Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2017

Día 5: Un corazón nuevo

Reflexión del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

 

Domingo, 22 de enero.- « El que está en Cristo es una nueva creación » (2 Corintios 5,17).

«Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo» (Ezequiel 36, 25-27:26). El Espíritu (soplo) de Dios que crea y anima a los seres, se apodera de los hombres para dotarles de un poder sobrehumano. Los tiempos mesiánicos van a caracterizarse por una efusión extraordinaria del Espíritu que alcanzará a todos los hombres para comunicarles carismas especiales. Pero el Espíritu será para cada uno, de forma más misteriosa, el principio de una renovación interior que le hará apto para observar fielmente la Ley divina. Esta efusión del Espíritu se efectuará por medio del Mesías, que será su primer beneficiario para realizar su obra de salvación. Por de pronto la unión con Cristo glorioso es el principio de nueva vida. La alegría del salmista (Salmo 126) proviene de Dios y a Dios inclina y en Dios se renueva. Estar alegres equivale a vivir de la alegría de Dios y a proyectar nuestra alegría en Dios.

El exhorto paulino abunda en la necesidad de renovarse en Cristo: «Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo… Revestíos, pues, como elegidos de Dios…soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente…Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo» (Colosenses 3, 9-17). Para san Juan, renovarse en Cristo es como nacer del Espíritu, o de lo alto (Juan 3, 1-8). Pablo se encontró con Cristo, el Señor resucitado, y se convirtió en persona nueva, como le pasa a cuanto creen en Cristo. Dios vive en nosotros por el poder del Espíritu y nos hace participar en la vida de la Trinidad.

Por este acto de nueva creación se supera el pecado original y se nos inserta en una relación salvífica con Dios. De ahí que se puedan decir cosas verdaderamente extraordinarias de nosotros. Como dijo Pablo: en Cristo somos una nueva criatura; en su resurrección la muerte ha sido vencida; ninguna persona o cosa nos puede arrebatar de las manos de Dios; somos uno en Cristo y él vive en nosotros. En Cristo somos «un reino de sacerdotes» (Apocalipsis 5, 10), al darle gracias por haber vencido la muerte y al proclamar la promesa de una nueva creación. Esta nueva vida se hace visible cuando le permitimos que tome forma en nosotros y nos volvemos «humildes, pacientes y comprensivos». También tiene que hacerse visible en nuestras relaciones ecuménicas. La suprema ciencia del ecumenismo consiste en ser uno en Cristo. Pero ser uno en Cristo va mucho más allá de la pura filantropía y de la sincera amistad. Son muchas las Iglesias convencidas de que cuanto más estemos en Cristo, más cerca también estaremos unas de otras. Ojalá este 500 aniversario de la Reforma nos permita recordar tanto los éxitos como las tragedias de nuestra historia. Nos apremia el amor de Cristo a vivir como nuevas criaturas, buscando activamente la unidad y la reconciliación.

¿Qué es lo que me ayuda a reconocer que soy una nueva creación en Cristo? Sin duda, el estar yo en Cristo y Cristo en mí. O también, mi esfuerzo por ser uno en Cristo dentro de un colectivo de hermanos pertenecientes a distintas Iglesias. Y ¿qué pasos cumple dar para vivir mi nueva vida en Cristo? Las implicaciones ecuménicas de ser una nueva creación son múltiples. Tal vez nos ayude pensar que Dios trino, se nos ha revelado como Padre y Creador, como Hijo y Salvador, como Espíritu y dador de vida, y sin embargo es uno. Supera y trasciende nuestras fronteras humanas y nos renueva. Canta la súplica sola: Danos un corazón nuevo para superar cuanto ponga en peligro nuestra unidad en ti. Cumple meditar esto y esto pedir en el nombre de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo.

 

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« El que está en Cristo es una nueva creación » (2 Corintios 5,17)

Pedro Langa Aguilar