Del 18 al 25 de enero se
celebra en todo el mundo, desde hace años, la semana
de oraciones por la unidad de los cristianos. Con este
motivo, el arzobispo de Valencia y presidente de la Comisión
Episcopal de Ecumenismo, monseñor Agustín
García-Gasco, ha hecho unas declaraciones en exclusiva
para nuestra revista (Católicos) en las que analiza
el presente y el futuro del diálogo ecuménico.
Para la máxima autoridad en España, en el
campo católico, de relaciones ecuménicas,
la Declaración «Dominus lesus» no tiene
por qué entorpecer el diálogo con los no
católicos, pues busca sólo aclarar posiciones.
Es la falta de honestidad y de claridad en las propias
posiciones, afirma, lo que molesta a los otros.
¿Ha afectado
el documento ¿Dominus Iesus al ecumenismo en España?
Indudablemente que afecta
al ecumenismo, para eso está escrita la Declaración
«Dominus Iesus». Afecta más directamente
al diálogo interreligioso, es decir, al diálogo
con las religiones no cristianas. Ese es su contexto teórico.
Y como se trata de una Declaración institucional
de la Iglesia católica, también afecta,
aunque en menor grado, al proceso de búsqueda de
la unidad de todos los cristianos.
FRENTE AL
RELATIVISMO
¿Cuál
es el objetivo último de la Declaración?
Se trata de situarse como
cristianos frente al relativismo ideológico y religioso
que parece darse como normal y bueno en algunos sectores.
Con esta declaración se pretende poner en evidencia
el plano desde el que hablamos. Para los cristianos afirmar
a Jesucristo como Señor y Salvador, y a la Iglesia
como signo e instrumento del Reino de Dios (Reino que
Cristo inaugura y al que está ordenada toda la
humanidad) no es un discurso opinable, sino un dato fundante
de nuestra fe. Esto es un deber de honestidad para con
nuestros interlocutores de otras religiones, a los que
respetamos y con los que deseamos caminar en la búsqueda
de la verdad. Y también, es un deber para los Pastores
de la Iglesia definir bien los cauces por los cuales es
legítimo desarrollar una reflexión teológica
eficaz.
Algunos grupos,
dentro y fuera de la Iglesia católica, han considerado
que el documento resulta un obstáculo para el diálogo.
Pienso que la Declaración
«Dominus Iesus», más que un obstáculo,
es un instrumento útil de aclaración que
ha de ser tenido en cuenta en la reflexión teológica
católica y en la dinámica misma del diálogo
interreligioso. Cualquiera que pretenda excusarse en la
Declaración para enrarecer el diálogo interreligioso,
ha de saber que no se ajusta a la intención de
la Iglesia. Cualquiera puede asomarse a los grandes documentos,
a los gestos y a las declaraciones conjuntas para comprobar
que la intención de la Iglesia católica
es de favorecer el diálogo, si bien éste
tiene sus presupuestos irrenunciables.
¿Cómo
ha influido el Jubileo en el desarrollo ecuménico
español?
El mismo día de
la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de
san Pedro, quedó de manifiesto que uno de los pilares
sobre los que se asentaba la celebración del Gran
Jubileo del 2000 era la reconciliación entre los
cristianos. Una imagen para la historia, llena de significado:
el Santo Padre Juan Pablo 11 acompañado por el
arzobispo de Canterbury y el metropolita Athanasios, arrodillados
y orando ante la Puerta Santa y cruzando juntos su umbral.
Esa imagen expresa, mejor
que ninguna otra cosa, que el ecumenismo es un proceso
querido por Dios e imparable. Conviene tener en cuenta
que cuando los cristianos hablamos de ecumenismo nos referimos
prioritariamente a la búsqueda de la unidad visible
entre las Iglesias cristianas. Con ellos se reconoce que
las divisiones históricas hieren la voluntad de
Jesucristo y desfiguran lo que la única Iglesia
de Dios en Cristo es y significa, además de entorpecer
la misión evangelizadora de la que somos depositarios
todos los bautizados. Por ahí enfoca el Santo Padre
la urgencia del ecumenismo cristiano. El Gran Jubileo
del 2000 es para el ecumenismo español un momento
de gracia. Ha sido particularmente positiva la firma,
en octubre 1999, de la Declaración sobre la Doctrina
de la Justificación. Con ese documento se han superado
400 años de conflictos doctrinales y, sin duda,
la reconciliación con los hermanos de las Iglesias
de la Reforma está más cercana.
