Con ocasión de la
inauguración de los nuevos locales del Centro Ecuménico
"Misioneras de la Unidad" se realizó
la siguiente entrevista a Juan Fernando Usma. Sacerdote
colombiano, Oficial del Pontificio Consejo para la Promoción
de la Unidad de los Cristianos (PCUC) y tuvo, además,
la oportunidad de pronunciar en el acto académico
de esa inauguración una interesante conferencia
sobre “Retos del ecumenismo a la iglesia local”.
DE
LA ESPERANZA A LA REALIDAD
Hace pocos meses
celebrábamos el 40 aniversario del comienzo del
concilio Vaticano II, recordando el discurso de Juan XXIII
en el que decía, entre otras cosas, que la búsqueda
de la unidad de los cristianos constituía uno de
los objetivos del Concilio. Y así fue. Después
de estas décadas y tantos acontecimientos positivos
en este sentido, )el ecumenismo es uno de los objetivos
primeros en la actividad de la Iglesia católica?
La Iglesia católica
ha recorrido un buen tramo del camino de la unidad. La
calidad de las relaciones entre los cristianos, los intercambios
de visitas, los avances en el campo teológico,
los logros a nivel doctrinal y la creciente difusión
de una espiritualidad de comunión son signos de
ello. Hemos pasado de la esperanza a la realidad. Los
gestos y las palabras de Juan Pablo II no dejan lugar
a dudas: el ecumenismo es una prioridad en el trabajo
pastoral. El ecumenismo no es un mero apéndice
que se añade a la actividad tradicional de la Iglesia"
(UUS). No hay reunión en la que no se cuente con
la presencia de delegados de otras comunidades cristianas,
pienso por ejemplo a los Sínodos y Congresos
eucarísticos. La promoción de la unidad
de los cristianos es una respuesta a la oración
de Jesús antes de su pasión: "Padre
que todos sean uno... para que el mundo crea" [Jn
17,21]. Nuestros esfuerzos siendo humanos, se inspiran
en la voluntad divina y son posibles gracias a la acción
del Espíritu Santo. "Creer en Cristo significa
querer la unidad; y querer la unidad significa querer
la Iglesia" [UUS, 9]: el camino de la unidad es el
camino de la Iglesia. Mas que una actividad, la búsqueda
de la unidad es una vocación, una actitud y un
deber de todos los que creemos en Cristo.
Como miembro del
organismo que dirige la actividad ecuménica de
la Iglesia Católica, el PCPUC, ¿podría
hacernos una síntesis del proyecto ecuménico
de este dicasterio romano para los años inmediatos?
El PCPUC tiene dos tareas
fundamentales: la promoción de la dimensión
ecuménica en el interior de la Iglesia católica
y el establecimiento de relaciones y diálogos teológicos
con las otras iglesias y comunidades eclesiales. El radio
de acción es muy vasto. La acogida de los resultados
de diálogo con los que ya contamos, al igual que
la espiritualidad ecuménica (que será el
tema de nuestra Reunión Plenaria que se tendrá
el próximo otoño) constituyen algunos de
los puntos de fuerza. Ejemplos concretos: recientemente
hemos hecho el punto de la situación acerca de
las declaraciones de mutuo reconocimiento del bautismo,
un asunto fundamental. Igualmente se ha publicado un estudio
provisorio acerca de las respuestas de las distintas iglesias
y comunidades eclesiales a la Carta encíclica sobre
el empeño ecuménico; en este mismo campo,
en los próximos meses, se realizará un simposio
sobre el ministerio petrino, el ejercicio del Primado
del Obispo de Roma. De otra parte, no se puede olvidar
que cada una de las Comisiones mixtas de diálogo
internacional [actualmente son 13] sigue su trabajo de
acuerdo con sus propias agendas.
