Nosotros,
peregrinos cristianos de toda Europa y más
allá, damos testimonio del poder transformador
de esta luz, que es más poderosa que las tinieblas,
y la proclamamos como esperanza que abraza todos los
aspectos para nuestras Iglesias, para toda Europa y para
el mundo entero.
En
el nombre del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, nos hemos reunido en la ciudad de Sibiu, Rumanía
(4-9 de septiembre de 2007). Esta Tercera Asamblea
Ecuménica Europea se ha caracterizado por la
riqueza de la espiritualidad y de la tradición
ortodoxa. Recalcamos y renovamos los serios compromisos
que ya hemos asumido en Basilea y en Graz y lamentamos
que, hasta ahora, no hemos conseguido tener fe en algunos
de ellos. Con todo, nuestra confianza en el poder transformador
de la luz de Cristo es más fuerte que la oscuridad
de la resignación, del fatalismo, del temor
y de la indiferencia.
Nuestra
Tercera Asamblea Ecuménica comenzó en
2006 en Roma y prosiguió en 2007 en Wittemberg.
En el marco de esta peregrinación ecuménica
se han organizado numerosos encuentros regionales,
además del de las Iglesias ortodoxas en Rodas
y el de jóvenes en St. Maurice. Acogemos con
alegría el empeño de los jóvenes
y la contribución que han ofrecido a la Asamblea.
Asistida y motivada por la Charta Oecumenica, nuestra
Asamblea ha llevado adelante el trabajo iniciado en
las asambleas precedentes y han representado una ocasión
para un intercambio de dones y de enriquecimiento recíproco.
No
estamos solos en esta peregrinación. Cristo
está con nosotros y en la gran nube de los testigos
(Hb 12,1), los mártires contemporáneos
nos acompañan: el testimonio de sus vidas y
de sus muertes nos inspira a nivel individual y como
cuerpo. En comunión con ellos, nos comprometemos
a actuar de manera que la luz de Cristo transfigurado
resplandezca por medio de nuestros testimonios, profundamente
arraigados en la oración y en el amor. Esta
es nuestra humilde repuesta al sacrificio de sus vidas.
LA LUZ DE CRISTO EN LA IGLESIA
La luz de Cristo nos lleva a vivir para los demás
y en comunión entre nosotros. Nuestro testimonio
a favor de la esperanza y de la unidad por Europa y
por el mundo será creíble sólo
si proseguimos nuestro camino hacia la unidad visible.
Unidad no significa uniformidad. Existe un enorme valor
al volver a experimentar esa koinonia y en
el intercambio de esos dones espirituales que han dado
fuerza al movimiento ecuménico desde el principio.
En
Sibiu hemos sentido de nuevo la dolorosa herida de la
división entre nuestras Iglesias. Esto
afecta también a nuestra compresión de
su unidad. Los evidentes desarrollos históricos
y culturales en el cristianismo oriental y occidental
han contribuido a estas diferencias, y su comprensión
exige nuestra urgente atención y un diálogo
permanente.
Estamos
convencidos de que la familia cristiana ampliada debe
afrontar las cuestiones doctrinales y debe también
buscar un consenso más amplio respecto a los
valores morales derivados del Evangelio y un estilo
de vida creíble que testimonie en el gozo la
luz de Cristo en nuestro exigente mundo laico moderno,
en la esfera privada así como en la pública.
Nuestra
espiritualidad cristiana constituye un tesoro precioso:
una vez abierto, revela la variedad de sus riquezas y
abre nuestros corazones a la belleza del rostro de Jesús y al poder de la oración.
Sólo si estamos más cerca de nuestro
Señor Jesucristo nos podemos acercar más
entre nosotros y experimentar la verdadera koinonia.
No podemos dejar de compartir estas riquezas con todos
los hombres y las mujeres que buscan la luz en este
continente. Los hombres y las mujeres espirituales
comienzan con la propia conversión y esto lleva
a la transformación del mundo. Nuestro testimonio
ante la luz de Cristo se corresponde a un empeño
fiel a escuchar, vivir y compartir nuestras historias
de vida y de esperanza que nos han modelado como discípulos
de Cristo.
Primera recomendación: Recomendamos
renovar nuestra misión como individuos creyentes
y como Iglesias para proclamar a Cristo como la Luz
y el Salvador del mundo.
Segunda recomendación: Recomendamos
proseguir el debate sobre el reconocimiento recíproco
del bautismo, teniendo en cuenta los importantes resultados
sobre este tema en diversos países y siendo
conscientes de que la cuestión está profundamente
conectada con una comprensión de la Eucaristía,
del ministerio y de la eclesiología en general.
