejemplo ciertas manifestaciones sectarias en
Irlanda del Norte, se manifiestan a veces como útiles
ocasiones para aumentar nuestros esfuerzos ecuménicos.
Tal fue el caso, entre otros, cuando el Sínodo de la
Iglesia presbiteriana redactó una declaración oficial
de apoyo a favor de una parroquia católica, víctima
de un incidente sectario destructor, y esta declaración
fue leída, a petición de los firmantes, durante las
misas celebradas en la parroquia católica.
La principal instancia
ecuménica de Irlanda es el Irish Inter-Church Meeting,
que se reúne por primera vez en Ballymascanlon en
septiembre de 1973. Este Comité interconfesional, formado
por responsables y representantes de los miembros del
Consejo irlandés de Iglesias y de la Conferencia Episcopal
de la Iglesia católica, se reúne varias veces al año.
Está constituido por dos departamentos, uno encargado
de las cuestiones teológicas, y otro tratando los temas
sociales. Estos encuentros entre responsables y representantes
de las diversas Iglesias han contribuido ampliamente
a tratar juntos ciertas cuestiones importantes, tales
como el de los matrimonios mixtos.
La lista de los miembros
del Consejo irlandés de Iglesias nos da una idea de
la gran variedad de Iglesias presentes en la isla: la
Cherubim and Seraphim Church de Irlanda, la Iglesia
anglicana de Irlanda, la Iglesia copta ortodoxa de Irlanda,
la Iglesia ortodoxa griega en Gran Bretaña e Irlanda,
la Life Link Network of Churches, la Iglesia
luterana en Irlanda, la Iglesia metodista en Irlanda,
el Distrito irlandés de la Iglesia morava, la Non-Subscribing
Presbyterian Church, la Iglesia presbiteriana
en Irlanda, el Ejército de la Salvación (División irlandesa),
la Sociedad religiosa de amigos de Irlanda, la Iglesia
ortodoxa rusa en Irlanda, la Iglesia ortodoxa rumana
en Irlanda.
Todavía hay todos los años
actividades ecuménicas concernientes sobre todo a las
cuatro “principales” Iglesias como son llamadas: la
Iglesia católica, la Iglesia anglicana de Irlanda, la
Iglesia presbiteriana y la Iglesia metodista. Un importante
cambio tiene lugar actualmente en el campo ecuménico,
y es debido al aumento del número de fieles de las Iglesias
ortodoxas, de ciertas Iglesias étnicas minoritarias
y de otras nuevas comunidades en Irlanda. Esta evolución
no dejará de tener considerables consecuencias en el
paisaje ecuménico.
Después de 1996, cerca
de 200.000 inmigrantes han llegado a la República de
Irlanda y actualmente representan el 5% de la población,
que cuenta un total de cuatro millones de habitantes.
La presencia ortodoxa ha pasado de 358 personas en 1991
a 10.437 en 2002 y sigue aumentando rápidamente. Igualmente,
numerosas Iglesias mayoritariamente de negros se han
establecido y se desarrollan rápidamente en todo el
país.
Las religiones no cristianas
están igualmente en un periodo de crecimiento, lo que
tiene forzosamente repercusiones sobre las relaciones
ecuménicas, puesto que los cristianos son llamados de
este modo a reflexionar sobre su testimonio común y
su apertura hacia otras comunidades de creyentes. El
censo de 2002 ha mostrado que en la República de Irlanda
viven 19.100 musulmanes contra los 3.900 censados en
1991. La comunidad budista igualmente aumentó, pasando
de 986 a 3.894 fieles durante el mismo periodo, mientras
que la comunidad hindú pasó de 953 a 3.099 miembros.
Esta tendencia al aumento de otros grupos religiosos
continúa.
Sin embargo, no se puede
definir el horizonte de la situación ecuménica en Irlanda
sin recordar con gratitud a innumerables personas, comunidades
y movimientos que sembraron multitud de granos de reconciliación
y de diálogo entre muchas lágrimas y sufrimientos que
han afectado a nuestro país durante los últimos cuarenta
años. Está claro que el número de proyectos intercomunitarios
que han visto el día en Irlanda del Norte son de inspiración
cristiana.
En un descubrimiento renovado
de la presencia de Cristo entre nosotros —cuando estamos
reunidos en su nombre— los cristianos de Irlanda reencuentran
hoy sus profundas raíces cristianas y su contribución
particular a la evangelización del mundo de hoy.
Después de haber transcurrido
un periodo sombrío marcado por enfrentamientos de cultura
y de mentalidad como por los conflictos sobre la interpretación
de la historia y las perspectivas futuras, los cristianos
de Irlanda han emprendido una tarea de reconciliación
difícil pero saludable.
Esperamos que en testimonio
de esta experiencia de fe extraordinaria que ellos vivieron
en ese proceso de reconciliación, los cristianos de
Irlanda puedan comunicar como creyentes sus numerosas
vivencias positivas a un mundo que se pregunta por la
manera de vivir las situaciones multi-culturales, multi-étnicas
y multi-religiosas en las que se encuentran confrontados.
En las palabras que figuran
en la medalla pectoral de san Patricio y que expresan
la fe que nos es común, resuena claramente la más intensa
oración de los cristianos de Irlanda:
Cristo conmigo, Cristo delante
de mí,
Cristo detrás de mí, Cristo en mí,
Cristo encima de mí, Cristo debajo de mí,
Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda...
Cristo en el corazón de
todo hombre que piensa en mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha.
Yo me levanto hoy con una fuerza poderosa.
La invocación de la Trinidad,
la fe en la Trinidad,
la confesión de la unidad del Creador del mundo.