Recordamos al actual
presidente de este Consejo Pontificio, cardenal Walter
Kasper gran teólogo alemán ¿cuál
podría destacarse como su pensamiento central en
el campo ecuménico? ¿cuáles parecen
sus perspectivas ecuménicas de futuro? Como sucesor
de los grandes campeones del movimiento ecuménico
en el catolicismo: cardenales Bea, Willebrands o el mismo
cardenal Cassidy, ¿cuál puede ser la impronta
ecuménica del cardenal Kasper?; en algunas declaraciones
se le nota un tanto cauteloso con la marcha del ecumenismo
¿será fruto de una realidad de mayores dificultades
en este terreno o puede deberse tal cautela a un momento
de cierta debilitación ecuménica interna
de las Iglesias o tal vez, a al necesidad de un sosiego
y reflexión?
Todos conocemos y nos hemos
beneficiado del teólogo Walter Kasper. ¿Notas
características de su planteamiento ecuménico?
Su pasión por la verdad y por la aplicación
del Concilio Vaticano II es indiscutible. No solamente
no era nuevo a los asuntos ecuménicos pues por
varios años fue miembro de la Comisión Fe
y Constitución y sirvió como copresidente
del Diálogo católico-luterano, sino que
cuenta con la sensibilidad pastoral que le ha dado su
ministerio episcopal en Alemania. Cuando se tiene la oportunidad
de trabajar juntos, se percibe su profunda convicción
acerca de la promoción por la unidad, su urgencia
y su importancia. Pienso que estas son premisas fundamentales
para el delicado ministerio que le ha sido encomendado.
El cardenal Kasper es consciente
de que el movimiento ecuménico se encuentra en
un "periodo de transición": Tiempo propicio
para tomar decisiones; momento que requiere que se encuentren
expresiones nuevas que reflejen la comunión real
existente entre nosotros. Esta conciencia influye ciertamente
en sus declaraciones y tomas de posición. No nos
podemos olvidar que la prudencia y la paciencia son dos
cualidades imprescindibles para la promoción por
la unidad. Sigue siendo válido aquello de que "lo
cortés no quita lo valiente". La prudencia
no es debilidad.
ORTODOXIA:
CONFRONTACIÓN CON LA MISIÓN
E IGLESIAS ORIENTALES CATÓLICAS Y NUEVA MEMORIA
HISTÓRICA
¿Cuales
son las mayores dificultades en las relaciones con la
Ortodoxia?
Entre católicos
y ortodoxos, desde siempre, existe una profunda cercanía:
compartimos una comunión casi plena en la fe, los
sacramentos y el ministerio apostólico. Aunque
esta cercanía profunda ha permanecido inmutable,
las relaciones entre católicos y ortodoxos se debilitaron
durante siglos; pero el concilio Vaticano II, ya desde
su periodo preparatorio y de manera progresiva, se fue
afianzando el testimonio de un camino común que
se reanudaba. Ambas guiadas por nuestros pastores, hemos
ido haciendo nuevas experiencias de la unidad y la comunión
que siempre hemos tenido en Cristo. Un tema que ha sido
y será objeto de estudio y diálogo se refiere
a las formas de ejercicio del primado del Obispo de Roma.
En este campo, en un gesto sin precedentes, el mismo Juan
Pablo II, en su Encíclica sobre el empeño
ecuménico, ha invitado a los responsables
eclesiales y a sus teólogos a establecer un diálogo
fraterno al respecto [UUS 96]. Diversos son los
estudios que se están llevando a cabo, sobre todo
a la luz de la experiencia de la Iglesia del primer milenio,
es decir, antes de que ocurriera el cisma de Occidente.
