Cartas Pastorales de los Obispos de España

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018

“Fue tu dies­tra quien lo hizo, Se­ñor, res­plan­de­cien­te de po­der” (Ex 15,16)

julianruizmartorellQue­ri­dos her­ma­nos en el Se­ñor: Os de­seo gra­cia y paz. La ora­ción por la uni­dad de los cris­tia­nos res­pon­de al de­seo del Se­ñor: “para que to­dos sean uno, como tú, Pa­dre, en mí y yo en ti, que ellos tam­bién sean uno en no­so­tros, para que el mun­do crea que tú me has en­via­do” (Jn 17,21).

Mons. Julián Ruiz Martorell Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz. La oración por la unidad de los cristianos responde al deseo del Señor: “para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21). Desde hace años, el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los […]

Desde hace años, el Pon­ti­fi­cio Con­se­jo para la Pro­mo­ción de la Uni­dad de los Cris­tia­nos y la Co­mi­sión Fe y Cons­ti­tu­ción del Con­se­jo Mun­dial de Igle­sias en­car­gan los ma­te­ria­les de ora­ción para la Se­ma­na de Ora­ción por la Uni­dad de los Cris­tia­nos a Igle­sias y Co­mu­ni­da­des ecle­sia­les con­fe­sio­na­les de di­ver­sas re­gio­nes del mun­do. Este año se lo han pe­di­do a las Igle­sias y Co­mu­ni­da­des de la re­gión del Ca­ri­be.

El lema se ti­tu­la: “Fue tu dies­tra quien lo hizo, Se­ñor, res­plan­de­cien­te de po­der” (Ex 15,16). Este tex­to for­ma par­te del cán­ti­co triun­fal en­to­na­do por Moi­sés y los hi­jos de Is­rael des­pués del paso del mar Rojo.

En los “Ma­te­ria­les” pre­pa­ra­dos para la ora­ción lee­mos: “La li­be­ra­ción y la sal­va­ción del pue­blo de Dios es obra del po­der de Dios. La dies­tra de Dios pue­de en­ten­der­se como su vic­to­ria cier­ta so­bre sus ad­ver­sa­rios y como la pro­tec­ción cons­tan­te de su pro­pio pue­blo”.

Se aña­de: “Al­gu­nos pa­dres de la Igle­sia in­ter­pre­ta­ron este re­la­to como una me­tá­fo­ra de la vida es­pi­ri­tual. Agus­tín, por ejem­plo, iden­ti­fi­có al enemi­go tra­ga­do por el mar no con los egip­cios, sino con el pe­ca­do: “En el bau­tis­mo su­mer­gió y bo­rró to­dos nues­tros pe­ca­dos an­te­rio­res, que ve­nían como per­si­guién­do­nos por la es­pal­da. Los es­pí­ri­tus in­mun­dos lle­va­ban las rien­das de nues­tras ti­nie­blas como si fue­sen sus ju­men­tos, es de­cir, sus au­xi­lia­res, y, cual ji­ne­tes, las con­du­cían a don­de que­rían. Por eso el após­tol los lla­ma go­ber­na­do­res de es­tas ti­nie­blas. Pues­to que nos he­mos vis­to li­bres de ellos me­dian­te el bau­tis­mo, como si fue­ra el mar Rojo, esto es, en­san­gren­ta­do por la san­ti­fi­ca­ción del Se­ñor cru­ci­fi­ca­do, no vol­va­mos nues­tro co­ra­zón a Egip­to, an­tes bien di­ri­já­mo­nos ha­cia el reino en me­dio de las ten­ta­cio­nes del de­sier­to, te­nién­do­le a él por pro­tec­tor y guía” (Ser­món 223E)”.

Los cris­tia­nos com­par­ti­mos el co­mún bau­tis­mo que nos con­fi­gu­ra con Cris­to. Tam­bién com­par­ti­mos el ecu­me­nis­mo de la san­gre, a tra­vés de los már­ti­res que en­tre­gan su vida por el Se­ñor; el ecu­me­nis­mo bí­bli­co, con la di­fu­sión de la Pa­la­bra de Dios en tra­duc­cio­nes in­ter­con­fe­sio­na­les; el ecu­me­nis­mo so­cial ava­la­do por múl­ti­ples ini­cia­ti­vas co­mu­nes en el ám­bi­to edu­ca­ti­vo, sa­ni­ta­rio, de pro­mo­ción de la jus­ti­cia y de in­ser­ción; el ecu­me­nis­mo de la ora­ción, en fer­vien­te sú­pli­ca para que el Se­ñor nos con­ce­da el don de la uni­dad.

Los Obis­pos de la Co­mi­sión Epis­co­pal de Re­la­cio­nes In­ter­con­fe­sio­na­les han es­cri­to un men­sa­je, en el que afir­man: “los cris­tia­nos he­mos de afron­tar jun­tos el reto de una so­cie­dad que, sien­do cris­tia­na en sus orí­ge­nes, se ale­ja de la tra­di­ción cris­tia­na de la fe”. Y des­ta­can que la Se­ma­na de Ora­ción por la Uni­dad de los Cris­tia­nos es “oca­sión pro­pi­cia para in­ten­si­fi­car la ora­ción por la uni­dad vi­si­ble de la Igle­sia, por­que esta uni­dad sólo pue­de dár­nos­la Dios, que es mi­se­ri­cor­dio­so, como don que cau­se nues­tra ale­gría, li­brán­do­nos de las ca­de­nas que con­di­cio­nan y atan nues­tra li­ber­tad de hi­jos de Dios”.

Cons­cien­tes del re­co­rri­do rea­li­za­do en el diá­lo­go ecu­mé­ni­co y an­he­lan­do la meta de la uni­dad ple­na, ha­ce­mos nues­tro el de­seo ma­ni­fes­ta­do por los Obis­pos de la Co­mi­sión Epis­co­pal de Re­la­cio­nes In­ter­con­fe­sio­na­les: “ins­pi­ra­dos por la ges­ta li­be­ra­do­ra de Dios, que arran­có a su pue­blo de la es­cla­vi­tud para lle­var­lo a la meta de la tie­rra pro­me­ti­da, no des­fa­llez­ca­mos en las prue­bas que he­mos de pa­sar ca­mino de la uni­dad desea­da de la Igle­sia”.

Re­ci­bid mi cor­dial sa­lu­do y mi ben­di­ción.

+ D. Ju­lián Ruiz Mar­to­rell,
Obis­po de Hues­ca y de Jaca