Tercera
recomendación: Recomendamos
encontrar los modos de experimentar las actividades
que nos unan: la oración del uno por el otro
y por la unidad, peregrinaciones ecuménicas,
formación teológica y estudio en común,
iniciativas sociales y diaconales, proyectos culturales,
sostener la vida de la sociedad basada en los valores
cristianos.
Cuarta recomendación: Recomendamos
la participación completa de todo el pueblo
de Dios y, en esta Asamblea en particular, a prestar
atención al llamamiento de los jóvenes,
de los ancianos, de las minorías étnicas,
de los discapacitados.
LA LUZ DE CRISTO PARA EUROPA
Sostenemos que todo ser humano ha sido creado a imagen
y semejanza de Dios (Gn 1,27) y merece el mismo grado
de respeto y amor aunque haya diferencias de credo,
cultura, edad, género, origen étnico,
desde el inicio de la vida hasta la muerte natural.
En la conciencia de que nuestras raíces comunes
son mucho más profundas que nuestras divisiones,
mientras buscamos la renovación y la unidad
y entender el papel de las Iglesia en la sociedad europea
de hoy, nos hemos concentrado en el encuentro con las
personas de otras religiones. Conscientes, en particular,
de la relación única que tenemos con
el pueblo judío en cuanto pueblo de la Alianza,
rechazamos todas las formas contemporáneas de
antisemitismo y, junto a ellas, queremos promover Europa
como un continente libre de toda forma de violencia.
En nuestra historia europea ha habido períodos
de duros conflictos, pero también ha habido
etapas de coexistencia pacífica entre las personas
de todas las religiones. Hoy no existe otra alternativa
al diálogo: no una componenda, sino un diálogo
de la vida en el que podamos decir al verdad en el
amor. Necesitamos todos aprender más sobre todas
las religiones, y las recomendaciones de la Carta
Ecuménica habría que desarrollarlas
ulteriormente. Dirigimos un llamamiento a nuestros
hermanos cristianos y a todos cuantos creen en Dios
para que respeten el derecho de las demás personas
a la libertad religiosa, y expresamos nuestra solidaridad
respecto a las comunidades cristianas que viven en
Oriente Medio, en Irak o en otras partes del mundo
como minorías religiosas y sienten que su existencia
está amenazada.
Encontrado
a Cristo en nuestros hermanos y en nuestras hermanas
en la necesidad (Mt 25, 44-45), iluminados a la vez por
la luz de Cristo, nosotros, cristianos, de acuerdo con
los mandamientos de la Biblia por la unidad de la humanidad
(Gn 1, 26-27), nos comprometemos: a arrepentirnos del
pecado de la exclusión,
a profundizar en nuestra comprensión de la «alteridad»,
a defender la dignidad y los derechos de cada ser humano,
a asegurar la tutela de quienes más la necesitan,
a compartir la luz de Cristo que otros trajeron a Europa.
Hacemos un llamamiento a los Estados europeos a fin
de que pongan fin a la injustificable detención
administrativa ilegal de los migrantes, realicen todo
esfuerzo para asegurar la inmigración regular,
la integración de los migrantes, de los refugiados
y de quienes piden asilo, apoyen el valor de la unidad
de la familia y combatan el tráfico de seres
humanos y su explotación. Dirigimos un llamamiento
a las Iglesias para que intensifiquen su atención
pastoral de los inmigrantes vulnerables.
Quinta
recomendación: Recomendamos
que nuestras iglesia reconozcan que los inmigrantes
cristianos no son simples destinatarios de atención
religiosa, sino que pueden desempeñar un papel
completo y activo en la vida de la Iglesia y de la
sociedad; que ofrezcan una mejor atención pastoral
para los migrantes, los demandantes de asilo y los
refugiados; que promuevan los derechos de las minorías étnicas
en Europa, en particular del pueblo gitano.
Muchos
de nosotros estamos agradecidos por haber podido experimentar
profundos cambios en Europa en las últimas
décadas. Europa es más de la Unión
Europea. Como cristianos compartimos la responsabilidad
de plasmar Europa como un continente de paz, solidaridad,
participación y sostenibilidad. Apreciamos el
empeño de las instituciones europeas: la UE,
el Consejo de Europa y la OSCE por un diálogo
abierto, transparente y regular con las Iglesias de
Europa. Los más altos representantes nos han
honrado con su presencia y han expresado en tal modo
un fuerte interés en nuestro trabajo. Debemos
afrontar el desafío de llevar energía
espiritual a este diálogo. Europa nació como
un proyecto político para garantizar la paz
y ahora debe transformarse en una Europa de los pueblos,
más que en un espacio económico.
Sexta
recomendación: Recomendamos
desarrollar la Carta Ecuménica como
directriz capaz de estimular nuestro camino ecuménico
en Europa.