Tres situaciones afectan gravemente las relaciones católico-ortodoxas:
la confrontación en el ámbito de la misión,
pienso sobre todo en las acusaciones y en los actos de
proselitismo, las iglesias orientales católicas
que, para muchos ortodoxos, constituyen una "anomalía"
y, por tanto, se cuestionan las implicaciones eclesiológicas
y canónicas de su existencia. Este asunto ha afecta
tanto las relaciones como el diálogo teológico
cuya última reunión se tuvo en julio de
2000. Actualmente se busca la manera para reanudar los
encuentros, pues el diálogo es un instrumento natural
para confrontar diversos puntos de vista y examinar las
divergencias que persisten. Mientras tanto se han potenciado
las relaciones bilaterales con cada uno de los Patriarcados.
Una tercera circunstancia es la sanación de la
memoria. Todavía las heridas producidas por los
gestos y las acciones del pasado no han cicratizado.
Parece, en ocasiones,
mas fácil la proximidad de la Iglesia católica
a patriarcados o iglesias autocéfalas con menor
número de fieles: Rumanía, etc., ¿es
así?
No pienso que esto sea
cierto. Hay que admitir que la dinámica mayoría/minoría
juega un papel determinante, pero debemos ser muy prudentes
al usar el criterio cuantitativo por sí solo. El
ejemplo que cita puede servirnos de ilustración:
si tomamos la Ortodoxia en su conjunto es claro que la
Iglesia ortodoxa Rumana no es la mayor con relación
al número de fieles. De otra parte, también
es cierto que en Rumania esta comunidad no es una minoría.
La creciente cercanía que se ha verificado en los
últimos años es de gran importancia no sólo
para los cristianos rumanos sino que se refleja en el
ámbito cristiano en general. Unidade, unidade,
unidade este era el grito con el que los cristianos rumanos
respondían y acogían al Patriarca Teoctist
y a Juan Pablo II.
La cuestión
del Patriarcado de Moscú, ¿que perspectivas
se atisban?
La reincorporación
de Rusia a la escena internacional es relativamente reciente.
Estos procesos no se realizan de la noche a la mañana
y además dejan sus huellas a nivel político,
religioso y cultural. Es innegable que la situación
interna del Patriarcado es compleja, pero estamos convencidos
que progresivamente se irán clarificando los distintos
asuntos a través de las mismas relaciones que ya
se han establecido. La presencia de una delegación
de la Iglesia ortodoxa rusa en el Día de oración
por la paz en el mundo convocado por Juan Pablo II en
Asís es un signo claro.
En cuanto a las
relaciones con el Patriarcado ecuménico cada día
parecen más intensas y llenas de detalles por ambas
partes.
En la línea de Atenágoras
y Dimitrios, sus predecesores, el Patriarca Bartolomé
ha afirmado, de varios modos y en varias ocasiones, su
convicción sobre la promoción de la unidad
y la importancia del diálogo con la Iglesia católica.
Tenemos de todas formas que ser conscientes de que él
es portavoz de la Ortodoxia y, en cuanto tal, debe buscar
una vía media que refleje el consenso interno y
la sinodalidad que es una de las características
principales de la ortodoxia.
El Vicario patriarcal
para la península ibérica nos ha traído
recientemente significativas noticias al respecto ¿podría
comentarnos algo?
Los procesos a veces son
mucho más largos de lo que pensamos. ¿Sabía
Ud. que ya Pablo VI había prometido al Patriarca
Atenágoras una Iglesia en Roma que sirviese para
los feligreses del patriarcado? Pues bien, hace alrededor
de dos años se concedió la Iglesia de San
Teodoro, una bellísima Iglesia paleocristiana,
que se encuentra cerca del Foro Romano. Actualmente están
realizando su adaptación para que se celebre de
manera digna la liturgia bizantina.
PROTESTANTISMO:
LOS RESULTADOS DEL DIÁLOGO DEBEN FORMAR PARTE DEL
PATRIMONIO COMÚN
Después
del estupendo documento con los luteranos sobre la justificación
¿qué esperanzas se advierten en el diálogo
entre ambas iglesias?
Si
con las Declaraciones cristológicas se
han resuelto los problemas cristológicos del primer
milenio, la Declaración conjunta ha demostrado
que existe un consenso actual en lo que se refiere a la
justificación entre católicos y luteranos.
