Máximo García
Ruiz, teólogo protestante y pastor de la Iglesia
Bautista de Madrid, ha sido el presidente del I Congreso
Protestante de Madrid, celebrado el pasado año
2005. Es en la actualidad secretario ejecutivo del Consejo
Evangélico de Madrid.
¿Contento
del desarrollo del Congreso?
Los que somos autocríticos,
al hacer balance siempre encontramos cosas que podrían
haberse mejorado, pero recogiendo la opinión espontánea
de muchos asistentes y algunas valoraciones de urgencia
que ya se ha hecho, consideramos que hay motivos más
que suficientes para estar satisfechos por la forma como
ha discurrido este I Congreso Protestante en Madrid. Especialmente
por tres motivos concretos. 1) La calidad de las ponencias
ha sido altamente valorada por los congresistas; 2) La
presencia y participación de autoridades civiles
ha sido relevante y ha roto una dinámica histórica
de opacidad social con respecto a las actividades protestantes;
y 3) La participación en el Congreso ha superado
cualquier previsión optimista, especialmente la
asistencia a las actividades más destacadas, como
han sido el acto de apertura y el culto unido de cierre,
con un aforo superior a las dos mil personas.
¿Cómo
después de cerca de 150 años de presencia
protestante en Madrid y con una tercera parte de los evangélicos
de España, no se ha celebrado hasta ahora este
I Congreso?
La configuración
política de España hasta el advenimiento
de la democracia favorecía los congresos y otro
tipo de actividades de esta índole no tanto a nivel
regional sino estatal. Precisamente en ese ámbito
se está preparando ya el VII Congreso Español;
el primero se celebró en el año 1919. Únicamente
otra comunidad autónoma, la catalana, ha celebrado
congresos regionales. Pero, curiosamente, a raíz
del nuestro, son ya otros tres o cuatro Consejos Evangélicos
autonómicos los que están anunciando su
primer congreso.
Uno
de los objetivos del Congreso era “contribuir a
definir la identidad protestante” ¿Se ha
logrado?
Ese tipo de definiciones
no pueden ser finalistas, se trata de un proceso al que
creo sinceramente que este Congreso ha contribuido positivamente.
Se constata que las diferencias entre familias o confesiones
protestantes son más de carácter eclesial
que teológico; que creyentes de diferentes iglesias
o familias protestantes pueden adorar juntos y participar
unidos del símbolo cristiano más representativo
como es la Santa Cena; que existe una identidad histórica
común entre todas las confesiones evangélicas;
y que es posible participar de una espiritualidad capaz
de identificar a los creyentes de confesión evangélica
o protestante como integrantes de una familia aunque tengan
expresiones eclesiales complementarias.
Entre
los temas destacaba el de la familia, ¿cuáles
han sido a este respecto las conclusiones?
La primera conclusión
resulta una obviedad: la familia está en crisis.
Se constata que dicha crisis tiene que ver con el cambio
de valores de la sociedad, que produce nuevos modelos
de familia para los que, como cristianos no siempre tenemos
la respuesta adecuada. Tanto de la exposición del
ponente como de los debates desarrollados en los talleres,
se señala la importancia que tiene afirmar los
valores en la Biblia como Palabra de Dios, especialmente
en lo que se refiere a la educación de los hijos;
valores como la fe, el compromiso, la fidelidad, la abnegación
y la entrega dentro de la familia. Se ha insistido en
la importancia que tiene ejercer una pastoral que cuide
de las parejas que acceden al matrimonio, recurriendo
no solamente a la atención pastoral sino a otros
profesionales como educadores, psicólogos, etc.
Por otra parte, se apunta la necesidad de no caer en la
tentación de exigir una ética cristiana
a quienes no practican esa fe. Los valores cristianos
no pueden imponerse por medios coercitivos.
Se
han pronunciado dos ponencias sobre compromiso social
y político y vida cristiana, sin duda habrán
concluido cosas verdaderamente importantes ¿no?
Han sido varios los ponentes
que han participado en este apartado que era, dado el
propio lema del Congreso («Iglesia y Sociedad»),
uno de los temas estrella. Algunos de los participantes,
comprometidos en diferentes áreas de la vida política,
empresarial y académica han planteado el tema desde
el punto de vista vivencial; lo que en términos
coloquiales podríamos denominar como «testimonio
personal», es decir, cómo afronta un cristiano
comprometido con su fe las tensiones y los problemas derivados
del compromiso social. Ha resultado francamente interesante
conocer las tensiones que plantean el ejercicio de determinadas
profesiones públicas y cómo la fe es, cualquiera
sea nuestra dimensión social, el recurso para equilibrar
nuestras decisiones y compromisos.
