El
Santo Padre ha querido que el Gran Jubileo del 2000 tuviera
ya desde su fase preparatoria un fuerte componente ecuménico.
¿A qué obedece este deseo?
El imperativo ecuménico
se funda en la oración de Jesús, no creo
sea necesario buscar otras motivaciones. El compromiso
irreversible de la promoción de la unidad de los
cristianos se realiza conforme a la voluntad de Jesús.
Jesús que, en el Getsemaní, la vigilia de
su pasión, oraba a su Padre y le pedía por
sus discípulos "que todos sean uno para que
el mundo crea" (Jn 17,21). La unidad que el Señor
dio a su Iglesia no es accesoria, sino que está
al centro mismo de su obra. El ecumenismo, esto es, el
movimiento en favor de la unidad de los cristianos, no
es un mero "apéndice" que se añade
a la actividad tradicional de la Iglesia, sino que hace
parte orgánicamente de su vida y su acción.
El mismo Santo Padre escribe: "Creer en Cristo significa
querer la Iglesia, querer la Iglesia significa querer
la comunión de gracia que corresponde al designio
del Padre desde toda la eternidad. Este es el significado
de la oración de Cristo: "Ut unum sint"
(UUS 20)».
El tiempo jubilar es tiempo
de conversión y de penitencia, para alcanzar lo
que con las meras fuerzas humanas nos es imposible conseguir,
me refiero a la amistad con Dios, su gracia. La Iglesia
católica reconoce que "entre los pecados que
exigen mayor penitencia y conversión han de citarse
ciertamente aquellos que han dañado la unidad querida
por Dios para su pueblo" (TMA 34). A1 inicio de un
nuevo milenio cristiano, en este año de gracia
que nos invita a convertirnos más radicalmente
al Evangelio, debemos dirigirnos con una súplica
más apremiante al Espíritu, implorando la
gracia de nuestra unidad.
Tampoco se puede olvidar
que la división contradice la voluntad de Cristo,
es un escándalo para el mundo y perjudica la causa
santísima de predicar el anuncio del Evangelio
a toda criatura (UR 1).
COMUNIÓN
NO PERFECTA
Su Santidad ha
recordado hace muy poco que la Iglesia de Cristo "no
es una utopía que haya que recomponer... con los
fragmentos que existen en la actualidad", puesto
que "subsiste indefectible en la Iglesia católica".
¿Cuál es, entonces, el sentido del ecumenismo?
Creo que sería conveniente
situar las frases que Ud. cita en el contexto en el cual
han sido pronunciadas en modo tal de poder entender claramente
su significado y evitar malentendidos.
Tal como lo dice la Constitución
dogmática sobre la Iglesia, los católicos
creemos que "la Iglesia de Cristo subsiste en (subsistit
in) la Iglesia católica" (LG 8) (y debe notarse
que no dice "la Iglesia de Cristo es (est,) la Iglesia
católica"). De igual modo creemos que "además
de los elementos o bienes que conjuntamente edifican y
dan vida a la propia Iglesia, pueden encontrarse algunos,
más aún, muchísimos y muy valiosos,
fuera del recinto de la Iglesia católica"
(UR 3) y que aunque creemos que las Iglesias y Comunidades
eclesiales separadas padecen deficiencias, estamos convencidos
que "el Espíritu de Cristo no rehúsa
servirse de ellas como medios de salvación, cuya
virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad
que fue confiada a la Iglesia católica" (UR
3). Es entonces claro que quienes creen en Cristo y recibieron
debidamente el bautismo, están en una cierta comunión
con la Iglesia católica, aunque no perfecta.
El ecumenismo es necesario
para ayudarnos, sin comprometer los principios católicos,
a pasar de la comunión real aunque imperfecta que
condividimos con las otras comunidades cristianas a una
comunión plena que ciertamente buscamos. Por esto
se ha insistido en la importancia del diálogo teológico;
pero no solo, es igualmente fundamental que se instaure
un intercambio a nivel personal y comunitario. En el nuevo
milenio los valores del diálogo, de la colaboración
recíproca, la fraternidad, la paz, más allá
de las diferencias, son necesarios para crear un espacio
posible en el cual se puedan afrontar las diferencias
confesionales y los distintos desarrollos doctrinales.