Al lograrlo se ha puesto una base segura, una piedra angular
sobre la que se puede y se debe seguir profundizando.
Este primer paso fundamental pone una tarea todavía
más importante a las Iglesias: buscar la manera
para que estos resultados entren a formar parte del patrimonio
común. Entre la situación del siglo XVI
y nuestra situación actual hay una diferencia sustancial,
es entonces importante que tengamos una conciencia del
camino de unidad que realizamos.
Teniendo
en cuenta que la doctrina de la justificación constituye
una de las bases doctrinales de las tradiciones reformada
y metodista, representantes de estas dos comunidades se
han reunido con católicos y luteranos para explorar
la posibilidad de "ensanchar" este consenso
a sus propias tradiciones.
¿Hemos
resuelto todo? No. Cuatro siglos de vida separados y queriendo
vivir lejos unos de otros han producido sus efectos a
todos los niveles. El diálogo internacional católico-luterano
actualmente se dedica al estudio de la apostolicidad,
fundamental para la cuestión de la sacramentalidad.
El documento sobre
el don de la autoridad, redactado por católicos
y anglicanos. ¿Cuáles son las realidades
ecuménicas entre estas dos iglesias? ¿cómo
se prevé la acción ecuménica del
nuevo arzobispo de Canterbury, Rowan Williams?
El documento el "don
de la autoridad" es el tercero que sobre el tema
ha producido la Comisión anglicano-católica.
Al leerlo junto con los dos anteriores se verifica un
crecimiento en la comprensión de un asunto tan
delicado para la comunión entre católicos
y anglicanos. Podríamos decir que es este el diálogo
bilateral que más ha avanzado con relación
a la cuestión del ministerio petrino. A nivel internacional,
paralelamente al trabajo del diálogo internacional
que continúa sus discusiones y encuentros entorno
al tema de María, se ha establecido un nuevo organismo.
Se trata de la Comisión internacional anglicano-católica
para la unidad y la misión (IARCUMM sería
la sigla inglesa) cuyos trabajos fueron inaugurados simultáneamente
en Lambeth y en Roma en el 2001. La tarea que se le ha
confiado es trabajar para progresar hacia la unidad visible
entre la Comunión anglicana y la Iglesia católica.
Esta Comisión está trabajando en tres frentes
simultáneamente: la preparación de una declaración
común acerca del grado de acuerdo sobre la fe existente
entre católicos y anglicanos, recomendaciones prácticas
para activar el proceso de la recepción de los
resultados, fundamental para el ecumenismo y también
se reflexiona acerca de los resultados visibles y prácticas
de la comunión espiritual proponiendo estrategias
pastorales concretas para ambas comuniones, de modo particular
en el contexto local, para obrar de manera conjunta tal
como lo exige la comunión que compartimos.
Por otra parte, los encuentros
de obispos anglicanos y católicos, cuya primera
experiencia se tuvo en el año 2000, son de gran
importancia realizados a nivel local con muy buenos resultados
espirituales y comunitarios.
Con relación al
nuevo Arzobispo de Canterbury, durante la ceremonia de
entronización declaró la importancia que
la labor ecuménica tiene y tendrá en su
ministerio e igualmente, en su encuentro con la Delegación
católica, reiteró su firme intención
de continuar con todas las actividades y proyectos ecuménicos
actualmente en curso entre ambas comuniones.
ESPAÑA:
AL SER MAYORÍA CATÓLICA NO EXIME DEL TRABAJO
DE LA UNIDAD
De las tres facetas
del ecumenismo: teológico, espiritual y pastoral
¿cuál se halla en la avanzadilla de los
logros ecuménicos en el momento presente?
En los tres frentes se
dan pasos. Si bien la diferenciación es muy útil
para efectos de las presentaciones, un logro teológico
alcanza su máxima expresión cuando ha sido
recibido e interiorizado por las comunidades cristianas.