PRIORIDADES
Prioridades del
Secretariado de Relaciones Interconfesionales para estos
próximos años.
Pienso que podrían
aglutinarse en dos o tres prioridades fundamentales, que
no las únicas, Serían: favorecer las relaciones
entre las Iglesias y comunidades cristianas no católicas,
fomentar la creación de los espacios apropiados
para el diálogo interreligioso; insistir para que
tanto el diálogo ecuménico como el diálogo
interreligioso se realice dentro de sus cauces institucionales
y doctrinales legítimos.
¿Cuáles
son los campos concretos en que actúa el Secretariado
de Relaciones Interconfesionales?
Tengo que decide que si
los enumerara uno por uno, con todos sus contenidos, necesitaría
usted mucho papel. De todos modos, por lo que le acabo
de decir, podrían deducirse fácilmente.
Los aglutino en tres bloques:
-
Promover, animar, aconsejar y orientar
la práctica de las normas vigentes en la Iglesia
católica en lo que al ecumenismo y al diálogo
interreligioso se refiere en España. Entre
otras cosas eso implica una tarea de asesoramiento
a las comisiones diocesanas. Esto incluye, por supuesto,
la coordinación con otras comisiones de la
Conferencia Episcopal que puedan necesitar apoyo,
asesoramiento o información.
-
Establecer relaciones con los
responsables de las Iglesias y comunidades cristianas
no-católicas para la promoción de la
Unidad de los Cristianos en nuestro ámbito
territorial. Y también, entablar relaciones
con los máximos representantes de las diferentes
religiones, para favorecer el diálogo.
-
Organizar,
apoyar y ofrecer encuentros, sesiones de trabajo,
documentación, información, asambleas
o actividades propias de los fines del Secretariado.
¿Ha calado el ecumenismo
en España en el clero, los centros eclesiásticos
de estudio, las diócesis, parroquias, movimientos...?
En general sí que ha calado. Tenga
en cuenta que España es un país de tradición
fundamentalmente católica y que aquí no
tenemos comunidades no católicas con la fuerza
que existen en otros países. Por eso, si bien en
rasgos generales el ecumenismo es un hecho irrenunciable
y en ello están implicados todos los sectores de
la Iglesia española, también es cierto que
depende de la realidad de las diferentes diócesis
el que haya un movimiento ecuménico más
o menos consolidado.
SINGULARIDAD
HISPANA
¿La situación española
es homogénea?
En España hay diócesis
con mucha vida ecuménica porque la realidad pone
de manifiesto la existencia de comunidades cristianas
no católicas muy significativas. Eso genera un
movimiento ecuménico muy vigoroso. Esto es particularmente
importante en diócesis con gran afluencia turística,
En otras diócesis que tienen mucha acogida de inmigrante
s se da también una importante presencia de fieles
de otras religiones, sobre todo del Islam. Valencia sería
un ejemplo de ambas realidades, por eso existe el proyecto
del Centro Ecuménico de Oliva, que desea abrir
un espacio ecuménico adecuado en el ámbito
de nuestra archidiócesis. Pero, respondiendo a
su pregunta, son mayoría los sacerdotes, parroquias,
religiosos y religiosas, y movimientos que son sensibles
y actúan adecuadamente en lo que al ecumenismo
se refiere.
¿Existe un acercamiento
de los laicos al ecumenismo?
Los laicos son sensibles al ecumenismo
y los que se comprometen con mayor entusiasmo, especialmente
en favor de la unidad de todos los cristianos, Particularmente
los jóvenes entienden la importancia del ecumenismo
y saben colaborar sin estridencias y con franqueza.
Frecuentemente se habla de dificultades
ecuménicas en España, ¿cuáles?
No olvide que el ecumenismo, de por
sí, es complicado. Exige honestidad y no puede
hacerse de cualquier manera y desde cualquier ámbito.
En lo que a las relaciones intercristianas se refiere:
se ha de comprender que el proceso hacia la unidad es
lento, no porque no se desee, sino porque exige mucho
diálogo. Y como Juan Pablo II ha insistido, mucha
conversión de unos y otros a Jesucristo para superar
las heridas de la división. La convicción
profunda es aquella del ahora beato Papa Juan XXIII: es
más lo que nos une que lo que nos separa. El logro
de la unidad se hará porque juntos vamos a las
fuentes de la fe y redescubrimos lo esencial, lo que no
puede cambiar, lo que debe ser adaptado y lo que se ha
de corregir. Y aquí no caben ideologías
ni romanticismos. La pauta la da el Evangelio y la Tradición
viva de las Iglesias. Juan Pablo II reafirma la irreversibilidad
del proceso ecuménico. En España dada la
realidad que tenemos, donde las otras comunidades cristianas
son minoritarias, todos dependemos un poco de los grandes
organismos que se han establecido para la búsqueda
de la unidad.