E1 ecumenismo es una escuela de vida, una escuela de comportamiento;
debe ciertamente traducirse en experiencia de la vida
de perfección en la realidad del cotidiano, sobre
todo en aquellos lugares donde los enfrentamientos son
mayores y donde la indiferencia impide reconocer al otro
cristiano como hermano. El ecumenismo es escuela de espiritualidad,
todos podemos y debemos realizar nuestro compromiso ecuménico
pidiendo que el Espíritu Santo nos conduzca hacia
la unidad.
La presencia de
delegaciones de todas las principales Iglesias y Comunidades
eclesiales en la apertura de la Puerta Santa de San Pablo
Extramuros ¿permite alentar alguna esperanza nueva
en el diálogo ecuménico?
Ante todo estoy convencido
que la participación de los otros cristianos en
la celebración ecuménica que se tuvo el
18 de enero en la Basílica de San Pablo Extramuros
en lugar de ser evaluada, debe ser acogida como un don
de Dios. Sobre todo porque la celebración ha asumido
la forma de una profesión común de fe en
Jesucristo, Señor y Salvador.
Es innegable que este evento
tan significativo no habría sido posible sin el
paciente ministerio realizado por la Iglesia católica
en favor de la unidad de los cristianos, en los últimos
treinta años. La participación, al más
alto nivel, de tantas delegaciones es el fruto del diálogo,
una dinámica que ha permitido llegar a un acuerdo
acerca de las formas de participación en los eventos,
más allá de las dificultades que los mismos
puedan crear, pero sin renunciar a un trabajo ulterior.
En el caso específico es innegable que la ausencia
de una tradición jubilar en las Iglesias ortodoxas
y el problema de las indulgencias para las Comunidades
de la Reforma son evidentes. Es claro que las dificultades
no pueden ser ignoradas o minusvaloradas. Las mismas deberán
ser afrontadas en espíritu fraterno, siendo fieles
al Evangelio y con honestidad intelectual y fidelidad
a la propia tradición.
Tal vez el significado
de la celebración ecuménica de San Pablo
Extramuros puede expresarse con las palabras de uno de
los delegados presentes: "Debemos buscar nuevos caminos
para la unidad. La unidad significa abandonar algunas
de nuestras certezas, de nuestros modos de pensar y de
actuar".
Gracias a Dios, el ecumenismo
es una realidad en pleno crecimiento, tanto individual,
como comunitariamente; no es un progreso que se alcanza
por las meras fuerzas humanas. El Espíritu sabe
sugerir los pasos que deben darse según los tiempos.
Es significativo que hayamos comenzado el año 2000
no como adversarios, sino dando un signo de comunión
al atravesar juntos la Puerta Santa, con la convicción
de que Cristo es la puerta (cf. Jn 10,7).
IGLESIAS DE ORIENTE
¿Cuáles
son las luces y sombras del compromiso ecuménico
con las Iglesias de Oriente?
Ante todo debemos recordar
que los diálogos teológicos bilaterales
que se realizan con las mayores Comunidades cristianas
parten del reconocimiento del grado de comunión
ya presente para discutir después, de modo progresivo,
las divergencias existentes con cada una. Si bien es cierto
que el Señor ha concedido a los cristianos de nuestro
tiempo ir superando las discusiones tradicionales, es
también evidente que en algunos casos se han alcanzado
los mayores niveles de desarrollo. En lo que concierne
a los acuerdos cristológicos que hemos realizado
con la Iglesia copta, la Iglesia siria, la Iglesia armena
y la Iglesia asiria, se puede decir que la cuestión
cristológica se ha resuelto, pero queda un largo
camino por recorrer para que tales declaraciones cristológicas
comunes sean recibidas, sean acogidas y entren a formar
parte del patrimonio común. Actualmente el diálogo
con las antiguas Iglesias orientales busca suscitar una
colaboración pastoral. En otras palabras, la cuestión
teológica ha sido clarificada, es necesario que
la misma se traduzca en la praxis, en la vida de las iglesias,
que sea un movimiento acogido por todos los fieles.
Con las Iglesias ortodoxas
vale la pena mencionar el encuentro del Santo Padre con
el Patriarca Teoctist durante su visita en Rumania y,
más recientemente, su encuentro con el Papa Shenouda
en Egipto. Conviene señalar la visita de una Delegación
de la Santa Sede al Patriarcado de Constantinopla con
ocasión de la Fiesta de San Andrés y al
Patriarcado de Moscú para las "conversaciones
bilaterales" que actualmente buscan crear nuevas
formas de diálogo a nivel local para poder promover,
de modo más eficaz, las relaciones entre católicos
y ortodoxos en Rusia y en Ucrania.