De igual manera, una espiritualidad ecuménica o
una pastoral ecuménica que desconozca la situación
real de nuestras comunidades (logros, acuerdos, divergencias,
convergencias) puede resultar ingenua y hasta contraproducente.
Se trata de establecer un desarrollo armónico y
equilibrado, lo cual no siempre es fácil. Es interesante
constatar que en nuestros días las decisiones que
se toman en el interior de la Iglesia católica
(para hablar de nosotros) afecta a las otras comunidades
cristianas. Esta situación, que a veces nos pone
de frente a tensiones, es en sí un signo de la
comunión efectiva que tenemos y debe hacernos pensar.
Aquí en
España no contamos con una tradición de
diálogo ecuménico entre las diversas comunidades
e iglesias cristianas, nos regimos frecuentemente movidos
por consideraciones sociológicas y así,
a pocos cristianos no católicos, escasa actividad
y preocupación ecuménicas; por eso, tal
vez, nuestro movimiento ecuménico es pobre y de
considerable indiferencia por parte de casi todos. ¿Cómo
se ve, a su juicio, el movimiento ecuménico en
España en el PCPUC?
Históricamente España
ha hecho la experiencia de la diversidad. Una experiencia
que ha asumido de modo diferente en cada época.
A veces lo ha hecho de manera muy creativa y constructiva.
En nuestros días la búsqueda de la unidad
debe ser el nuevo "método", la clave
maestra para las relaciones con los otros cristianos.
El hecho de ser mayoría no exime del trabajo por
la unidad. Al contrario, la participación en el
movimiento ecuménico de los países con mayoría
católica es crucial para la credibilidad de la
opción que realizó la Iglesia católica
[cf. Directorio ecuménico 32]. Para realizar
esta prioridad de la Iglesia católica debemos ofrecer
una formación y una educación ecuménica
a nuestras comunidades, dar pautas seguras que guíen
el camino y muestren la ruta. No una formación
académica simplemente; en primer lugar en una apertura
espiritual que nos haga capaces de recibir al otro desde
su identidad confesional. Una apertura espiritual siempre
lista para ofrecer los dones que su misma tradición
cristiana tiene. Estar preparados para asumir el diálogo
como intercambio de dones, como encuentro de dos identidades
que, en Cristo, están siempre profundamente unidas.
Conviene que cada cristiano conozca el método adecuado
al diálogo que se fundamenta y saca su fuerza de
la oración por la unidad.
¿Tal vez
el no realizar el ecumenismo práctico propuesto
por los documentos vaticanos sobre este tema: en lo social,
lo cultural e histórico (como lo recomienda el
Directorio ecuménico) incida en ese ecumenismo
poco vivo e inconsecuente que vivimos aquí?, ¿qué
nos sugeriría usted a los católicos españoles
en este sentido?
Es indiscutible que la
conciencia de la urgencia y de la importancia del compromiso
ecuménico varía al interior de nuestra misma
Iglesia católica. Su percepción de la situación
en España, tal como lo sugieren sus preguntas,
indica que persiste una cierta indiferencia. Si así
fuese, esta entonces sería una primera tarea: identificar
los motivos por los cuales se verifica una cierta apatía.
En el intento se descubren los caminos más apropiados
para crear una tradición ecuménica local.
Es cierto que existen países con una trayectoria
mayor, pero también debemos recordar que las situaciones
religiosas en aquellos lugares es distinta de la española.
Pero no es sólo establecer contactos, se pretende
dar una dimensión ecuménica a la vida de
las comunidades locales, a la pastoral que se realiza.
Las experiencias de colaboración
en el campo social, cultural e histórico se han
demostrado muy fructíferas en varios lugares. Cierto
es que presuponen un nivel de confianza y respeto recíproco.
