Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018

Día 6: Opción por los pobres

Dios hace una opción preferencial por los pobres

Reflexión del Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

 

«Este es el Señor en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su salvación» (Is 25, 9). El ecumenismo cifra su esperanza en Dios, que puede hacer de todos los pueblos uno solo, y que colma de gracia y de verdad a los ecumenistas que lo fían todo a su poder reconciliador y unificador. Sólo el ecumenista que se anonada y adentra de lleno en el corazón sacerdotal de Quien rogó Ut unum sint al Padre podrá comprender el sublime deleite de la unidad en la Iglesia; hará justicia al huérfano y al pobre y defenderá al humilde y al necesitado (cf. Sal 82).

San Pablo suministra una clave preciosa de hacer ecumenismo cuando escribe: «Os conjuro en virtud de toda exhortación en Cristo […] que colméis mi alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos. Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo» (Filp 2, 1-4). Si los ecumenistas lograran penetrar profundamente en el sentido paulino de estas palabras, la unidad de comunión en la Iglesia conseguiría el milagro del Ut unum sint. El evangelista san Lucas, por su parte, a propósito de no acumular riquezas, trae a la memoria este principio con ribetes de axioma, que el propio Jesús expuso en cierta ocasión: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes» (Lc 12, 15).

Las Sagradas Escrituras ponen de manifiesto que Dios hace una opción preferencial por los pobres: la diestra de Dios, que no se cansa de hacer maravillas, actúa a favor de los desvalidos contra los poderosos. De modo parecido, Jesús, nos lo acaba de transmitir san Lucas, advierte con claridad contra los peligros de la avaricia. Sin embargo, a pesar de estas advertencias, el pecado de la avaricia con frecuencia infecta a nuestras comunidades cristianas e introduce su lógica, o sea la de la competencia: una comunidad compite contra la otra hasta llegar al enfrentamiento. Tenemos que recordarnos que en la medida en que no nos diferenciamos del mundo, sino que, por el contrario, nos amoldamos a su espíritu competitivo que divide, fracciona y separa, así también fracasamos a la hora de ser «refugio del mísero oprimido, abrigo en la lluvia, sombra en el calor».

Para nuestras Iglesias y confesiones el ser ricas a los ojos de Dios no equivale en modo alguno a tener muchos miembros que pertenecen –o que donan– a la propia comunidad. Al contrario, significa, más bien, reconocer que como cristianos tenemos innumerables hermanos y hermanas justo al otro lado del mundo, unidos a nosotros más allá de las divisiones económicas entre «Norte y Sur». Conscientes de esta fraternidad universal en Cristo, los cristianos pueden unir sus voces y sus manos para promover una justicia económica que llegue y satisfaga a todos.

Practicar el ecumenismo, comprometerse de lleno en esta santa causa de la unidad de la Iglesia, equivale a implorar humildemente a Dios todopoderoso que dé fuerza y coraje a su Iglesia con el fin de que ésta proclame continuamente el derecho y la justicia en situaciones de dominio y opresión. Por atenernos al argumento caribeño que sirve de pauta en esta Semana de la Unidad, las cambiantes regulaciones bancarias internacionales siguen teniendo un impacto negativo en el comercio y las transacciones en el Caribe, y amenazan la supervivencia de numerosas familias. Se ha vuelto cada vez más difícil para los caribeños que trabajan en el extranjero enviar dinero a sus familias. De ahí que las Iglesias del Caribe hayan introducido el movimiento del Credit Union, para que los pobres puedan tener acceso a fondos para actividades económicas.

Al celebrar, pues, nuestra unidad en Cristo, bien estará suplicar que su Espíritu Santo nos ayude a fijarnos en las necesidades de los otros. A lograr que de una vez por todas sus problemas sean nuestros y, a golpe de fraternidad, conseguir también nosotros adentrarnos en su corazón. La diestra de Dios, si bien nos fijamos, está golpeando en nuestra tierra. La envidia, el odio y la codicia; nuestro egoísmo y nuestra lujuria, nuestra soberbia y nuestras injusticias, son golpeados un día sí y otro también por la diestra poderosa de Dios que no cesa de hacer maravillas.

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Caribe Federal Credit Union