Una de las dificultades
más serias con las Iglesias ortodoxas es la existencia
de las Iglesias católicas de rito oriental, denominadas
uniatas ¿qué nos puede decir al respecto?
El documento de Balamand
de la Comisión mixta para el diálogo teológico
entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa
en su conjunto, ha afirmado que las Iglesias orientales
católicas tienen el derecho de existir y el deber
de realizar la propia misión. No se puede hablar
indiscriminadamente de las Iglesias orientales católicas,
pues las mismas se diferencian entre sí en razón
de su historia, fundación, contexto social y cultural.
De todas maneras, es válido recordar, al menos
sintéticamente y para simplificar un argumento
tan complejo, que el problema no surge tanto de su existencia,
ni tampoco de la admisión individual de otros cristianos
en la Iglesia católica, sino que toca los métodos
que son puestos en acto para convencer o para inducir
esta conversión. Es claro que el problema del proselitismo
no es un fenómeno que se aplica de manera exclusiva
al diálogo con la ortodoxia.
Varios son los argumentos
que debemos estudiar con miras a superar esta situación.
Por ejemplo, qué significa ser Iglesias-hermanas
y cómo se debe traducir esta realidad en actitudes
concretas entre las mismas comunidades; de otra parte
es necesario evidenciar el origen histórico de
las Iglesias orientales católicas y las razones
por las cuales han surgido. Conviene que se clarifique
la relación existente entre evangelización,
libertad religiosa y proselitismo; y que se aplique el
principio paulino del respeto debido a una Iglesia local
en el trabajo misionero que la misma ya ha realizado.
Finalmente creo que es necesario estudiar ulteriormente
la cuestión teológica del ministerio de
comunión y de unidad ejercido por el Obispo de
Roma.
EJERCICIO DEL PRIMADO
El Papa se ha referido
a posibles variedades en el modo de ejercicio del primado.
¿Hasta donde podría llegar este ofrecimiento?
La invitación hecha
por el Santo Padre para instaurar con él mismo
un diálogo fraterno sobre el primado, se hace en
la convicción de que el ministerio del Obispo de
Roma es "una tarea ingente que no podemos rechazar
y que [el Papa] no puede llevar a término solo"
(UUS 96). La Encíclica Ut unum sint, es el primer
documento pontificio que trata la cuestión ecuménica.
Este es una reflexión profundamente vivida por
el Santo Padre durante los años de su Pontificado,
y al aplicar de manera concreta las decisiones del Concilio
Vaticano II. Si el Papa, después de este largo
periodo de reflexión, de oración y de experiencia
vivida en el compromiso ecuménico, lanza esta llamada,
significa que él mismo examinando las pulsaciones
de la Iglesia y escuchando su corazón, ha querido
allanar el camino en modo tal de poder realizar el servicio
de amor, propio del Obispo de Roma, en una forma que sea
aceptable y aceptada por todos. El Papa ha plantado una
semilla. Dejemos que sea el Señor a hacerla germinar.
De todas formas, la invitación
hecha por el Santo Padre a los otros cristianos, para
reflexionar juntos acerca de los modos en los cuales el
ministerio petrino pueda ser un servicio para todos, es
muy significativa y se realiza en el pleno respeto de
la doctrina católica. Muchos de los otros cristianos
no aceptan la visión de la Iglesia católica
al respecto. El Santo Padre reconoce, tal como lo hizo
en su tiempo el Papa Pablo VI, que el papel del Obispo
de Roma es una cuestión ecuménica y, consecuentemente
con la convicción de que el diálogo es la
única manera para afrontar las cuestiones que dividen
los cristianos, propone un diálogo acerca del ministerio
petrino. Creo que debamos ver en este gesto, otro signo
del profundo compromiso ecuménico del Papa Juan
Pablo II y de su voluntad para enfrentar estos asuntos
con fidelidad a la verdad y en la caridad.
Eminencia ¿esta
invitación del Santo Padre ha sido tomada en consideración
por ortodoxos y anglicanos?
Yo diría que el
llamado de Juan Pablo II ha sido recibido con gran expectativa
e interés por parte de todas las comunidades cristianas.
Ya algunos teólogos han empezado a publicar distintas
reflexiones, reacciones y respuestas a la invitación
del Santo Padre.