"Hacer de la Iglesia la casa de la comunión"
este proyecto anunciado para toda la Iglesia católica
al inicio del nuevo milenio no se limita a las fronteras
católicas, sino que quiere igualmente abrazar a
los otros cristianos. En este proceso, superar las incomprensiones
y crecer en el conocimiento y el respeto mutuos se impone,
pues es difícil que se puedan realizar acciones
conjuntas cuando todavía prevalecen desconfianzas,
sinsabores y memorias heridas.
¿Qué
falta a la acción ecuménica de nuestros
días: compromiso, responsabilidad, no asumir los
riesgos, poner demasiado en el centro la seguridad y el
bienestar internos de las Iglesias, conformismo, miedo
a la diversidad dentro de la unidad que exige, según
el propio Juan Pablo II, el movimiento ecuménico?
¿acaso el no tomar una posición más
decidida empobrezca la causa ecuménica?
¡Sus consideraciones
son muy fuertes! Indiscutiblemente lo que nos falta, lo
que siempre nos va a faltar mientras vivamos, es la conversión
del corazón. Es una tarea cotidiana para los cristianos
y para las iglesias e impide que se asuman riesgos irresponsablemente
o que se les desconozca, logra compartir los propios puntos
firmes de la fe con los demás, es capaz de gozar
con la diversidad en la unidad y respeta la unidad de
la diversidad. La conversión interior nos hace
suficientemente humildes para reconocer que no podemos
estar satisfechos con el estado de nuestras divisiones,
aunque a veces aparezca como una posición mucho
más cómoda. El movimiento ecuménico
es una gracia pero también es un movimiento y como
tal debe estar en movimiento. Lo que hace diez años
era sorprendente, hoy es normal. Lo que hace un año
era un signo profético, hoy se evoca como una base
para dar nuevos pasos. La radicalidad del mandato de la
unidad se impone, de lo contrario nos vamos a quedar con
formas incompletas de unidad. El problema teológico
no es el menor pues no podemos minusvalorar o menospreciar
las diferencias en la fe que todavía persisten,
diferencias que son fuente de división entre las
comunidades cristianas. Pero todos nuestros esfuerzos
deben estar alimentados por la fe que profesamos. Los
que promueven la unidad entre los cristianos no pueden
olvidar nunca que, en definitiva, la unidad no es el producto
de nuestros esfuerzos sino un don de Dios.
Usted es colombiano
y conoce la actualidad del ecumenismo en las naciones
hispanoamericanas ¿cuál es el compromiso
ecuménico en aquellos países?
En estos últimos
años he tenido la alegría de presenciar
un creciente desarrollo de la opción ecuménica
en mi continente. Todavía queda mucho por hacer,
pero aquí y allí surgen experiencias de
convivencia nuevas o se refuerzan las existentes: fraternidades
ecuménicas, cursos de formación pastoral,
encuentros de oración, acciones conjuntas en favor
de los necesitados y/o en situaciones de calamidadYLos
cristianos se conocen y se reconocen cada vez más.
En el horizonte quedan problemas no resueltos que van
causando nuevas heridas: la agresividad verbal, los métodos
de evangelismo que desconocen la realidad cristiana ya
presente, las acusaciones de proselitismo, los actos de
proselitismo, laos ataques y contraataques, acciones y
reacciones en el campo misionero. En Iberoamérica
el mapa religioso tiene características propias.
Mientras en algunos países se cuenta ya con un
recorrido ecuménico significativo, en otros la
cuestión del trabajo por la unidad sigue siendo
un punto débil. El horizonte de trabajo que se
perfila se concentra principalmente en las relaciones
entre los católicos y las denominadas Iglesias
libres. El hecho que los pentecostales constituyan alrededor
del 70% de los otros cristianos pone de frente a una realidad
nueva. En este sentido, luego de varios encuentros y como
fruto de un crecimiento en las relaciones, se ha presentado
un proyecto para establecer un grupo permanente de trabajo
entre el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)
y la Comisión Evangélica Pentecostal
Latinoamericana. Un proyecto semejante está
siendo considerado por las autoridades competentes del
CELAM y del Consejo Latinoamericano de Iglesias
(CLAI), dos organismos que han restablecido sus relaciones
luego de un periodo de lejanía. Como puede ver,
de lo que se trata entonces es de establecer espacios
permanentes de diálogo e intercambio que aseguren
una continuidad en las relaciones y sirvan para afrontar
las dificultades que se van presentando cotidianamente,
mientras se promueve un crecimiento en la comunión.
