Eminencia,
¿qué ha sucedido en estos últimos
tiempos entre Roma y Moscú?
Cardenal Kasper: Nuestra
impresión es que el ambiente ha mejorado mucho.
El Patriarcado [ortodoxo. Ndt] de Moscú está
dispuesto a colaborar sobre todo en el redescubrimiento
de las raíces cristianas de Europa. Es un tema
que nos importa mucho también a nosotros. Esperamos
que se pueda avanzar paso a paso. Pero requerirá
tiempo. Los problemas en el diálogo ecuménico
nunca han sido sólo dogmáticos; también
hay diferencias de mentalidad. El propio Patriarca Alejo
no puede siempre avanzar como querría. Pero estoy
convencido de que él está dispuesto a dar
pasos importantes. Como lo está Benedicto XVI.
No hay aún proyectos concretos, pero esperamos
de verdad poder preparar el terreno para un encuentro
entre ellos.
Además
en septiembre, en Belgrado, reanudará sus trabajos,
tras seis años de estancamiento, la Comisión
mixta para el diálogo teológico con las
Iglesias ortodoxas en su conjunto.
Será la primera
sesión plenaria de la nueva comisión, con
nuevos miembros. También el tema es nuevo: reflexionaremos
sobre qué quiere decir estar en plena comunión.
Y dentro de este marco queremos hablar del primado del
Papa y del problema del llamado uniatismo.
¿Qué
ha cambiado respecto al verano de 2000, cuando los trabajos
de la Comisión se interrumpieron?
Hemos mejorado primero
nuestras relaciones con Iglesias individuales. Lo hemos
hecho con la de Grecia, Serbia, Bulgaria, y también
con Moscú. Ahora hay un nuevo clima de confianza.
Y pienso que construir confianza es siempre lo más
importante.
¿Pero
este clima de confianza, en Moscú, se refleja también
en las relaciones más cotidianas entre católicos
y ortodoxos?
La impresión es
que también en esto hay mejoría. Ciertamente
todas las dificultades no han desaparecido. Son cuestiones
más bien ligadas a las relaciones entre mayoría
y minorías. Y además está también
el problema histórico de las relaciones entre rusos
y polacos. Se necesita tiempo para superar ciertos prejuicios.
Que por lo demás existen por ambas partes.
El dialogo
teológico se reanuda precisamente en los Balcanes,
símbolo en los ‘90 de graves divisiones.
Es un hecho muy significativo:
también la Iglesia serbia estuvo durante bastante
tiempo cerrada, y en cambio ahora se ha abierto al diálogo.
Son ellos quienes se ofrecieron como sede para los trabajos.
En Belgrado, ahora, el Santo Sínodo y la Conferencia
Episcopal católica se encuentran regularmente para
orar juntos, para informarse.
Y en noviembre tendrá lugar la visita
de Benedicto XVI al Patriarca de Constantinopla.
El Papa habría deseado hacer ya
el año pasado este viaje, pero no fue posible.
Ahora visitará al Patriarca ecuménico, que
tiene un primado de honor entre los patriarcas ortodoxos.
Este viaje no dará resultados inmediatos, pero
tendrá un valor simbólico importante. Y
también será una ocasión para apoyar
al Patriarca, a los católicos y a todos los demás
cristianos que en Estambul y en Turquía viven su
fe en una situación no fácil.
¿El encuentro con Bartolomé
será en El Fanar, la sede del Patriarcado?
Sí. El Papa irá antes a Ankara, donde visitará
a las autoridades. Luego se trasladará a Éfeso.
Finalmente en Estambul tendrá un encuentro con
el Patriarca ecuménico.
En un mundo donde Oriente
ha vuelto a ser una zona muy caliente, ¿qué
puede expresar este reacercamiento entre católicos
y ortodoxos?
Con nuestras relaciones debemos ser un signo de reconciliación.
Pienso sobre todo en Oriente Medio, donde las Iglesias
cristianas son minoría. Hemos hecho muchos progresos
en las últimas décadas; colaboramos, nos
visitamos, hay muchos intercambios. Pero es verdad: el
peligro del terrorismo y los enfrentamientos que vemos
nos demandan un encuentro aún más pleno
para ser auténticos testigos de paz.