Todas las Iglesias ortodoxas
y orientales están interesadas en la cuestión
del primado del Obispo de Roma. Aunque no aceptan la doctrina
y el modo de ejercicio del primado en la Iglesia católica,
siempre han respetado una cierta prioridad del Obispo
de Roma, prueba concreta de ello es el modo como los Patriarcas
de Rumania y Georgia han recibido al Santo Padre, al igual
que la el reconocimiento de la figura del Obispo de Roma
realizada por el Papa Shenouda en Egipto. El problema
entonces no se refiere al primado del Obispo de Roma en
cuanto tal, sino sobre todo a la forma de ejercicio de
esta autoridad. Las Iglesias ortodoxas están convencidas
que existen elementos de respuesta en sus propias tradiciones
sobre todo en lo concerniente a las Iglesias "regionales"
y al ministerio de los "patriarcas". Aunque
no contamos con respuestas oficiales, cabe señalar
la insistencia en que sea conservado y respetado el equilibrio
tradicional a varios niveles: regional y universal, entre
los patriarcas y el Obispo de Roma. Otro punto que solamente
menciono es la insistencia en que la plena comunión
tenga en cuenta el principio de "unidad en la diversidad".
Por su parte, la Comunión
Anglicana ha recibido con entusiasmo la publicación
de la Encíclica Ut unum sint. La respuesta a la
Ut unum sint que la Casa Episcopal de los Obispos de Inglaterra
ha enviado directamente al Santo Padre (May they all be
one. A Response of the House of Bishops of the Church
of England to Ut unum sint, 1997), es una prueba de ello.
En este documento existe un apartado totalmente dedicado
al papel del Obispo de Roma.
La Conferencia de Lambeth
de 1998, que como Ud. bien sabe es la reunión más
importante de los Obispos anglicanos, se ha referido a
este asunto en su Informe oficial (concretamente la Resolution
IV.23.e). Finalmente puedo señalar que la realización
del documento El don de la autoridad, que fue publicado
en 1999 por la II Comisión internacional anglicano-católica
(ARCIC II), explícitamente declara en el n. 4 que
ha tenido en cuenta la invitación hecha por el
Papa Juan Pablo II en la Encíclica Ut unum sint.
ECUMENISMO Y MISIONES
¿Cómo
se compaginan los esfuerzos ecuménicos y el mandato
misionero?
Todos los cristianos tienen
el derecho y el deber de dar testimonio del Evangelio
ante todas las gentes. La proclamación legítima
del Evangelio debe estar inspirada por el amor entre los
cristianos (1 Cor 13). Debe entonces conjugarse el mandato
misionero "id por todo el mundo y anunciad la Buena
Nueva a todas las criaturas" (Mc 16, 15; Mt 2819-20)
y el mandamiento del amor: "Os doy un mandamiento
nuevo: que os améis los unos a los otros, como
Yo os he amado" (Jn 13, 34).
Ahora bien, si un cristiano,
después de escuchar una presentación fidedigna
del Evangelio, libremente decide pasar a otra comunidad
cristiana, esta decisión puede ser considerada
como un ejercicio absolutamente legítimo de su
derecho de libertad religiosa. Junto a este principio
de libertad religiosa, esencial para la evangelización,
tampoco podemos desconocer que los cristianos divididos
tienen responsabilidades reales entre ellos en razón
de los lazos de comunión que ya condividen y en
virtud de la voluntad de Jesús: "Padre, que
todos sean uno para que el mundo crea" (Jn 17, 21).
Este llamado de Dios para su Iglesia no puede ser ignorado.
No en vano, los inicios del Movimiento ecuménico
se sitúan históricamente en el hecho que
las divisiones entre los cristianos eran (son) un escándalo,
un hecho que perjudica el anuncio del Evangelio. El ecumenismo
no está en modo alguno en contradicción
con el deber misionero de la Iglesia, al contrario, el
imperativo ecuménico está fundado en el
mandato misionero: "...para que el mundo crea"
(Jn 17, 21).
MÁRTIRES
DEL SIGLO XX
Para el 7 de mayo
está programado un acto ecuménico en conmemoración
de los testigos de la fe del siglo XX. ¿Qué
alcance cabe atribuir a esa celebración, que algunos
han presentado como una especie de «canonización»
de mártires no católicos?
Si el Decreto sobre el
Ecumenismo reconocía la acción del Espíritu
Santo en las otras Iglesias y Comunidades eclesiales,
con la Encíclica Ut unum sint se recibe el fruto
del Espíritu Santo producido fuera de las fronteras
visibles de la comunidad católica en comunión
con la Sedes romana. Un ejemplo de ello es el "martirologio
común" al cual se refiere el Papa Juan Pablo
II. E1 martirio es la prueba suprema delante del mundo
del seguimiento radical y absoluto de Cristo, dando gloria
al Padre, de una multitud de bautizados de todas las confesiones.