Por otra parte, interesaba
desarrollar este mismo tema, y así se hizo, desde
una perspectiva política. La intención de
los organizadores era plantearlo desde dos enfoques diferentes,
tal vez contrapuestos, pero lamentablemente uno de los
conferenciantes no pudo comparecer, así es que
se enfocó únicamente desde el punto de vista
crítico y pacifista referido a la participación
política de los cristianos, digamos que el que
se deriva de la corriente anabautista o menonita. A este
respecto, efectivamente, el tema quedó incompleto
y no se pudo entrar en un debate a fondo. Sí se
detecta que existen posturas muy diferentes entre los
evangélicos en esta materia, que van desde los
que propugnan un abstencionismo absoluto en política
por parte de los cristianos a quienes considerar que deben
estar involucrados en partidos políticos e instituciones
de diferente índole, independientemente de la tensión
que tales compromisos supone.
Pretendía
también el Congreso ser «plataforma de comunicación
entre evangélicos de diferente signo denominacional».
Hubo una ponencia sobre este tema, la primera, ¿de
qué salud goza entre los evangélicos madrileños
el ecumenismo ad intra y ad extra: con la Iglesia católica,
la ortodoxa, etc.?
Esta es una pregunta compleja
por la diversidad de respuestas que pueden producirse.
El ecumenismo ad intra, entre evangélicos, es una
experiencia permanentemente puesta a prueba. Existe un
ecumenismo activo, como lo demuestra la convivencia en
multitud de instituciones, organismos y entidades interdenominacionales;
pero es una realidad puesta a prueba permanentemente en
lo que se refiere a determinados énfasis o sensibilidades
tanto eclesiales como espirituales y, además, en
las posturas que se adoptan ante algunos problemas éticos,
como puedan ser: el divorcio, la homosexualidad, y otros
de carácter social.
En lo que hace referencia
al ecumenismo con la Iglesia católica se ha llegado
tan lejos como es posible llegar. Hay pastores y laicos
muy activos en encuentros y actividades ecuménicas,
al igual que ocurre entre determinados sectores católicos.
El gran escollo para un ecumenismo efectivo sigue siendo,
en lo que se refiere a los evangélicos con respecto
a la Iglesia católica, la actitud negativa que
mantiene dicha iglesia sobre las iglesias evangélicas,
al no considerarlas iglesias propiamente dicho, es decir,
al tratarlas en un nivel de inferioridad como comunidades
o entidades de segundo nivel. Esta es, a pesar de todo,
una doctrina «progresista» con respecto a
Trento y al Vaticano I, pero insuficiente, del Concilio
Vaticano II. Por otra parte, es justo señalar que
existen sectores evangélicos nada proclives a establecer
cualquier tipo de relación con la Iglesia católica,
fuera de ser considerada «campo de misión».
En definitiva, queda mucho camino por recorrer, en ambos
sentidos.
Usted
ha escrito hace poco que los protestantes son todavía
invisibles, ¿comenzarán a ser visibles tras
ese I Congreso Protestante de Madrid, con su respuesta
evangélica a la sociedad actual?
Estamos contribuyendo a
ello, sin duda alguna. Como cristianos queremos ser sal
de la tierra y luz en medio de las tinieblas. La visibilidad
tiene que producirse por la influencia espiritual que
el pueblo protestante sea capaz de proyectar y, también,
al lograr que las autoridades y la sociedad civil tome
conciencia de nuestra presencia y se haga eco de ella,
cumpliendo de esta manera lo previsto en la Carta Magna.
Otro signo importante que se une a los efectos que haya
podido producir este Congreso es la disposición
de TVE de retransmitir en directo, por primera vez en
la historia, un culto evangélico, hecho que va
a producirse (se habrá producido cuando se publique
esta entrevista) el día 23 de diciembre. La sociedad
tiene derecho a conocer la oferta espiritual que hacen
las iglesias evangélicas y creo que estamos avanzando
en ese sentido. Terminaremos siendo socialmente visibles
por dos razones concretas: 1) Porque el pueblo evangélico
está creciendo numéricamente en una medida
que supera cualquier referencia demográfica; y
2) Porque los propios evangélicos cada vez son
más concientes de la importancia que tiene su compromiso
social.
¿Creen
los evangélicos madrileños que todos podríamos
ser testimonio cristiano ante la sociedad, cómo
hacerlo?
Es cuestión de vocación.
Y, en el caso de los cristianos, cuestión de compromiso
vital con su fe. Aunque como evangélicos consideramos
que la justificación es por medio de la fe, no
olvidamos la enseñanza del Apóstol Santiago
en el sentido de que «la fe sin obras está
muerta». En una sociedad tan secularizada como es
la occidental, los creyentes tienen que recuperar las
esencias de la fe y convertirse en fermento profético,
si es que quieren ser consecuentes con lo que dicen creer.
La cuestión no es a qué iglesia vas o a
qué confesión religiosa estás adscrito;
el núcleo está en qué eres y cómo
te comportas. Así, pues, la respuesta a la pregunta
es que sí, que el testimonio personal es la espina
dorsal de la fe. «Por sus obras les conoceréis».