LA LUZ DE CRISTO PARA EL MUNDO ENTERO
La Palabra de Dios nos interpela a nosotros y a nuestra
cultura europea: ¡los que viven ya no deberían
vivir para sí mismos, sino por aquél
que ha muerto por ellos y ha resucitado! Los cristianos
deben estar libres del temor y de la insaciable avaricia
que nos empuja a vivir para nosotros mismos, impotentes,
prevenidos y cerrados. La Palabra de Dios nos invita
a no desperdiciar el precioso patrimonio de aquellos
que en los últimos 60 años han trabajado
por la paz y la unidad en Europa. La paz es un don
extraordinario y precioso. Países enteros aspiran
a la paz. Pueblos enteros esperan ser liberados de
la violencia y del terror. Nos comprometemos con apremio
a renovar nuestros esfuerzos por estos objetivos. Rechazamos
la guerra como instrumento para la resolución
de los conflictos, para los cuales promovemos los medios
no violentos, y expresamos nuestra viva preocupación
por el rearme militar. ¡La violencia y el terrorismo
en nombre de la religión son una negación
de la religión!
La
luz de Cristo resplandece en el término «justicia»,
uniéndola con la misericordia divina. Así iluminada,
escapa a cualquier pretensión ambigua. En todo
el mundo –también en Europa— el
actual proceso de la radical globalización del
mercado está profundizando la división
de la sociedad humana entre vencedores y vencidos,
disminuye el valor de innumerable personas, tiene implicaciones
catastróficas en términos ambientales
y, de forma específica en lo relativo a los
cambios climáticos, no es compatible con un
futuro sostenible de nuestro planeta.
Séptima recomendación: Exhortamos
a todos los cristianos europeos a sostener firmemente
los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones
Unidas como medida práctica urgente para aliviar
la pobreza.
Octava recomendación: Recomendamos
que, por parte del CCEE y de la CEC, junto a las Iglesias
de Europa y a las Iglesias de los demás continentes,
se ponga en marcha un proyecto consultivo que afronte
las problemáticas de la responsabilidad europea
respecto a la justicia ecológica, ante la amenaza
de los cambios climáticos; la responsabilidad
europea en relación con un adecuado planteamiento
de la globalización, así como respecto
al pueblo gitano y las demás minorías étnicas
europeas.
Hoy
más que nunca reconocemos que África,
un continente ya íntimamente unido con nuestra
historia y con nuestro futuro, experimenta niveles
de pobreza ante los cuales no podemos permanecer indiferentes
e inactivos. Las heridas de África han conmovido
el corazón de nuestra Asamblea.
Novena
recomendación: Recomendamos
sostener las iniciativas para la cancelación
de la deuda y la promoción del comercio equitativo
y solidario.
A
través de un diálogo sincero y objetivo,
contribuyamos y promovamos la creación de una
Europa renovada en la que los inmutables principios
y valores morales cristianos, obtenidos directamente
del Evangelio, sirven de testimonio y nos impulsan
a un compromiso activo en la sociedad europea. Nuestra
tarea consiste en promover estos principios y valores,
no sólo en la vida privada, sino también
en la esfera pública. Deseamos cooperar con
las personas de las demás religiones que comparten
nuestra preocupación por crear una Europa de
los valores que prospere también política
y económicamente.
Preocupados
por la creación de Dios, rogamos
una mayor sensibilidad y respeto por su maravillosa
diversidad. Trabajemos para contrarrestar su vergonzosa
explotación a causa de la cual toda la creación
gime esperando la redención (Rm 8, 22-23) y
comprometámonos por emplearnos en la reconciliación
entre la humanidad y la naturaleza.
Décima recomendación: Recomendamos
que el período entre el 1 de septiembre y el
4 de octubre se dedique a orar por la protección
de la creación y a la promoción de estilos
de vida sostenibles para contribuir a invertir la tendencia
del cambio climático.
Rendimos
homenaje a cuantos han contribuido a este camino, en
particular a los jóvenes
de Young
Oikumene, que han exhortado a los participantes
de esta Asamblea a ser valientes en vivir el Evangelio,
nos unimos en la oración.
Oh Cristo, Verdadera
Luz que ilumina y santifica a cada ser humano que viene
a este mundo : haz que brille sobre nosotros la luz de
tu presencia, para que en ella podamos contemplar la
luz inaccesible, y guía nuestros senderos para poner por obra
tus mandamientos. Danos la salvación y llévanos
a tu reino eterno, porque Tú eres nuestro
Creador y Dador de todo lo que es bueno. Nuestra
esperanza descansa en Ti y te damos gloria, ahora
por siempre. Amen.
[Traducción realizada
por Zenit]