En todas las comuniones cristianas el Espíritu
Santo ha "producido" mártires, ha concedido
la gracia del martirio. Y si estos hombres y mujeres han
perdido sus vidas en nombre de Cristo, estos cristianos
están ya en plena comunión, porque se encuentran
al culmen de la vida de la gracia.
Originalmente se había
hablado de nuevos mártires. Actualmente el Santo
Padre desea que se realice un acto ecuménico en
el cual se conmemoren los testigos de la fe. Las dificultades
para comprender este deseo, y sus falsas interpretaciones
(a la que Ud. ya ha hecho referencia), derivan sobre todo
de un problema: no ser capaces de comprender que es necesario
emprender nuevos caminos para comprender lo que el Espíritu
dice a las Iglesias. El 7 de mayo estamos llamados a asumir
en toda su seriedad uno de los artículos de nuestra
fe: creemos en la comunión de los santos, creemos
que el Señor acoge en su seno, sin distinción
alguna, a aquellos que han vivido en Cristo y han ganado
la vida muriendo a causa de su nombre. El siglo XX ha
sido glorioso por muchos aspectos, y tenebroso por otros.
Yo les invitaría a que el 7 de mayo, nos limitáramos
a escuchar la invitación del Santo Padre: no olvidemos.
Si lo hiciéramos, negaríamos el don de Dios
en la sangre derramada por causa de su Hijo único.
No olvidemos y oremos al Señor para que este recuerdo
nos conduzca y anime para comprometernos a vivir juntos,
como hermanos, nuestras culpas, nuestras debilidades,
nuestro estar en Cristo.
LUTERANOS
La reciente Declaración
conjunta sobre la doctrina de la justificación
ha sido un gran acontecimiento ecuménico. ¿Cuáles
son los próximos pasos en el acercamiento entre
católicos y luteranos?
El objetivo del diálogo
católico-luterano es la unidad visible. La Comisión
internacional, que ha iniciado en 1967, ha publicado varios
estudios con base en los cuales se ha considerado oportuno
y se ha llegado felizmente a la formulación de
un consenso diferenciado sobre la doctrina de la justificación.
Es importante decir que
el diálogo teológico no termina aquí.
Si bien la Declaración conjunta sobre la justificación
resuelve uno de los asuntos que estaban a la base de la
Reforma del siglo XVI, todavía permanecen algunos
temas que exigen una ulterior clarificación si
queremos alcanzar la plena comunión, la unidad
en la fe. Estos argumentos vienen mencionados en el n.
43 de la misma Declaración conjunta. Es necesario
profundizar acerca de la relación entre la Palabra
de Dios y la doctrina de la Iglesia, la eclesiología,
la autoridad en la Iglesias, el ministerio, los sacramentos,
la relación existente entre la justificación
y la ética social, entre otros. El diálogo
entonces debe continuar y lo hace con una mayor esperanza
a la luz y con base en el consenso logrado. Actualmente
el tema discutido es la apostolicidad de la Iglesia.
El paso dado con la Declaración
conjunta nos anima a encontrar, con los luteranos, nuevas
formas de testimonio común en el mundo de hoy,
un mundo que está fuertemente marcado por el secularismo
y la secularización. Juntos, católicos y
luteranos, estamos llamados a dar un testimonio más
radical acerca de nuestra fe en Jesucristo, Señor
y Salvador, único mediador entre Dios y los hombres.
Ahora bien, los efectos
de la Declaración conjunta no solamente tocan a
católicos y luteranos. Una cuestión que
ha sido ya formulada y será objeto de estudio por
parte de comisiones de diálogo y de comuniones
cristianas, sobre todo aquellas que proceden de la Reforma,
es ¿en qué medida la declaración
conjunta entre la Iglesia católica y la Federación
Luterana Mundial puede ser aceptada? ¿es posible
alcanzar un consenso mayor sobre el tema de la justificación,
a la luz de este resultado?
Un último elemento
que deseo mencionar, y que ocupa un puesto primordial
para nosotros, tiene que ver con la acogida de este resultado.
Es urgente que, usando una pedagogía pastoral adecuada,
se pueda integrar el acuerdo sobre la justificación
en el apostolado, la catequesis y la formación
espiritual y teológica del pueblo de Dios.