Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2017

Día 4: Olvidar el pasado y lanzarse al futuro

Reflexión del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

 

 

Sábado, 21 de enero.- « Lo viejo ha pasado » (2 Corintios 5,17).

A veces no advertimos que la vida carece de pasado al que volver y decimos esas lindezas del espejo retrovisor para no reconocer que el pasado es el tiempo de la memoria. Ni la eternidad es presente continuado, pues ni siquiera es presente, ya que en ella no hay tiempo ni espacio. Pero, mientras peregrinamos por este valle de lágrimas y suspiros, los nostálgicos corren el peligro de instalarse en el pasado, al menos con el pensamiento, que viene a ser como el dintel de la acción. No caen en la cuenta de que precisamente eso sería tanto como anular los criterios con que valorar esa realidad misteriosa que es la vida.

Pero si el pasado no funcionara, tampoco habría cárceles donde recluir a los que hicieron una fechoría. En la teología se asocia el pasado con eso de mirar hacia atrás. «No mires atrás ni te pares en toda la redonda» (Génesis 19, 15-26), le dicen los ángeles a Lot cuando lo apremian para que deje cuanto antes Sodoma y Gomorra. Jesús fue más explícito con quien le pedía la vocación del seguimiento: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios» (Lucas 9, 57-62: 62). Todo un aviso a navegantes acerca de la fidelidad. Dios, que no tiene pasado ni futuro, porque está por encima del tiempo, y dijo a Moisés aquello de Soy el que soy, nos pone sobre aviso de la fidelidad en el cumplimiento de las obligaciones. El salmista nos lo dice claro: Dios es siempre fiel (Salmo 77, 5-15).

Quizás quien mejor explique lo que la teología encierra y el ecumenismo pide sea san Pablo escribiendo a los Filipenses: «Olvido lo que dejé atrás –dice- y me lanzo a lo que está por delante» (Filipenses 3, 7-14:13). De nuevo dos tiempos a la vista: pasado y futuro. Muchas veces vivimos desde el pasado. Mirar atrás puede ser útil y con frecuencia es preciso para sanar la memoria, pero también nos puede paralizar negándose al presente. El mensaje paulino aquí es liberador: «lo viejo ha pasado». Espléndido aviso a los ecumenistas para que sepan que mirar al pasado es tanto como abundar más en lo que separa que en lo que une.

La Biblia nos anima, sin duda, a tener en cuenta el pasado, a tomar fuerzas de la memoria y a recordar lo que Dios ha hecho, pero también nos pide dejar lo viejo, incluso lo que ha sido bueno, para poder seguir a Cristo y vivir en Él la vida nueva. Las ultimidades escatológicas se abrirán camino con los cielos nuevos y la tierra nueva, preanunciados por los célebres signos de los tiempos. Llevados precisamente de su mano, tenemos este año el V Centenario de la Reforma. Muchos cristianos están conmemorando en este 2017 la labor de Martín Lutero. Mucho cambió la Reforma en la vida de la Iglesia de Occidente. No pocos cristianos dieron un testimonio heroico y otros tantos fueron renovados en su vida cristiana. La Escritura, no obstante, dice que es fundamental que el pasado no nos limite, sino que dejemos que el Espíritu Santo nos abra a un nuevo futuro en el que se superen las divisiones y el pueblo de Dios sea salvado.

En la asignatura del ecumenismo se estudia la parte que llamamos historia de las divisiones. Huelga decir que suenan mejor las vías abiertas del concilio Vaticano II, con los diálogos de la caridad y de la verdad, o teológico. Omitir la parte histórica sería minimizar los desencuentros. Y estos también tienen cabida en el ecumenismo, aunque solo fuere para saber qué podemos aprender al leer juntos la historia de nuestras divisiones y desconfianzas. Porque solo así, podremos asimismo saber qué cambiar en nuestra Iglesia para superar las divisiones y fortalecer lo que nos une. El Señor Jesucristo, en fin, el mismo ayer, hoy y siempre, cure las heridas del pasado; bendiga nuestra peregrinación hacia la unidad y nos guíe hacia su Pascua de la Unidad, donde será Él todo en todos y por siempre con el Padre y el Espíritu Santo.

 

21

Los emisarios insistieron a Lot para que huyera a las montañas:
¡Escapa, por vida tuya! No mires atrás, ni te pares en ningún sitio en la llanura...

Pedro Langa Aguilar