Igualmente en el 2001 se tuvo una sesión del Diálogo
internacional bautista-católico en Buenos
Aires, confiamos que uno de los frutos de este encuentro
sea el establecimiento de relaciones e intercambio a nivel
local entre católicos y bautistas.
Y las sectas ¿cómo
abordan las iglesias este problema?
El problema de las sectas
es un asunto particular que debe ser tratado específicamente.
El avance de las sectas es un desafío de primer
orden. Lo primero que quisiera decir es que todavía
tenemos problemas para distinguir entre lo que son, lo
que prometen, lo que ofrecen, y lo que producen las sectas.
Generalmente se presentan como oasis de tranquilidad donde
encontrar refugio y escapar de una realidad de sufrimiento.
Aún reconociendo que, a veces, son más eficaces
en la superación de la mentalidad fría y
racional de nuestros tiempos tecnológicos ofreciendo
un alternativa cultural, es indiscutible que ofrecen una
liberación esclavizando. Mas aún, las actitudes
fundamentalistas que caracterizan a varios de estos grupos
obstaculizan el trabajo en el campo social. Aunque teóricamente
se ha adquirido la diferenciación entre secta y
actitud sectaria, en el uso cotidiano se hace una aplicación
indiscriminada que entorpece igualmente las relaciones
con algunas comunidades cristianas (por ejemplo pentecostales
y evangélicos). Es muy importante que se haga un
uso responsable del término secta en la situación
de creciente pluralismo religioso en la que nos encontramos.
En una de las últimas
reuniones acerca de la cuestión de las sectas se
afirmaba nuevamente la necesidad de evitar la masificación
de la pastoral: la reconstrucción de la identidad
cristiana en un espíritu de diálogo es una
tarea urgente que solamente se logra mediante una pastoral
personalizada y bíblica, donde se conceda un lugar
privilegiado a las vivencias, con miras a plasmar una
personalidad cristiana madura.
Cada vez que las
iglesias tienen que adentrarse más en el diálogo
interreligioso ¿la celebración del aniversario
de la Nostra aetate lo ha demostrado?; si antes ecumenismo
y diálogo interreligioso se consideraban dos cosas
distintas, ¿cree que ahora están adquiriendo
una cercanía ineludible?
"La unidad de toda
la humanidad herida es voluntad de Dios" [UUS, 6].
Tanto el ecumenismo como el diálogo interreligioso
tienen gran importancia. Aun reconociendo que parte de
sus dinámicas son similares y que, tomados en conjunto,
buscan la unidad de toda la humanidad siempre siguen siendo
dos cosas distintas. Es evidente que los tristes eventos
de los últimos años han puesto de moda
el tema interreligioso, y también escuchamos que
no pocos usan indistintamente la palabra ecumenismo para
referirse al diálogo interreligioso. Este sería
uno de los casos en los que el uso común no es
el uso correcto. Entre ecumenismo y diálogo interreligioso
permanecen grandes diferencias en lo que se refiere al
punto de partida y al objetivo que se proponen. El ecumenismo
se realiza únicamente entre cristianos y busca
la unidad visible. Algunos dirán que soy muy tradicional.
Yo estoy convencido que ni Jesucristo, ni el ser cristiano
sea un elemento accesorio. De otra parte es innegable
que solamente un cristianismo uno sería
el interlocutor por excelencia en el diálogo con
las otras religiones.
José Luis DÍEZ
MORENO