Cartas Pastorales de los Obispos de España

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018

El fru­to de la uni­dad (IX)

AgustinCortesSorianoUno de los fru­tos más va­lio­sos y sa­na­do­res de la fe cris­tia­na – y por tan­to de una ver­da­de­ra Igle­sia – es la uni­dad.

Mon. Agustí Cortés Uno de los frutos más valiosos y sanadores de la fe cristiana – y por tanto de una verdadera Iglesia – es la unidad. Los cristianos somos herederos de aquel sueño que en la tradición judía se plasmó en el relato de la Torre de Babel: la división de la humanidad en razas, naciones y lenguas, era vista como un fracaso, fruto de la ambición y el orgullo que llevó al ser humano […]
Los cris­tia­nos so­mos he­re­de­ros de aquel sue­ño que en la tra­di­ción ju­día se plas­mó en el re­la­to de la To­rre de Ba­bel: la di­vi­sión de la hu­ma­ni­dad en ra­zas, na­cio­nes y len­guas, era vis­ta como un fra­ca­so, fru­to de la am­bi­ción y el or­gu­llo que lle­vó al ser hu­mano a que­rer “con­quis­tar el cie­lo” (me­dian­te la téc­ni­ca y la fuer­za au­tó­no­ma). Des­de siem­pre, los dis­cí­pu­los de Je­su­cris­to han con­tra­pues­to la To­rre de Ba­bel a Pen­te­cos­tés, don­de se ve res­ta­ble­ci­da la uni­dad en la plu­ra­li­dad.

Pero tam­bién los cris­tia­nos han te­ni­do que afron­tar a lo lar­go de más de dos mil años un su­fri­mien­to de­cep­cio­nan­te al com­pro­bar que esa uni­dad ha es­ta­do a ve­ces ame­na­za­da y rota efec­ti­va­men­te… Y que si­gue hoy sin ser res­ta­ble­ci­da ple­na­men­te. Un fi­ló­so­fo cre­yen­te y par­ti­cu­lar­men­te sen­si­ble a este pro­ble­ma, es­cri­bió un li­bro que ti­tu­ló, con todo acier­to, “El Cris­to des­ga­rra­do”.

Es este un su­fri­mien­to que se des­pier­ta par­ti­cu­lar­men­te cada año cuan­do mi­ra­mos es­tos días a nues­tros her­ma­nos se­pa­ra­dos y nos reuni­mos para ten­der po­si­bles puen­tes y orar por la uni­dad. ¿Cómo po­de­mos vi­vir tran­qui­los los cris­tia­nos, vien­do que Je­su­cris­to está roto? Re­cor­da­mos que, se­gún Él nos pro­me­tió, hoy Je­su­cris­to vive en los cris­tia­nos, es de­cir, en su Igle­sia, en sus dis­cí­pu­los. Por eso, de he­cho Je­su­cris­to per­vi­ve en sus dis­cí­pu­los su­frien­do rup­tu­ras y di­vi­sio­nes. Es cier­to que para al­gu­nos esto no su­po­ne un pro­ble­ma, pues pien­san que ya está bien así: cada uno con su “ma­ne­ra de vi­vir la fe cris­tia­na” no tie­ne que preo­cu­par­se de nada más…

Pero no­so­tros no nos con­for­ma­mos. No po­de­mos de­jar de es­cu­char en el co­ra­zón las pa­la­bras de Je­su­cris­to: “Pa­dre, que to­dos sean uno, como tú y yo so­mos uno” (Jn 17,11). No nos po­de­mos con­for­mar con la si­tua­ción ac­tual, de nin­gu­na ma­ne­ra, pues sa­be­mos que lo que desea­ba Je­su­cris­to no era cual­quier “uni­dad”, como por ejem­plo, la uni­dad de un equi­po de ac­ción (em­pre­sa­rial o po­lí­ti­ca, por ejem­plo), o la de los ami­gos que se jun­tan por el afec­to, o la uni­dad de in­tere­ses de cual­quier tipo… Lo que qui­so e im­plan­tó Je­su­cris­to es una au­tén­ti­ca co­mu­nión de her­ma­nos, co­mu­nión con­cre­ta de fe, de vida, de amor, de es­pe­ran­za.

El pro­ble­ma es que esta co­mu­nión, sin de­jar de cons­ti­tuir un don del Es­pí­ri­tu, “ha de ser tra­ba­ja­da”. La co­mu­nión en­tre her­ma­nos en la fe, es un ver­da­de­ro fru­to de vida tra­ba­ja­da, como los fru­tos de la co­se­cha, es­pe­ra­dos por el la­bra­dor, des­pués de sus es­fuer­zos cul­ti­van­do el cam­po.

Hoy nos pro­me­te­mos tra­ba­jar la co­mu­nión. Es tra­ba­jo de co­mu­nión fra­ter­na la pro­fun­di­za­ción cons­tan­te en la fe de Je­su­cris­to, esa fe que

– Nace de la es­cu­cha de la Pa­la­bra, que tam­bién re­sue­na en el otro.

– Se arries­ga a vi­vir un ma­ña­na sor­pre­si­vo, siem­pre en ma­nos del Es­pí­ri­tu.

– Mira al otro como her­mano, acep­tan­do las di­fe­ren­cias.

No sa­be­mos cuán­do se ve­rán cum­pli­dos nues­tros sue­ños. Pero sí es­ta­mos se­gu­ros de que el Es­pí­ri­tu cuen­ta con no­so­tros para rea­li­zar­los.

† Agus­tí Cor­tés So­riano
Obis­po de Sant Fe­liu de Llo­bre­gat