OTRAS
RELIGIONES
¿Y respecto al diálogo
interreligioso?
Respecto al diálogo interreligioso,
las dificultades son mucho más notorias. Una de
ellas estriba en que nos encontramos con la paradoja de
que los poderes políticos, que por definición
son aconfesionales, pretenden convocar, promover y dirigir
el diálogo interreligioso. Y, francamente, ese
papel no les corresponde. Detrás hay intereses
variados, no todos aceptables. Esta pretensión
de hacer del ámbito político una plataforma
para el diálogo interreligioso entorpece notablemente
las cosas y produce mucha confusión. Una cosa es
que desde instancias sociopolítico-culturales se
pretenda un acercamiento al hecho religioso para comprenderlo,
y otra muy diferente es que estas instancias se conviertan
en plataformas del diálogo interreligioso. La plataforma
para el diálogo interreligioso ha de ser creada
por las religiones mismas, como parte de su propia búsqueda
religiosa. ¿Alguien puede olvidar el encuentro
interreligioso de Asís del año 1989?
¿Cuál sería
su petición a los católicos españoles
como presidente de la Comisión de Relaciones Interconfesionales
de la Conferencia Episcopal?
Primero, que no olviden que la búsqueda
de la unidad es un deber de todos los cristianos y que
es voluntad del Señor. Junto a eso, que no dejen
de orar. Que conozcan a los hermanos de otras Comunidades
cristianas no católicas y que sepan colaborar con
ellos. En segundo lugar que no pretendan hacer las cosas
sin criterio, por muy bonitas que puedan resultar. Esto
significa que tengan en cuenta las orientaciones de los
obispos y que actúen con coherencia, responsabilidad
y respeto. La Iglesia católica tiene unas directrices
muy claras sobre el ecumenismo que no están hechas
al azar y que han demostrado sobradamente su eficacia.
¿Y sobre el diálogo
con las religiones no cristianas, como el islam?
Respecto al diálogo interreligioso,
pediría a los católicos que sean acogedores
con los creyentes de otras religiones, pero que no oculten
su identidad cristiana ni renuncien a los contenidos de
su fe en aras de una mala inteligencia de las cosas o
de un temor a «molestar» a los otros. Molestaremos
a los otros cuando no seamos honestos con ellos. Los cristianos
tienen una misión encomendada por Jesucristo: la
evangelización, eso implica el testimonio inconfundible
de su fe, el saber dar razón de su esperanza, como
decía san Pablo.
¿Cuál es la realidad
de las relaciones actuales entre la Iglesia católica
en España y las otras Iglesias y Confesiones cristianas?
De lo que ha dicho hasta ahora, usted
mismo puede extraer conclusiones. La realidad de España
es muy diferente de otros países. Por ejemplo,
si usted va a Francia comprobará que la intersección
entre comunidades católicas, protestantes u ortodoxas
es mucho mayor que aquí, incluso llevan siglos
de convivencia. Hasta finales del siglo XIX no empiezan
a asentarse comunidades cristianas no católicas,
muy minoritarias y con poca incidencia.
ESPAÑA
CATÓLICA
¿España es hoy
un país católico?
Hoy por hoy España sigue siendo
un país católico, además de por el
número de miembros de la Iglesia católica,
porque la Iglesia católica sigue siendo un motor
social y cultural de primera magnitud. Ahora bien, desde
la Conferencia Episcopal, como desde diócesis concretas,
avanzamos hacia una mejor relación, de más
calidad. Incluso ayudando de muchas maneras a las comunidades
no-católicas para que estén bien atendidas
o para que sus derechos sean respetados. En los centros
educativos católicos se acoge con todo cariño
a los niños y jóvenes no católicos.
Hay parroquias católicas que, de acuerdo con sus
obispos, ponen sus instalaciones a disposición
de otras Comunidades que carecen de locales propios e
incluso comparten celebraciones de la Palabra o alguna
etapa catequética. Son frecuentes las reuniones
de oración o celebraciones de carácter ecuménico.
En general, y en resumen, las relaciones entre la Iglesia
católica española y las otras Iglesias y
Comunidades cristianas son buenas.